Sevilla sufrió una importante dislocación social en el siglo XVI. La ciudad pasó de unos 40.000 habitantes a 120.000, quizás 150.000. Este fuerte incremento poblacional derivó de que Sevilla fue designada como la capital del comercio colonial americano. Las riquezas procedentes de Indias flexibilizaron las fronteras sociales. La extraordinaria movilidad social fue una consecuencia de esta situación, así como la polarización de la sociedad entre ricos y pobres y los agudos contrastes entre la abundancia y la miseria. Las corrientes de inmigración que afluyeron a la ciudad determinaron la presencia de una gran diversidad de gentes de toda procedencia. Sevilla se convirtió en la gran Babilonia de España. No todos encontraron en ella acomodo: el desarraigo se hizo presente en una ciudad de oportunidades. La complejidad de la anatomía social de la Sevilla del Siglo de Oro es un factor a tener en cuenta a la hora de comprender la presencia de la delincuencia y los mitos que en torno a ella se forjaron.

La literatura del Siglo de Oro construyó una imagen deformada sobre este fenómeno, en cuyo origen las obras de Cervantes o la novela picaresca influyeron notablemente. Rinconete y Cortadillo consagraron el mito del patio de Monipodio como una sinécdoque de la Sevilla de la época. En efecto, parece que toda Sevilla era un gran patio de Monipodio, una fraternidad de delincuentes entregados a la picaresca y al crimen, y que hablaba la jerga de la germanía. Algo parecido puede decirse de La vida del Buscón don Pablos, de Francisco de Quevedo. Cuando el protagonista de esta novela llega a Sevilla, se integra en una especie de fraternidad de matones, un círculo que utiliza un lenguaje cerrado y gestos enigmáticos sólo comprendidos por ellos mismos, que beben vino sin mesura y que luego salen a la calle a ajustar cuentas, a buscar bronca y a matar. Sevilla fue mucho más que todo eso. Sin embargo, quedó marcada por ese tópico de ciudad de pícaros (estereotipo que se extendió a todos los andaluces), reforzado posteriormente por los clisés románticos que hicieron de Andalucía un mundo de guapos, toreros y bandoleros.

Lo cierto es que Sevilla, como urbe que sufrió un crecimiento descontrolado y en la que el dinero y la miseria corrieron al unísono, fue, eso sí, una ciudad paradójica y conflictiva. La polarización social dio origen a tensiones y desajustes, que alimentaron la existencia del hampa, el crimen y los bajos fondos. Como ya demostrara Mary Elizabeth Perry, hampa y poder político no fueron en Sevilla sólo mundos enfrentados. El poder se benefició también de variadas formas de la existencia de la miseria y el hampa y se legitimó en la búsqueda de remedios contra la pobreza y de castigo contra los fuera de la ley. En la Sevilla del siglo XVI existieron grandes fortunas, pero también pulularon mendigos, desheredados, pícaros, ladrones, delincuentes, niños de la calle, prostitutas, marginados y toda clase de desarraigados que buscaban como podían su sustento diario y que practicaban el arte del sobrevivir cotidiano.

A pesar de los esfuerzos de disciplinamiento social que hizo el poder político y religioso de la ciudad, las fronteras de la ley se traspasaron muy a menudo. La cárcel real de la calle Sierpes (la principal de entre las varias que existieron en Sevilla junto a las cárceles de la Audiencia, el arzobispado, la Inquisición o la Santa Hermandad) rebosaba de inquilinos y en ella reinaba un auténtico descontrol, como ponen de manifiesto la Relación de Cristóbal de Chaves (1585-1597) o las memorias del jesuita Pedro de León. La justicia se aplicaba con dureza y a menudo se convertía en un espectáculo público ejemplarizante. Sin embargo, no alcanzaba a garantizar el control social, ni su funcionamiento aseguraba que la corrupción no se instalara en sus propias estructuras. Aunque muy exagerada, se llegó a construir una imagen de Sevilla como ciudad sin ley, en la que convivieron las disposiciones emanadas de la autoridad con las reglas propias de las organizaciones de delincuentes.

He aquí un ejemplo, una demoledora estampa literaria de la Sevilla del Siglo de Oro recogida en el manuscrito de Francisco Porras de la Cámara (racionero de la catedral de Sevilla):

Ninguna administración de justicia, rara verdad, poca vergüenza y temor de Dios, menos confianza; ninguno alcanza su derecho sino comprándolo, ni cobra su hacienda si no es dando el diezmo al receptor (…) aquí no açotan sino al que no tiene espaldas, ni condenan a remo, sino al que no tiene braços; ni perecen ningun delinquente, sino el que padece necesidad y no tiene que dar a los escribanos, procuradores y jueces. Seis años ha que no he visto ahorcar en Sevilla ladrón, ni tal se probará habiendo enjambres de ellos como de avejas (…) lo que más en Sevilla ay son formantes, mancebados, testigos falsos, rufianes, asesinos, logreros, regatones, vagabundos que viven del milagro de Mahoma, sólo de lo que juegan y roban en las casas de billar y en las tablas de dados, pues pasan de trescientas casas de juego y tres mil de rameras (…). (F. Porras de la Cámara, citado por Domínguez Ortiz, Orto y ocaso de Sevilla, y por Mary Elizabeth Perry, Hampa y Sociedad en la Sevilla del Siglo de Oro)

Sobre este sustrato apareció la leyenda de la Garduña, supuesta sociedad secreta con gran arraigo en Sevilla y origen supuesto de la Mafia siciliana, la Camorra napolitana y la N’drangheta calabresa. El nombre deriva, probablemente, de una obra literaria de mediados del siglo XVII. En efecto, La Garduña de Sevilla es, originalmente, una novela picaresca de finalidad ejemplarizante, obra de Alonso de Castillo Solórzano. Esta obra trata de una moza “libre y liviana”, de “inclinación traviesa, con libertad demasiada y con despejo atrevido”, a quien el autor compara con la garduña, animal que hace “daño hurtando, y esto es siempre de noche”. La Garduña, alias de esta libertina mujer, utiliza sus artes para engañar a los hombres y para robarles su dinero.

Ya en el siglo XIX se difunde el mito de la existencia de una sociedad secreta, con el mismo nombre, organizada a semejanza de una hermandad religiosa, con un hermano mayor o maestre a su cabeza, a la que se supone fundada en Toledo a comienzos del siglo XV con la finalidad de perseguir a judíos y musulmanes. Más tarde se extendería por toda España, agrupando a importantes criminales y malhechores, y tendría una importante presencia en Sevilla. Se dice que en 1821 fue apresado en Sevilla su hermano mayor, Francisco Cortina, en cuya casa se halló el Libro Mayor secreto de la organización, en el que se consignaban sus actividades. Cortina, sus lugartenientes y otros garduñistas habrían sido juzgados, condenados a muerte y ejecutados en la Plaza Mayor de Sevilla el 25 de noviembre de 1822. Los documentos de este proceso habrían desaparecido en el incendio del archivo de la Real Audiencia de Sevilla de 1918.

En realidad, nada está probado. Todo parece una leyenda inventada por dos liberales exaltados, Victor de Féreal (posible seudónimo de la francesa madame de Suberwick) y Manuel de Cuendias e incorporada al libro Misterios de la Inquisición y otras sociedades secretas, publicado en 1845 por el primero de ellos con notas del segundo, que supuestamente había sido el oficial que había detenido a Francisco Cortina e intervenido el Libro Mayor de la Garduña. Julio Caro Baroja calificó como falsos los papeles de la Garduña, y otros autores, como León Arsenal, Hipólito Sánchiz y Fernando Prado (Historia de las sociedades secretas españolas, 1500-1936, 2006) han negado su existencia real. Así pues, la Garduña no pasa de ser un mito fundado en una ficción literaria y que ha gozado del beneficio de la curiosidad que despierta toda noticia sobre sociedades secretas y esotéricas.

 

Autor: Juan José Iglesias Rodríguez


Fuentes

CASTILLO SOLÓRZANO, Alonso de, La garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas, Madrid, Imprenta del Reino, 1642 [reed. en Madrid, Lectura, colección Clásicos Castellanos, 1922]. Disponible en línea la edición de 1644 en la Biblioteca Nacional de España.

CHAVES, Cristóbal de, Relación de la cárcel de Sevilla, Madrid, Clásicos El Árbol, 1983.

FÉREAL, Víctor, Misterios de la Inquisición y otras sociedades secretas, publicado en Barcelona, Imprenta de J. Roca y Compañía, 1845.

LEÓN, Pedro de, Grandeza y miseria de Andalucía: testimonio de una encrucijada histórica, 1578-1616, edición de Pedro Herrera Puga, Granada, Facultad de Teología, 1981.

Bibliografía

ARSENAL, León, SÁNCHIZ, Hipólito y PRADO, Fernando, Historia de las sociedades secretas españolas, 1500-1936, Madrid, Sepha, 2006.

CARO BAROJA, Julio, “Papeles (falsos) de la Garduña”, en Revista de Occidente, 374-375, 2012, pp. 99-108.

PERRY, Mary Elizabeth, Hampa y Sociedad en la Sevilla del Siglo de Oro, Sevilla, Ensenada3, Sevilla, 2012.

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