“Hay moros esclavos de todas las partes de África, cristianos e infieles. Hay infinita multitud de negros y negras de todas las partes de Etiopía y Guinea, de los quales nos servimos en Sevilla y son traídos por la vía de Portugal”. Esta descripción de la ciudad del Betis, realizada por Luis de Peraza en 1535, refleja muy bien el heterogéneo escenario esclavista en la Andalucía de los siglos XVI-XVII. Efectivamente, la andaluza fue una sociedad con esclavos. Y lo fue porque existió una oferta y una demanda de su capacidad de trabajo, y porque aquella era una sociedad que asimiló y toleró la esclavitud. Esta institución encontró cuerpo de ley en la Castilla bajomedieval y moderna en Las Siete Partidas. El código jurídico de Alfonso X estableció tres supuestos por los que se podía acceder a la esclavitud: los cautivados en guerra justa, los nacidos de madre esclava y los vendidos a sí mismos. Sin embargo, esta última forma no ha sido documentada en el tránsito al siglo XVI, de manera que las formas básicas se reducían a las dos primeras: por “buena guerra” y la transmisión por vía materna de la condición jurídica a los hijos.

No es casualidad que las acciones militares se convirtiesen en una importante fuente de aprovisionamiento de esclavos. Guerras de conquista como la de las islas Canarias y la del reino de Granada durante las últimas décadas del siglo XV, la expansión por las Indias desde el año 1492, las campañas en la costa de Berbería durante el primer tercio del siglo XVI, o la guerra que se originó con el levantamiento de los moriscos granadinos entre los años 1568-1571, propiciaron un aumento coyuntural en el número de esclavos colocados en los mercados andaluces. Con carácter extraordinario, pues dependieron de los golpes de fortuna de los captores, las cabalgadas en territorio de “infieles” y la actividad pirática también constituyeron otras vías de aprovisionamiento. Asimismo, existió un pequeño flujo de esclavos asiáticos procedente de las incursiones y posesiones portuguesas y castellanas en las costas de los océanos Índico y Pacífico. Sin embargo, la fuente fundamental de abastecimiento de los mercados de esclavos en la Andalucía de los siglos XVI-XVII fue la trata negrera atlántica.

Las implicaciones geográficas del tratado de Alcaçovas-Toledo de 1479 reservaron para el reino de Portugal el control del comercio con África. Así pues, los esclavos subsaharianos eran embarcados en la factoría de Arguim, localizada en la costa de Mauritania; las islas de Cabo Verde y los ríos de Guinea, en la costa de Senegambia; la isla de Santo Tomé y la región del Golfo de Guinea y, ya en el tránsito al siglo XVII, Angola. Hasta mediados del siglo XVI el destino fundamental de estos esclavos fue la península ibérica, pues América había constituido hasta entonces un flujo secundario. Andalucía tuvo acceso a este tráfico desde Portugal a través de dos vías terrestres, en lo que la historiografía ha denominado como “rutas de trasvase progresivo”. La primera desde Lisboa, pasando previamente por el mercado extremeño de Zafra; y la segunda desde los puertos algarvios de Lagos, Portimão y Tavira hacia Ayamonte, desde donde penetraba hacia el interior andaluz. Asimismo, también existió un flujo marítimo que conectó la isla de Santiago de Cabo Verde y los puertos atlánticos andaluces.

Se conoce, por el Libro de la Casa del Arçobispo, que en el año 1565 había en la ciudad de Sevilla 6.327 esclavos de un total de 85.538 personas, el 7,4% del total de la población. Por su parte, en el conjunto del arzobispado, formado por las actuales provincias de Sevilla, Cádiz y Huelva, la comarca de Antequera y algunos términos municipales del sur de la actual provincia de Badajoz, el número de esclavos ascendía hasta los 44.670, el 9,7% de un total de 459.362 habitantes. Sin embargo, hasta donde se conoce, no se dispone de ningún otro recuento que recoja cifras globales sobre poblaciones esclavas. Las rutas de aprovisionamiento, no obstante, perfilan en el mapa una primera geografía de la esclavitud en la Andalucía de los siglos XVI-XVII que parecen confirmar las cuantificaciones efectuadas a partir de los registros de bautismos (ver Tabla 1). Todavía falta investigación básica en multitud de lugares, pero los resultados de las muestras permiten extraer varias ideas. Por un lado, aunque en términos absolutos destacase Sevilla, solo superada en el contexto peninsular por una Lisboa que contaba a la altura del año 1551 con 9.950 esclavos, el máximo relativo se localizaría en la ciudad de Cádiz, seguida de la villa de Ayamonte. Por otro lado, los resultados de la tabla, cuyos núcleos de población aparecen clasificados en sentido oeste-este, parecen estar influenciados por su posición geográfica respecto de la Raya y de las vías de redistribución portuguesas hacia Andalucía, lo que determinaría, dado el predominio del contingente negroafricano en los mercados, la proporción de esclavos recién nacidos sobre el conjunto de la natalidad. Es decir, cuanto mayor sea la cercanía con Portugal y la costa atlántica, mayor será el peso relativo alcanzado por la población esclava. Asimismo, los resultados encuadran el fenómeno esclavista andaluz en ambientes urbanos, una idea que se refuerza si se matiza el carácter rural de algunas de las villas reseñadas, como Ayamonte o Utrera, que podrían considerarse plenamente ciudades por sus magnitudes demográficas y económicas. Por último, las mayores proporciones de esclavos respecto al total de las poblaciones se localizan en el siglo XVI, para decaer en el siglo XVII. ¿Qué sucede?

Efectivamente, el contingente esclavo se mostró tendente a la pérdida de efectivos poblacionales, tanto por la posibilidad de mudanza de la condición jurídica a través de los procesos de manumisiones como, sobre todo, por la incapacidad para reproducirse biológicamente. La reconstrucción de familias en Sevilla ha revelado que el número medio de hijos por madre esclava fue muy reducido, con un índice de apenas un vástago por progenitora. Es muy posible que muchas de estas mujeres, especialmente las esclavas importadas, entre las que se constata una pérdida progresiva de su capacidad reproductiva, acabasen desarrollando infertilidad/esterilidad debido a los daños físicos y psíquicos causados por la captura, el viaje transatlántico y las sucesivas ventas, a lo que habría que sumar el desarraigo generado por una vida desarrollada en tierra extraña. Por otro lado, casi la mitad de los esclavos recién nacidos en Sevilla durante los siglos XVI-XVII no sobrevivieron a la infancia, duplicando la tasa registrada por el resto de la población. Es evidente que la esclavitud se tradujo en peores condiciones físicas, psíquicas y materiales para las esclavas y sus hijos. No en vano, en la ciudad hispalense se ha documentado que una cuarta parte de estas madres dio a luz en edades de riesgo para el desarrollo del feto y para la propia salud materna (adolescencia, sobre todo). Asimismo, más de la mitad de las madres esclavas multíparas concibieron a sus hijos en intervalos intergenésicos de riesgo (antes de los 24 y superiores a los 48 meses). Este dato se agravaría en el caso de las madres con embarazos múltiples, más frecuentes entre las esclavas que entre las mujeres del resto de la población. Otros factores de riesgo obstétrico y perinatal son los relacionados con trastornos psicológicos (depresión, distimia, Síndrome de Ulises o la disarmonía relacional madre-hijo), los cuales pudieron traducirse en autolesiones y prácticas abortivas en el caso de las madres y prematuridad y bajo peso al nacer en los neonatos.

Este cuadro obstétrico-perinatal esbozado por buena parte de las madres esclavas y sus hijos explica la incapacidad del contingente esclavo para reproducirse biológicamente, provocando que su mantenimiento dependiese, en última instancia, de la capacidad que los mercados tuvieron para renovarse desde el exterior. Por lo tanto, con la progresiva basculación del tráfico de esclavos negroafricanos hacia América y la interrupción del mismo como consecuencia de la sublevación de Portugal a partir del año 1640, las poblaciones esclavas de Andalucía se redujeron a lo largo de la segunda mitad del siglo XVII hasta su práctica extinción, entrada ya la centuria siguiente.

Ciudad/villa

Siglo XVI

Siglo XVII

Total bautismos

Esclavos recién nacidos

%

Total bautismos

Esclavos recién nacidos

%

Ayamonte

6.458

359

5,6

La Puebla del Río

90

0

0,0

1.473

61

4,1

Salteras

3.116

110

3,5

Sevilla

67.965

3.815

5,6

39.618

1.700

4,3

Alcalá del Río

5.086

150

2,9

4.501

115

2,6

La Rinconada

241

6

2,5

Écija

4.719

105

2,2

Osuna

36.398

1.350

3,7

34.938

619

1,8

Utrera

23.419

615

2,6

26.046

250

1,0

Cádiz

851

49

5,8

21.771

2.141

9,8

Tarifa

1.638

44

2,7

15.899

324

2,0

Granada

158.898

2.108

1,3

Tabla 1. Geografía de la esclavitud en Andalucía, siglos XVI-XVII. Elaboración propia

 

Autor: Eduardo Corona Pérez


Bibliografía

Corona Pérez, Eduardo, Trata atlántica y esclavitud en Sevilla (ca. 1500-1650), Sevilla, Editorial Universidad de Sevilla, 2022.

GARRIDO GARCÍA, Carlos J., La esclavitud en el reino de Granada en el último tercio del siglo XVI: el caso de Guadix y su tierra, Granada, Universidad de Granada, 2012.

GONZÁLEZ ARÉVALO, Raúl, La esclavitud en Málaga a fines de la Edad Media, Jaén, Universidad de Jaén, 2006.

PÉREZ GARCÍA, Rafael M. & FERNÁNDEZ CHAVES, Manuel F. (coords.), La esclavitud en el sur de la Península Ibérica. Siglos XV al XVII. Demografía e Historia social, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2012.

MARTÍN CASARES, Aurelia, La esclavitud en la Granada del siglo XVI, Granada, Editorial Universidad de Granada y Diputación de Granada, 2000.

MORGADO GARCÍA, Arturo, Una metrópoli esclavista. El Cádiz de la Modernidad, Granada, Editorial Universidad de Granada, 2013.

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