SEVILLA  / 20 de junio de 2026

 

La guía divulgativa Consejos prácticos para adaptar la casa. Estimulación espacial y ambiental es el primer tomo de la colección Arquitectura y Alzheimer elaborada por el grupo de investigación Healthy Architecture & City (HAC) de la Universidad de Sevilla. A través de un enfoque práctico, el documento sintetiza resultados de investigación y aporta pautas concretas de diseño del hogar orientadas a transformar la vivienda en un espacio seguro, estimulante y personalizado a las necesidades de este colectivo.

En España se contabilizan más de 800.000 personas diagnosticadas con demencia, las cuales llegan a permanecer hasta un 90% de su tiempo en entornos construidos. El documento subraya la paradoja de que la gran mayoría de estos espacios no se encuentran adaptados para atender las necesidades específicas que demandan estas personas, sus familiares y cuidadores.

El espacio físico donde habita esta población puede estar relacionado con la sintomatología clínica de la enfermedad de Alzheimer, entre las que se identifican los cambios repentinos de humor, la ansiedad, el estrés, la desorientación en el tiempo y el espacio, la pérdida de iniciativa social y la colocación errónea de objetos cotidianos, entre otros. Ante este escenario, el grupo Healthy Architecture & City (HAC), en su línea de invetsigación enfocada en proyectar para la ausencia de memoria, aporta soluciones arquitectónicas que buscan el confort y bienestar de las personas con alzhéimer.

Un buen diseño del entorno donde habitan estas personas, junto con la incorporación de las nuevas tecnologías integradas en la arquitectura, es capaz de mitigar los síntomas de la enfermedad y aportar una mayor autonomía y aumento de la calidad de vida, tanto del enfermo, como del entorno de personas vinculadas a él. La guía presenta la estrategia de adaptación de la vivienda estructurada en tres ejes fundamentales: la seguridad, la accesibilidad y la personalización.

Las acciones que buscan generar seguridad se centran en implementar medidas preventivas para reducir riesgos de accidentes domésticos y evitar situaciones de desorientación o peligro dentro del hogar. Para ello, se proponen soluciones como la sustitución de puertas convencionales por puertas correderas para evitar lesiones. La guía enfatiza la integración de dispositivos tecnológicos prácticos, tales como griferías con regulación automática de temperatura para prevenir quemaduras y sensores de apagado automático de los aparatos eléctricos, garantizando así un entorno mucho más protegido.

El eje de accesibilidad abarca las modificaciones físicas necesarias para facilitar la movilidad, prevenir caídas y asegurar la orientación dentro de la vivienda. Entre las recomendaciones destaca la eliminación de barreras arquitectónicas en el baño mediante el reemplazo de la bañera por un plato de ducha a nivel de suelo, además de la colocación de pasamanos y elementos de apoyo en zonas de tránsito y aseo. De igual modo, se hace especial hincapié en la señalización clara de escalones o cambios de nivel y en la iluminación estratégica de pasillos y escaleras, incorporando luces nocturnas que guíen visualmente los recorridos habituales de la persona.

El último eje sostiene que el espacio habitado debe adaptarse de forma flexible a las necesidades concretas, la historia de vida y las capacidades específicas de cada usuario permitiendo la personalización del entorno. Este enfoque contempla la sintomatología singular de cada etapa de la enfermedad y utiliza la arquitectura como una herramienta de estimulación sensorial.

Para personalizar el espacio doméstico la guía propone una serie de criterios basados en el prototipo de vivienda adaptada a la accesibilidad cognitiva realizado en Realidad Virtual por el grupo Healthy Arhitecture & City (HAC). Entre ellos destaca crear visuales cruzadas que conectan espacios de referencia para facilitar la orientación y procurar recorridos cortos. A nivel ambiental y sensorial, busca aminorar el estrés al potenciar la luz natural, emplear materiales uniformes y cálidos como la madera, incorporar colores neutros y fomentar la presencia de vegetación y relación con el exterior. El espacio puede favorecer la activación de la memoria mediante la colocación de fotografías y objetos de alto valor afectivo. Finalmente, la integración de nuevas tecnologías imperceptibles, como sensores de movimiento que activan luces o control de climatización por voz, pueden aportar mayor seguridad y autonomía al usuario, mejorando así la calidad de vida de este colectivo.

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