Lo de tener un trabajo que nos guste es un lujo del que disfrutamos hoy quienes podemos elegir qué queremos hacer con nuestra vida. Pero, para los romanos, no solía haber elección y la existencia del 90% de la población transcurría en condiciones miserables, trabajando en lo que encontraban, partiéndose el lomo para poder comer cada día, mantener a sus familias y pagar alquileres y préstamos. La vida no era fácil y las condiciones laborales tampoco.
Por eso, el trabajo en la antigüedad era visto como un auténtico castigo del que uno solo se libraba con la muerte. Ya lo dijo Anacreonte, poeta griego del s. IV a. C. ‘Ojalá me muera, pues no hay otra salida a mis trabajos’. Lo mismo decían desde la tumba muchos romanos que, por fin, encontraron el momento de descansar y dejar atrás fatigas y dolores. Y es que la muerte como liberación de una vida de esfuerzo y sufrimiento es un tópico que encontramos en muchas inscripciones latinas.
Es el caso de Ancarenus Nothus, un liberto de 43 años que vivió en Roma en el s. I, a quien su mujer y su hija pusieron estos versos en su epitafio:
‘Lo que queda de los huesos de un hombre descansa dulcemente. Ya no me agobio, ni muero de hambre de pronto, no padezco de gota, ni tengo que pagar rentas y disfruto gratis de un eterno hospedaje’
No es casual que la etimología de ‘trabajo’ (en español, francés, portugués y otras lenguas romances) sea el término latino ‘tripalium’. Este era un instrumento de tortura de la antigua Roma compuesto por tres palos al que se ataba el condenado y no hace falta que os diga qué pasaba después.
Para muchos, abordar cada día sus tareas suponía una auténtica ‘tortura’, tanto como para asimilarlo a una máquina de despedazar y castigar, y regalarnos una palabra que nos recuerda cada día lo duro que es TRABAJAR.
Por suerte, la mayoría de nosotros somos afortunados como para no estar de acuerdo con Anacreonte, ni necesitar el descanso eterno para alcanzar la tranquilidad aunque, a veces, ‘trabajar’ y aguantar a nuestro jefe sea como en la antigüedad una auténtica tortura…
Bibliografía: CIL VI, 7193a (p 3429); CIL VI, 33241; CLE 1247





