La docencia, aunque muy gratificante, no siempre es fácil. Muchos docentes probablemente habrán dicho más de una vez aquello de «esto no está pagado».
Y si se quiere hablar de falta de pago, basta con recordar al maestro del que se hablará hoy. Su inscripción, que está en verso, no es funeraria. Es más bien una queja, algo que no sorprende a quien conoce el mundo de la educación.
En la antigua Roma, muchos maestros daban lecciones bajo los pórticos de diversos edificios públicos, como el foro o la palestra. Ofrecían clases particulares a grupos de estudiantes, lo que hoy en día se conoce como profesor particular. Estos espacios no solo servían para enseñar, sino también para resguardarse del sol, la lluvia y el viento.
La inscripción que se presenta hoy es un grafito que un maestro grabó en una de las columnas de la palestra grande de Pompeya, cerca del anfiteatro. Según lo que cuenta, el maestro tenía algunas deudas de clases por cobrar. Y lo más curioso es que está en verso. A veces, las quejas también se hacen con estilo.
El texto dice:
‘Qui mihi docendi dederit mercedem, (h)abeat quod petit a superis’
Quien me pague mi sueldo de docente, que tenga todo lo que le pida a los dioses
Es fácil imaginarse al maestro, pasando frío en la palestra, dando clases y pensando en cómo iba a llegar a fin de mes con semejante clientela. El grafito, que data del siglo I d. C., solo ha llegado hasta nosotros en forma de dibujo (algo común en este tipo de inscripciones, que suelen ser muy perecederas).
También se incluyen imágenes de la palestra donde estuvo y de un fresco precioso de la casa de Julia Félix, ubicada justo enfrente de la palestra. El fresco se interpreta como una clase entre los pórticos del foro, donde los alumnos sentados observan cómo uno de sus compañeros recibe una lección un tanto peculiar. Algo habría hecho…





