Las semanas pasan rápidamente y pronto todos regresaremos al trabajo, dejando atrás el verano. Es lo que tiene el tiempo, que no se detiene.
La imagen de las estaciones sucediéndose como reflejo del imparable ciclo de la vida era un motivo habitual en Roma, especialmente en los contextos funerarios. A menudo, se representan amorcillos relacionados con las tareas del campo que se repiten a lo largo del año, especialmente aquellas relacionadas con la vid y la vendimia.
Hoy os presentamos a Vera, a quien su esposo dedicó un precioso epitafio que refleja de forma literaria esta misma idea:
‘Consagrado a los Dioses Manes. A Marcana Vera, hija de Gayo. Tito Cesio Lisímaco se lo hizo, estando vivos, a su muy dulce esposa.
Verás la primavera regalarte sus bonitas flores.
El verano te rondará con dulce complacencia.
Restituirá el otoño en ti siempre los regalos de Baco.
Al invierno le pedí que la tierra te sea leve’
Como otros epitafios que ya hemos visto, este carmen presenta un acróstico con el nombre de VERA. Sin embargo, el soporte era muy estrecho, y el lapidario no pudo respetar adecuadamente la distribución del texto, por lo que se perdió visualmente el bonito juego de palabras. Los datos de Vera y su esposo van antes del poema, en prosa y con letras más grandes.
El tema de los amorcillos y la vendimia, de origen pagano, fue adaptado por los cristianos, simbolizando no solo el ciclo de la vida, sino también la Resurrección (las flores mueren y renacen, igual que las almas).
De esta forma, llegamos al mausoleo de Constanza (siglo IV d. C.), hija del emperador Constantino, cuyo enorme sarcófago de valioso pórfido se guarda en el Vaticano. Todo él es un despliegue de amorcillos recolectando uvas y convirtiéndolas en vino. La misma imagen decora una de las bóvedas del pasillo circular del mausoleo, que hoy en día es una iglesia.
Otra costumbre que los cristianos perpetuaron fue la epigrafía en verso, utilizando muchos de los tópicos que ya empleaban los paganos.





