En la antigua Roma, la música formaba parte de muchos de los espectáculos públicos que se celebraban, y los gladiadores no eran una excepción. Entre los músicos que amenizaban estos combates, se encontraba Justo, un flautista que, según su epitafio, acompañaba con su música los intensos momentos de lucha.
Su epitafio, aunque incompleto, ha llegado hasta nosotros, dándonos una pequeña ventana al pasado:
«Caminante que tienes prisa en marcharte, por favor, detente un momento y escucha estas palabras. Yo, llamado Justo, he vivido con un padre pobre en hacienda pero rico en buena reputación. Animé a los gladiadores marciales con el son de mi flauta, acuciando con mi palabra. Viví 21 años, 11 meses, 29 días. Yo, Justo, dejé de vivir a manos de una muerte prematura» 🪦
El recuerdo de Justo se mezcla con los ecos de los combates de gladiadores, tal como se refleja en un grafito de Pompeya, que muestra una banda de músicos tocando tubas, cuernos y flautas durante una lucha. La música y el ruido de la arena se entrelazaban, creando una atmósfera única que, en su momento, debió ser tan vibrante como cualquier espectáculo actual.





