Tengo una amiga que trabaja en el Parlamento Europeo. A menudo va de misión a fronteras de países en conflicto, como Ucrania, conociendo los centros para la acogida de refugiados y los pocos recursos con los que cuentan. En esta sociedad del bienestar en la que vivimos olvidamos que ese ‘bienestar’ es un privilegio del que disfruta una pequeña élite a la que pertenecemos y que cada día hay mucha gente que pasa hambre y necesidades.
En la antigua Roma la subsistencia de gran parte de la población dependía de los repartos de alimento del gobierno y de ricos que buscaban así el favor de la gente (como el que tenéis en la foto 2). Había hambre y había quien moría de hambre. Este podría ser el caso de Bassa, sobre cuyo epitafio en verso algunos autores han opinado indica que falleció a causa de una famina, una epidemia de carestía generalizada:
“Aquí estoy enterrada, Bassa, hija afectuosa, muchacha pudorosa, sobrepasando a todas mis semejantes en talento. Cuando el destino me había concedido diez años, no me fue permitido continuar el undécimo y, aunque mi padre y mi madre adulasen a los dioses por mí, sin embargo, el cruel Plutón me arrastró a las regiones infernales. Parece que las Parcas, siendo yo su prenda, han dispuesto mi fin, pues ya antes me arrebataron otros tres jóvenes esclavos. Si por casualidad alguien se alegra de mi muerte injusta, Ceres sea injusta con él y le haga morir de hambre. A Cecinia Bassa, hija de Sexto.”
No podemos cambiar el mundo de un plomazo, pero sí podemos ayudar siendo conscientes de que la vida que tenemos es un regalo y agradeciendo el trabajo silencioso de personas que, como Alba, se esfuerzan para que mucha gente pueda vivir en mejores condiciones ❤️





