NEUROARQUITECTURA

El médico e investigador Jonas Salk durante el desarrollo de sus investigaciones, a principios de la década de los cincuenta, advirtió la importancia que el espacio tenía para el proceso creativo y para que fluyeran las ideas, la inspiración y el conocimiento. Con ese convencimiento encargó al arquitecto Louis Kahn, en 1966, el diseño y construcción del Salk Institute for Biological Studies en San Diego (California). Un edificio que es un magnífico referente arquitectónico y primer ejemplo de la relación entre neurociencia y arquitectura dado que fue proyectado para fomentar las mejores condiciones de confort intelectual y físico teniendo en cuenta cómo funciona el cerebro humano.

Uno de los pilares básicos de la relación entre Arquitectura y Neurociencia surgió hace 25 años, cuando se descubrió que el cerebro humano es plástico. Hasta entonces, se creía que el cerebro adulto perdía neuronas a medida que envejecía y que el organismo, a diferencia de lo que ocurría con las células de la piel, era incapaz de reemplazarlas.

 

A finales de la década de los noventa, varias investigaciones como la liderada por el neurobiólogo Fred Gage demostraron que nacen neuronas a lo largo de toda la existencia humana, sobre todo en el hipocampo, la región del cerebro dedicada a procesar nueva información y almacenar memoria y recuerdos. En 2003, el neurobiólogo americano presentó su descubrimiento en un congreso del American Institute of Architecture, enunciando una idea clave: los cambios en el entorno cambian el cerebro humano y, por tanto, modifican también su comportamiento. A partir de aquí, la Neuroarquitectura comenzó a desarrollarse como disciplina autónoma en la Academy of Neuroscience for Architecture (ANFA) de San Diego. Su objetivo es entender cómo el hábitat en el que el ser humano desarrolla sus actividades de vida diaria afecta a su salud física y mental, a su estado de ánimo y a su comportamiento.

La Neuroarquitectura investiga los requisitos funcionales que deben tener los edificios para favorecer determinados actos en el desarrollo de las actividades diarias. A partir de las necesidades requeridas se abordan diversas áreas de estudio como son: percepción sensorial, recorridos, orientación, espacio y lugar. La comprensión de los principios de las neurociencias sirve de guía para el diseño del entorno construido mejorando la orientación espacial, reforzando las capacidades cognitivas, facilitando las emociones positivas y la motivación. Se investiga cómo los diferentes aspectos de un entorno arquitectónico pueden influir sobre determinados procesos cerebrales entre los que están el estrés, la emoción, la memoria o el aprendizaje.

El reto para la arquitectura es conocer el funcionamiento del cerebro ante determinadas solicitaciones espaciales y entender por qué hay lugares que favorecen o perjudican ciertos estados de ánimo.  La importancia del espacio construido en la vida de las personas se pone de manifiesto en base a que el 90% del tiempo que pasan despiertas lo pasan dentro de un edificio o en un entorno cerrado. La Organización Mundial de la Salud (OMS) mantiene que el 30% de los inmuebles actuales son edificios enfermos que no ayudan a que el organismo humano mantenga un equilibrio con lo que, consecuentemente, aparecen algunas enfermedades y otras latentes se agudizan. La Neuroarquitectura ha demostrado, a través de los resultados de sus investigaciones, que una determinada configuración espacial puede afectar e influir en aspectos de la conducta humana.