Un baño romano con mensaje oculto: el acróstico de Aelio Tercio

¿A quién no le apetece disfrutar de un buen baño relajante después de una semana de trabajo? En Sevilla tenemos unos baños árabes por cuya puerta paso con frecuencia cuando llevo a mis hijas a inglés. Cada vez que paso por allí me llega un perfume a violetas que invita a entrar y olvidarse del mundo durante un rato. Y es que pocos placeres hay como sumergirse en agua caliente, recibir un masaje y desconectar de las preocupaciones cotidianas.

Los romanos también eran muy aficionados a los baños. Los restos de sus termas se encuentran repartidos por todo el antiguo Imperio, desde Britania hasta el norte de África, y algunos establecimientos termales de origen romano siguen utilizándose hoy en día.

Pero las termas romanas no eran simplemente lugares donde asearse. También eran espacios de reunión en los que se podía charlar con los amigos, enterarse de los últimos rumores, hacer ejercicio, cerrar negocios o disfrutar de un masaje. Además de las salas y piscinas a distintas temperaturas, muchos establecimientos contaban con palestras para ejercitarse y dependencias destinadas a otros servicios. Había termas públicas y privadas, y el acceso de hombres y mujeres podía organizarse de distintas maneras.

Hoy nos vamos hasta los Balcanes, concretamente a Singidunum, la actual Belgrado (Serbia), donde se encontró una inscripción del siglo III d. C. que conmemoraba la construcción de unos baños destinados a veteranos del ejército romano.

El responsable de la obra fue un hombre llamado Aelio Tercio, que quiso dedicar el edificio a la memoria de su esposa. Y lo hizo de una manera bastante original: encargó una inscripción en verso que escondía su propio nombre.

El poema dice así:

«Agua pura de los baños cae de las rocas. Lindos estanques de piedra hay y también un lago se forma en lugares amenos. Lo ofreció, cuando su esposa aún vivía, para el uso de los veteranos de la legión de Alejandro, digna de este nombre. Aguas de ronco sonido caen por la fuente de piedra. El veterano, dueño y autor de esta obra alabada, quiso dedicarlo a la memoria de su querida esposa. Y para que tú, lector, puedas saber también su nombre, te lo muestra la primera letra de cada verso».

La inscripción describe el agua que cae de las rocas, las piscinas construidas en piedra y el agradable entorno del establecimiento. También nos informa de que los baños estaban destinados a los veteranos de una legión que llevaba el nombre del emperador Alejandro Severo, que gobernó entre los años 222 y 235 d. C.

Pero lo más curioso aparece al final. El propio poema invita al lector a descubrir el nombre de quien había financiado la construcción fijándose en la primera letra de cada verso.

Si seguimos sus instrucciones, encontramos lo siguiente:

Alma lavacrorum…

Et sunt ex lapide…

Laetis inque locis…

Tunc cum sospes erat…

Emeritis quondam…

Raucisoni lapidoso…

Tam laudati operis…

In suae memoriam…

Ut tamen et lector…

Singulae declarant…

Las iniciales forman AELTERTIUS, que permite reconocer el nombre de Ael(ius) Tertius. Este procedimiento literario se denomina acróstico y consiste en formar palabras o mensajes mediante las letras iniciales de una serie de versos. Aunque hoy lo asociemos a juegos de palabras o pasatiempos, era un recurso conocido en la literatura antigua y también aparece en algunas inscripciones latinas.

En este caso, el autor del poema tuvo que hacer encajar el contenido de los versos con las letras necesarias para formar el nombre del dedicante, sin abandonar la composición métrica. La inscripción está escrita en hexámetros, el mismo metro empleado en la poesía épica latina.

Dentro de los Carmina Latina Epigraphica encontramos algunas composiciones que conmemoran la construcción o restauración de edificios. Este poema pertenece a ese grupo de inscripciones edilicias y nos permite conocer una iniciativa privada destinada al uso de antiguos soldados.

La inscripción también tiene una historia bastante accidentada. Tras su descubrimiento en Belgrado fue trasladada al Museo Nacional, pero desapareció después de la Segunda Guerra Mundial. Actualmente se encuentra en paradero desconocido y conocemos su texto gracias a las ediciones anteriores.

Afortunadamente, los versos han sobrevivido y todavía podemos descubrir el pequeño juego que su autor preparó para los lectores. Aelio Tercio quiso recordar a su esposa mediante la construcción de unos baños, pero también se aseguró de que quienes leyeran la inscripción conocieran su nombre.

Así que, la próxima vez que visitéis unas termas romanas, pensad que sus paredes podían contar historias tan curiosas como esta.

¿Os apetece un bañito?

Referencia epigráfica: CIL III 6306 = 8153 = CLE 273.

Un baño romano con mensaje oculto: el acróstico de Aelio Tercio
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