¿Cómo evoluciona la relación con la familia entre los 20 y los 30 años?
A través de un estudio longitudinal de casi una década (2015-2024), en el que hemos realizado un seguimiento a 1.500 jóvenes en España, desde el Proyecto TAE hemos analizado cómo cambian los lazos familiares con el paso de los años y qué impacto directo tienen en el «florecimiento» (flourishing) de las personas jóvenes.
¿Qué es realmente «florecer» en la adultez?
Cuando hablamos de bienestar, tendemos a pensar en la felicidad momentánea o en estar alegres. Sin embargo, el término florecer engloba una dimensión mucho más profunda e integral. Florecer significa sentirse una buena persona, percibir que eres respetado o respetada por tu entorno, construir relaciones sociales sanas y significativas, sentirte optimista con respecto al futuro y, sobre todo, llevar una vida con sentido y propósito.
Para entender cómo influye la familia en este proceso, evaluamos tres pilares fundamentales de las relaciones parentales: calidez e implicación parental, el apoyo a la autonomía y el control parental.
Principales hallazgos: ¿Qué descubrimos tras casi una década de seguimiento?
1. El afecto y la cercanía no desaparecen
La calidez, la implicación familiar y el apoyo a la autonomía personal se mantienen elevados y constantes a lo largo de toda la veintena. La familia sigue siendo un refugio afectivo clave.
2. El control se reduce de forma natural
A medida que pasan los años, el control parental disminuye notablemente, especialmente el control conductual. Esta reducción es saludable y esperable, ya que consolidan relaciones más horizontales, igualitarias y de respeto mutuo entre adultos.
3. El impacto del apoyo a la autonomía en el futuro
Los y las jóvenes que mostraron mayores niveles de «florecimiento» a los 29 años fueron aquellos cuyas familias facilitaron su autonomía en los años previos: les permitieron tomar sus propias decisiones, no impusieron sus criterios y les acompañaron desde el afecto y la confianza.
4. La sombra del control psicológico
En el extremo opuesto, el uso de mecanismos como el chantaje emocional o la culpabilización («me haces sentir culpable cuando no haces lo que quiero») al inicio de la adultez emergente predice un menor nivel de bienestar y florecimiento casi diez años después. El control psicológico deja huellas prolongadas en la salud mental de los hijos e hijas.
Implicaciones prácticas: Brindar apoyo respetando los límites
Promover la salud mental en la juventud no requiere que las familias se aparten, sino que transformen su manera de estar presentes.
La familia sigue siendo un pilar fundamental para el bienestar, siempre que evolucione de un esquema de supervisión a uno de acompañamiento y respeto mutuo.
García-Mendoza M. C., Parra Á., Díez M., Reina-Flores M. C., Lizaso I. y Sánchez-Queija I. (2026). Growing Apart or Growing Together? Family and Flourishing in Emerging Adulthood: A longitudinal Analysis of Spanish University Students. Comunicación oral presentada en la Conferencia EA 2026. Emerging Adults on the Road to Madurity, Poznań (Polonia), del 29 al 1 de julio de 2026. https://hdl.handle.net/11441/188858
El Proyecto Transición a la Adultez en España (TAE) cuenta con la colaboración institucional conjunta de investigadores e investigadoras pertenecientes a la Universidad de Sevilla, la Escuela Universitaria de Osuna (centro adscrito a la Universidad de Sevilla) y la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU).
Proyecto PID2024-155825NB-I00 financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE.
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