ISLA CRISTINA

PESQUERÍAS

Isla Cristina debe por completo su origen, su estructura territorial, su historia económica y social y distintos aspectos de su cultura a la pesca. El atún y la sardina pasan por ser las especies emblemáticas que han sustentado la economía local, hasta los años setenta del siglo XX, cuando tomaron protagonismo el arrastre y la actividad marisquera. Isla Cristina fue pionera en la instauración de los artes de cerco real, para ir sustituyendo a las jábegas (desde 1867) y en la instauración de tarrafas –cercos con jareta de algodón, de origen estadounidense, de mayor tamaño-, gracias a la iniciativa de empresarios locales como Juan Martín Cabet, que además armó la primera tarrafa a vapor (1907) e instaló la primera fábrica de conservas en aceite.

Artes para la pesca

Preparando artes para la pesca.

Arrastrero

Arrastrero.

Cargando combustible

Cargando combustible en cerquero.

Traíñas

Traíñas.

Embarcaciones en el muelle

Embarcaciones en el muelle.

Limpiando nasas

Limpiando nasas.

Riccio o draga hidráulica

Riccio o draga hidráulica.

Riccio y artes menores

Detalle de parrilla de riccio y embarcaciones de artes menores.

Tareas de mantenimiento en cerquero.

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La boyante industria pesquera era así descrita por Rodríguez Santamaría (1923): “Isla Cristina vive casi exclusivamente de la pesca de tarrafa, y debe a ellos su existencia esta hermosa y próspera población pesquera”, para referirse a continuación a los 2.000 pescadores embarcados más la mano de obra empleada en sus 55 fábricas de pescado. Los galeones a vapor con tarrafas dominaron la pesquería de la sardina en los años treinta y cuarenta, hasta que empiezan a ser sustituidas por traíñas a motor.

La pesca de la sardina para salazón se revoluciona con la explotación de los caladeros de Agadir (Marruecos), cuya productividad permite inversiones para barcos de más eslora, tonelaje, potencia y medios técnicos (cascos de acero e incluso cámaras frigoríficas), aunque estos encontraran dificultades por el escaso calado del puerto, y más aún por las restricciones de acceso a los caladeros alauitas y saharauis. Hoy subsiste una quincena de traíñas, dedicadas al boquerón, la sardina y la caballa. Sus faenas de pesca se inician al atardecer, para pescar “a la luz” o “al aparato” hasta la venta de la mañana, en una de las subastas del puerto.

Las parejas de bou, acusadas de mermar las riquezas del mar, no fueron una pesquería instalada en este puerto hasta finales del siglo XIX, después de importantes conflictos generados por la presencia de compañías procedentes del litoral gaditano. En los años veinte algunos armadores pilotan parejas de vapor, animadas por las primeras fábricas de hielo, y en los años cincuenta ya se adentran hasta Marruecos. No será hasta los años setenta cuando alcancen el papel protagonista actual, con el declive de las pesquerías pelágicas. Hoy se dan cita en la lonja de Isla Cristina un centenar de buques, no todos con puerto base aquí. Los hay que proceden de Portugal o de Punta del Moral y Ayamonte. Capturan fundamentalmente gambas, cigalas, langostinos, lenguados, pescadillas, acedías y besugos, en distintos caladeros, por todo el golfo de Cádiz.

Las últimas décadas han conocido la incorporación de la flota marisquera, de rastro remolcado (chirla, coquina, navajas, almejas), pero sobre todo de la draga hidráulica, especializada en la chirla. Hay 50 embarcaciones dedicadas a este bivalvo, llamadas “chuponas” –aunque lo que hacen es inyectar agua a presión para levantar el marisco del sustrato y no absorberla-. Salen a faenar cada día a caladeros próximos y muy delimitados, que requieren una cuidada gestión para asegurar su sostenibilidad. También es característica en Isla Cristina la pesca en la ría de las navajas con equipo de buceo. Veintiocho mariscadores de inmersión tienen licencia para esta pesca.

Finalmente, existe una numerosa flota de artes menores, que va encontrando su espacio en el contexto de crisis de las pesquerías de medio alcance. Combinan las artes de enmalle y las nasas y cangilones (alcatruces) para el pulpo con el trasmallo del langostino y de la acedía, también útil para el lenguado y con los artes de breca, entre otros espáridos.

La actividad almadrabera estuvo presente desde antiguo en estas costas, desde los pesqueros controlados por la Casa Ducal de Medina Sidonia, hasta la denominada “fiebre almadrabera”, a partir de la liberalización de la actividad pesquera en 1817. Los distintos pesqueros, entre Ayamonte y la isla de Saltés, alimentaron la pujante industria conservera y salazonera de Isla y Ayamonte, hasta mediados del siglo XX.

Atlas del Patrimonio Cultural en los Puertos de Interés Pesquero de Andalucía

Agencia Pública de Puertos de Andalucía Universidad de Sevilla Unión Europea

Consejería de Fomento y Vivienda. Agencia Pública de Puertos de Andalucía

Proyectos de I+D+i 2013-2015.

Dinamización de los enclaves pesqueros del Sistema Portuario Andaluz.