LIBROS DE LECTURA

       PARA NIÑAS

                DISCRIMINACIÓN Y ADOCTRINAMIENTO

Manuel Ángel Vázquez Medel

Universidad de Sevilla

amedel@us.es

Libros de lectura para niñas.
Museo Andaluz de la Educación

Todas las guerras son especialmente duras con los niños. En los últimos meses del conflicto, en 1938, 27 000 menores de 18 años fueron reclutados, de los cuales la mitad murió en el frente o ante pelotones de fusilamiento. Más de 50 000 niñas y niños, de edades entre 5 y 15 años, fueron evacuados de España entre 1937 y 1938, constituyendo el primer gran contingente de exiliados.

La posguerra con la dictadura fue aún más dura con las niñas.

Todos los avances de los derechos de las mujeres, duramente conseguidos durante las primeras décadas del siglo XX (acceso a la Universidad en 1910, igualdad en la Constitución de la República de 1931, derecho al voto para las mayores de 23 años en 1933, extensión de la educación, etc.) fueron cercenados con una violencia desconocida. Y las maestras formadas durante la República en las Escuelas Normales de Magisterio fueron depuradas y represaliadas.

Monserrat Huguet lo ha expresado con claridad: “Las condiciones de indignidad a las que la guerra sometió a las mujeres se prolongaron en los primeros años de la posguerra.

[1] Montserrat Huguet: “Memoria del primer franquismo. Mujeres, niños y cuentos de infancia“, en https://core.ac.uk/download/pdf/29403923.pdf En este trabajo aborda “la educación de las niñas en los años cuarenta y los primeros cincuenta; la educación sentimental de las chicas españolas a través de los cuentos; las historietas y los tebeos; y finalmente el aprendizaje juvenil de las chicas en las novelas rosa”.

Hablamos de mujeres derrotadas física y anímicamente, por no mencionar su desarraigo, el de aquellas que hubieron de partir hacia el exilio para preservarse a sí mismas y a sus familias durante y después del conflicto. Estas condiciones y las circunstancias que las propiciaron constituyeron el telón de fondo de una parte de la educación sentimental de la época”.

José Ibáñez Martín, primer Ministro de Educación del franquismo (1939-1951), propuso un modelo en el que se incorporaban los (dis)valores del tradicionalismo más oscurantista, el catolicismo y el falangismo, en una sociedad dominada por el silencio y el miedo. El nacionalcatolicismo y el control de las niñas por parte de la Sección Femenina ofrecía un modelo en el que apenas se aspiraba a una mínima alfabetización, con una parte fundamental del tiempo educativo orientada a las “labores del hogar”, objeto de otros textos específicos, como también las cartillas sobre el comportamiento. El objetivo era hacer de las niñas mujeres sumisas y obedientes, calladas y dóciles, reservadas al papel de esposas y madres. El sexismo y el clasismo de una educación segregada también se justificaba y transmitía en las lecturas especialmente programadas para niñas, y en un buen número de ocasiones escritas por hombres. La educación fue sustituida por adoctrinamiento que transmitía los valores reaccionarios de la ideología dominante entre los vencedores de la contienda, incluyendo el falseamiento de la realidad en una “patriótica” educación del espíritu nacional, si bien esta era fundamentalmente para chicos, ya que las niñas eran tratadas como inferiores en capacidades a los niños.

Hay que precisar, con todo, que la educación de las niñas y las lecturas recomendadas para ellas fue evolucionando a lo largo de la dictadura. Y que incluso en ella fueron abriéndose resquicios que el tiempo iría acentuando. El caso más notable es el de Celia, de Elena Fortún, que, aunque tuvo que adaptarse a la censura (y publicaciones previas a la guerra civil fueron prohibidas, como Celia en el colegio, por contraria al espíritu religioso), pudo mantener la imagen de una protagonista no del todo ensombrecida por la aversión del régimen a la dimensión lúdica de la existencia. Con todo, los modelos dominantes para niñas, como Mari Pepa o Antoñita la fantástica fueron poderosos instrumentos para el adoctrinamiento de los estereotipos de la mujer para el nacionalcatolicismo, cuyas citas literales irían mucho más allá de todo lo que hemos planteado, en una utilización perversa de la lectura, que dejaba de ser un instrumento de apertura mental, pensamiento crítico, lúdico y creativo, para convertirse en sus antípodas.

[2] El artículo 14º de la Ley de Enseñanza Primaria de 1945 afirmaba: «El Estado por razones de orden moral y de eficacia pedagógica, prescribe la separación de sexos y la formación peculiar de niños y niñas en la educación primaria». Y el artículo 11 de esa misma ley establecía que «La educación primaria femenina preparará especialmente para la vida del hogar, artesanía e industrias domésticas».