BOLILLOS

                   UNA FORMA DIFERENTE DE TEJER

Antoni Aulí Ginard

AMEIB

toniag10@hotmail.com

Almohadilla o mundillo para hacer encaje de bolillos.
Museo Andaluz de la Educación

Durante gran parte del siglo XX y hasta la Ley General de Educación de 1970 en España no se implantó de forma estable la coeducación pese a los intentos de personas como Emilia Pardo Bazán, apoyando a la Institución Libre de Enseñanza, y a entidades como la Escuela Moderna de Ferrer i Guàrdia entre 1901 y 1906. Lógicamente no podemos olvidar el decreto de 28 de agosto de 1931 que establecía la coeducación en todos los centros oficiales de segunda enseñanza. Pese a todo, la ley afectó a pocos centros educativos debido a la lentitud en su aplicación y al sentimiento contrario de buena parte de la sociedad. En 1933 fue derogada.

Pese a todo lo expuesto, y especialmente durante el franquismo, el papel de la mujer en la educación era diferencial al del hombre. Empezando por el absentismo escolar de la primera mitad del siglo XX, provocado entre otros factores por la necesidad de los padres de tener a sus hijos a su lado trabajando en el campo y a sus hijas en casa ayudando a sus madres en sus quehaceres domésticos reservados solo a ellas.

Durante la dictadura franquista la educación de las niñas se encaminaba a prepararlas para ser futuras madres preocupadas y esposas complacientes, encargándose de todas las tareas del hogar y dejando a sus maridos la responsabilidad de trabajar fuera de casa para sustentar a la familia. Como nos recuerda Sara Folch en su estudio sobre la educación femenina del franquismo, en el año 1941 pasaron a impartirse de forma obligatoria las asignaturas de educación física y política y se unificaron las asignaturas domésticas bajo el título general de Hogar. Esta incluía nociones de economía doméstica, labores, corte, zurcido, trabajos manuales, cocina y música, la mayoría de ellas quedaban fuera de los planes de estudio de los varones.

La asignatura de labores estaba presente en todos los planes de estudio de las mujeres desde las escuelas primarias hasta los planes de estudio de las jóvenes que querían ser maestras y estaba elaborada y promovida por la Sección Femenina. Era una materia exclusiva del currículum femenino y en ella se les enseñaba principalmente a bordar, coser y cocinar.

Una de las prácticas comunes en muchos lugares del territorio español era el encaje de bolillos, una tradición que se transmitía de madres a hijas y que podría tener su origen en Venecia. Está actividad llegó a ser tan popular en España que el conocido compositor Jacinto Guerrero, en 1947, creó un pasodoble para su zarzuela “La blanca doble” titulado “El encaje de bolillos”. La primera estrofa decía así:

Para hacer el encaje de bolillos
se pone entre las piernas el mundillo
del modo que usted ve.
Filigranas haciendo con los dedos
se siguen del dibujo los enredos
con suma rapidez. Fíjese.

Evidentemente fue una práctica específica muy marcada en la educación femenina que no hubiera encajado de ningún modo en la de los varones predestinados, según la sociedad de la época, a tareas más decorosas y varoniles con la finalidad de prepararlos fundamentalmente para un trabajo “acorde a su sexo”.

El encaje de bolillos está considerado actualmente una técnica artesanal que consiste en entretejer hilos y los bolillos son precisamente las bobinas donde se enrollan estos hilos para que su manejo sea más adecuado. Mientras se va tejiendo se sujeta con alfileres en una almohadilla llamada mundillo hasta que se elabora totalmente la prenda, el paño o simplemente un tejido.