HUCHA DE BARRO

María Dolores Molina Poveda

Universidad Isabel I
Universidad de Málaga

mariadolores.molina.poveda@ui1.es

Hucha de barro.
Museo Andaluz de la Educación

La hucha es un objeto que ha estado presente desde que la humanidad se rige por la necesidad de salvaguardar la riqueza y de «esconder» el dinero en efectivo para evitar llevar grandes cantidades encima. Los lugares donde se escondía el dinero eran muy variados y dependía del uso que se le quería dar, es decir, aquel dinero destinado a los gastos diarios era guardado en sitios accesibles, mientras que aquel que se quería guardar para utilizarlo en un futuro más lejano y aumentar la riqueza podía ser ocultado en otros sitios como jardines, pozos, paredes, en el suelo, etc. Los objetos utilizados para guardar el dinero también eran muy variados como baúles, cofres, sacos, barriles, cajas o piezas elaboradas de cerámica, vidrio, cuero, madera…

Esta necesidad dio lugar a la creación de la hucha: recipiente cerrado con una hendidura en la parte superior por donde introducir las monedas, pero lo suficientemente estrecha para que se no puedan sacar a no ser que se rompa o se extraigan por otro espacio habilitado para ello y así evitar romper la hucha. Este recipiente puede ser elaborado con diferentes materiales que han ido evolucionando con el paso del tiempo, así como con diferentes formas, siendo la más conocida la de «cerdito». No obstante, las huchas más comunes eran las elaboradas con barro.

«No es obstáculo para la práctica del ahorro la pequeña cuantía de las imposiciones que los niños puedan hacer, pues la finalidad esencial del ahorro infantil no es económica, sino educadora» (López Núñez; citado en Ruiz Gimeno, 1933: 12). El ahorro no es algo que solo practicasen los adultos, ya que los niños también eran introducidos en este arte. Como indica López Núñez, la finalidad de enseñar a los niños a ahorrar no es la cantidad que introducen en la hucha o lo que son capaces de ahorrar en un tiempo determinado, sino introducirlos en el mundo de los adultos para que aprendan a prevenir y proveer, a guardar el dinero que se ha obtenido y no se ha gastado para cuando sea necesario. En 1880 se produjo la institucionalización del ahorro escolar gracias a su legitimación legal, en 1911 surgieron las Mutualidades Escolares de Previsión, siendo obligatorias desde 1919, y con la promulgación de la Ley de Educación Primaria en 1945 se establecía, en el artículo 8, que una práctica adecuada tenía que ser «ejercitar a los alumnos en el ahorro, la previsión y el mutualismo» (Menor Currás, 2003).

El ahorro no solo era enseñado a los niños, sino que también era inculcado a las niñas. Estas tuvieron un acceso más tardío a la educación y cursaban enseñanzas diferentes a los chicos. Aun así, las niñas tenían que aprender a ser futuras amas de casa, esposas, madres, y para ello necesitaban saber desenvolverse a nivel de la economía doméstica, es decir, tenían que saber gestionar el dinero para comprar, guardar lo que no se gastaba, gastar en aquello que era necesario, comparar precios, etc. Durante el franquismo también se celebraba el Día del Domund que consistía en que los niños salían en determinadas horas del colegio con una hucha de barro que representaba a aquellas personas más necesitadas del mundo («negritos», «indios», «japoneses», «chinos»…) con el objetivo de recaudar dinero para estas personas. Por tanto, se puede concluir que la historia de la hucha está ligada al ahorro y en enseñar a los niños y niñas esta virtud, siendo considerada parte de la educación financiera.

Referencias bibliográficas

Menor Currás, Manuel (2003): Ahorro y acción socioeducativa en España (1834-1919). [Tesis doctoral]. Madrid: Universidad Complutense de Madrid.

Ruiz Gimeno, José (1933): El refranero de la previsión. Selección de máximas y refranes. Madrid: Sobrinos de la Sucesora de M. Minuesa de los Ríos.