{"id":297,"date":"2001-09-30T15:58:43","date_gmt":"2001-09-30T15:58:43","guid":{"rendered":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/?p=297"},"modified":"2013-09-30T16:00:57","modified_gmt":"2013-09-30T16:00:57","slug":"los-grados-de-la-dificultad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/los-grados-de-la-dificultad\/","title":{"rendered":"Los grados de la dificultad"},"content":{"rendered":"<p>SANTOS SANZ VILLANUEVA<\/p>\n<p>El de James Joyce (1882-1941) es uno de los nombres m\u00e1s importantes e influyentes de la literatura contempor\u00e1nea. M\u00e1s citado y reverenciado que le\u00eddo de verdad, se le considera entre los fundadores de las nuevas letras del siglo XX. Su obra capital, Ulises (1927), representa para la renovaci\u00f3n de la novela en la pasada centuria algo as\u00ed como lo que supuso El Quijote para la fundaci\u00f3n del g\u00e9nero.<\/p>\n<p>    Empez\u00f3 Joyce con narraciones tradicionales y de aspecto bastante sencillo y no con relatos muy intrincados. Su primer libro, Dublineses (1914), parece un conjunto de estampas costumbristas y cr\u00edticas sobre la vida de su ciudad irlandesa. El siguiente, Retrato del artista adolescente (1916), resulta de comprensi\u00f3n bastante directa.<\/p>\n<p>    No es que m\u00e1s tarde y de repente Joyce diera un giro radical a su manera de escribir. Los cuentos reunidos en Dublineses tienen una organizaci\u00f3n muy pensada, representan simb\u00f3licamente la propia vida humana y la cr\u00edtica ha demostrado que su arquitectura se basa ya en la Odisea de Homero.<\/p>\n<p>    Tampoco el Retrato del artista adolescente puede tomarse como una simple autobiograf\u00eda. En \u00e9l Joyce tuvo la intuici\u00f3n de uno de los rasgos de la modernidad, muy presente en nuestros d\u00edas: el artista, adolescente o no, tiene que hablar del artista; su dedicaci\u00f3n, el trabajo que lleva a serlo, es un motivo a tratar en la obra. Adem\u00e1s, el libro est\u00e1 lleno de refinadas anotaciones est\u00e9ticas que, por otra parte, se aplican a su propia escritura y sirven para entenderla.<\/p>\n<p>    La primera gran dificultad llega con Ulises, una obra de cerca de mil p\u00e1ginas intrincadas donde un d\u00eda en la vida del antih\u00e9roe Bloom, y en las que reaparece el protagonista de la anterior, Dedalus, penetran en la vida humana en su totalidad con una prodigiosa variedad de estilos. El mon\u00f3logo mental, hoy de uso corriente, es un artificio brillante y eficaz para descubrir la conciencia de los personajes.<\/p>\n<p>    Con Finnegan&#8217;s Wake llega el rebuscamiento extremo, el \u00faltimo grado en la manipulaci\u00f3n y casi destrucci\u00f3n del lenguaje. El juego verbal aunque busque una expresividad in\u00e9dita se queda en un artificio ininteligible. Incluso en su lengua inglesa se han necesitado versiones o traducciones que ayuden a comprender lo que dice.<\/p>\n<p>    \u00bfCu\u00e1ntas personas en todo el mundo han le\u00eddo entera esta incomprensible novela? \u00bfMerece la pena ese esfuerzo algo masoquista? Muchos hemos repasado alg\u00fan fragmento s\u00f3lo por la curiosidad que despierta lo raro y arriesgado.<\/p>\n<p>El libro para comprender a Joyce<br \/>\nNORA<br \/>\nBrenda Maddox<br \/>\nTraducci\u00f3n de Roser Berdagu\u00e9<br \/>\nDebolsillo. Barcelona, 2001<br \/>\n776 p\u00e1ginas. 1.375 pesetas<\/p>\n<p>FRANCISCO PEREGIL<\/p>\n<p>    El 10 de junio de 1904 un James Joyce de 22 a\u00f1os, delgado, ojos miopes azul claro, vio por la calle a una muchacha alta, pelirroja, de ojos azul oscuro, y le tir\u00f3 los tejos. Joyce estaba considerado ya una firme promesa en el mundo de las letras, y hasta \u00e9l mismo no se esforzaba en bajar su voz de tenor cuando afirmaba que iba a ser el mejor de todos los escritores irlandeses, el hombre que cambiar\u00eda para siempre la historia de la literatura en su pa\u00eds. Estaba convencido de que era un genio. La mujer a quien abord\u00f3 trabajaba de asistenta en un hotel. Se llamaba Nora. Ten\u00eda 20 a\u00f1os. Hab\u00eda ido a la escuela en un convento de monjas s\u00f3lo desde los 5 a los 12 a\u00f1os, y hab\u00eda repetido dos veces cuarto curso. \u00c9l le pidi\u00f3 salir una noche y ella prometi\u00f3 que acudir\u00eda. Pero falt\u00f3 a la cita. \u00c9l le escribi\u00f3 una breve carta en la que le insist\u00eda en salir. Y esta vez, ella acept\u00f3. Fueron m\u00e1s all\u00e1 del puerto y los muelles, a una zona desierta y&#8230; \u00abpara grata sorpresa de Joyce, Nora le desabroch\u00f3 los pantalones, introdujo en ellos la mano, le apart\u00f3 la camisa y, procediendo con cierta pericia (seg\u00fan \u00e9l mismo precisar\u00eda m\u00e1s adelante), hizo de \u00e9l un hombre\u00bb.<br \/>\n    Los dos hab\u00edan tenido padres borrachos, los dos se hab\u00edan quedado sin madres, los dos eran alegres, sard\u00f3nicos y ten\u00edan la risa f\u00e1cil. Cuatro meses despu\u00e9s Joyce le pidi\u00f3 que se fuera con \u00e9l a Europa, que fuera su amante para toda la vida, que nunca pensara en casarse, porque \u00e9l renegaba de la Iglesia, y ella lo dej\u00f3 todo por \u00e9l. Se marcharon de Dubl\u00edn a Trieste, empezaron a hablar italiano en la intimidad, vivieron amancebados durante 27 a\u00f1os, se casaron por lo civil en 1931 y s\u00f3lo los separ\u00f3 la muerte.<br \/>\n    Nora no vacilaba en decir polla en vez de pene, fumaba, no entend\u00eda ni le\u00eda apenas los escritos de Joyce, disfrutaba con los juegos sexuales y escatol\u00f3gicos que el novelista le propon\u00eda y supo conservar el humor junto a un hombre \u00abcuyas obsesiones fueron fatales para muchas de sus amistades y, al parecer, incluso para sus hijos\u00bb.<br \/>\n    El hombre que con m\u00e1s descaro se atrevi\u00f3 a navegar en el alma, en el subconsciente del ser humano, no iba a dejar que su Nora dejara de relatarle el m\u00e1s m\u00ednimo detalle sobre sus recuerdos, sus sue\u00f1os, sus anhelos, sus frustraciones. El producto de todo eso, pasado por el tamiz de miles de horas de investigaci\u00f3n, es este libro que se public\u00f3 por primera vez en 1988 y se ha reeditado ahora a ra\u00edz de la pel\u00edcula del mismo t\u00edtulo que se estren\u00f3 el a\u00f1o pasado en el Reino Unido.<br \/>\n    Gracias al viejo vicio de guardar las cartas, los m\u00e1s rec\u00f3nditos detalles de la relaci\u00f3n entre Joyce y Nora, salen a la luz, su correspondencia furtiva, las llamadas \u00abcartas sucias\u00bb, todo&#8230; o casi todo. A veces, el lector respetuoso de las intimidades ajenas se preguntar\u00e1: \u00bfpero, qu\u00e9 hago yo leyendo este libro que deja en pa\u00f1ales a las \u00f1o\u00f1er\u00edas de programas como Gran Hermano? Y el amante de la literatura contempor\u00e1nea se dir\u00e1: \u00bfc\u00f3mo no habr\u00e9 le\u00eddo has-ta ahora algo tan necesario para entender uno de los libros m\u00e1s complejos de la literatura contempor\u00e1nea? Porque Nora es mucho m\u00e1s que una historia de amor.<br \/>\n    \u00abS\u00e9 y entiendo que si en el futuro tengo que escribir algo bello y noble tan s\u00f3lo lo har\u00e9 prestando o\u00eddos a las puertas de tu coraz\u00f3n\u00bb. Hasta tal punto prest\u00f3 o\u00eddo Joyce al coraz\u00f3n de su amada que, tremendamente celoso como era, no dud\u00f3 en pedirle a Nora que se acostara con otro hombre, para saber qu\u00e9 cosa era eso del adulterio (\u00abla imaginaci\u00f3n es memoria\u00bb) y poder reflejarlo en el Ulises. Pero Nora no se dejaba manipular ni por Joyce ni por nadie. No era ni mucho menos la esposa del artista William Blake, a la que Joyce describi\u00f3 en una conferencia: \u00abComo muchos hombres geniales, Blake no se sent\u00eda atra\u00eddo por las mujeres cultas y refinadas. Prefer\u00eda (si me permiten utilizar una expresi\u00f3n com\u00fan en la jerga teatral) la mujer sencilla, de mentalidad imprecisa y sensual o, en su ilimitado ego\u00edsmo, aspiraba aque el esp\u00edritu de su amada fuera una lenta y dolorosa creaci\u00f3n suya para as\u00ed liberary purificar ante sus ojos al demonio (seg\u00fan \u00e9l lo llama) escondido en la nube. Cualquiera sea la verdad, el hecho es que la se\u00f1ora Blake no era ni muy bella ni muy inteligente. De hecho, era analfabeta, y al poeta le cost\u00f3 grandes esfuerzos ense\u00f1arle a leer y escribir. Hasta tal punto lo consigui\u00f3 que al cabo de pocos a\u00f1os su esposa lo ayudaba en sus grabados, retocaba sus dibujos y cultivaba sus propias facultades imaginativas\u00bb.<br \/>\n    Por cierto que en esta edici\u00f3n de 776 p\u00e1ginas (61 de las cuales contienen notas aclaratorias y bibliografla) se comete el descuido de no aportar un \u00edndice con los t\u00edtulos de los 20 cap\u00edtulos, cosa que no sucede en la edici\u00f3n inglesa de Penguin Books, donde no s\u00f3lo se aporta un \u00edndice, sino que en la cabecera de cada p\u00e1gina impar aparece el t\u00edtulo del cap\u00edtulo correspondiente, con lo que la consulta de notas se facilita enormemente. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTOS SANZ VILLANUEVA El de James Joyce (1882-1941) es uno de los nombres m\u00e1s importantes e influyentes de la literatura contempor\u00e1nea. 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