{"id":294,"date":"1991-09-30T15:56:09","date_gmt":"1991-09-30T15:56:09","guid":{"rendered":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/?p=294"},"modified":"2013-09-30T15:57:43","modified_gmt":"2013-09-30T15:57:43","slug":"aniversario-del-creador-de-ulises","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/aniversario-del-creador-de-ulises\/","title":{"rendered":"Aniversario del creador de Ulises"},"content":{"rendered":"<p>Ofrecemos los art\u00edculos publicados en El Pa\u00eds en 1991 con motivo de los 50 a\u00f1os de la muerte de Joyce, que pueden servir de introducci\u00f3n a su obra. Hay que pulsar en .<\/p>\n<p>Art\u00edculos:<\/p>\n<p>    James Joyce, 50 a\u00f1os despu\u00e9s, por Anthony Burgess<br \/>\n    El ba\u00fal de Joyce, por Javier Figuero<br \/>\n    Artistas y lectores, por Jos\u00e9 Mar\u00eda Guelbenzu<br \/>\n    James Joyce, una v\u00edctima del lenguaje, por Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde<br \/>\n    El final de una influencia, por Enrique Murillo <\/p>\n<p>Aniversario del creador de \u201cUlises\u201d<br \/>\nEl Pa\u00eds, domingo 13 de enero de 1991, \u201cLa cultura\u201d p\u00e1gs. 20-21.<\/p>\n<p>El 13 de enero de 1941 fallec\u00eda en un hospital de Z\u00farich el escritor irland\u00e9s en lengua inglesa James Joyce (1882-1941), uno de los autores m\u00e1s influyentes de la literatura contempor\u00e1nea. En estas p\u00e1ginas se analiza c\u00f3mo a trav\u00e9s de sus libros m\u00e1s conocidos, como Ulises, El retrato del artista adolescente, Dublineses y Finnegans Wake, el escritor rompe con la tradici\u00f3n literaria del siglo XIX y realiza una exploraci\u00f3n psicol\u00f3gica, desde una personalidad compleja a trav\u00e9s de unos procedimientos narrativos que revolucionaron la escritura de su \u00e9poca.<\/p>\n<p>James Joyce, 50 a\u00f1os despu\u00e9s<br \/>\nAnthony Burgess<br \/>\n    Joyce escribi\u00f3 gran parte de su obra maestra, Ulises, en Z\u00farich  durante la Primera Guerra Mundial, y muri\u00f3 en Z\u00farich en la Segunda Guerra Mundial. A \u00e9l y a su familia no les hab\u00eda sido f\u00e1cil pasar de la Francia ocupada por los nazis a ese lugar de refugio neutral. Aunque oficialmente eran ciudadanos de la Rep\u00fablica independiente de Irlanda, ten\u00edan pasaporte brit\u00e1nico. De hecho, Stephen, el nieto de James Joyce, a pesar de casi no conocer Gran Breta\u00f1a, todav\u00eda sigue esa tradici\u00f3n familiar. El 16 de Junio de 1982, durante la conmemoraci\u00f3n del centenario del nacimiento de Joyce, Dubl\u00edn, su ciudad natal, organiz\u00f3 ciertos actos, sin demasiado entusiasmo, destinado al m\u00e1s grande de sus hijos literarios\u2014una placa aqu\u00ed, un busto all\u00e1, pero a Irlanda nunca le gust\u00f3. Sus editores estaban en Londres, su protectora, Harriet Shaw Weaver, era inglesa de confesi\u00f3n cu\u00e1quera. Joyce glorific\u00f3 la lengua inglesa en sus primeros libros, y en el \u00faltimo,  a decir de algunos, se dedic\u00f3 a destruirla. \u00bfA qu\u00e9 pa\u00eds pertenece realmente? Dej\u00f3 Dubl\u00edn con su mujer de Galway, Nora Barnacle en 1904, y vivi\u00f3 en Trieste, Z\u00farich y Par\u00eds. Era un exiliado por naturaleza&#8211;Exiliados es el t\u00edtulo de su \u00fanica obra de teatro&#8211;, y ha de ser considerado como un escritor internacional, porque lleg\u00f3 a todos los pa\u00edses (con excepci\u00f3n de la extra\u00f1a cuesti\u00f3n del pasaporte brit\u00e1nico). Sin embargo, tiene un \u00fanico tema, bastante limitado&#8211;. Todos sus libros son sobre Dubl\u00edn.<br \/>\n    Se puede visitar Dubl\u00edn, como hacemos algunos, y buscar el esp\u00edritu del joven Joyce\u2014pobre, desma\u00f1ado, miope, intensamente literario y ya pol\u00edgloto&#8211;,pero la ciudad que \u00e9l conoci\u00f3 ya no existe. Fue una de las ciudades m\u00e1s hermosas de Europa. a pesar de su gran poblaci\u00f3n de barrios bajos, pero los expertos en demolici\u00f3n la est\u00e1n arrasando. Con sus bloques de oficinas, comercios y discotecas, es como cualquier otra ciudad europea. Su poblaci\u00f3n sobrepasa el mill\u00f3n y las firmas de electr\u00f3nica japonesa proporcionan los empleos. Pero sigue siendo una ciudad bebedora, donde la verdadera vida se hace en los bares, con su Guinness, whisky y fant\u00e1stica conversaci\u00f3n. Los hombres est\u00e1n demasiado borrachos para interesarse por el sexo. Se define al homosexual de Dubl\u00edn como el hombre que prefiere que las mujeres beban.<\/p>\n<p>Dubl\u00edn<br \/>\n    El Dubl\u00edn enmarcado en los libros de Joyce, por tanto, est\u00e1 tan muerto como el Londres de Oliver Twist o el Madrid de Torquemada. El libro de relatos titulado Dublineses muestra c\u00f3mo era la ciudad en 1904\u2014moral y sexualmente paralizada, pero socialmente bulliciosa, llena de conversaci\u00f3n y bebida&#8211;. La ciudad  sigue en su sitio en el Retrato del artista adolescente, aunque centrada en el desarrollo de un esp\u00edritu joven que intenta volar contra las redes impuestas por la religi\u00f3n, la familia y el nacionalismo que rechaza el vasallaje al imperio Brit\u00e1nico. Ulises, una de las novelas m\u00e1s influyentes de nuestro siglo, trata de un Dubl\u00edn transformado en ciudad arquetipo, y su personaje centrales el ciudadano arquetipo.  Leopoldo Bloom no es un dublin\u00e9s t\u00edpico. Es medio jud\u00edo. Los dublineses niegan pro la memoria de sus padres que hubiera tantos jud\u00edos en su cat\u00f3lica ciudad. Los hab\u00eda, pero hab\u00eda muchos m\u00e1s en Trieste, donde Joyce empez\u00f3 a escribir el libro. Combinar las im\u00e1genes de ese puerto adri\u00e1tico con las del mar de Irlanda es resaltar la naturaleza cosmopolita de la visi\u00f3n de Joyce. Escribe sobre la condici\u00f3n de todas las ciudades modernas. Blom es todos los hombres modernos.<br \/>\n    No es, sin embrgo, la cuesti\u00f3n tem\u00e1tica del Ulises lo que lo hace distinto. El argumento es escaso. Bloom, que ha perdido a su hijo, encuentra un hijo adoptivo en el joven poeta Stephen Dedalus\u2014el protagonista de Retrato del artista y una versi\u00f3n casi sin subterfugios del propio Joyce&#8211;. Molly, la esposa de Bloom, comete adulterio, pero est\u00e1 deseando la llegada a casa de Stephen\u2014como hijo, redentor y, probablemente, amante&#8211;. El libro trata de la necesidad rec\u00edproca que tienen las personas, en la estructura menor de la familia y en la m\u00e1s amplia de laciudad. Ese sencillo tema se universaliza por la imposici\u00f3n de un mito intemporal, el del errante Odiseo en busca de su reino insular. Bloom es Odiseo o Ulises. Sus bastante triviales vivencias de un d\u00eda en Dubl\u00edn\u2014el 16 de junio de 1904\u2014se transforman en un paralelo c\u00f3mico del personaje de Homero, y, a su vez, adoptan varias formas de resaltar el paralelismo con el cl\u00e1sico, sobre todo a trav\u00e9s del estilo y del lenguaje.<br \/>\n    As\u00ed, Bloom encuentra en un bar de Dubl\u00edn a un nacionalista irland\u00e9s llamdo El Ciudadano. Su paralelo hom\u00e9rico es el c\u00edclope. Eso sugiere un estilo literario conocido como gigantismo, en el cual el lenguaje es inflado inconscentemente. Se exagera todo, a la manera de la ret\u00f3rica demag\u00f3gica o de la verborrea seudocient\u00edfica. Es el cap\u00edtulo en el que Bloom visita un hospital de maternidad para preguntar por el parto de una amiga de su esposa, la se\u00f1ora Purefoy, el paralelo hom\u00e9rico es la matanza de los compa\u00f1eros de Odiseo por los toros el Sol, que son la representaci\u00f3n de la fertilidad, y los estudiantes dublineses de medicina blasfeman contra la fertilidad al glorificar la \u201ccopulaci\u00f3n sin poblaci\u00f3n\u201d. La estructura del cap\u00edtulo imita el desarrollo del feto en el \u00fatero. La semilla masculina fertiliza al femenino lat\u00edn; tenemos una historia completa de la lengua inglesa siguiendo el progreso de su literatura, con Joyce como oficiante mayor.<br \/>\n    El estilo resulta m\u00e1s importante que el contenido, pero la intensa concentraci\u00f3n en el lenguaje permite a Joyce llegar a los l\u00edmites de la mente humana que antes eran inasequibles para el novelista. El lenguaje no s\u00f3lo es complejo, sino tambi\u00e9n de una claridad sin precedentes: abundan las alusiones sexuales y se utilizan palabras que, en el a\u00f1o de la publicaci\u00f3n (1922) y en los 40 a\u00f1os posteriores, eran oficialmente tab\u00fa. Ese es el motivo de que Ulises hubiera estado prohibido y de que Joyce, injustamente, hubiera sido tachado de tratante  de obscenidades y pornograf\u00eda.<\/p>\n<p>Fantas\u00eda<br \/>\n    El Ulises, usando la t\u00e9cnica del mon\u00f3logo interior para descubrir los pensamientos y sentimientos m\u00e1s \u00edntimos de sus personajes\u2014de una forma presint\u00e9tica y casi preverbal, llev\u00f3 al l\u00edmite el examen de la fantas\u00eda de la conciencia humana, Joyce ten\u00eda s\u00f3lo 40 a\u00f1os cuando se public\u00f3 el libro, y la cuesti\u00f3n era evidente: \u00bfqu\u00e9 pod\u00eda hacer, despu\u00e9s de haber llegado tan lejos, con el resto de su vida creativa? De hecho, no le quedaban de ella m\u00e1s que 19 a\u00f1os, y fueron totalmente ocupados por la composici\u00f3n de una incre\u00edblemente densa y dif\u00edcil pseudonovela titualda Finnegans Wake.  Despu\u00e9s de haber tratado la mente consciente, Joyce ten\u00eda que sumergirse ahora en las profundidades del mundo on\u00edrico. El Finnegans Wake es el realto del sue\u00f1o de una noche. El durmiente y so\u00f1ador Humphrey Chimpden Earwicker, es el humilde due\u00f1o de un bar de Chapelizod, un barrio de Dubl\u00edn, pero en su manifestaci\u00f3n paternal se convierte en la totalidad de la humanidad masculina, desde Ad\u00e1n hasta el propio Joyce, en tanto que su mujer, Ann, es todas las madres, su hija Izzy es todas las tentadoras (Eva, Dalila, lady Hamilton) y sus hijos gemelos, Kevin y Jerry, son todos los rivales masculinos enfrentados, desde Ca\u00edn y Abel hasta Napole\u00f3n y Wellington y posteriores.<br \/>\n    El lenguaje es el de los sue\u00f1os, oniroglota. Lo mismo que el tiempo y el espcacio se disuelven en los sue\u00f1os, tambi\u00e9n las palabras, a trav\u00e9s de las cuales vemos el continuo espacio-tiempo, han de distorsionarse para que el significado no se trastoque, sinoq ue se haga ambiguo. La ambig\u00fcedad tiene la naturaleza de los sue\u00f1os. Joyce sab\u00eda que las t\u00e9cnicas de interpretaci\u00f3n de Freud y Jung no eran suficientes. Un invenci\u00f3n como cropes es una fusi\u00f3n de crops (cosechas) y corpse (cad\u00e1ver), de forma que quedan unificadas las ideas opuestas de la vida naciendo de la tierra y del cuerpo muerto sepultado en ella. La acci\u00f3n del sue\u00f1o tiene lugar en 1132, un a\u00f1o puramente simb\u00f3lico en el cual 11 significa la resurrecci\u00f3n, despu\u00e9s de haber contado hasta 10 con los dedos, hay que empezar de nuevo) y 32 es la ca\u00edda (los cuerpos que caen lo hacen a una velocidad de 32 pies por segundo). \u201cThe abnihilisation of the otym\u201d significa tanto la desintegraci\u00f3n del \u00e1tomo como la recreaci\u00f3n del significado (griego, etymon) a partir de la nada (ab nihilo).<\/p>\n<p>Manifiesto vital<br \/>\n    Para abreviar, la obra es simplemente un intento de reconciliar opuestos, de afirmar la vida, de insistir en que nada muere. Es m\u00e1s que una novela, es una especie de manifiesto vital. Es tentador ver en eso al James Joyce cat\u00f3lico, que estuvo a punto de ingresar en la orden de los jesuitas, pero que cambi\u00f3 un tipo de sacerdocio por otro: el del arte, en el cual el oscuro pan de la vida diaria se convierte en la hostia eucar\u00edstica de la belleza intemporal. Pero Joyce hab\u00eda dejado la Iglesia, negado a su esposa un matrimonio cat\u00f3lico y privado a sus hijos de la bendici\u00f3n del bautismo. Hab\u00eda perdido su fe religiosa y nunca dese\u00f3 recuperarla, pero el ambiente de su obra es cat\u00f3lico europeo\u2014m\u00e1s pr\u00f3ximo a Dante que a Goethe o incluso a su \u00eddolo Ibsen&#8211;. Como medio jud\u00edo agn\u00f3stico, a Bloom s\u00f3lo le interesa la religi\u00f3n como fuerza de conexi\u00f3n social, pero su esposa Molly, nacida en Gibraltar, conoce el catolicismo en sus aspectos mediterr\u00e1neo y puritano de Norte, y reza a una especie de Dios fanciscano. Stephen Dedalus parece no haber llegado a recuperarse del espantoso serm\u00f3n sobre el infierno que se predica en el Retrato, y es visitado por su madre muerta, que lo conmina a arrepentirse.  A pesar del gran n\u00famero de profesores ateos especializados en Joyce, proablemente sea cierto que s\u00f3lamente un cat\u00f3lico, creyente o ap\u00f3stata, puede comprender plenamente a Joyce.  Pero conmemoramos el cincuentenario de su muerte,&#8211;como celebrar\u00edamos, m\u00e1s pr\u00f3digamente, el centenario de su muerte\u2014con un esp\u00edritu puramente literario. Vivimos en la llamada era posmoderna, pero seguimos siendo los herederos del modernismo, y Joyce, junto con Pound y Elliot, dejaron perfectamente claro lo que es el modernismo. El modernismo, desde un punto de vista ling\u00fc\u00edstico, es el empleo de un vocabualrio que hace sonar las campanas de lo coloquial, de lo tradicionalmente po\u00e9tico y de la nueva tecnolog\u00eda. Est\u00e1 implicado en la exactitud del lenguaje, pero sabe que la naturaleza del lenguaje es transportar una carga de ambig\u00fcedad aprovechable. El modernismo es honesto y enemigo de f\u00f3rmulas filos\u00f3ficas para salvar el mundo. Es extrapol\u00edtico y muy esc\u00e9ptico, tanto en lo que respecta al totalitarsimo como al populismo. Es dif\u00edcil, lo mismo que Joyce es dif\u00edcil, porque trata de ver la humanidad como una complejidad que s\u00f3lamente los pol\u00edticos, curas y novelistas de \u00e9xito en ventas, se niegan a ver de una forma m\u00e1s sencilla. La dificultad de Finnegans Wake es inmensa precisamente por la humanidad de su tema sujeto. El modernismo se atrevi\u00f3 a profundizar, pero a los hombres y mujeres normales les asusta ese coraje; quiz\u00e1 pueda destapar cosas que sea mas conveniente ignorar.<br \/>\n    En este resumen de los logros de Joyce se ignora una cualidad que debe considerarse como preponderantemente vital: su humor. A pesar del tremendismo de Dostoievski, de la visi\u00f3n tr\u00e1gica de Dreiser y de la implacable violencia de tant\u00edsimas grandes obras contempor\u00e1neas, la novela de todos los tiempos, Don Quijote, es una gran comedia y Joyce aprendi\u00f3 de ella m\u00e1s de lo que estaba dispuesto a dmitir.  El Ulises invierte al situaci\u00f3n haciendo que el protagonsita sea una especie de Sancho Panza y poniendo en segundo lugar, o posici\u00f3n filial, a una especie de Don Quijote. Cuando  Leopold Bloom y Stephen Dedalus caminan juntos despu\u00e9s de medianoche  por un Dubl\u00edn desierto, vemos una figura alta y delgada y otra m\u00e1s baja y gruesa. Bloom sabe m\u00e1s que Sancho, pero su sabidur\u00eda es del estilo de la de Sancho, expresada en proverbios triviales; Stephen es el po\u00e9tico so\u00f1ador que necesita el sentido com\u00fan de su padre adoptivo. No obstante, subsisten en una realci\u00f3n c\u00f3mica y est\u00e1n apoyados, o m\u00e1s bien enfrentados, por un numeroso reparto de prersonajes c\u00f3micos. El Ulises es uno de esos extra\u00f1os libros que nos hacen re\u00edr a carcajadas. El Finnegans Wake tambi\u00e9n est\u00e1 lleno de carcajadas, con un lenguaje basado en las posibilidades c\u00f3micas el ingl\u00e9s. El ingl\u00e9s se puede considerar como una lengua c\u00f3mica por contener elementos irreconciliables\u2014germ\u00e1nicos y latinos\u2014perpetuamente enfrentados. Traduzcamos el Finnegans Wake al espa\u00f1ol y ese elemento c\u00f3mico desaparecer\u00e1. El milagro est\u00e1 en que, aunque Joyce explot\u00f3 al l\u00edmite las posisbilidades, e imposibilidades, del ingl\u00e9s, sigue siendo un escritor europeo. Est\u00e1 amamantado en ingl\u00e9s, pero se eleva por encima de \u00e9l.<\/p>\n<p>Dickens<br \/>\n    Al igual que todos los grandes novelistas, de alguna forma consigue subsistir fuera de su medio literario. Don Quijote y Sancho Panza cabalgan alrededor de la plaza de toros de Valladolid en 1605 y siguen haci\u00e9ndolo en los desfiles de carnaval suramericanos.  Los personajes de Charles Dickens son reconocidos incluso por los analfabetos. Leopold Bloom, Molly Bloom, Stepehen Dedalus y Humphrey Chimpden Earwicker pertenecen a ese orden cl\u00e1sico. Son tan grandes que se pueden someter a todo tipo de excentricidad estil\u00edstica o juego ling\u00fc\u00edstico y seguir brillando plenos, tridimensionales, desesperadamente vivos. Es una \u00e9poca en que tantos de nuestros escritores son pesimistas, es bueno celebrar a uno que tom\u00f3 partido por la vida.<\/p>\n<p>Traducci\u00f3n: Leopoldo Rodr\u00edguez Regueira.<\/p>\n<p>El ba\u00fal de Joyce<br \/>\nJavier Figuero<br \/>\n    Es dif\u00edcil creer que al propio Joyce se le escapara la oportunidad del juego, y que fuese, sin m\u00e1s, su testaferro, Paul Leon, quien conjurase el capricho. En todo caso, hoy, a los 50 a\u00f1os de su muerte, se proceder\u00e1 en la Biblioteca Nacional de Dubl\u00edn a la solemne apertura del ba\u00fal que guarda todav\u00eda sus \u00faltimos y secretos manuscritos. Pendiente de tal fecha, la numerosa feligres\u00eda de la devota comunidad joyciana contiene el talento a sabiendas de que la revelaci\u00f3n puede determinar otra fecha inici\u00e1tica entre las que reverencian ya su talento: como el 2 de febrero de los cumplea\u00f1os, en el que el supersticioso escritor gustaba publicar sus libros, o como el 16 de junio, aniversario de la primera cita con Nora, en que principia el periplo de Ulises, la gran aventura literaria.<br \/>\n    El 13 de enero de 1941, James Joyce, que hab\u00eda huido del invasor alem\u00e1n que se apodera de Par\u00eds, perece en Z\u00farich. En la capital francesa, su amigo, el abogado ruso Paul Leon, consigue, sin embargo, hacerse con documentos personales que, a trav\u00e9s del embajador irland\u00e9s, Count O\u2019Kelly, llegan a Dubl\u00edn en un ba\u00fal que debe permanecer cerrado hasta medio siglo despu\u00e9s de la desaparici\u00f3n del creador. Paul Leon rinde pronto a la muerte su condici\u00f3n de jud\u00edo en un campo de concentraci\u00f3n, y, falto de referencias testimoniales, el legado cobra valor de tesoro.<br \/>\n    En estos d\u00edas, Dubl\u00edn concita de nuevo la atenci\u00f3n religiosa de  esa comunidad literaria que ha hecho de Joyce su profeta. Apenas un par de semanas que ostenta la titularidad como ciudad cultural de  Europa y ya este golpe de efecto que se magnificar\u00e1 en octubre, cuando, luego de microfilmado, los estudiosos podr\u00e1n realmente disponer del material sobre el que apenas se atreven a especular ahora. Davis Norris, un senador dublin\u00e9s respetado tanto por su valiente defensa de los derechos de los homosexuales como por su conocimiento de Joyce, ha advertido contra el mal del optimismo: \u201cBien pudiera haber s\u00f3lo tres postales o las cartas que aclaren determinados aspectos de su complicada vida familiar, como los documentos que iluminen nada menos que el proceso de creaci\u00f3n del FinnegansWake\u201d.<\/p>\n<p>Artistas y lectores<br \/>\nJos\u00e9 Mar\u00eda Guelbenzu<\/p>\n<p>\u201cCesa de llover: cae la \u00faltima gota en la Rue de l\u2019Odeon\u201d. As\u00ed comienza el m\u00e1gico pr\u00f3logo de Antonio Marichalar a la primera edici\u00f3n espa\u00f1ola  (1926) del Retrato del artista adolescente, o, como entonces fue su t\u00edtulo exacto, El artista  adolescente (retrato), por James Joyce. En su Rolls Royce, la duquesa m\u00e1s elegante de Par\u00eds acude a Shakespeare and Company a comprar un ejemplar de Ulysses, pero tambi\u00e9n se cuenta que hubo estudiante que pas\u00f3 cuatro d\u00edas en cama y sin comer para adquirirlo\u2026 La evocaci\u00f3n de Marichalar tiene ese aura literaria y fant\u00e1stica que emana de los descubrimientos esplendorosos, de las revelaciones inici\u00e1ticas.<br \/>\n    Yo mismo me priv\u00e9 hasta de mi tabaco diario por un mes en mi af\u00e1n por reunir el dinero del precio de un ejemplar de Ulises en la edici\u00f3n americana de Rueda, pero el Retrato\u2026 El Retrato fue el espejo, el reconocimiento de una decisi\u00f3n que unos cuantos adolescentes tomamos al comienzo de los a\u00f1os sesenta, con mejor o peor fortuna pero con id\u00e9ntica resoluci\u00f3n, de consagrar la vida al arte de narrar o morir en el empe\u00f1o.<\/p>\n<p>Dedalus<br \/>\nEn la guarda de su libro de Geograf\u00eda, el h\u00e9roe, el artista adolescente, ha escrito de su pu\u00f1o y letra su nombre y su residencia: \u201cStephen Dedalus. Clase de Naciones. Colegio de Conglowes Wood. Sallins. Condado de Kildare. Irlanda. Europa. El Mundo. El Universo\u201d.<br \/>\n    \u00bfQui\u00e9n pod\u00eda resistirse a aceptar este reto? A los 17 o 18 a\u00f1os, en un \u201cpa\u00eds de todos los demonios, donde el mal gobierno, la pobreza, no son, sin m\u00e1s, pobreza y mal gobierno, sino un estado m\u00edstico del hombre\u201d, como dec\u00eda Jaime Gil, \u00bfQu\u00e9 otra clase de afirmaci\u00f3n hubi\u00e9ramos comprado por el precio de una vida? Esas guardas del libro de Dedalus nos redim\u00edan, si quer\u00edamos, de un camino humillante por los \u00e1mbitos ateridos de un colegio, de una sensibilidad maltratada y despreciada, de un af\u00e1n de libertad enfebrecido y tambi\u00e9n seco.<\/p>\n<p>Experiencias<br \/>\n\u00c9sa fue, en efecto, la primera lectura. Recuerdo ese pasar de p\u00e1ginas que relatan los ejercicios espirituales del padre Cullen y su asombro sin l\u00edmites al comprobar la perfecta similitud con nuestras propias experiencias; recuerdo esos paseos id\u00e9nticos a los paseos discursivos de Stephen Dedalus con Lynch o Cronly; recuerdo la envidia y la excitaci\u00f3n ante esas p\u00e1ginas finales en forma de diario que anteceden a su salida del pa\u00eds natal (Abril 16. \u00a1partir! \u00a1Partir!)<br \/>\nCreo que ese fue, en aquellos a\u00f1os, el libro m\u00e1s excitante para cualquiera de los j\u00f3venes dispuestos a tomar el primer tren que los condujera al Mundo y qui\u00e9n sabe si al Universo. O a\u00fan m\u00e1s lejos: a Par\u00eds.<br \/>\n    Pero el buen lector no es el que se identifica con el h\u00e9roe, sino el que posee la sensibilidad e imaginaci\u00f3n que necesita todo buen texto para respirar. Al Retrato, que de tal manera ilumin\u00f3 los deseos oscuros de tantos aspirantes a escritor, o tan s\u00f3lo a una vida distinta y apasionada, le ha ocurrido en cierto modo lo que Harry Levin dice del propio Joyce respecto a su alejamiento de la fe: \u201cQue perdi\u00f3 su religi\u00f3n, pero conserv\u00f3 sus categor\u00edas\u201d. Lo que es una  aguda descripci\u00f3n de la educaci\u00f3n y el talante del autor, en este caso deber\u00edamos aplicarlo m\u00e1s bien a un libro de culto que cuando pierde, con el tiempo, su ritual inici\u00e1tico, conserva y acrecienta sus categor\u00edas de satisfacci\u00f3n art\u00edstica.<\/p>\n<p>Arte<br \/>\nEl arte, en lo que tiene de imaginaci\u00f3n, de libertad, de memoria, de sensibilidad\u2026 ha latido en cada uno de los lectores del Retrato consciente o inconscientemente, porque est\u00e1 ah\u00ed como una llamada a la que es dif\u00edcil sustraerse. Por su propio asunto, este libro ha despertado en todo lector un deseo, aunque fuera como un suspiro, de entregarse al arte, naturalmente en muy pocos lectores se ha cumplido esa aspiraci\u00f3n a creadores, pero yo me pregunto en cu\u00e1ntos se habr\u00e1 cumplido como lectores.<br \/>\n    Por decirlo de otro modo: creo que casi ning\u00fan lector del Retrato sigue siendo pasivo al t\u00e9rmino de su lectura. Creo que aun aquellos que tienden a la actitud perezosa y menor de identificarse con el h\u00e9roe, no pueden dejar de percibir en este libro un algo que, incluso por la v\u00eda de la identificaci\u00f3n, penetra en ellos haci\u00e9ndoles sentir que la percepci\u00f3n del arte es m\u00e1s, que la percepci\u00f3n del arte tambi\u00e9n es art\u00edstica para el perceptor y que si \u00e9ste quiere mantener esa l\u00e1mpara encendida, alumbrar\u00e1 de modo distinto el trayecto de sus posteriores lecturas.<br \/>\n    Cuando solicito a un lector que emplee sus sentido art\u00edstico para leer estoy pidi\u00e9ndole que sea un artista de la lectura, tratando de explicarle que \u00e9se es el placer supremo e incomparable del lector.<br \/>\nPues bien, el Retrato del artista adolescente posee de modo casi m\u00e1gico la cualidad de ser una puerta de acceso a tal estado. Es como ese momento en que \u201ccesa de llover, cae la \u00faltima gota en la Rue de l\u2019Odeon\u201d, se abren las nubes y la calle desnuda y distra\u00edda se llena de luz, de gente, de actividad y satisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Pa\u00eds, lunes 4 de enero de 1991, \u201cLa cultura\u201d p\u00e1g. 22.<\/p>\n<p>El escritor irland\u00e9s en lengua  inglesa James Joyce (Rathgar, Dubl\u00edn, 1882-Z\u00farich, 1941), uno de los autores m\u00e1s influyentes de la literatura contempor\u00e1nea, falleci\u00f3 el 13 de enero de 1941 en una cl\u00ednica de Z\u00farich. En esta p\u00e1gina se contin\u00faa el an\u00e1lisis\u2014comenzado ayer\u2014sobre las repercusiones de la obra del autor de Ulises, El retrato del artista adolescente, Dublineses y Finnegans Wake, entre sus libros m\u00e1s conocidos. En su obras a parece una Irlanda personal y una Europa en donde se movilizan las vanguardias art\u00edsticas. James Joyce fue un escritor propiamente del siglo XX y un revolucionario de la narraci\u00f3n literaria, cuyo legado completo est\u00e1 todav\u00eda por descubrir.<br \/>\nJames Joyce, una v\u00edctima del lenguaje<br \/>\nJos\u00e9 Mar\u00eda Valverde<br \/>\nHace 50 a\u00f1os  mor\u00eda James Joyce en Z\u00farich, en la tercera de sus estancias en esa ciudad\u2014aparte de algunas  visitas r\u00e1pidas para intentar remediar sus pobres ojos&#8211;: la primera vez en 1904, hab\u00eda llegado de Dubl\u00edn con su compa\u00f1era, Nora, en busca de un empleo de profesor de ingl\u00e9s que s\u00f3lo encontrar\u00eda en Trieste y acogerse a la neutralidad suiza en Z\u00farich, teniendo en cuenta que su mala vista y su condici\u00f3n de padre de familia; al fin, en 1940, lleg\u00f3 hasta all\u00ed desde Par\u00eds, ante la invasi\u00f3n alemana.<br \/>\n    Si tras la Primera Guerra Mundial a alguien que le preguntaba c\u00f3mo le hab\u00eda ido en ese tiempo, Joyce se limit\u00f3 a contestar: \u201cAh, s\u00ed, he o\u00eddo decir que ha habido una guerra mundial por ah\u00ed, la segunda\u2014seg\u00fan dicen\u2014le pareci\u00f3 una perversa conjuraci\u00f3n  general para que la gente no leyera su reci\u00e9n publicado Finnegans Wake. Semejante boutade podr\u00eda tomarse como un sarcasmo contra el mundo: si toda guerra es monstruosa: \u00e9sa era especialmente est\u00fapida, porque los aut\u00e9nticos adversarios estaban en el mismo bando. Pero la reacci\u00f3n de James Joyce no iba por ah\u00ed, sino que ten\u00eda algo de hura\u00f1o encogimiento de hombros por parte de aquel obseso entregado  a experimentos del lenguaje.<br \/>\n    Hay un proceso a lo largo de la vida y la obra de Joyce en que la conciencia ling\u00fc\u00edstica se va comiendo a la vida personal, a su propia humanidad, en un sacrificio que, sin embargo,  no podemos lamentar\u2014en un gran escritor hay que aceptar de buena gana  \u201clos defectos de sus virtudes\u201d&#8211;. Joyce, despu\u00e9s de unas probaturas juveniles  que no promet\u00edan nada bueno pro lo egol\u00e1trico, compuso esa maravilla de sobriedad, a sus 25 a\u00f1os, que es Dublineses\u2014logro que casi nadie pudo conocer entonces, cundo menos valorar&#8211;. Despu\u00e9s, afortunadamente, abandonado su Stephen el h\u00e9roe, en tono demasiado personal, supo rehacer como arte esa misma materia en su Autorretrato juvenil (o, como se ha traducido, Retrato del artista adolescente, en pase decisivo hacia la madurez\u2014all\u00ed comenz\u00f3 a saber incrustar palabras vivas, canciones y aun la fotocopia de un serm\u00f3n jesu\u00edtico&#8211;. Entonces pudo Joyce acometer su obra magna, Ulises, en buena medida un mosaico de voces imitadas o grabadas, a veces como parodia de estilos ajenos, a veces como chorros de palabra interior de un personaje, con todas la s tonter\u00edas y aun indecencias que, en mayor o menor grado, siempre hay en ese cauce que nos arrastra: el lenguaje,  invadi\u00e9ndonos desde fuera, sin hacerse m\u00e1s que muy relativamente nuestro.<br \/>\n    El darse cuenta de que nuestra vida mental no es otra cosa que bla-bla-bla en una determinada gram\u00e1tica, un l\u00e9xico, una fon\u00e9tica, etc\u00e9tera, resulta al principio tan divertido para el escritor como inquietante para el fil\u00f3sofo. Y el mejor testimonio de la modestia del lenguajes la coincidencia, el parecido, el chiste, el juego de palabras que nos sal al paso de vez en cuando y nos hace re\u00edr.<br \/>\n    De hecho, sabemos que a Joyce le divert\u00edan demasiado sus hallazgos verbales y que los a\u00f1ad\u00eda a troche y moche a lo ya escrito. Entre la primera versi\u00f3n manuscrita y la publicada hay casi una tercera parte del total que consiste en ocurrencias posteriores, incluidas durante la correcci\u00f3n de pruebas o en algunos cap\u00edtulos aparecidos en revistas. Pues bien, como se puede ver en la edici\u00f3n de Octagon Books, donde tales adiciones van marc\u00e1ndose sobre un facs\u00edmile de la edici\u00f3n normal, toda esa a\u00f1adidura es contraproducente, es un lastre perjudicial.  El d\u00eda que Ulises sea de dominio p\u00fablico, ser\u00e1 urgente editar el Shorter Ulyssses, el \u201cUlises m\u00e1s corto\u201d, libre de las ocurrencias tard\u00edas para que se vea que es mejor que el que conocemos; m\u00e1s compacto y sustancial, de mejor ritmo para su lectura.<br \/>\nDespu\u00e9s, ese exceso de autocomplacencia en su chistes fue la que llev\u00f3 a Joyce a su Finnegans Wake, que cabr\u00eda considerar como un error innecesario, una felix culpa, un escarmiento para ense\u00f1anza de la posterior historia literaria. A wholesale safety-pun factory, \u201cuna f\u00e1brica al por mayor de\u201d\u2014y aqu\u00ed un juego de palabras joyciano entre safety-pin, \u201cimperdible\u201d y safety-pun, \u201cretru\u00e9cano de seguridad\u201d: as\u00ed lo defini\u00f3 la abnegada editora de Joyce, por supuesto que sin dec\u00edrselo  a \u00e9l&#8211;.<br \/>\n    El crecimiento de la obsesi\u00f3n ling\u00fc\u00edstica hab\u00eda sido unido en Joyce  a un creciente desinter\u00e9s por lo com\u00fan a todos: as\u00ed, pol\u00edticamente, all\u00e1 por 1906, en Trieste, todav\u00eda hab\u00eda sentido cierto aprecio por el socialismo de Antonio Labriola\u2014no del todo desinteresadamente, porque pensaba que un Estado socialista podr\u00eda subvencionar a los creadores literarios como \u00e9l mejor que los editores comerciales, seg\u00fan su experiencia&#8211;.Pero ese desinter\u00e9s se hab\u00eda impuesto en \u00e9l tambi\u00e9n por desconfianza hacia la capacidad de la especie humana racional: vanitas vanitatum. Quiz\u00e1 entonces, su drogadicci\u00f3n  ling\u00fc\u00edstica pod\u00eda verse alimentada por su escepticismo social y \u00e9tico.<\/p>\n<p>El final de una influencia<br \/>\nEnrique Murillo<br \/>\nDurante medio siglo aproximadamente, el influjo ejercido por James Joyce en la literatura occidental fue determinante. Su nombre represent\u00f3, desde los a\u00f1os veinte, el modelo m\u00e1ximo de la tendencia experimental, sobre todo en narrativa, y sigui\u00f3 siendo esgrimido como s\u00edmbolo y ejemplo incluso hasta bien entrada la d\u00e9cada de los setenta. Desde la consolidaci\u00f3n de la vanguardia hist\u00f3rica hasta el renacimiento vanguardista del grupo Tel Quel de Par\u00eds posterior al 68, decir Joyce equival\u00eda a hablar de ruptura sin contemplaciones con toda clase de moldes y tradiciones, y apostar pro la originalidad a todo trance.<br \/>\n    Todo eso termin\u00f3 hace unos 15 o 10 a\u00f1os, y la influencia de Joyce parece borrada pro completo en los intentos renovadores que en los diversos pa\u00edses de Occidente est\u00e1n realizando los novelistas de las nuevas generaciones.<br \/>\nPara encontrar ahora rastro de Joyce, hay que acudir o bien a los veteranos continuadores de la tradici\u00f3n vanguardista, o bien a ciertos casos aislados de conexi\u00f3n con alg\u00fan  fulgurante esp\u00edritu de jugueteo verbal que constituye una de las caracter\u00edsticas del estilo Joyce: me refiero sobre todo a Salman Rushdie, que, le\u00eddo en ingl\u00e9s, suena muy joyceano, aunque no tenga con el escritor irland\u00e9s puntos de contacto m\u00e1s esenciales.<br \/>\n    La otra huella dejada por Joyce se nota sobre todo en el idioma ingl\u00e9s. Cuando un periodista tiene que titular Secuestro a\u00e9reo y se ve obligado a comprimir pro falta de espacio, lo l\u00f3gico es que fusione hijack (secuestro) y sky (cielo) y cree skijack, un neologismo que Joyce hizo posible gracias a su endemoniada habilidad para trabajar el ingl\u00e9s como si fuese plastilina. El ejemplo se\u00f1alado, que recuerdo de los a\u00f1os setenta, no es m\u00e1s que una muestra trivial de la influencia enorme y permanente dejada por Joyce en la lengua inglesa. De ah\u00ed que resulte tanto m\u00e1s sorprendente la desaparici\u00f3n de su influencia literaria.<br \/>\n    Pero los tiempos han cambiado, y la renovaci\u00f3n narrativa se est\u00e1 produciendo con curiosa simultaneidad, en culturas tan diferentes como la francesa y la norteamericana, la inglesa y la italiana, por la v\u00eda del regreso a la tradici\u00f3n y los g\u00e9neros y subg\u00e9neros, precisamente todo ese acervo con el que Joyce y la vanguardia en general rompieron brutal y totalmente.<br \/>\n    La historia de la literatura est\u00e1 llena de casos parecidos. Shakespeare dej\u00f3 de ser una influencia viva con la llegada del neoclasicismo, y s\u00f3lo con los rom\u00e1nticos se recuper\u00f3 la pasi\u00f3n mitificadora  por su obra. Igualmente transitorio pude ser este ojo de Guadiana en el que Joyce se ha ocultado ahora, pues no cabe duda de que sus libros y su actitud en relaci\u00f3n con su oficio pueden servir perfectamente de est\u00edmulo a futuras generaciones.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ofrecemos los art\u00edculos publicados en El Pa\u00eds en 1991 con motivo de los 50 a\u00f1os de la muerte de Joyce, que pueden servir de introducci\u00f3n a su obra. Hay que pulsar en . Art\u00edculos: James Joyce, 50 a\u00f1os despu\u00e9s, por Anthony Burgess El ba\u00fal de Joyce, por Javier Figuero Artistas y lectores, por Jos\u00e9 Mar\u00eda [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_genesis_hide_title":false,"_genesis_hide_breadcrumbs":false,"_genesis_hide_singular_image":false,"_genesis_hide_footer_widgets":false,"_genesis_custom_body_class":"","_genesis_custom_post_class":"","_genesis_layout":"","footnotes":""},"categories":[11],"tags":[],"class_list":{"0":"post-294","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"entry"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/294","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=294"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/294\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":296,"href":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/294\/revisions\/296"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=294"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=294"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=294"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}