{"id":283,"date":"1991-01-04T15:37:13","date_gmt":"1991-01-04T15:37:13","guid":{"rendered":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/?p=283"},"modified":"2013-09-30T15:55:36","modified_gmt":"2013-09-30T15:55:36","slug":"el-pais-lunes-4-de-enero-de-1991","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/el-pais-lunes-4-de-enero-de-1991\/","title":{"rendered":"El Pa\u00eds, lunes 4 de enero de 1991"},"content":{"rendered":"<p><em>El Pa\u00eds, lunes 4 de enero de 1991, \u201cLa cultura\u201d p\u00e1g. 22.<\/em><\/p>\n<p>El escritor irland\u00e9s en lengua  inglesa James Joyce (Rathgar, Dubl\u00edn, 1882-Z\u00farich, 1941), uno de los autores m\u00e1s influyentes de la literatura contempor\u00e1nea, falleci\u00f3 el 13 de enero de 1941 en una cl\u00ednica de Z\u00farich. En esta p\u00e1gina se contin\u00faa el an\u00e1lisis\u2014comenzado ayer\u2014sobre las repercusiones de la obra del autor de Ulises, El retrato del artista adolescente, Dublineses y Finnegans Wake, entre sus libros m\u00e1s conocidos. En su obras a parece una Irlanda personal y una Europa en donde se movilizan las vanguardias art\u00edsticas. James Joyce fue un escritor propiamente del siglo XX y un revolucionario de la narraci\u00f3n literaria, cuyo legado completo est\u00e1 todav\u00eda por descubrir.<br \/>\nJames Joyce, una v\u00edctima del lenguaje<br \/>\nJos\u00e9 Mar\u00eda Valverde<br \/>\nHace 50 a\u00f1os  mor\u00eda James Joyce en Z\u00farich, en la tercera de sus estancias en esa ciudad\u2014aparte de algunas  visitas r\u00e1pidas para intentar remediar sus pobres ojos&#8211;: la primera vez en 1904, hab\u00eda llegado de Dubl\u00edn con su compa\u00f1era, Nora, en busca de un empleo de profesor de ingl\u00e9s que s\u00f3lo encontrar\u00eda en Trieste y acogerse a la neutralidad suiza en Z\u00farich, teniendo en cuenta que su mala vista y su condici\u00f3n de padre de familia; al fin, en 1940, lleg\u00f3 hasta all\u00ed desde Par\u00eds, ante la invasi\u00f3n alemana.<br \/>\n    Si tras la Primera Guerra Mundial a alguien que le preguntaba c\u00f3mo le hab\u00eda ido en ese tiempo, Joyce se limit\u00f3 a contestar: \u201cAh, s\u00ed, he o\u00eddo decir que ha habido una guerra mundial por ah\u00ed, la segunda\u2014seg\u00fan dicen\u2014le pareci\u00f3 una perversa conjuraci\u00f3n  general para que la gente no leyera su reci\u00e9n publicado Finnegans Wake. Semejante boutade podr\u00eda tomarse como un sarcasmo contra el mundo: si toda guerra es monstruosa: \u00e9sa era especialmente est\u00fapida, porque los aut\u00e9nticos adversarios estaban en el mismo bando. Pero la reacci\u00f3n de James Joyce no iba por ah\u00ed, sino que ten\u00eda algo de hura\u00f1o encogimiento de hombros por parte de aquel obseso entregado  a experimentos del lenguaje.<br \/>\n    Hay un proceso a lo largo de la vida y la obra de Joyce en que la conciencia ling\u00fc\u00edstica se va comiendo a la vida personal, a su propia humanidad, en un sacrificio que, sin embargo,  no podemos lamentar\u2014en un gran escritor hay que aceptar de buena gana  \u201clos defectos de sus virtudes\u201d&#8211;. Joyce, despu\u00e9s de unas probaturas juveniles  que no promet\u00edan nada bueno pro lo egol\u00e1trico, compuso esa maravilla de sobriedad, a sus 25 a\u00f1os, que es Dublineses\u2014logro que casi nadie pudo conocer entonces, cundo menos valorar&#8211;. Despu\u00e9s, afortunadamente, abandonado su Stephen el h\u00e9roe, en tono demasiado personal, supo rehacer como arte esa misma materia en su Autorretrato juvenil (o, como se ha traducido, Retrato del artista adolescente, en pase decisivo hacia la madurez\u2014all\u00ed comenz\u00f3 a saber incrustar palabras vivas, canciones y aun la fotocopia de un serm\u00f3n jesu\u00edtico&#8211;. Entonces pudo Joyce acometer su obra magna, Ulises, en buena medida un mosaico de voces imitadas o grabadas, a veces como parodia de estilos ajenos, a veces como chorros de palabra interior de un personaje, con todas la s tonter\u00edas y aun indecencias que, en mayor o menor grado, siempre hay en ese cauce que nos arrastra: el lenguaje,  invadi\u00e9ndonos desde fuera, sin hacerse m\u00e1s que muy relativamente nuestro.<br \/>\n    El darse cuenta de que nuestra vida mental no es otra cosa que bla-bla-bla en una determinada gram\u00e1tica, un l\u00e9xico, una fon\u00e9tica, etc\u00e9tera, resulta al principio tan divertido para el escritor como inquietante para el fil\u00f3sofo. Y el mejor testimonio de la modestia del lenguajes la coincidencia, el parecido, el chiste, el juego de palabras que nos sal al paso de vez en cuando y nos hace re\u00edr.<br \/>\n    De hecho, sabemos que a Joyce le divert\u00edan demasiado sus hallazgos verbales y que los a\u00f1ad\u00eda a troche y moche a lo ya escrito. Entre la primera versi\u00f3n manuscrita y la publicada hay casi una tercera parte del total que consiste en ocurrencias posteriores, incluidas durante la correcci\u00f3n de pruebas o en algunos cap\u00edtulos aparecidos en revistas. Pues bien, como se puede ver en la edici\u00f3n de Octagon Books, donde tales adiciones van marc\u00e1ndose sobre un facs\u00edmile de la edici\u00f3n normal, toda esa a\u00f1adidura es contraproducente, es un lastre perjudicial.  El d\u00eda que Ulises sea de dominio p\u00fablico, ser\u00e1 urgente editar el Shorter Ulyssses, el \u201cUlises m\u00e1s corto\u201d, libre de las ocurrencias tard\u00edas para que se vea que es mejor que el que conocemos; m\u00e1s compacto y sustancial, de mejor ritmo para su lectura.<br \/>\nDespu\u00e9s, ese exceso de autocomplacencia en su chistes fue la que llev\u00f3 a Joyce a su Finnegans Wake, que cabr\u00eda considerar como un error innecesario, una felix culpa, un escarmiento para ense\u00f1anza de la posterior historia literaria. A wholesale safety-pun factory, \u201cuna f\u00e1brica al por mayor de\u201d\u2014y aqu\u00ed un juego de palabras joyciano entre safety-pin, \u201cimperdible\u201d y safety-pun, \u201cretru\u00e9cano de seguridad\u201d: as\u00ed lo defini\u00f3 la abnegada editora de Joyce, por supuesto que sin dec\u00edrselo  a \u00e9l&#8211;.<br \/>\n    El crecimiento de la obsesi\u00f3n ling\u00fc\u00edstica hab\u00eda sido unido en Joyce  a un creciente desinter\u00e9s por lo com\u00fan a todos: as\u00ed, pol\u00edticamente, all\u00e1 por 1906, en Trieste, todav\u00eda hab\u00eda sentido cierto aprecio por el socialismo de Antonio Labriola\u2014no del todo desinteresadamente, porque pensaba que un Estado socialista podr\u00eda subvencionar a los creadores literarios como \u00e9l mejor que los editores comerciales, seg\u00fan su experiencia&#8211;.Pero ese desinter\u00e9s se hab\u00eda impuesto en \u00e9l tambi\u00e9n por desconfianza hacia la capacidad de la especie humana racional: vanitas vanitatum. Quiz\u00e1 entonces, su drogadicci\u00f3n  ling\u00fc\u00edstica pod\u00eda verse alimentada por su escepticismo social y \u00e9tico.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Pa\u00eds, lunes 4 de enero de 1991, \u201cLa cultura\u201d p\u00e1g. 22. El escritor irland\u00e9s en lengua inglesa James Joyce (Rathgar, Dubl\u00edn, 1882-Z\u00farich, 1941), uno de los autores m\u00e1s influyentes de la literatura contempor\u00e1nea, falleci\u00f3 el 13 de enero de 1941 en una cl\u00ednica de Z\u00farich. 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