{"id":277,"date":"1994-09-30T15:33:49","date_gmt":"1994-09-30T15:33:49","guid":{"rendered":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/?p=277"},"modified":"2013-09-30T15:34:20","modified_gmt":"2013-09-30T15:34:20","slug":"molly-blom-suena-en-la-antigua-fabrica-de-tabacos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/molly-blom-suena-en-la-antigua-fabrica-de-tabacos\/","title":{"rendered":"Molly Blom sue\u00f1a en la Antigua F\u00e1brica de Tabacos"},"content":{"rendered":"<p>Maribel Porcel<br \/>\nVIENE sorprendida por la luz que la ciudad despierta a su paso. Dicen que llevaba sobre el pecho. una escarapela turquesa a modo de camelia con sus iniciales bordadas a punto de ordenador. Pero es curioso, nadie la reconoci\u00f3, o no se atrevi\u00f3 a hacerlo. Se perdi\u00f3 por los pasillos largos, frescos de la Hispalense. Cant\u00f3 alg\u00fan aria del Barbero bajo sus b\u00f3vedas con idea de homenajear la ciudad que le acog\u00eda. Incluso frot\u00f3 sucuerpo meloso por sus paredes para impregnar de su carne la carne de otras musas del establecimiento.<br \/>\n     La cigarrera. No recordaba que Leopoldo le hubiese hablado de ella, pero la hab\u00eda imaginado tambi\u00e9n en sus sue\u00f1os de diva. Se escabull\u00f3 entonces por las aulas inmensas y crujientes de asientos de madera para escuchar lo que de ella hablaban las sabias lenguas. y no los entendi\u00f3. Hubiera deseado gritarles le most juste que ellos buscaban. A cambio les recit\u00f3 un trozo de su novela pornogr\u00e1fica preferida como si de un poema se tratara. Les susurr\u00f3 al o\u00eddo las mismas frases, canciones que le hac\u00edan repetir cada vez que se abr\u00eda al azar su coraz\u00f3n y su sexo al crujir de las p\u00e1ginas. Los mismos miles de dedos desliz\u00e1ndose una y otra vez por su feminidad violada y machacada de tantos ires y venires por su naturaleza tel\u00farica, dec\u00edan ellos. Les advirti\u00f3 de la presencia de otras mujeres m\u00e1s palpables y firmes a las que descubrir un pronombre personal entre los muslos. Les pidi\u00f3 que volvieran a las cartas de antiguas amantes para inventar de nuevo lo que andaban buscando.<br \/>\n     En concreto, incluso se acerc\u00f3 a un hombre bajito, calvo y gordo para pellizcarle el bigote de torpe bar\u00edtono y recordarle que sus faltas de ortograf\u00eda, cultura y pudor le hab\u00edan sido impuestas. Que a ella lo que le hubiera gustado ser es escritora. Que a nadie desvelar\u00eda nunca el secreto de su uni\u00f3n o desuni\u00f3n con Poldy, que podr\u00edan estar siglos rastreando sobre sus malapropismos y cors\u00e9s baratos, para no encontrar nada. Que su respuesta final no tiene punto, que se visti\u00f3 de blanco su voz, de silencio, qui\u00e9n sabe si por el tufo de los pies de su marido o  por el beso que vino o no vino. Pasear por Andaluc\u00eda le acerca a su tierra donde una roca inmensa se hermana con el cogote de Howth donde salpic\u00f3 la hierba de l\u00edquidos sabrosos. No quiere volver ron ellos que van all\u00e1 en peregrinaci\u00f3n a buscarla, como si alguna vez hubiera de verdad despedido alg\u00fan barco o capit\u00e1n desde el pe\u00f1\u00f3n. Dice que no quiere verlo. Que no quiere encontrarse con sus caras desamparadas al comprobar que no hay m\u00e1s que monos y tiendas con American Express en sus cristales. No quiere presenciar la sed por su nombre que los transe\u00fantes desconocen. Aunque sin duda le gusta el perfume de esta ciudad, y sobre todo la luz del sur. Pero no puede quedarse y menos acompa\u00f1ada de todos estos hombres son iguales o mujeres demasiado iguales. Por las noches al regresar al hotel le duele la espalda. Son los fantasmas de muchos a\u00f1os de soledad. Se va haciendo vieja. Y otros m\u00e1s que le atribuir\u00e1n de nuevo bajo nombres a los que no tendr\u00e1 m\u00e1s remedio que consultar al complaciente cornudo, como ha o\u00eddo llamar a su esposo. Ni asiente ni desmiente. Se deja llevar por la corriente de su agua mineral. Cierra los ojos y una vez m\u00e1s le sale el maldito Yes por los ojos, por la boca. Pero ni ella misma se acuerda si so\u00f1aba, si se estaba durmiendo como ahora, casi con un libro entre las manos, o escribiendo quiz\u00e1 mentalmente todos esos recuerdos que amontona. Ya casi le viene el sue\u00f1o. Un sue\u00f1o complaciente, rugoso y echa de menos el ovillo o esa postura de Kama Suyra poco sofisticada que a\u00fan mantienen al cabo de los a\u00f1os ella y Leopoldo.<br \/>\n    Si cierra los ojos vendr\u00e1 la noche. Y la noche le aterra. Sue\u00f1a con palabras como otros sue\u00f1an con colores. Quisiera no o\u00edrlas, pero peor de todo resulta verlas. Se han amontonado unas con otras, como cuando rebuja sus bragas con la ropa interior y las camisas de Poldy en el cesto. No sabe a qui\u00e9n pertenece qu\u00e9. Como cuando no funciona la m\u00e1quina de escribir y se apelotonan las letras y le entran ganas de decir teeeeeeeee a gritos para que alguien venga a arreglarla. y le ocurre siempre mientras sue\u00f1a. Sue\u00f1a que escribe como una analfabeta. Y se mecen nombres extra\u00f1os que nunca hab\u00eda visto antes. Se multiplican como las ratas y las oye por todas partes, como un laberinto infernal. Sabe que al despertar le quedar\u00e1n las mismas palabras aburridas, de todos los d\u00edas, pero le gustan porque se ha acostumbrado a ellas. Con aqu\u00e9llas, las de la noche, no se atrever\u00eda. Juega, pero no las escribe. Nunca. S\u00f3lo son de ella. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Maribel Porcel VIENE sorprendida por la luz que la ciudad despierta a su paso. 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