{"id":257,"date":"2004-09-30T15:21:46","date_gmt":"2004-09-30T15:21:46","guid":{"rendered":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/?p=257"},"modified":"2013-09-30T15:53:21","modified_gmt":"2013-09-30T15:53:21","slug":"articulos-bloomsday-2004","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/articulos-bloomsday-2004\/","title":{"rendered":"Art\u00edculos BLOOMSDAY 2004"},"content":{"rendered":"<p>Blanco Y Negro (ABC)<\/p>\n<p>Revista del Domingo (Joly)<\/p>\n<p>Leer<\/p>\n<p>El cultural<\/p>\n<p>El Mundo<\/p>\n<p>Diario de Sevilla<\/p>\n<p>El Pa\u00eds<\/p>\n<p>Babelia<\/p>\n<p>Alfa y Omega (ABC)<\/p>\n<p>Blanco y Negro Cultural, no. 645 (5 de junio de 2004), p\u00e1gs. 5-8.<br \/>\nUlises, un paseo de cien a\u00f1os<\/p>\n<p>Se cumple el centenario del m\u00e1s c\u00e9lebre paseo de la historia de la literaura: el que realiz\u00f3 Leopoldo Bloom por Dubl\u00edn el 16 de junio de 1904, seg\u00fan describi\u00f3 James Joyce en Ulises. En torno a este aniversario del universalmente conocido como Bloomsday se inaugura una gran exposici\u00f3n en el C\u00edrculo de Bellas Artes de Madrid, en la que se profundiza, entre otros apectos de la obra y la figura de Joyce, en su relaci\u00f3n con los principales escritores espa\u00f1oles del siglo XX.<\/p>\n<p>Joyce en Espa\u00f1a (J. Goytisolo)<\/p>\n<p>Joyce, por ejemplo (J. R\u00edos)<\/p>\n<p>Fotograf\u00eda de dama (E. Chamorro)<\/p>\n<p>Joyce en Espa\u00f1a (p\u00e1gs. 4-5)<\/p>\n<p>Juan Goytisolo<\/p>\n<p>    Le\u00ed a Joyce por primera vez a los diecinueve a\u00f1os.  Un amigo barcelon\u00e9s, inscrito como yo en la Facultad de Derecho y apasionado tambi\u00e9n de la literatura, me prest\u00f3 un ejemplar del Retrato del artista adolescente, en traducci\u00f3n espa\u00f1ola de \u0093Alfonso Donado\u0094\u0097D\u00e1maso Alonso no hab\u00eda osado firmarla\u0097y con un sugestivo pr\u00f3logo de Antonio Marichalar, impreso en 1926 y prohibido desde el alzamiento militar por la censura franquista.  In\u00fatil decir que su lectura me impresion\u00f3: educado, como Stephen Dedalus en un colegio religioso de las caracter\u00edsticas del que Joyce nos pinta, disfrut\u00e9 de cada p\u00e1gina con esa intensidad que s\u00f3lo procuran las obras maestras, ya sean de Sterne, de Flaubert o de Proust. La minuciosa descripci\u00f3n de los Ejercicios Espirituales ignacianos reproducia p\u00e1rrafo a p\u00e1rrafo, casi en tiempo real a los que un lector como yo pod\u00eda agregar el tono de voz, el gesto y la mimica-, el discurso destinado a aterrorizar a las mentes j\u00f3venes e inexpertas a fm de sujetarlas de por vida a los preceptos de papel de la Iglesia de Roma y mantenerlas en un estado de enfermiza culpabiidad. Casi un siglo antes, Blanco Wh\u00edte hab\u00eda descrito tambi\u00e9n, con singular eficacia narrativa, las pr\u00e9dicas del padre Vega en La cueva sevillana, de id\u00e9nticos recursos melodram\u00e1ticos y escenificaci\u00f3n terrifica, pero Joyce no conoc\u00eda desde luego la obra de su remoto predecesor Con esa extraordinaria capacidad para captar los registros de voz -capacidad que luego extender\u00eda al murmullo polif\u00f3nico de Bloom-, el retiro espiritual del padre Arneil, sobriamente descrito con su \u00abpesado manteo, la cara p\u00e1lida y consumida y una voz cascada de reum\u00e1tico\u00bb, ser\u00e1 el punto de partida de la rebeld\u00eda de Stephen y de su voluntad de alejarse para siempre aunque sin olvidarla nunca- de la sociedad opresora en la que se cri\u00f3.<br \/>\n  Los retratos de Gente de Dublin&#8211;n\u00facleo seminal de la posterior obra joyciana&#8211;me atrajeron igualmente con fuerza, pues respond\u00edan, al menos en parte, al canon literario que conoc\u00eda y al que me esforzaba en seguir en mis pinitos de escritor Por esta raz\u00f3n, cuando me sumerg\u00ed dos o tres a\u00f1os despu\u00e9s en la lectura de Ulises, editado en Argentina con una muy meritoria traducci\u00f3n de Salas Subirat, mi primera impresi\u00f3n fue de desconcierto, como si el suelo de la novela fallara bajo mis pies. El mal llamado \u00abmon\u00f3logo interior\u00bb de Bloom me introduc\u00eda en un territorio lfterario desconocido y, a cada paso, deb\u00eda detenerme y volver atr\u00e1s, para estar seguro de seguirle la pista y asimilar con provecho lo que le\u00eda. Joyce, como todo innovador aut\u00e9ntico, impone la relectura: en la superaci\u00f3n de sus dificultades radicaba precisamente mi goce de lector<\/p>\n<p>El lenguaje como protagonista<br \/>\n   En diversos pasajes de la obra quise adiestrar el o\u00eddo a su escucha, pero el espa\u00f1ol bonaerense no me lo permit\u00eda: le\u00eda el texto, mas no escuchaba su m\u00fasica. Recurr\u00ed entonces a la traducci\u00f3n francesa de Val\u00e9ry Larbaud y mi frustraci\u00f3n fue la misma.<br \/>\n    No obstante la escrupulosa fidelidad del amigo y disc\u00edpulo de Joyce, me sent\u00eda tan insatisfecho como en la lectura de su versi\u00f3n argentina: el genio de una lengua se adapta dif\u00edcilmente al de las dem\u00e1s cuando el lenguaje asume el verdadero protagonismo de la narraci\u00f3n.<br \/>\n   Mi certidumbre se confirm\u00f3 el d\u00eda en que me enfrent\u00e9 por fin al original, en la edici\u00f3n de John Lane, impresa en 1952, un ejemplar que pertenec\u00eda a Monique Lange y del que nunca me separo. Dicha edici\u00f3n contiene una serie de ap\u00e9ndices ilustrativos de la lucha de Joyce contra el poder castrador de la censura a lo largo de una d\u00e9cada: el escrito protesta de los mejores escritores de la \u00e9poca de la edici\u00f3n mutilada de la novela, publicada en Estados Unidos sin la autorizaci\u00f3n del autor, entre cuyos firmantes figuran Ram\u00f3n G\u00f3mez de la Serna, Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez, Antonio Machado, Gabriel Mir\u00f3, Ortega y Gasset, Alfonso Reyes y Miguel de Unamuno, am\u00e9n de Antonio Manchalar; la carta del propio Joyce al editor (y censor) estadounidense; las actas de la resoluci\u00f3n del Tribunal de Nueva York sobre la presunta obscenidad del texto. Como los asiduos de la obra joyciana saben, Ulises fue impreso primero en 1922 y 1923, en ediciones numeradas de mil, dos mil y de quinientos ejemplares, hasta que la audaz propietaria de la librer\u00eda parisiense Shakespeare amd Company, la ya inmortal Silvia Beach, se lanz\u00f3 a la aventura de publicarlo en edici\u00f3n normal un a\u00f1o despu\u00e9s.  La primera edici\u00f3n sin cortes no se imprimi\u00f3 en Norteam\u00e9rica sino en 1934 y en Inglaterra, dos a\u00f1os m\u00e1s tarde.<br \/>\n  (El forcejeo de Joyce con la censura puritana hab\u00eda comenzado mucha antes. Como recuerda Richard Ellmann en su exigente y rigurosa biograf\u00eda del autor, la impresi\u00f3n de Gente de Dubl\u00edn fue adquirida \u00edntegramente por un desconocido que a continuaci\u00f3n la quem\u00f3. La eterna enemistad del poder con la literatura se cobr\u00f3 numerosas v\u00edctimas durante la primera mitad del pasado siglo, no s\u00f3lo en la Alemania nazi, la Rusia de Stalin y la Espa\u00f1a de Franco, sino tambi\u00e9n en los pa\u00edses anglosajones).<\/p>\n<p>Revoluci\u00f3n del Ulises<br \/>\n  La revoluci\u00f3n del Ulises sacudi\u00f3 la novela de su tiempo y como un movimiento s\u00edsmico, se extendi\u00f3 por el mundo literario de Europa y Estados Unidos. Sin ir m\u00e1s lejos, la obra de Faulkner, Svevo y Beckett no hubiera sido posible sin ella. En Espa\u00f1a, su recepci\u00f3n fue mucho m\u00e1s tard\u00eda y no se manifest\u00f3 con provecho hasta Larva, la fascinante y compleja novela de Juli\u00e1n R\u00edos.<br \/>\n  Se ha hablado mucho en nuestros medios del \u00abmon\u00f3logo interior\u00bb joyciano. A mi entender, el t\u00e9rmino acu\u00f1ado por la cr\u00edtica al uso peca de una inexactitud y, consciente de su dudoso estatus, lo he empleado siempre con cierto desasosiego. Antonio Marichalar, nuestro primer estudioso del Ulises, acert\u00f3 plenamente en su an\u00e1lisis, expuesto en el antecitado pr\u00f3logo a la traducci\u00f3n del Retrato:<br \/>\n  \u00abSi prestamos atenci\u00f3n a un soliloquio de esta clase, pronto percibiremos, en un manso fluir de su curso, un nutrido y confuso clamoreo, causado por la pluralidad de voces que se alzan por dondequiera y que, aunque forman una sola, denuncian la existencia de un tupido trenzado de cruces y contactos en apresurada sucesi\u00f3n\u00bb.<br \/>\n  Exacto: en la narraci\u00f3n joyciana, como en Faulkner y otros escritores entre los que modestamente yo me incluyo, el supuesto mon\u00f3logo pasa de una voz a otra sin salir del autor mismo: es el reino de la polifonia, a la escucha de las voces del mundo.<br \/>\n  La recepci\u00f3n de Ulises en Espa\u00f1a en el transcurso de las \u00faltimas d\u00e9cadas va ligada estrechamente a la labor cr\u00edtica y novelesca de Juli\u00e1n R\u00edos.  La bell\u00edsima edici\u00f3n del Circulo de Lectores, con dibujos de Eduardo Arroyo, es un espl\u00e9ndido homenaje al humor e inventiva del autor irland\u00e9s, homenaje coronado con la publicaci\u00f3n de Casa Ulises en<br \/>\n2003. El lector de Joyce tiene el singular privilegio de acompa\u00f1ar al autor de Monstruario y La vida sexual de las palabras en su solitario \u00abviaje al fin de la noche\u00bb de Dublin, en el que, pieza por pieza y galer\u00eda por pasadizo, rehace el laberinto verbal de la Odisea de nuestros tiempos, esa singular Enciclopedia de conocimientos que es la obra de Joyce. *<\/p>\n<p>  La exposici\u00f3n Joyce y Espa\u00f1a, que se inaugura<br \/>\nel 10 de junio, cuenta con la colaboraci\u00f3n de la<br \/>\nFundaci\u00f3n Winterthur<\/p>\n<p>Joyce, por ejemplo (p\u00e1gs. 6-7)<br \/>\nJuli\u00e1n R\u00edos<\/p>\n<p>Dan Zuber, de la Universidad de Nueva York, me inform\u00f3 hace pocos meses que hab\u00eda adoptado el t\u00edtulo de un texto m\u00edo, \u00abJoyceand Company\u00bb [recogido en La vida sexual de las palabras (1991, 2000)], para un libro en preparaci\u00f3n sobrelas relaciones -supongo que no siempre amorosas- de escritores de diversas literaturas y \u00e9pocas con el maestro irland\u00e9s.<br \/>\n  Me dijo adem\u00e1s que desear\u00eda hacerme algunas preguntas a su pasopor Par\u00eds, a comienzos de 2004. Propuso que nos encontr\u00e1ramos el martes y 13 de enero en el Hotel Lut\u00e9tia, donde pas\u00f3 Joyce sus \u00faltimos -y agitados- meses en Paris, de octubre a fines de diciembre de 1939.<br \/>\n  En ese hotel del bulevar Raspail vi por \u00faltima vez a Octavio Paz, un a\u00f1o antes de su muerte, y en aquel encuentro -que epiloga una edici\u00f3n ampliada de nuestro Solo a dos voces- Joyce no dej\u00f3 de hacer su aparici\u00f3n.<br \/>\n  El profesor Zuber tiene la afabilidad y habilidad de un confesor jesuita y junto al cartel de un transatl\u00e1ntico nos embarcamos en una conversaci\u00f3n joyce\u00e1n\u00edca de m\u00e1s de dos horas que a veces tom\u00f3 rumbos autobiogr\u00e1ficos.<br \/>\n  Resumo aquellas rememoraciones para contribuir a esta exposici\u00f3n sobre Joyce y Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Cultura espa\u00f1ola<br \/>\n  O viceversa, seria m\u00e1s exacto, porque Joyce apenas se interes\u00f3 por la cultura espa\u00f1ola y nunca puso los pies en nuestro pa\u00eds. Aunque su amigo el tenor irland\u00e9s John Sullivan estuvo a punto de convencerlo, hacia 1930, de ir a Barcelona para que le examinara los ojos el doctor Barraquer.<br \/>\n  Descubr\u00ed a Joyce a los 18 a\u00f1os cuando estudiaba derecho en Madrid, y desde entonces no se ha torcido mi admiraci\u00f3n por su obra, acrecentada a cada relectura. Empec\u00e9 por una traducci\u00f3n de Dubliners, titulada como la francesa Gente de Dubl\u00edn, y casi sin transici\u00f3n me met\u00ed en el laberinto de Ulises, en la versi\u00f3n de J. Salas Subirat de la edici\u00f3n argentina de Santiago Rueda. Aquel verano de 1959, ante las ondas del mar de Vigo, ve\u00eda el tono \u00abverde moco\u00bb, escrutaba las crestas del maremagno \u00abescrotogalvanizador\u00bb -origen de bromas con un compa\u00f1ero de Facultad apellidado Galv\u00e1n. Y con gran atrevimiento cotejaba o cortejaba m\u00e1s bien algunas p\u00e1ginas con el original ingl\u00e9s en una antolog\u00eda, The Essential James Joyce, preparada por Harry Levin. Tambi\u00e9n consegu\u00ed poco despu\u00e9s una introduccion a Joyce del mismo Levin, en un librito o breviario del Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, de 1959, que a\u00fan conservo, profusamente acotado y anotado.<br \/>\n    Abro ese breviario mexicano y veo que donde Levin afirma que \u00abningun escritor ha manifestado menos inter\u00e9s que Joyce por la aceptaci\u00f3n del p\u00fablico\u00bb, el jovenzuelo puntilloso que era yo se permiti\u00f3 a\u00f1adir con l\u00e1piz azul a pie de p\u00e1gina: \u00abEn apariencia, solamente.  Al final de la p\u00e1gina 160 y principios de la 161 el profesor Levin contradice la afirmaci\u00f3n que hace aqu\u00ed\u00bb. En efecto, m\u00e1s adelante Levin dec\u00eda que \u00abJoyce reaccionaba con extraordinar\u00eda sensibilidad a la menor muestra de inter\u00e9s por su obra\u00bb y tambi\u00e9n que \u00abensombreci\u00f3 el \u00faltimo a\u00f1o de su vida la indiferencia con que fue acogido Finnegans Wake\u00bb.<br \/>\n  A\u00fan tardar\u00eda algunos a\u00f1os en llegar a ese canto de cisne o de sirenas, al que s\u00f3lo son insensibles los sordos, y recuerdo muy bien el momento en que pude comprar el mamotreto de todas las tretas, en la librer\u00eda Buchholz del Paseo de Recoletos (Calvo Sotelo entonces) de Madrid.  Era un tarde espl\u00e9ndida (quiz\u00e1 de mayo, y quiz\u00e1 de 1968) y cuando voy a alcanzar el tomo apetecido, me distrajo la visi\u00f3n de los muslos de una chica encaramada en una escalera que estaba ordenando o buscando libros en la estanter\u00eda. All\u00e1 en las alturas el verbo se hizo carne una vez m\u00e1s. Sir Tristram, \u00abvioler de amores\u00bb, no me dejar\u00e1 decir que la carne es triste, aunque haya le\u00eddo y desle\u00eddo todos los libros en la novela-r\u00edo de sus correr\u00edas.<br \/>\n  Finnegan a\u00fan no ha despertado, o yo le sigo so\u00f1ando, y el gigante sigue ah\u00ed, en mi biblioteca terca, lejos del Madrid de mi juventud.<br \/>\n  Desgraciadamente aquel ejemplar del Ulises de Rueda no le hace compa\u00f1\u00eda al tomo y lomo de Faber &#038; Faber, pues se me perdi\u00f3 en una de mis mudanzas madrile\u00f1as, y a\u00fan lo echo de menos. Estaba tan sobado que sus tapas, de un blanco amarillento, adquirieron una pelusa amelocotonada.<br \/>\n  Cuando viv\u00eda en Londres, a comienzos de los setenta, consegu\u00ed por un precio m\u00f3dico un Ulysses de Shakespeare and Company, de 1930, y hace algunos a\u00f1os, cerca de Par\u00eds, por unos cuantos francos, la bell\u00edsima primera edici\u00f3n del Ulysse de Gallimard, de 1942.<\/p>\n<p>Mis primeras lecturas<br \/>\n  Pero ninguno de estos ejemplares podr\u00e1 tener el aura de aquel primer Ulises de mis primeras lecturas. Ni tampoco otro Ulises (de Rueda) de repuesto. En 1988 vi en una librer\u00eda de la calle Corrientes de Buenos Aires la misma edici\u00f3n de Rueda (la segunda, revisada) pero aquel Ulises no era el m\u00edo, le faltaba la p\u00e1tina, la pelusa del uso.<br \/>\n  No hay traducci\u00f3n de Ulises perfecta, todas son de un modo u otro complementarias; pero la traducci\u00f3n de Jos\u00e9 Salas Subirat, notable por su fidelidad r\u00edtmica, es la pionera en espa\u00f1ol y ocupa un lugar aparte. Ha tenido adem\u00e1s una importancia hist\u00f3rica en la formaci\u00f3n de diversas generaciones de escritores de las dos orillas del Atl\u00e1ntico.<br \/>\n  El horror casticista a los t\u00e9rminos y expresiones hispanoamericanos llega a veces en Espa\u00f1a a extremos c\u00f3micos.<br \/>\n  Cuando se public\u00f3 en 1976 la meritoria traducci\u00f3n de Ulises de Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde fue saludada en El Pa\u00eds con un art\u00edculo en el que se denostaban los argentinismos de la traducci\u00f3n anterior con una jerigonza cheli.<br \/>\n  El profesor y critico uruguayo Emir Rodr\u00edguez Monegal, de visita en Madrid, me coment\u00f3 entonces que el Ulises de Salas Subirat -emprendido por cuenta y riesgo de su traductor en 1937- hab\u00eda sido revisado por Borges, antes de su publicaci\u00f3n, en 1945.<\/p>\n<p>Briznas pegadas<br \/>\n  El Ulises de Valverde est\u00e1 traducido al espa\u00f1ol, qu\u00e9 duda cabe, aunque a veces se le pegan briznas de otras traducciones que ha cotejado, por ejemplo del franc\u00e9s, cuando el se\u00f1or Bloom pasa \u00abflaneando\u00bb ante los escaparates de Brown Thomas.<br \/>\n  Salas Subirat no ten\u00eda demasiados antecedentes en que apoyarse y se ayuda sobre todo con el o\u00eddo y el sentido del ritmo.<br \/>\n  A finales de los ochenta su traducci\u00f3n era casi inencontrable en las librer\u00edas espa\u00f1olas y me parecio un acto de justicia, po\u00e9tica ante todo, reeditar\u00eda, cuando tuve la idea de una edici\u00f3n ilustrada de Ulises y se la propuse a Eduardo Arroyo y al C\u00edrculo de Lectores. Fue una doble aventura, literaria y pict\u00f3rica, y en m\u00e1s de un sentido una doble traducci\u00f3n.<br \/>\n  Al repasar mis propios bosquejos de ilustraciones, vi\u00f1etas y capitulares, me doy cuenta ahora de cu\u00e1nto me ayudaron a entrar en el bosque animado de im\u00e1genes y enigmas que se entrelazan inextricables en la obra de Joyce como en las pacientes lacerias del libro de Kells.<br \/>\n  Ulises ilustrado (1991) se abre y cierra con la invitaci\u00f3n: Pasen y lean. Una doble invitaci\u00f3n a leer texto e im\u00e1genes, que se ilustran mutuamente. Esa suntuosa edici\u00f3n numerada, reservada \u00fanicamente a los socios del C\u00edrculo de Lectores, no estaba al alcance de todos. Su texto mondo, que es la novela de una novela y un ensayo dialogado, lleg\u00f3 en 2003 a librer\u00edas con el titulo de Casa Ulises. Una casa con muchas ventanas, como la casa de la ficci\u00f3n de Henry James, para<br \/>\nmultiplicar los puntos de vista.<br \/>\n  Cada casa es un mundo y de modo muy particular la de Ulises, a la que siempre se acaba por volver.  Hace un a\u00f1o y pico recorr\u00ed de nuevo la novela por todas sus salas, para preparar un pr\u00f3logo a una nueva edici\u00f3n de la traducci\u00f3n de Salas Subirat del C\u00edrculo de Lectores.<br \/>\n  He procurado siempre acercarme a la obra de Joyce con una actitud creativa, bien en libros de cr\u00edtica-ficci\u00f3n o en novelas como Amores que atan y Monstruario.<br \/>\n  Joyce muestra a las claras y a las oscuras que el escritor escribe, dentro del idioma materno o de elecci\u00f3n, en una lengua original que podemos llamar creativa, para diferenciarla de la estereotipada del mero fabricante.<\/p>\n<p>Un camale\u00f3n del estilo<br \/>\n  Su ejemplo es exigente e inc\u00f3modo, sobre todo en nuestra era de fabricaci\u00f3n de novelas en serie, y adem\u00e1s no ofrece pautas. No tiene estilo, un solo estilo, es un camale\u00f3n capaz de adoptarlos todos.<br \/>\n  Por otro lado, no inicia ni da fin a nada, con \u00e9l todo se contin\u00faa, en una narraci\u00f3n nueva contigua a la antigua, dentro de una larga tradici\u00f3n que entronca con Rabelais, Cervantes y Sterne.<br \/>\n  Su afici\u00f3n a los juegos de palabras, por ejemplo, es un rasgo familiar, que lo emparenta con otros escritores de una familia lejana a veces. Ten\u00eda conciencia de que no hay prosa sin espinas y deja que su majestad el lector escoja entre el clavel en clave y el nombre de la rosa que no es una rosa.<br \/>\nEso, parad\u00f3jicamente, no deja de irritar en el pa\u00eds de G\u00f3ngora y Quevedo, donde el faulknerian\u00edsmo m\u00e1s pegadizo y ret\u00f3rico y se olvida la devoci\u00f3n de Faulkner por Joyce- o el San Bernhard de p\u00falpito y sermonario hac\u00edan furor y mucho ruido.<br \/>\n  Estuve en Dubl\u00edn en el Bloomsday de 1982, a\u00f1o del centenario del nacimiento de Joyce; pero no peregrinar\u00e9 a Dubl\u00edn en el centenario del d\u00eda de Bloom. el 16 de junio de 2004.<br \/>\n  Un amigo irland\u00e9s me advierte que se servir\u00e1n m\u00e1s de 10.000 desayunos con sus correspondientes ri\u00f1ones de cerdo m\u00e1s o menos chamuscados en O&#8217;Connell Street y esa calle, desde la fuente de Ana Livia hasta el Liffey, estar\u00e1 aromatizada por efluvios de orines de Er\u00edn. Supongo que los numerosos turistas y joycelebrantes de nuevo cu\u00f1o completar\u00e1n el olor local.<br \/>\n  El gran poeta brasile\u00f1o Haroldo de Campos, muerto el pasado agosto, que fue el mes m\u00e1s cruel, me cont\u00f3 hace mucho que cuando celebraba el d\u00eda de Bloom, en un pub de Dublin, vio de pronto junto al claroscuro de la puerta encristalada la silueta sutil e inconfundible de Joyce. \u00bfOtro figurante? No dej\u00f3 de hacer, supongo que con mano temblorosa, una foto. Al revelar el carrete, su sorpresa fue que s\u00f3lo el clich\u00e9 del espectral Joyce estaba velado.<br \/>\n  Joyce s\u00f3lo cre\u00eda en el esprit de l&#8217;escalier, como es notorio, pero dej\u00f3 una famosa definici\u00f3n del fantasma en Ulises: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es un fantasma?, pregunt\u00f3 Stephen. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres\u00bb.<\/p>\n<p>Visi\u00f3n quevedesca<br \/>\n  El cambio de costumbres ?como bien sab\u00edan nuestros p\u00edcaros cl\u00e1sicos es lo m\u00e1s dificil.<br \/>\n  He tenido una visi\u00f3n o previsi\u00f3n quevedesca del Dubl\u00edn del Bloomsday centenario, por el que va y viene un desconocido sesent\u00f3n de bigote y chaqueta de tweed faulknerianos, que no cesa de repetir entre dientes.  \u00abMe lo tem\u00eda, me lo tem\u00eda&#8230;\u00bb, entre los enjambres de variopintos turistas y fans disfrazados de mollies, blooms, mulligans, boylans&#8230;<br \/>\n  Al final del d\u00eda, en un pub demasiado ruidoso, lo acaba reconociendo un viejo profesor de su misma nacionalidad, que explica a gritos a los circunstantes que se trata de un novelista que all\u00e1 por 1971 hab\u00eda aprovechado la ocasi\u00f3n de escribir un pr\u00f3logo, a una sesuda obra sobre el Ulises, para proclamar que se divorciaba de Joyce. El pobre no sab\u00eda que Joyce no se casa con nadie, a no ser con Nora, y eso bastante tarde.<br \/>\n  El viejo profesor tambi\u00e9n explicaba que el novelista aqu\u00e9l, tan cariacontecido, al que no conoc\u00edan ni siquiera en efigie ninguno de los turistas all\u00ed presentes, de m\u00faltiples nacionalidades, se hab\u00eda permitido pronosticar en aquel prolijo pr\u00f3logo, largo me lo fi\u00e1is, que el 16 de junio de 2004 James Joyce estar\u00eda definitivamente arrinconado.<\/p>\n<p>  Juli\u00e1n R\u00edos es escritor. Entre sus<br \/>\nobras destaca Larva.<\/p>\n<p>Fotograf\u00eda de dama (p\u00e1g. 8)<\/p>\n<p>Eduardo Chamorro<\/p>\n<p>AL cabo de un buen n\u00famero de triangulaciones, paralajes, metempsicosis y pesquisas acerca del eterno retorno del espectro de Hamlet, y del hijo de Hamlet y del abuelo de Hamlet y de su nieto, como candidatos a la m\u00e1s precisa e improbable identidad del fantasma que clama desde su lecho traicionado y corrompido, Leopold Bloom y Stephen Dedalus dan, finalmente, el uno con el otro en el burdel de Bella Cohen -donde nadie es quien es y cualquiera puede ser quien<br \/>\nsiempre quiso o no quiso ser, o lo que pretend\u00eda olvidar sin conseguirlo o lo que olvid\u00f3 a pesar de las promesas de una memoria inconclusa , del que salen en condiciones perfectamente lamentables.<br \/>\n  Stephen Dedalus est\u00e1 borracho y maltrecho porque un soldado brit\u00e1nico le ha dejado sin resuello con un golpe bien dado, y Leopold Bloom apenas acierta a ver otra cosa que el fantasma de su hijo muerto a trav\u00e9s de unas alucinaciones que le han dejado hecho un trapo. Puestos al acopio de sus fuerzas en un refugio de cocheros abstemios donde el delirio se acoge a la cordura como extravagancia de s\u00ed misma y c\u00edrculo vicioso de todo el frenes\u00ed al que puede conducir la templanza, Bloom da en la idea de que Dedalus abandone la errancia de su arrogante golfemia y se acoja al amparo del hogar que le ofrece a cambio de ense\u00f1ar italiano a su esposa, cantante ocasional de formas opulentas \u00abcuya presencia en el escenario era, francamente, un verdadero deleite\u00bb. De ah\u00ed que le muestre una fotograf\u00eda de la dama: Marion, Molly, Bloom, Santa Marion Calpensis en la letan\u00eda del cap\u00edtulo XII, porque naci\u00f3 en Gibraltar, hija de Brian Cooper Tweedy, irland\u00e9s bigotudo, oficial instructor de los Royal Dublin Fusiliers, y de la jud\u00eda espa\u00f1ola Lunita Laredo, el mismo a\u00f1o en que el Principe de Gales visit\u00f3 Gibraltar y plant\u00f3 un \u00e1rbol, \u00abpodr\u00eda haberme plantado a m\u00ed tambi\u00e9n si hubiera llegado un poco antes\u00bb.<br \/>\n  \u00ab-Podr\u00eda\u00bb, le aclara Bloom a Dedalus, \u00abreivindicar su nacionalidad espa\u00f1ola silo quisiera. [&#8230;] Tiene el tipo espa\u00f1ol.  Muy trigue\u00f1a, una verdadera morena, de cabellera negra. Yo, por lo menos, creo que el clima explica el car\u00e1cter. [&#8230;] Est\u00e1 en la sangre. Todos se ba\u00f1an en la sangre del soL [&#8230;] Naturalezas que no hacen las cosas a medias, en ese Mediod\u00eda apasionado en el que toda decencia es arrojada al viento\u00bb.<br \/>\n  Dedalus ve en la fotograf\u00eda \u00abuna dama abundante, de encantos carnales ampliamente evidenciados, su madurez femenina en plena efervescencia y en un traje de noche ostentosamente escotado con el evidente objeto de ofrecer una liberal visi\u00f3n de los senos; sus carnosos labios entreabiertos y algunos dientes perfectos, de pie con estudiada pose cerca de un piano en el cual se ve\u00eda la m\u00fasica de la balada In old Madrid. [&#8230;] Sus ojos (los de la dama) grandes y oscuros, miraban a Stephen, a punto de sonre\u00edr por algo digno de admirar\u00bb.<\/p>\n<p>\u00daltimo cap\u00edtulo<br \/>\n  Pero Leopoid Bloom miente. Aunque puede que no. Es un estupendo art\u00edfice de situaciones e inventor de verdades privadas que, a veces, le juegan malas pasadas. El caso es que esa foto no es de Molly, tal cual explica la dama en cuanto Joyce le concede todo el \u00faltimo cap\u00edtulo de la novela para que se explaye.<br \/>\n  \u00abYo me parezco un poco a esa puta espa\u00f1ola de la fotografia que \u00e9l tiene\u00bb. Lo que no quiere decir que deje de estar orguliosa de su boca, de sus dientes, de sus ojos y de su silueta, \u00abla de mi madre\u00bb. Tambi\u00e9n lo est\u00e1 de su amante, organizador de giras para cantar por provincias. \u00abQue vean si pueden elegir a cualquiera como Boylan para que lo haga 405 veces en un abrazo\u00bb. Molly se refiere a cuantas mujeres entiende como rivales, que son pr\u00e1cticamente todas, empezando por \u00abla cochina de Mary Riordan\u00bb -detr\u00e1s de cuyo trasero pill\u00f3 un d\u00eda a Leopold, que justific\u00f3 su pasi\u00f3n eventual por la criada mencionando que acababa de darse un atrac\u00f3n de ostras- y terminando por la tambi\u00e9n cantante \u00abKathleen Kearney y su hato de chillonas Se\u00f1orita Esto Se\u00f1orita Aquello una sarta de gorriones pedorros pajaroneando por ah\u00ed hablando de pol\u00edtica saben tanto de eso como mi culo har\u00edan cualquier cosa por parecer interesantes de alg\u00fan modo bellezas made in Irlanda. [&#8230;] No tienen pasi\u00f3n que Dios las ayude pobres cabezas de chorlito yo sabia m\u00e1s de los hombres y de la vida cuando ten\u00eda 15 a\u00f1os de lo que todas ellas van a saber a los 50\u00bb.<br \/>\n  Molly no tiene pelos en la lengua. Al fin y al cabo, est\u00e1 sola, a punto de menstruar en la cama de la que no se ha movido en todo el santo d\u00eda, y s\u00f3lo piensa en ella aunque parezca pensar en otra cosa, porque Molly sujeta todo a ella. Es la Pen\u00e9lope que aguarda a Ulises, y es Gea, la Tierra, de cuya gravitaci\u00f3n dependen todas las cosas por mucho que se muevan y hagan aspavientos y parezcan ir cada una por su lado. Molly siente todo lo que pasa a su alrededor Y si algo no pasa, lo imagina para hacerlo objeto de su desd\u00e9n o su deseo. El mundo gira en su cabeza y bulle en su entrepierna. \u00abMi agujero me pica siempre que pienso en \u00e9l siento que quiero siento una especie de viento por dentro\u00bb. Tiene treinta y dos a\u00f1os -seg\u00fan ella , un hijo muerto, una hija adolescente que estudia fotograf\u00eda y un marido que siempre la sorprende, la fascina, la hast\u00eda o la encanta con \u00abesa tremenda cosa roja grandota que tiene. [&#8230;] Como hierro o alguna especie de barra de hierro gruesa que se mantiene tiesa todo el rato ha de haber comido ostras\u00bb. Le gustar\u00eda \u00abprobar con un negro\u00bb, hac\u00e9rselo con \u00abun carbonero s\u00ed con un obispo s\u00ed\u00bb, con un jovencito al que \u00abconfundir\u00eda si estuviera un poco a solas con \u00e9l\u00bb.<br \/>\n    Da por supuesto que todo hombre que pasa a su lado querr\u00eda hac\u00e9rselo con ella, y cuenta con un elocuente cat\u00e1logo de pruebas en ese sentido. Los hombres \u00abest\u00e1n locos por entrar all\u00ed de donde han salido\u00bb, \u00abuna llegar\u00eda a creer que nunca alcanzan a meterse lo suficientemente dentro\u00bb, s\u00ed bien \u00abson todo botones todos puestos para estorbar\u00bb. Perdi\u00f3 la virginidad a los quince a\u00f1os, en Gibraltar y todos cuantos precedieron a su marido han muerto en el mar o en las guerras del Imperio o han desaparecido. \u00abLo menos que pueden hacer es estrechar una o dos veces a una mujer mientras puedan antes de ir a ahogarse o a reventar en alg\u00fan sitio\u00bb.<\/p>\n<p>El mundo es transparente<br \/>\n  El mundo es transparente para Molly Bloom, que lo modifica y ordena tan a su antojo como para pensar que esa misma fotograf\u00eda hubiera quedado mejor de \u00abhab\u00e9rmela hecho vistiendo una t\u00fanica que nunca pasa de moda sin embargo parezco joven me extra\u00f1a que no se la haya regalado junto conmigo tambi\u00e9n\u00bb.<br \/>\n  Molly habr\u00eda llenado su casa de \u00abflores de todas las formas y perfumes y colores\u00bb para ese invitado de su marido, Leopold Bloom (Flor), del que imagina, supone y esp\u00eda todos los pasos, incluidos los que al final de ese jueves, 16 de junio de 1904-le llevan sigilosos hac\u00eda la cama \u00abtintineante\u00bb que guarda la huella de quien la ocup\u00f3 en su ausencia. Un rastro del que Bloom ser\u00e1 perfectamente consciente al adherirse a \u00absu abundante carne camacalentada\u00bb. La carne de su esposa que lo acoger\u00e1 en ese fmal de la novela y de la noche, al igual que aquel primer d\u00eda en que \u00ablo rode\u00e9 con mis brazos s\u00ed y lo atraje hacia m\u00ed para que pudiera sentir mis senos todo perfume si y su coraz\u00f3n golpeaba como loco y s\u00ed yo dije quiero s\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>  Eduardo Chamorro es escritor Ha traducido una de las ediciones del Ulises de Joyce.<\/p>\n<p>Revista del domingo, 6\/VI\/04, p\u00e1gs. 12-13<\/p>\n<p>Bloomsday cumple cien a\u00f1os<br \/>\nJuan Jos\u00e9 T\u00e9llez<\/p>\n<p>Todo el d\u00eda ser\u00e1 Bloomsday. A lo largo de la jornada del 16dejunio de 1904 transcurre la acci\u00f3n del Ulises, de James Joyce, una de las obras maestras de la literatura del siglo XX, en la que abundan alusiones frecuentes a Andaluc\u00eda y a Gibraltar. Un siglo despu\u00e9s ya lo largo de la presente semana se inician unas jornadas conmemorativas del centenario de dicha acci\u00f3n ficticia, y que tendr\u00e1n como sede a La Casa de la Provincia, en Sevilla, de la mano de Juan Antonio Maesso, un escritor que lleva cinco a\u00f1os intentando que los andaluces se sumen a la veneraci\u00f3n mundial que suscita el escritor irland\u00e9s y algunos de sus personajes: \u00abSe me ocurri\u00f3 celebrar el Bloomsday en Andaluc\u00eda porque me gusta lo imposible\u00bb, afirma Maesso, autor de una reciente novela titulada El lenguaje del agua, al tiempo que a estas alturas de su vida puede jurar que ha le\u00eddo el Ulises al 95 por ciento. \u00abHay una comparaci\u00f3n muy clara entre Sevilla y Dublin. Ambas fornican con dos r\u00edos\u00bb.<br \/>\n Antonio Rivero, director de la Casa del Libro, pretende que Sevilla se convierta en la quinta provincia de Irlanda durante esta prolongada conmemoraci\u00f3n del Bloomsday, que comienza ma\u00f1ana lunes promovida por la Diputaci\u00f3n, con un panel de colaboradores que incluye desde la Caja San Fernando al pub Flaherty, entre muchas otras entidades p\u00fablicas o privadas. Maesso lleva cinco a\u00f1os organizando encuentros en torno al Ulises en la capital de Andaluc\u00eda, una regi\u00f3n que Joyce no conoci\u00f3 jam\u00e1s, a pesar de reflejarla en sus escritos: \u00abSu visi\u00f3n de Andaluc\u00eda me parece espl\u00e9ndida. A lo mejor si la hubiera conocido no hubiera dado ninguna opini\u00f3n o nos hubiera puesto tan verdes como a Irlanda, a la que defin\u00eda como la met\u00e1fora de la par\u00e1lisis. Tampoco Kafka fue a Am\u00e9rica y escribi\u00f3 Am\u00e9rica. Yo creo que Gibraltar y Andaluc\u00eda fueron, simplemente, circunstancias que Joyce aprovech\u00f3 para darle una madre sefard\u00ed a Molly Bloom\u00bb.<br \/>\n \u00abMolly Bloom es una representaci\u00f3n de lo terrenal, del amor, de lo positivo\u00bb, distingue el pintor y escritor Rafael Garc\u00eda Valdivia, desde Algeciras. \u00abLeopold, su marido, es un elucubrador, que est\u00e1 con la cabeza en las nubes, inventando negocios, elucubrando sobre cuestiones filos\u00f3ficas o morales y ella es carnal, pr\u00f3xima a la realidad cotidiana.<br \/>\n A trav\u00e9s del personaje de Molly Bloom hay referencias a Gibraltar y a su Campo. \u00abLas principales alusiones a la zona-apunta Garc\u00eda Valdivia- figuran fundamentalmente en el mon\u00f3logo final, de Moily, en su cama, donde de madrugada va recordando su infancia juventud, sus primeros amores con militares gibraltare\u00f1os, y rememora vecinos del Pe\u00f1\u00f3n de apellidos que, efectivamente, he comprobado que existen en Gibraltar. Joyce se document\u00f3 muybien sobre el tema\u00bb. Hay, en efecto, algunos gui\u00f1os gibraltare\u00f1os a lo largo de toda la novela -por ejemplo, la villa Gibraltar, relativamente cerca de la casa Bloomfield, en Crunlikn, heron\u00eda de Upercross-, pero el nudo que relaciona al Ulises con Gibraltar radica en el mon\u00f3logo final de este largo texto, protagonizado por Molly Bloom, cuando los truenos le hac\u00edan creer \u00abque el cielo se ven\u00eda abajo para castigarnos cuando me santig\u00fa\u00e9 y dije un avemar\u00eda como esas espantosas descargas el\u00e9ctricas en Gibraltar\u00bb.<br \/>\n \u00ab&#8230;La primera vez que vila caballer\u00eda espa\u00f1ola en La Roque era hermoso despu\u00e9s mirar a trav\u00e9s de la bah\u00eda desde Algeciras todas las luces del pe\u00f1\u00f3n como luci\u00e9rnagas\u00bb. La Roque es, en realidad, San Roque, el municipio que fue fundado a partir de la conquista inglesa de Gibraltar, en 1704, este verano har\u00e1 trescientos a\u00f1os. La historia est\u00e1 continuamente presente en el parlamento de Molly Bloom, quien recuerda que la Union Jack ondeaba sobre todos los carabineros espa\u00f1oles porque cuatro marinos ingleses borrachos les quitaron el pe\u00f1\u00f3n. Molly tambi\u00e9n apunta que S.A.R. el pr\u00edncipe de Gales estaba en Gibraltar \u00abel a\u00f1o en que yo nac\u00ed\u00bb. \u00ab&#8230;Despu\u00e9s de mi primer sue\u00f1o pens\u00e9 que iba a ponerse como en Gibraltar mi Dios el calor que hac\u00eda all\u00ed antes de que viniera el viento de levante negro como la noche y la silueta del pe\u00f1\u00f3n alz\u00e1ndose como un gigante en comparaci\u00f3n con la Monta\u00f1a de las Tres Rocas&#8230;\u00bb.<br \/>\n La Monta\u00f1a de las Tres Rocas radica al sur de Dubl\u00edn y, seg\u00fan apunta Eduardo Arroyo, autor de una excelente versi\u00f3n del Ulises, para Planeta, su cumbre resulta \u00abligeramente m\u00e1s alta que el Pe\u00f1\u00f3n, aunque menos impresionante\u00bb. Pero el mon\u00f3logo de Molly Bloom tambi\u00e9n constituye un monumento a la nostalgia. \u00abDar\u00edamos cualquier cosa por estar de nuevo en Gib y o\u00edrte cantar En el Viejo Madrid&#8230;\u00bb. Por las p\u00e1ginas del Ulises desfilan se\u00f1oritas que sirven el t\u00e9, sacerdotes de la Catedral, las cuevas de San Miguel, T\u00e1nger al fondo, la Caleta -tambi\u00e9n llamada la Bah\u00eda de los Catalanes, aunque sus marineros fueran genoveses-, el barco de Algeciras o el ambiente de la Alameda.<br \/>\n Joyce cuid\u00f3 el rigor hist\u00f3rico para retratar aquella tierra que no visit\u00f3 nunca. Por ejemplo, es absolutamente cierto que el 79th Queen&#8217;s Own Cameron Higlanders estuvo de guarnici\u00f3n en Gibraltar entre junio de 1879 y agosto de 1882, cuando sus tropas fueron relevadas por el lst East Surreys. En sus p\u00e1ginas, aparecen industriales existentes en esa \u00e9poca, como los panaderos Mordekai y Samuel Benadi. Tambi\u00e9n se habla de los Escorpiones, pero no se refiere despectivamente a los gibraltare\u00f1os, como ocurriese posteriormente, sino que alude, en ese caso, a los espa\u00f1oles nacidos en Gibraltar y a los que la jerga militar motejaba de esa forma. \u00abLeopold a\u00fan guarda un libro que debe devolver a la Garrison Library, la biblioteca p\u00fablica del Pe\u00f1\u00f3n, que a\u00fan sigue en servicio\u00bb, recuerda Dominique Searle, director de The Gibraltar Chronicle, el centenario rotativo que tambi\u00e9n aparece en las p\u00e1ginas de Ulises. Hoy es un diario pero, en aquella \u00e9poca, era un semanario que aparec\u00eda los s\u00e1bados. Con motivo del bicentenario del peri\u00f3dico, el periodista y escultor John Serle erigi\u00f3 una escultura que representa a Molly Blooom en los jardines de la Alameda de Gibraltar, otro de los top\u00f3nimos locales que aparecen en el libro. Con ese mismo pretexto, un grupo ingl\u00e9s, Firbreaga, vol\u00f3 hasta la Roca para representar el c\u00e9lebre mon\u00f3logo que cierra las kilom\u00e9tricas p\u00e1ginas de la novela.<br \/>\n  \u00abAquella representaci\u00f3n fue m\u00e1gica -rememora el escritor gibraltare\u00f1o Trino Cruz-. Pero no se ha vuelto a repetir. Aquel acontecimiento pas\u00f3, fue hist\u00f3rico, pero ya est\u00e1. No existe una inquietud popular a la hora de reivindicar el Ulises para Gibraltar. Aqu\u00ed, s\u00f3lo un pu\u00f1ado de gente conoce esta obra. Ni se valora ni se tiene en consideraci\u00f3n. Claro que, tambi\u00e9n en el Pe\u00f1\u00f3n y como en otros lugares, los artistas e intelectuales le tienen veneraci\u00f3n al Ulises. Los Searle, por ejemplo, Dominique y John. O John Dalmedo, una persona que cada vez que sale el tema, se le ve apasionado por los textos del Ulises que se refieren a Gibraltar. Aparte de eso, nadie se expresa p\u00fablicamente al respecto ni hay un reconocimiento cultural. Jam\u00e1s ha habido una exposici\u00f3n conmemorativa que yo recuerde, ni el Gobierno ha hecho hincapi\u00e9 en esa referencia. No pasa desapercibido del todo, pero concierne a muy poca gente. No tiene mayor inter\u00e9s para el com\u00fan del vecindario, a pesar de que Gibraltar podr\u00eda entrar plenamente en el circuito internacional del Ulises\u00bb.<br \/>\n  A Trino Cruz siempre le sorprendi\u00f3 que Joyce no hubiera pisado nunca los alrededores de esa controvertida Roca caliza: \u00abSobre todo, me sorprende despu\u00e9s de leer sus textos. Siento cierta desconfianza respecto a la versi\u00f3n oficial que insiste en que Joyce nunca vivi\u00f3 en directo la realidad gibraltare\u00f1a que describi\u00f3 a la perfecci\u00f3n\u00bb.<br \/>\n  A este lado de la Verja, otro escritor, el gaditano Jos\u00e9 Manuel Ben\u00edtez Ariza, se ha aproximado en alguna ocasi\u00f3n a las p\u00e1ginas del Ulises. A\u00f1os atr\u00e1s, exploraba en un articulo precisamente las referencias gibraltare\u00f1as que aparecen en dicha obra: \u00abY lo cierto es que son muy exactas. Lo asombroso es que no hubiera estado en Gibraltar cuando escribi\u00f3 eso, sino que lo hizo document\u00e1ndose. Uno confronta todo lo que pone ah\u00ed con el lugar y es todo exacto. Es una idea un tanto inglesa de lo que es el mediterr\u00e1neo, el sur de Espa\u00f1a, con alg\u00fan t\u00f3pico, pero la estampa es bastante flel a la realidad\u00bb.<br \/>\n A su juicio, el mon\u00f3logo final de Molly Bloom vendr\u00eda a ser \u00abuna novela dentro de esa otra novela que es el Ulises\u00bb. \u00abEsa excursi\u00f3n fascinante por la fantas\u00eda de una mujer da una impresi\u00f3n completa de lo que es su vida, desde su juventud y adolescencia en Gibraltar, hasta las relaciones que tiene con su marido, con su amante\u00bb.<br \/>\n Pero no s\u00f3lo Sevilla se sumar\u00e1, en Andaluc\u00eda, al Centenario del Bloomsday. A mediados de abril, en Almer\u00eda, tuvo lugar la decimoquinta edici\u00f3n de los Encuentros de la Asociaci\u00f3n Espa\u00f1ola James Joyce, cuyo presidente es Francisco Garc\u00eda Tortosa, catedr\u00e1tico de Filolog\u00eda Inglesa en la Universidad de Sevilla: \u00abHay much\u00edsimas alusiones a Gibraltar, pero es verdad que los gibraltare\u00f1os no han hecho pr\u00e1cticamente nada con respecto a este tema. En el 94 presentaron a los asistentes al congreso que hicimos en Sevilla y que nos trasladamos hasta all\u00e1 un v\u00eddeo que recog\u00eda los lugares por los que, seg\u00fan la novela, anduvo. No me gust\u00f3 nada el video, con t\u00e9cnicas futuristas pero que, en realidad, dec\u00eda muy poco. Es lo \u00fanico que he conocido que han hecho los gibraltare\u00f1os respecto a Joyce, adem\u00e1s de dedicar una estatua a Molly Bloom\u00bb.<br \/>\n El pr\u00f3ximo d\u00eda 10, en el C\u00edrculo de Bellas Artes de Madrid, abrir\u00e1 una exposici\u00f3n sobre material in\u00e9dito en torno a Joyce: \u00abPor ejemplo, hay varias cartas de Joyce a Marichalar, al t\u00edo abuelo del Duque de Lugo, Jaime de Marichalar. Cosa curiosa es que le escrib\u00eda en franc\u00e9s. Algunas las tengo yo fotocopiadas. Digo que es curioso porque Marichalar era de los pocos que hablaban muy bien ingl\u00e9s en su \u00e9poca y fue de los primeros que habl\u00f3 de Joyce en Espa\u00f1a\u00bb.<br \/>\n Con motivo de esa muestra, aparecer\u00e1 un libro con diferentes colaboraciones respecto a este asunto, que re\u00fane firmas como las de Juan Goytisolo y el propio Garc\u00eda Tortosa, quien explora las relaciones de Joyce con Espa\u00f1a: \u00abEntre las fuentes que utiliz\u00f3 Joyce estaba el directorio de Gibraltar, que no era una simple lista telef\u00f3nica, sino que aparec\u00edan los nombres de los habitantes, su profesi\u00f3n, el nombre de las calles y una especie de gu\u00eda tur\u00edstica o callejero. En ese directorio se hablaba de la Alameda, de la Bah\u00eda de los Catalanes, de Punta Europa y\u00edos monos. Tambi\u00e9n utiliz\u00f3 un libro de viajes de un norteamericano, Henry Field. Luego, esto no se hab\u00eda dicho, es que tambi\u00e9n ley\u00f3, y tengo pruebas, a Richard Ford, su c\u00e9lebre gu\u00eda de viajeros y de lectores en casa. Y tambi\u00e9n estoy convencido que ley\u00f3 La Biblia en Espa\u00f1a, de Borrow. En el cap\u00edtulo 16 del Ulises, Bloom est\u00e1 hablando con Stephen y le dice algo as\u00ed como que mi mujer naci\u00f3 en Gibraltar pr\u00e1cticamente es espa\u00f1ola y si quisiera pod\u00eda tomar la nacionalidad espa\u00f1ola, eso lo toma de Richard Ford, que dice que los gibraltare\u00f1os pueden asumir la nacionalidad y que el rey de Espa\u00f1a lo menciona entre sus t\u00edtulos. Tambi\u00e9n dec\u00eda que los alcaldes de San Roque, mencionan a Gibraltar entre sus t\u00edtulos\u00bb.<br \/>\n  \u00abPhillip P. Herring, que escribi\u00f3 un libro sobre el tema, dedic\u00f3 tiempo y estuvo en Gibraltar, termin\u00f3 convencido que la madre de Molly Bloom, Lunita Laredo, era jud\u00eda gibraltare\u00f1a. Mi opini\u00f3n es que no era jud\u00eda y que era espa\u00f1ola. Me baso tambi\u00e9n en Richard Ford, que dice que para los de la Bah\u00eda de Algeciras entraran en Gibraltar necesitaban un salvoconducto de la polic\u00eda y de la persona que les empleara y no pod\u00edan estar m\u00e1s de dos semanas continuadas. Hab\u00eda una excepci\u00f3n y es que los oficiales brit\u00e1nicos pod\u00edan invitar a alguien para permanecer varios meses en Gibraltar. Normalmente empleaban ese recurso con se\u00f1oritas espa\u00f1olas. Mi opini\u00f3n es que Lunita era una de estas se\u00f1oritas espa\u00f1olas que invit\u00f3 el padre de MollyBloom. Luego, como ocurr\u00eda a veces, esa mujer se qued\u00f3 embarazada, tuvo una ni\u00f1a y el bulto se lo dej\u00f3 al padre. Si hubiera sido jud\u00eda, que pod\u00eda perfectamente haberlo sido, la comunidad sefard\u00ed tampoco habr\u00eda dejado de su mano y de su protecci\u00f3n a una hija nacida de jud\u00eda. Por la ley hebraica, los hijos de madre jud\u00eda son jud\u00edos. Los del padre, vaya usted a saber. El nombre de Laredo, en la comunidad jud\u00eda sefard\u00ed de T\u00e1nger, era relativamente frecuente, pero mi argumento estriba en que tampoco es infrecuente entre cristianos peninsulares. En Sevilla, hay varios. Yo me dediqu\u00e9 un d\u00eda a llamar por tel\u00e9fono a todos los Laredo. Ninguno de ellos, de los que yo pude hablar, reconoce una ascendencia jud\u00eda\u00bb.<br \/>\n Garc\u00eda Tortosa dirige desde 1988 el grupo de investigaci\u00f3n HUM 201, que se denomina James Joyce. Evoluci\u00f3n narrativa y sus repercusiones, al tiempo que funda, en 1995, la publicaci\u00f3n internacional Papers on Joyce. Javier Quintana, otro de los especialistas en la obra de Joyce, no olvida se\u00f1alar las lagunas que reinan sobre la obra de Joyce, como ocurre por ejemplo a los errores y anacronismos sobre el mundo taurino en los que incurre al describir una corrida de toros en La L\u00ednea de la Concepci\u00f3n.<br \/>\n Censurados algunos de sus poemas por el franquismo, Garc\u00eda Tortosa asegura que no existe evidencia alguna de que Joyce visitara Madrid, tal y como pretenden algunos. Y, por supuesto, ning\u00fan otro lugar de Espa\u00f1a. Ni Gibraltar, tampoco.<br \/>\n \u00abAunque el diario Arriba asegur\u00f3 tras su muerte en 1941, en un ejemplar del mes de enero, que James Joyce habr\u00eda vivido en Madrid hacia 1917, lo cierto es que no fue as\u00ed. Se lo inventaron. Porque incluso llegaron a decir donde vivi\u00f3, en la calle Mayor, pero no consta en ning\u00fan lugar que el autor del Ulises haya estado en nuestro pa\u00eds. S\u00ed se sabe que mantuvo  correspondencia con D\u00e1maso Alonso, que coincidi\u00f3 en Paris con Torrente Ballester, o que la famosa caricatura de la interrogaci\u00f3n representando a Joyce fue obra del caricaturista y pintor santanderino C\u00e9sar Jenaro Abin\u00bb, concluye Garc\u00eda Tortosa.<\/p>\n<p>Dubl\u00edn ya no es lo que era<br \/>\nLa capital dublinesa ya no es aquella ciudad querida y sucia que describiera Joyce, con su r\u00edo Liffey poblado de gaviotas. Ni hay ya tranv\u00edas, ni ata\u00fades flotantes llevando hasta Am\u00e9rica a los fugitivos del hambre de la patata. Desde donde estuvo la redacci\u00f3n del Daily Telegraph, en Middle Abbey Street, a Kildare Street, frente a la Biblioteca Nacional, si seguimos el curso del Ulises, Dubl\u00edn discurre desde la calle O&#8217;Connell al bullicioso O&#8217;Connell, al otro lado del r\u00edo, entre bocadillos de gorgonzola en el pub de Davy Byrne, en Duke Street, a las pintas de cerveza en el Hotel Ormond, donde Bloom fue tentado en el capitulo de las sirenas. La singladura de este nuevo Odiseo transcurr\u00eda entre placas conmemorativas, estatuas realistas y una amplia oferta de actividades, que, por aquello del centenario, esta vez incluye exposiciones, representaciones teatrales y actuaciones musicales. Pero ya ha lugares irrecuperables. Como la ficticia casade Leopold Bloom, aquel hijo de unjud\u00edo h\u00fangaro y de una cat\u00f3lica irlandesa, un mel\u00f3mano de 38 a\u00f1os de edad, que disfruta leyendo y fantaseando sobre inventos y cuestiones m\u00e1s o menos cient\u00edficas. Se supone que el ficticio inmueble radic\u00f3 en el n\u00famero 7 de Ecc\u00edes Street, que ya no existe, o el barrio chino de luces rojas (Nighttown), que tambi\u00e9n pas\u00f3 a mejor vida en la geografia urbana dublinesa.<br \/>\n La conmemoraci\u00f3n del Bloomsday data desde 1954 y, hoy por hoy, se celebra desde Brasil a San Francisco, desde Sydney a Buffalo, desde Trieste a Par\u00eds. En estas \u00faltimas   ciudades,  transcurri\u00f3 parte del exilio de Joyce. Roma y Zurich fueron otros de sus confines de destierro. El Festival Internacional sobre el Bloomsday su denomnaci\u00f3n oficial es el Rejoyce Dubl\u00edn 2004 Bloomsday se inici\u00f3 el pasado 1 de abril y proseguir\u00e1 hasta el 31 de agosto, pero Dubl\u00edn no ser\u00e1 el \u00fanico escenario escogido por los seguidores de Joyce para conmemora esta novela, que tendr\u00e1 eco desde Lauderdale a las ant\u00edpodas, en Melbourne, pasando por Espa\u00f1a, en donde ya han tenido lugar, este a\u00f1o, las primeras celebraciones, que pasar\u00e1n por Gerona, La Coru\u00f1a, Pa\u00eds Vasco o en la Costa del Sol.<\/p>\n<p>El esquema de Ulises seg\u00fan Leopold Bloom<\/p>\n<p>Leer (Junio 2004): 68-70<br \/>\nCentenario del Bloomsday.<\/p>\n<p>Eduardo Chamorro<br \/>\n    Ulises  es una novela de argumento tan diluido y poroso como el paso del tiempo o como el inasible argumento de ese paso. Fue escrita en una \u00e9poca en la que, con el espacio al alcance de la mano del hombre, y m\u00e1s o menos cerrado en la concepci\u00f3n de su dimensi\u00f3n y en las perspectivas para pensarlo, se entr\u00f3 a considerar el tiempo como si fuera el escenario en el que tienen lugar los espacios y se cuentan las cosas que en ellos se suceden, se tocan, mezclan y alteran para separarse transformadas o como si no hubiera pasado cosa alguna, salvo ese tiempo diluido, poroso e inasible que son las cosas mientras son y duran.<br \/>\n    Joyce plante\u00f3 su novela como una encrucijada en la que todo se mueve, nada quiere ser la misma y \u00fanica cosa y nadie es quien es sino todos los que antes fueron, todos los que son y cuantos ser\u00e1n sea donde sea y como sea que sean. Ulises es, entre toda la galer\u00eda de sus posibilidades, el ferviente chisporroteo de la volatina con la que el trapecista salta del Yo soy el que soy de las Sagradas Escrituras al Yo soy cualquiera que diga o haya dicho Yo de la escritura profana que viene a ser toda la Literatura buena o mala, publicada, in\u00e9dita o, simplemente, so\u00f1ada.<br \/>\n    No es un pensamiento nuevo ni una imaginaci\u00f3n original. Est\u00e1 presente en buena parte del pensamiento neoplat\u00f3nico y de la inteligencia p\u00fablica, privada y clandestina del Renacimiento, as\u00ed como en la llamada filosof\u00eda oculta de los isabelinos, en el planteamiento y las interpretaciones de los misticismos de Oriente y Occidente, y en todo el suntuoso despliegue de la teosof\u00eda. Joyce decidi\u00f3 sujetar tan poli\u00e9drico panorama de especulaciones a un relato o discurso o parloteo que comienza a las ocho de la ma\u00f1ana con la palabra Imponente y termina a una hora indeterminada de la noche con la palabra S\u00ed.<br \/>\n    Imponente es el rollizo Buck Mulligan que se afeita en ese principio como si oficiara en lo alto de la torre Martelo que comparte con Stephen Dedalus. Introibo ad altare Dei es el primer parlamento de esta novela. A esa misma hora, Leopold Bloom prepara su desayuno, el de su esposa, Molly, y, de paso, el de la gata. Luego se aliviar\u00e1 el vientre leyendo el peri\u00f3dico e imaginando relatos antes de emprender un d\u00eda de trabajo sumamente dudoso, porque lo que en realidad hace Leopold Bloom es zascandilear, haraganear, fisgonear y mecerse en el vaiv\u00e9n de las corrientes que arrastran su conciencia.<br \/>\n    Buck Mulligan es un personaje secundario, como tambi\u00e9n lo es Stephen Dedalus e incluso el propio Leopold Bloom, el Ulises errante en el Dubl\u00edn y la Irlanda a la que llegaron los antiguos Pueblos del Mar convertidos en celtas, es decir, en pura leyenda, en ese material del que the dreams are made of. Molly Bloom es el \u00fanico personaje que no es secundario en este universo de eternos comparsas. Ella es Pen\u00e9lope y Gea. Ella no se mueve de la cama. Ella es ardiente, perspicaz y tenuemente puta-como lo somos todos, m\u00e1s o menos. Es jud\u00eda y naci\u00f3 en Gibraltar, hija de la espa\u00f1ola Lunita Laredo (lo que demuestra que Joyce sab\u00eda escoger los nombres, las palabras y los sonidos, tambi\u00e9n en aquellas lenguas que no dominaba.<br \/>\n    As\u00ed comienza a quel 16 de junio de 1904 cuya peripecia transcurre \u00abacogida y rechazada\u00bb no por el mismo cielo al que se refer\u00eda Shakespeare, sino por cuantos dublineses irlandeses, creyentes y no creyentes, m\u00e1rtires y golfos, santos y canallas, analfabetos y lectores asisten al drama o lo atraviesan conscientemente y casi siempre de una manera casual, pues esta novela es, tambi\u00e9n, una enciclopedia de casualidades.<br \/>\n    Del Ulises de Joyce se ha dicho que es un relato costumbrista, y no hay d\u00f3nde ni por qu\u00e9 negarlo. Tambi\u00e9n se ha dicho que es una epopeya contempor\u00e1nea en la que se presenta el arquetipo del antih\u00e9roe-del siglo XX, un personaje merodeador de anonimatos, con todos los atributos del camale\u00f3n y las propiedades del caleidoscopio imprescindible para el instinto de supervivencia adecuado a las circunstancias de su \u00e9poca,: con el esp\u00edritu tan atribulado como es usual en cualquier tiempo y lugar, y la moral tan dispuesta al sarcasmo y al disfraz como convenga a su salud psicol\u00f3gica, m\u00e1s bien mermada.<br \/>\n    El antih\u00e9roe no es la contrafigura del h\u00e9roe porque le falta valor, coraje, iniciativa y astucias (cualidades que habitualmente le sobran), sino porque est\u00e1 enfermo, circunstancia que le obliga a colocar todos sus vicios y virtudes en las dosis m\u00e1s id\u00f3neas a las condiciones de presi\u00f3n y temperatura en que se desenvuelve su vida.  El h\u00e9roe es siempre un ejemplo de salud, de una salud cuya p\u00e9rdida se hizo evidente en cuanto el romanticismo decidi\u00f3 pasear la melancol\u00eda de su disimulo por la penumbra de las ruinas y los camposantos. El fantasma es un muerto saludable. El vampiro es una insalubridad er\u00f3tica y con alas, prendida a la metamorfosis de su cuerpo y a la metempsicosis de su alma.<br \/>\n    El vampiro es uno de los personajes m\u00e1s sigilosos del Ulises. Es una flecha que atraviesa el tiempo y el espacio, que esp\u00eda, se introduce y chupa, que cambia de forma y mantiene su sustancia en la rueda infinita y eterna de las transmigraciones, tan adherido a la sombra como enemigo de la luz. Es la imagen de una religi\u00f3n pagana y salvaje que no formula salvaci\u00f3n alguna porque es la consagraci\u00f3n de una condena: la de la Vida-en-la-Muer-te y la de la Muerte-en-la-Vida. Su imaginaci\u00f3n se nutre de una l\u00ednea seminal biol\u00f3gicamente eterna inscrita en lo que hay en el \u00faltimo ser vivo del semen del primer var\u00f3n que procre\u00f3. Es lo que hay de vida en una eterna acumulaci\u00f3n de muerte a lo largo del Tiempo, de ese tiempo que es lo que pasa cuando lo que pasa es la vida.<br \/>\n    Joyce es un arquetipo de ese vampiro entendido como formulaci\u00f3n del novelista que absorbe la vida de los dem\u00e1s para poner por escrito la propia o la de quien le venga en gana. No es un ser pose\u00eddo sino posesor. Una afirmaci\u00f3n tan tajante como para desconcertar a Leopold Bloom al o\u00edrsela a Stephen Dedalus. Ambos acaban de salir del burdel en el que la Circe hom\u00e9rica de Dubl\u00edn ha lanzado sobre ellos toda la malla de sus alucinaciones. Dedalus est\u00e1 borracho y bajo los efectos del mamporro que le acaba de arrear un soldado brit\u00e1nico, y Bloom padece a\u00fan las sacudidas de una tensi\u00f3n sexual angustiosa y maltrecha. Para Bloom, marginado e insultado como jud\u00edo por un energ\u00fameno del que tuvo que huir a bordo de un carruaje, Dedalus representa el esfuerzo intelectual entregado a la causa de una Irlanda renovada y plena. Pero Dedalus no lo ve as\u00ed.<br \/>\n\u00ab-Yo sospecho -le interrumpi\u00f3 Stephen- que Irlanda debe de ser importante porque me pertenece.<br \/>\n-\u00bfQu\u00e9 es lo que le pertenece? -inquiri\u00f3 el se\u00f1or Bloom inclin\u00e1ndose, imaginando que quiz\u00e1 hab\u00eda entendido mal. Disc\u00falpeme. Desgraciadamente, no he o\u00eddo la \u00faltima parte. \u00bfQu\u00e9 ha sido lo que usted&#8230;?<br \/>\n    Evidentemente molesto, Stephen empuj\u00f3 a un lado su taza de caf\u00e9 o de lo que se quiera y agreg\u00f3 con escasa cortes\u00eda:<br \/>\n-No podemos cambiar de pa\u00eds. Cambiemos de tema.<br \/>\n    En esta novela se cambia de tema constantemente, como no pod\u00eda ser menos en un relato que busca ser la cr\u00f3nica de una errancia entre un desarraigo y otro, entre las m\u00faltiples encrucijadas cotidianas del desamparo y del fracaso. Bloom es el hijo de un jud\u00edo h\u00fangaro establecido en Inglaterra, donde se suicid\u00f3, y el padre de un hijo muerto. Dedalus es el afilado y educad\u00edsimo disc\u00edpulo de los jesu\u00edtas que fue incapaz de rezar ante el lecho de muerte de su madre, que se lo imploraba.<br \/>\n    Dedalus es un Tel\u00e9maco renuente, astuto, orgulloso y rebosante de arrogancia. No quiere regresar a Itaca. Lo que quiere es recibirla en sus brazos como art\u00edfice de la \u00abincreada conciencia de mi raza\u0094.  Bloom acaricia el proyecto de ofrecerle cobijo a cambio de que ense\u00f1e italiano a su esposa, a esa Pen\u00e9lope que teje amor\u00edos sin moverse del lecho. Dedalus declina la oferta y Bloom se queda s\u00f3lo en su casa, donde pasa revista al Universo mientras rememora los acontecimientos del d\u00eda, la peripecia de esta novela llamada Ulises.<br \/>\n    Joyce ofreci\u00f3 un primer esquema argumental a Cario Linati en 1920, y envi\u00f3 otro, un a\u00f1o despu\u00e9s, a Jacques Benoist-M\u00e9chin, que fue el publicado por Stuart Gilbert en 1931. Pero hay un tercero que, en realidad, es el primero o m\u00e1s inmediato, pues es el que se hace de s\u00ed mismo Bloom a una hora incierta de la madrugada del viernes, 17 de junio de 1904:<br \/>\n    \u00abLa preparaci\u00f3n del desayuno (ofrenda quemada), congesti\u00f3n intestinal y premeditada defecaci\u00f3n (sanctasanct\u00f3rum); el ba\u00f1o (rito de San Juan); el entierro (rito de Samuel); el anuncio de Alexander Keyes (Urin yThummin); el almuerzo insustancial (rito de Melquisedec); la visita al museo y a la biblioteca nacional (lugar santo); la cacer\u00eda del libro a lo largo de Bedford Row, Merchants Aren, Wellington Quay (Simclath Torah); la m\u00fasica en el Ormond Hotel (Shira Shirim); el altercado con el truculento troglodita en el local de Bernard Kiernan (holocausto); un per\u00edodo de tiempo en blanco incluyendo un paseo en coche, una visita a una casa de duelo, una despedida (desierto); el erotismo producido por un exhibicionismo femenino (rito de On\u00e1n); el parto laborioso de la se\u00f1ora Mina Purefoy (elevaci\u00f3n de la ofrenda); la visita a la casa de vicio de la se\u00f1ora Bella Coh\u00e9n, 82 Tyrone Street, Lower, y el subsiguiente alboroto y reyerta en defensa propia en Bea-ver Street (Armageddon); la deambulaci\u00f3n nocturna hacia y desde el refugio de los cocheros, Butt Bridge (expiaci\u00f3n)\u0094.<br \/>\n    Todo eso es lo que le ocurre a Bloom a lo largo del d\u00eda seg\u00fan el modo que tiene de entenderlo antes de regresar a la Itaca del lecho matrimonial en el que sus miembros, al extenderse, encuentran: \u00abBlanca ropa limpia reci\u00e9n cambiada, olores adicionales; la presencia de una forma humana, femenina, la de ella; la huella de una forma humana, masculina, no la de \u00e9l.\u0094<br \/>\n    Semejante resumen, planteado como una procesi\u00f3n de rituales, como el esquema de una liturgia, es l\u00f3gico en una novela que, acusada de pornogr\u00e1fica y blasfema, censurada y perseguida, es, sin embargo, el cabal testimonio de un hombre tan juguet\u00f3n y travieso con las creencias religiosas como atrapado en el misterio religioso, sea \u00e9ste, el misterio religioso, descrito por Shakespeare, por el narrador de las Sagradas Escrituras o por el no menos elusivo de Las Mil Noches y Una Noche.<br \/>\n    Leopold Bloom es la carne, la sangre y los huesos del m\u00e1s aut\u00e9ntico y desconcertado despiste. Su alma, reencarnada o no; su esp\u00edritu, en transmigraci\u00f3n o donde quiera que se encuentre, son la materia o el viento de un peregrinaje tan encadenado a la carne como a las pesquisas en torno a cuestiones implanteables.<br \/>\nPregunta: \u00ab\u00bfQu\u00e9 autoevidente enigma meditado con inconexa constancia durante 30 a\u00f1os, al producirse la oscuridad natural por la extinci\u00f3n de la luz artificial, percibi\u00f3 Bloom silenciosamente?\u0094.<br \/>\nRespuesta: \u00ab\u00bfD\u00f3nde estaba Mois\u00e9s cuando se apag\u00f3 la vela?\u0094<br \/>\n    Y, m\u00e1s adelante:<br \/>\nPregunta: \u00ab\u00bfCon qui\u00e9n ha viajado Bloom?\u00bb<br \/>\nRespuesta:. \u00abSimbab el Sarino y Mimbad el Marino yTimbad el Tarino y Jimbad el Jarino y Whimbad el Wharino y Nimbad el Narino y Fimbad el Panno y Bimbad el Barino y Pimbad el Parino y Rimbad el Rarino&#8230; Oscuridad el Luciferino\u00bb<br \/>\n    Es la melopea previa a la de Molly Bloom en su lecho inm\u00f3vil. Y es, tambi\u00e9n, la m\u00e1s propia de un tr\u00e1nsfuga de las definiciones del alma, de sus premios o castigos y de la moneda en que se reciban los unos y se paguen las otras.<br \/>\nBloom es el hijo de un jud\u00edo convertido al protestantismo, que se hizo cat\u00f3lico al casarse con Molly Bloom. Es un saco andante de culpas sin redenci\u00f3n alguna, como la mota de polvo atra\u00edda y rechazada por el universo del que procede y cuyo cobijo anhelar\u00e1 eternamente. Su \u00fanico consuelo es medir en inauditas vinculaciones y met\u00e1foras, as\u00ed como en eones hind\u00faes, en parasangas persas o en los insondables cent\u00edmetros con que se miden las constelaciones, los instantes que van del desayuno servido a su esposa en la ma\u00f1ana, al lecho de su esposa por la noche, que le dir\u00e1 que s\u00ed quiero \u00ed\u00ed. Porque ella es la \u00fanica Tierra que tiene el peregrino para sus pasos y para medir sus huellas, imaginarlas o so\u00f1arlas, tal vez. S\u00f3lo o en compa\u00f1\u00eda de otros.<\/p>\n<p>James Joyce y Espa\u00f1a<br \/>\n    Con motivo del centenario del Bloomsday, el d\u00eda en el que Leopold Bloom y Stephen Dedalus viven su peripecia por las calles de Dubl\u00edn, el C\u00edrculo de Bellas Artes de Madrid ha organizado la exposici\u00f3n James Joyce y Espa\u00f1a. La muestra hace hincapi\u00e9 en la relaci\u00f3n del autor del Ulises con nuestro pa\u00eds a trav\u00e9s de art\u00edculos, libros, correspondencia, fotograf\u00edas y material au-audiovisual; y abarca tambi\u00e9n otras facetas del escritor, como las primeras noticias de Joyce en Espa\u00f1a, las pol\u00e9micas alrededor de la interpretaci\u00f3n de su obra, la muerte del escritor y la reivindicaci\u00f3n de su figura por parte de los especialistas espa\u00f1oles. James Joyce y Espa\u00f1a puede visitarse, desde el 10 de junio y hasta el 31 de julio, en la Sala Juana Mord\u00f3 del C\u00edrculo de Bellas Artes.<\/p>\n<p>El Ulysses de Joyce, \u00bfarte o artesan\u00eda?<\/p>\n<p>El cultural (10-16\/VI\/2004), p\u00e1g. 3<br \/>\npor Germ\u00e1n Gull\u00f3n<\/p>\n<p>Virginia Woolf, Andr\u00e9 Gide, Robert Musil y James Joyce son marcas de calidad literaria del siglo XX. Presumir de persona culta sin haber le\u00eddo, por ejemplo, las desconcertantes seiscientas p\u00e1ginas del Ulysses (1922), de James Joyce (1882-1941), parece una impostura. Otra cuesti\u00f3n es si resulta obligatorio que guste y se entienda un texto tan dif\u00edcil. Quiz\u00e1s s\u00f3lo la gente le\u00edda y pasada por las aulas universitarias, seg\u00fan pensaba Pierre Bourdieu, puede disfrutar de los libros complicados. \u00bfConviene, por otra parte, leerlo en la lengua original, ya que es una de las piezas maestras de la literatura inglesa, o basta con una versi\u00f3n castellana? \u00bfY qu\u00e9 traducci\u00f3n leer, una cl\u00e1sica, la original de D\u00e1maso Alonso, o una moderna de Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde?<br \/>\n    Pongamos que leemos a Joyce en espa\u00f1ol, con lo que apreciaremos menos los aspectos ling\u00fc\u00edsticos, cuya excelencia se\u00f1ala la cr\u00edtica reiteradamente, y nos interesaremos m\u00e1s por el argumento y por los personajes. Y aqu\u00ed surge un problema, que ni Stephen Dedalus ni Leopold Bloom, o su mujer Molly, los protagonistas, son nada extraordinario. Dedalus aparece como un vacuo aspirante a caballero ingl\u00e9s y Bloom ofrece una imagen t\u00f3pica del jud\u00edo. Por tanto, estas lecturas nos dejan insatisfechos, porque la obra permanece medio muda. Entendemos que se trata de la b\u00fasqueda por parte de Bloom de un hijo, y de Stephen de un padre, y que cada incidente de la novela resulta paralelo a uno de la Odisea hom\u00e9rica, y, a su vez, va relacionado con una hora del d\u00eda, un color, una parte del cuerpo. Todo hecho en un intento de recrear la vida completa de una persona.<br \/>\n    La superaci\u00f3n de la dificultad ofrece dos salidas para el lector aficionado, persistir en la lectura, la relectura, o dejar el libro de lado. Los lectores profesionales deben opinar sin embargo, y en muchas ocasiones lo han hecho redactando cr\u00edticas impertinentes, bien porque no saben c\u00f3mo leer la obra o porque aun sabi\u00e9ndolo prefieren modalidades narrativas anteriores, que les resultan m\u00e1s familiares. Al Ulysses le han dedicado numerosas cr\u00edticas adversas, porque quiz\u00e1s atraviesa el purgatorio que el Quijote pas\u00f3 en su \u00e9poca, un per\u00edodo de prueba antes de que llegue el aprecio universal. Dedalus y Bloom parecen un poquito clich\u00e9s, por el amaneramiento del uno y el juda\u00edsmo de guardarrop\u00eda del otro, les pasa lo que a don Quijote y Sancho, que tras la publicaci\u00f3n de la obra cervantina la gente se fijaba en un aspecto del personaje, que el caballero era un loco, que confund\u00eda las rameras con damas y a un cuco ventero con un caballero. El tiempo, no obstante, ha hecho de la novela del hidalgo manchego, sea el idioma en que se lea, un repositorio de una gran verdad encarnada en el personaje: el poder de la imaginaci\u00f3n para moldear la realidad a la medida del hombre.<br \/>\n    Un indudable atractivo del Ulysses reside en que recrea los sucesos de un solo d\u00eda en Dubl\u00edn, el 16 de junio, de 1904. Parad\u00f3jicamente, lo que pensamos como lo mejor de la obra, el novedoso tratamiento del tiempo, la subordinaci\u00f3n de cronolog\u00eda de los hechos a la libre cronolog\u00eda del fluir de los pensamientos, es lo que le trajo las mayores cr\u00edticas, siendo las hechas por Wyndham Lewis en su magna obra, El tiempo y el hombre occidental (1927), las mejor argumentadas, y que pusieron en la balanza de la fama la cuesti\u00f3n de si el irland\u00e9s era un artista o un artesano.<br \/>\nSu hostil an\u00e1lisis resulta dif\u00edcil de contradecir. Sit\u00faa al autor junto a Gertrude Stein, para definirlo como un escritor de altura t\u00e9cnica, pero carente de fuerza tr\u00e1gica, a lo Dostoievski o lo Flaubert, y exento, por supuesto, del metropolitanismo de su compatriota Oscar Wilde. Su mundo era el de la peque\u00f1a burgues\u00eda, y lo que es a\u00fan peor, que Stephen y Leopold estaban manufacturados con retazos de clich\u00e9s, y por la tanto discontinuos. Que fueron creados por suma de rasgos, sin que les observemos una personalidad propia. Aqu\u00ed, afirma Lewis, se nota la veta artesanal de Joyce, que sagazmente oculta la debilidad argumental, la carencia de un sistema de valores que ordene ese mundo y d\u00e9 coherencia a los personajes. El h\u00e1bil uso de una t\u00e9cnica narrativa, la corriente de conciencia, que permite saltar de una percepci\u00f3n a otra sin enlaces causales, oculta la falta de un dise\u00f1o org\u00e1nico.<br \/>\n    Lewis sin querer estaba describiendo el paradigma literario moderno, conformado por la excelencia en el manejo de la t\u00e9cnica narrativa, concretamente el uso del fluir interior de la conciencia, y la virtuosidad verbal. Critic\u00f3 ambas caracter\u00edsticas por ser demasiado abstractas, insuficientes para justificar la riqueza de una obra. Pero Lewis acab\u00f3 perdiendo la batalla, porque lo interpretado por \u00e9l como negativo en el Ulysses ha sido considerado el pilar de la profunda renovaci\u00f3n de la narrativa moderna. La obra de Marcel Proust, de Franz Kafka y de James Joyce tradujo en t\u00e9rminos humanos su presente: su originalidad reside en la creaci\u00f3n de un espacio narrativo donde el individuo ordena su realidad, y no como en los escritores realistas, donde el ser humano era definido por su realidad social.<\/p>\n<p>Germ\u00e1n Gull\u00f3n es catedr\u00e1tico de literatura comparada<\/p>\n<p>100 a\u00f1os de la aventura del Ulises de James Joyce<br \/>\nEl 16 de junio se celebra el centenario del paseo de Leopold Bloom por Dubl\u00edn<br \/>\nibidem p\u00e1gs 8-9.<br \/>\nEl pr\u00f3ximo jueves se celebra en todo el mundo el Bloomsday, el centenario del descenso a los infiernos de Leopold Bloom, Stephen Dedalus y Molly Bloom, protagonistas del Ulises de Joyce. El 10 de junio se inaugura en el C\u00edrculo de Bellas Artes de Madrid la exposici\u00f3n Joyce y Espa\u00f1a. Tambi\u00e9n Sevilla celebra el D\u00eda de Blooom, por quinto a\u00f1o. Y Barcelona. Y Par\u00eds. Y Dubl\u00edn. Al tiempo, un c\u00e9lebre escritor irland\u00e9s, Roddy Doyle, ganador del premio Booker, asegura que se trata de una novela \u0093sobrevalorada, demasiado larga y nada conmovedora. La gente siempre coloca al Ulises entre los 10 mejores libros, pero dudo que alguna de esas personas se sintiera conmovida por esta obra\u0094. El Cultural intenta olvidar los t\u00f3picos y descubrir cu\u00e1nto hay de vanguardia en el libro, las dificultades de su lectura y de su traducci\u00f3n. Y s\u00ed, Quim Monz\u00f3 confiesa que la primera vez que intent\u00f3 leerla abandon\u00f3 a las treinta primeras p\u00e1ginas. Fernando Aramburu, en cambio, dice que se puede vivir sin leerla \u0093como se puede vivir sin una mano\u0094.<br \/>\nDoyle va m\u00e1s all\u00e1 y critica duramente \u0093la industria Joyce\u0094, que hace que desde principios de a\u00f1o el Ayuntamiento de Dubl\u00edn celebre el centenario con el patrocinio de salchichones Dennys y cervezas Guinness, cuyos productos fueron mencionados por Joyce en la novela.<br \/>\n    M\u00e1s all\u00e1 de la an\u00e9cdota, lo cierto es que el Ulises es, en palabras del cr\u00edtico, traductor y poeta Carlos Pujol, un libro fundacional y Joyce, \u0093el escritor que inaugur\u00f3 la modernidad. Es, sigue siendo, el m\u00e1s moderno del siglo XX, lo cual no es necesariamente un elogio, y el Ulises es la culminaci\u00f3n de toda su obra, con cierto paroxismo y locura adem\u00e1s. Es la obra de un extraordinario ingeniero, espl\u00e9ndidamente escrita a pesar de su complejidad, y de su absoluta superioridad\u0094. Quiz\u00e1 por eso resulta \u0093muy duro de leer, aunque no tanto como Finnegans Wake, que es una forma de enloquecer como otra cualquiera\u0094.<br \/>\nUn libro sobrehumano<br \/>\n\u0093El Ulises insiste Pujol es un libro sobrehumano, tan bien concebido y escrito que sobrepasa la capacidad normal del lector, que se pierde irremediablemente porque es un libro escrito sin pensar en nada ajeno a s\u00ed mismo\u0094. Recuerda Pujol que en castellano existen dos traducciones de referencia, la del argentino Salas Subirats y la de Valverde, aunque Eduardo Chamorro actualiz\u00f3 hace cinco a\u00f1os la primera y a\u00f1adi\u00f3 un corpus de notas que aclaran muchas referencias del libro. Las dos, aclara Pujol, tienen errores, especialmente la de Valverde, \u0093que no est\u00e1 a la altura ni de s\u00ed mismo ni del libro\u0094, acaso porque \u0093es intraducible. Si toda la literatura lo es en realidad, el Ulises es tan solipsista, tan encerrado en s\u00ed mismo, trabaja de tal manera la pasta misma del ingl\u00e9s que en otro idioma se estropea. Es un libro enigm\u00e1tico, repleto de referencias personales, culturales, alusiones a Irlanda, a la Odisea, de gui\u00f1os y chistes privados cuyo sentido \u00faltimo apenas intuimos. Por eso dudo que pueda encontrar un traductor a su medida, o que alg\u00fan editor encargue una de nueva planta. Ser\u00eda un intento de suicidio\u0094.<br \/>\n    En realidad, lo que Chamorro hizo fue tambi\u00e9n asombroso: revis\u00f3 la traducci\u00f3n argentina y le sum\u00f3 un corpus de notas que explican las referencias del libro, a partir del monumental trabajo de Don Gifford y Robert J. Seidman, que llevan treinta a\u00f1os acumulando y actualizando notas sobre el universo joyceano. Para Chamorro, el Ulises es, \u0093probablemente, la \u00faltima de una inaudita estela de novelas que persiguen abarcarlo todo, como el Quijote o Tristan Shandy, y te proponen una percepci\u00f3n global del mundo. Eso es siempre entretenido, aunque puede resultar irritante, absurdo y arduo para gente poco entrenada. En ese panorama de novela global, que busca un dominio de lo centr\u00edfugo y de lo centr\u00edpeto y desde un punto de vista m\u00e1s ambiciosamente modesto Proust consigui\u00f3 unos resultados m\u00e1s comunicables. Desde un punto de vista m\u00e1s modestamente ambicioso, Faulkner alcanz\u00f3 soluciones m\u00e1s fascinantes y misteriosas\u0094.<br \/>\nAdictos a Joyce<br \/>\n    Es, destaca, \u0093un libro que deber\u00eda leerse en ingl\u00e9s y en voz alta, lo que deja muy poco margen para una traducci\u00f3n cuyo nivel de calidad quedar\u00e1 siempre muy por debajo de la eficacia de su versi\u00f3n original. Por otro lado, es una novela tan ce\u00f1ida a la historia de Irlanda y brit\u00e1nica, a sus luchas, pol\u00e9micas y debates a lo largo de sus puntos y horas y a la erudici\u00f3n joyceana, que su comprensi\u00f3n se hace realmente dif\u00edcil sin un aparato de notas cuya acumulaci\u00f3n, a estas alturas, convierte en imprescindiblemente erudita cualquier traducci\u00f3n del Ulises medianamente decente.\u0094 Chamorro limpi\u00f3 tambi\u00e9n de erratas el texto, \u0093perseguido siempre por ellas\u0094, y corrigi\u00f3 algunos deslices de la versi\u00f3n de Valverde, que \u0093resulta sumamente relamida, cat\u00f3lica y con un conocimiento del ingl\u00e9s estrictamente acad\u00e9mico\u0094.<br \/>\n    De la misma opini\u00f3n es Mariano Antol\u00edn Rato, que admite que es una novela \u0093fascinante\u0094 pero \u0093casi intraducible. Garc\u00eda Tortosa reconoc\u00eda que todas tienen errores, incluida la suya, y que en realidad si un escritor espera respeto de sus colegas, un traductor s\u00f3lo puede aspirar a que no le insulten, especialmente si se atreve con el Ulises. Ya dijo el propio Joyce que dejaba trabajo a los especialistas para los pr\u00f3ximos trescientos a\u00f1os. Y ten\u00eda raz\u00f3n, llevamos cien y aqu\u00ed seguimos\u0094. Por eso, cuando se hacen encuestas sobre los mejores libros del siglo XX, apunta Antol\u00edn Rato, \u0093siempre sale el Ulises, que ya era complicado en su momento y que sigue siendolo ahora, que vivimos en una cultura de la facilidad. El secreto de su poder fascinador quiz\u00e1 resida en que responde a un intento de dar cuenta de un proceso mental a trav\u00e9s del mon\u00f3logo interior\u0094.<br \/>\n    \u0093Por eso hay quien, sin haberlo le\u00eddo, escribe influido por \u00e9l. Y quien lo lee no lo entiende del todo, porque carece de todas las referencias mentales, culturales, vitales del escritor. Seguro que s\u00f3lo el propio Joyce lleg\u00f3 a entenderlo del todo, y seguro tambi\u00e9n que con los a\u00f1os fue perdiendo referencias y dejando de comprenderlo\u0094. \u00c9l propio Antol\u00edn Rato es un buen ejemplo, al punto de asegurar que \u0093mi vida de puede convertir en el relato de la adici\u00f3n a Joyce. Era un ingenuo chaval de 17 \u00f3 18 a\u00f1os cuando lo devor\u00e9 por vez primera y qued\u00e9 cautivado para siempre\u0094.<br \/>\nUn placer arduo y extenso<br \/>\n    Por su parte, Nuria Amat echa en falta \u0093una traducci\u00f3n del Ulises que est\u00e9 a la altura del gran escritor inventor del lenguaje Joyce\u0094. Para la escritora y editora, es fundamental \u0093por ser una novela fundacional. Abri\u00f3 las puertas a la contranovela. Siempre ha habido un antes y un despu\u00e9s de Joyce\u0094. Eso s\u00ed, se\u00f1ala que \u0093Joyce, como tantos maestros fundadores (Rulfo o Borges) no admite repeticiones. Como algo positivo,especialmente para motivar la tarea del escritor o escritoras marginados, es el mon\u00f3logo de Molly. Es casi lo m\u00e1s revolucionario del libro.\u0094 A pesar de lo cual reconoce que \u0093nunca he podido leerlo de un tir\u00f3n. Y suelo echar las culpas a las traducciones. \u00bfExistir\u00e1 un Joyce o una Joyce en espa\u00f1ol? \u00bfAlguien que se atreva a reescribir el Ulises a cuatro manos, con el irland\u00e9s?\u0094<br \/>\n    Fernando Aramburu no duda: \u0093Se puede vivir sin leer el Ulises como se puede vivir sin una mano o sin las dos piernas. Ahora bien, quien profese pasi\u00f3n por el arte literario por fuerza leer\u00e1 o habr\u00e1 le\u00eddo el Ulises, siquiera fragmentado y repartido en la obra de otros. No es descartable que muchos est\u00e9n familiarizados con la obra de Joyce (como con las de Shakespeare o Cervantes) sin saberlo. El Ulises es un placer arduo y extenso. Su lectura reclama dedicaci\u00f3n, tiempo, paciencia (bienes tristemente escasos en la actualidad), as\u00ed como un prop\u00f3sito firme de superar las no pocas dificultades textuales que el libro presenta. Las grandes cimas, seg\u00fan me han dicho, no suelen ser accesibles a la pereza. De ah\u00ed que m\u00e1s de uno espere a que bajen los escaladores para enterarse. A m\u00ed me agrada pensar que la capacidad de influjo que a\u00fan conserva el Ulises de Joyce proviene de la eficacia con que prueba que el g\u00e9nero novelesco es, en su fundamento, un arte de la lengua. He le\u00eddo el Ulises en dos ocasiones. La primera vez yo era joven. Me fascinaron en particular los pasajes oscuros, puesto que me induc\u00edan a intuir la existencia de un m\u00e1s all\u00e1 de la escritura\u0094.<br \/>\nAudacia y trivialidad<br \/>\n    \u0093Supuse ?destaca? que al leer la novela por segunda vez me ser\u00eda dado encontrar la puerta de entrada al otro lado. Con esa confianza volv\u00ed al libro a\u00f1os m\u00e1s tarde, en una \u00e9poca en que ya ten\u00eda superado el sarampi\u00f3n del vanguardismo. Entonces me deslumbraron aquellas partes que se dejan entender sin dificultad. Admir\u00e9 el m\u00e1s ac\u00e1, la audacia de revestir con estilo la trivialidad del mundo humano\u0094.<br \/>\n    Quim Monz\u00f3, en cambio, asegura que \u0093nunca \u0091hay que leer\u0092 nada por obligaci\u00f3n, porque toque\u0094. Para el escritor, \u0093sin ning\u00fan tipo de dudas, Ulises es lo que se llama un tocho. El tocho por excelencia. Eso no debe ser considerado peyorativo. Hay tochos interesantes y tochos sin inter\u00e9s. \u00c9ste es un tocho interesant\u00edsimo, porque lleva al l\u00edmite ciertas v\u00edas narrativas. Por eso se le cita, porque es un hito de la literatura del siglo XX, quiz\u00e1 el hito m\u00e1s importante de la vertiente literaria de aquello que conoc\u00edamos (y conocemos) como \u0091arte moderno\u0092. Pero, claro, le\u00e9rselo es otra cosa, y hay que tener tiempo y ganas. En general, las secuelas de tochos interesantes pero pesados de leer son igual de pesadas de leer pero ya no son ni siquiera interesantes\u0094. Y eso que confiesa que \u0093la primera vez que intent\u00e9 leerlo fue en la traducci\u00f3n de la editorial argentina Losada. No pas\u00e9 de la p\u00e1gina 30, creo recordar. A\u00f1os despu\u00e9s lo volv\u00ed a intentar cuando Leteradura public\u00f3 la excelente traducci\u00f3n de J. Mallafr\u00e8. Y esa vez s\u00ed llegu\u00e9 al final, pero en muchos tramos practiqu\u00e9 la lectura en diagonal\u0094.<br \/>\n    Tambi\u00e9n Jos\u00e9 Ovejero admite que, aunque es un libro que explica buena parte de la literatura contempor\u00e1nea, \u0093hice varios intentos de leerlo completo, a los veintipocos a\u00f1os, pero ten\u00eda la sensaci\u00f3n de que lo que me interesaba se iba agotando con la lectura, y que sin acabarlo se pod\u00edan comprender sus aportaciones. Ha influido incluso en quienes no lo han le\u00eddo\u0094. Manuel de Lope defiende que \u0093cualquiera que le guste la literatura tarde o temprano lee el Ulises. Lo le\u00ed con 19 \u00f3 20 a\u00f1os, en una edici\u00f3n argentina. Hace poco he le\u00eddo la correspondencia de Joyce. Siempre me ha intrigado un contacto que tuvieron Proust y Joyce en Par\u00eds, la \u00fanica vez que se vieron. Proust habl\u00f3 de sus problemas de insomnio y Joyce de su digesti\u00f3n. Los grandes talentos no comunican f\u00e1cilmente\u0094.<br \/>\n    El cr\u00edtico y poeta Juan Antonio Masoliver R\u00f3denas recomienda leer el Ulises hoy \u0093por las mismas razones que cuando se public\u00f3 en 1922: humor, audacia expresiva, libertad narrativa, emoci\u00f3n er\u00f3tica, personajes verdaderos, visi\u00f3n cr\u00edtica del nacionalismo y mil etc\u00e9teras\u0094.<br \/>\nEl prejuicio de su dificultad<br \/>\n    A su juicio, existe a\u00fan \u0093el prejuicio de su dificultad, por eso se lee poco. Hay la certeza de su modernidad, por eso se cita mucho. Existen varias traducciones al castellano, por no hablar de la catalana de Mallafr\u00e9: algo indicar\u00e1. Por otro lado, en este pa\u00eds todo lo que es enterior a 1975 resulta anticuado. Ni cr\u00edticos ni acad\u00e9micos, los primeros ignorantes, ayudan a que se lea\u0094. Masoliver recuerda ahora que lo ley\u00f3 por vez primera \u0093a los diecis\u00e9is a\u00f1os, a escondidas de mi padre, devoto lector del libro. A los veintiuno, en italiano, durante mi estancia en G\u00e9nova. El mes pasado, en El Masnou. El \u00fanico escritor inteligente que lo critic\u00f3 fue mi admirado Benet, por su pasi\u00f3n por las arbitrariedades y su desprecio por quienes alaban libros sin haberlos le\u00eddo\u0094.<br \/>\n    Francisco Casavella est\u00e1 convencido de que \u0093es uno de esos libros en los que cuesta algo entrar, pero una vez dentro, y si llegas a sentir simpat\u00eda por el texto y por los personajes, ya no sales. Tiene mucha vida, poes\u00eda, verdad, tensi\u00f3n, diversi\u00f3n y, sobre todo, ingenio. Hace a\u00f1os, me emocionaba Stephen Dedalus, ahora me emociona Leopold Bloom. El que se brinde a cierta ex\u00e9gesis en una \u00e9poca muy dada a las interpretaciones m\u00e1s o menos escol\u00e1sticas en la que muchos acad\u00e9micos tienen que labrarse una reputaci\u00f3n sobre bizantinismos, lo convirtieron en una especie de Biblia laica. Esas interpretaciones son las que han levantado la fama de un libro abstruso. Y algo de eso tiene, pero tambi\u00e9n mucha cerveza negra, tragicomedia y vitalidad. Joyce no tiene ninguna culpa de la turba que se recrea en retru\u00e9canos sin gracia\u0094. Afortunadamente, tambi\u00e9n cuenta con adictos como los reunidos en el cat\u00e1logo Joyce y Espa\u00f1a (Juan Goytisolo, C. A. Molina, Juli\u00e1n R\u00edos&#8230;). O como Zo\u00e9 Vald\u00e9s, para quien \u0093es un libro dif\u00edcil y de una hermosura \u00fanica, al que debemos dejar que nos penetre la sensibilidad y penetrarlo con inteligencia. Lo le\u00ed con 21 a\u00f1os, y a\u00fan recuerdo la emoci\u00f3n que me produjo el mon\u00f3logo de Molly y cuando las l\u00e1mparas y los objetos se ponen a conversar. Por favor, \u00a1es uno de los m\u00e1s grandes autores!\u0094<\/p>\n<p>Nuria AZAN<\/p>\n<p>Bloom el bueno, por Juli\u00e1n R\u00edos<\/p>\n<p>    Ulises es una de las grandes celebraciones de la condici\u00f3n humana, del amor y del arte, raz\u00f3n m\u00e1s que suficiente para leerlo hoy y quiz\u00e1 ma\u00f1ana. Adem\u00e1s del gusto de conocer a sus personajes, especialmente a Bloom el Bueno, y de ir descubriendo en su compa\u00f1\u00eda el humor y profundidad de una obra maestra en m\u00e1s de un aspecto, que nos ense\u00f1a a recorrerla creativamente y a relativizar todos los puntos de vista, incluido el nuestro, otra buena raz\u00f3n para leer Ulises hoy, en pleno boom del suced\u00e1neo y del similar, es que nos permite separar inmediatamente la p\u00e1gina de la paja, la verdadera escritura de la fabricaci\u00f3n en serie. Como todos los grandes libros \u00adpor ejemplo m\u00e1ximo, el Quijote\u00ad Ulises es m\u00e1s citado y recetado que recitado, muchos lo conocen s\u00f3lo de nombre y con el mero t\u00edtulo presumen de la propiedad que \u00fanicamente da la lectura. A\u00fan as\u00ed, Ulises es una de las novelas que cuenta con mejores lectores, y no s\u00f3lo entre escritores y universitarios. He visto ejemplares de Ulises en donde menos se pod\u00eda esperar. En las manos de menesterosos, de los menos&#8230;, y de los happy few. Todos estos lectores tan diversos conviertieron Ulises en un aut\u00e9ntico long-seller, que no ha cesado de venderse desde su primera edici\u00f3n, en 1922, de mil ejemplares. No hay obra m\u00ednimamente significativa de la literatura contempor\u00e1nea que de un modo u otro no lleve la impronta de Ulises. Incluso aquellas novelas que quieren volver al canon o canonj\u00eda decimon\u00f3nicos, acaban siendo afectados, a veces sin saberlo, por la revoluci\u00f3n y revelaci\u00f3n de Ulises: sin forma no hay fondo. Empec\u00e9 a leer Ulises demasiado pronto, a los 18 a\u00f1os. No sab\u00eda entonces que a\u00fan me quedaba mucho tiempo por delante y que hay libros \u00adlos que de verdad valen la pena, o la alegr\u00eda\u00ad que nunca se acaban de leer. Ulises hay que releerlo, y nunca se lee dos veces el mismo libro. La \u00faltima vez que le\u00ed Ulises de cabo a rabo, para preparar el pr\u00f3logo a una nueva edici\u00f3n, hace casi un par de veranos, dej\u00e9 en una pila de espera algunas novelas de autores contempor\u00e1neos de diferentes literaturas, entusi\u00e1sticamente celebradas por la cr\u00edtica. Al acabar la lectura de Ulises, todas aquellas novelas se me cayeron literalmente de las manos. En cuanto a su prestigio literario&#8230; \u00bfNo est\u00e1 la palabra prestigio ya definitivamente desprestigiada en Espa\u00f1a, despues de tantas mareas negras? El prestigio literario de Ulises suele prestarse a equ\u00edvocos\u0085<\/p>\n<p>    La fascinaci\u00f3n que ejerci\u00f3 Ulises cuando lo descubr\u00ed, sigue siendo la misma ahora, por las mismas razones: creatividad constante de la escritura, rigor en la construcci\u00f3n de cada cap\u00edtulo, arte en cada p\u00e1gina.<\/p>\n<p>Exposici\u00f3n Joyce en Espa\u00f1a<\/p>\n<p>El d\u00eda grande de Mr. Joyce<\/p>\n<p>Ulises, literatura de gourmet<\/p>\n<p>Espa\u00f1a se vincula con Joyce en los 100<br \/>\na\u00f1os del &#8216;Bloomsday&#8217;<br \/>\nEl Mundo (11\/VI\/04, p\u00e1g. 62)<br \/>\nUna exposici\u00f3n rinde homenaje al cr\u00edtico literario Antonio Marichalar, uno de los<br \/>\nvaledores del escritor irland\u00e9s<br \/>\nPILAR ORTEGA BARGUE\u00d1O<br \/>\nMADRID-El pr\u00f3ximo mi\u00e9rcoles se conmemora el primer centenario del Bloomsday, el d\u00eda en el que Leopold, Molly Bloom y Stephen Dedalus -los protagonistas del Ulises de Joyce- viven su particular aventura por las calles de Dubl\u00edn.<br \/>\n    Con este motivo, el C\u00edrculo de Bellas Artes se suma a las celebraciones que con tal efem\u00e9rides  se convocan en todo el mundo e inaugura la exposicii\u00f3n James Joyce y Espa\u00f1a, que estar\u00e1 abierta al p\u00fablico hasta el pr\u00f3ximo 31 de julio.<br \/>\n    Fotograf\u00edas, cartas manuscritas, t\u00edtulos de Joyce en diferentes ediciones y distintos idiomas, art\u00edculos, grabados contempor\u00e1neos en torno a su obra, material audiovisual, la exposiici\u00f3n recoge todos los aspectos de la relaci\u00f3n de Joyce con nuestro pa\u00eds y presenta por primera vez la correspondencia mantenida por Antonio Marichalar, autor del primer gran art\u00edculo sobre Joyce en Espa\u00f1a, con Sylvia  Beach, la editora en Par\u00eds de Ulises, y el propio Joyce.<br \/>\n    A trav\u00e9s de los documentos reunidos en la exposici\u00f3n del C\u00edrculo de Bellas Artes es posible ilustrar la paulatina implantaci\u00f3n en Espa\u00f1a de una de las grandes revoluciones literarias del siglo XX, al tiiempo que se destacan los aspectos espa\u00f1oles de Joyce. \u00abNo olvidemos, por ejemplo, que Molly Bloom, cuyo famoso mon\u00f3logo culmina Ulises, naci\u00f3 en Gibraltar y su madre era espa\u00f1ola\u00bb, afirma el comisario de la muestra, Carlos Garc\u00eda Santa Cecilia, quien asegura que fue Antonio Marichalar, marqu\u00e9s de Montesa, quien tom\u00f3 a su cargo trasladar a Joyce a los lectores espa\u00f1oles.<br \/>\nLecturas nacionalistas<br \/>\nLa exposici\u00f3n documenta desde la relaci\u00f3n de James Joyce con los principales escritores espa\u00f1oles del siglo XX hasta las lecturas nacionalistas de catalanes y gallegos; desde las condenas de la posguerra a un escritor tenido por obsceno y pecaminoso, al triunfo definitivo de su obra en los a\u00f1os 70; desde la llegada subrepticia de la primera traducci\u00f3n argentina de Ulises hasta la famosa caricatura de Joyce en forma de interrogaci\u00f3n, obra del espa\u00f1ol C\u00e9sar Ab\u00edn.<br \/>\nAl parecer, la confirmaci\u00f3n oficial de Joyce lleg\u00f3 de manos de Ortega y Gasset, quien cita a Proust, G\u00f3mez de la Serna y Joyce, en La deshumanizaci\u00f3n del arte, como ejemplos de superaci\u00f3n del realismo. Paralelamente, desde Buenos Aires, Borges se declara en 1925 \u00abel primer aventurero hisp\u00e1nico que ha arribado al libro de Joyce\u00bb. Mientras tanto, el poderoso grupo de Revista de Occidente hab\u00eda animado a un joven D\u00e1maso Alonso a acometer la traducci\u00f3n de Retrato del artista adolescente. El caso es que Joyce goz\u00f3 en Espa\u00f1a de una buena acogida, de una valoraci\u00f3n temprana, de una de las primeras traducciones, pero no super\u00f3 el filtro est\u00e9tico imperante, seg\u00fan el comisario de la muestra.<br \/>\n    Fue   Ram\u00f3n P\u00e9rez de Ayala el \u00fanico de los escritores espa\u00f1oles consagrados que ley\u00f3 a Joyce tempranamente y redobl\u00f3 su atenci\u00f3n a partir de la opini\u00f3n de Marichalar. Tanto los catalanes como los gallegos se acercaron a la obra de Joyce por su simpat\u00eda con la causa irlandesa. Josep Pla, en febrero de 1927, publica un art\u00edculo reivindicativo y Juan Ram\u00f3n Masoliver se ocupa de Joyce y mantiene con \u00e9l una interesante relaci\u00f3n personal. Hasta bien entrados los a\u00f1os 60, con Luis Mart\u00edn-Santos, no se produce una integraci\u00f3n clara de Joyce en las letras espa\u00f1olas. Y entonces se produce tal avalancha que se mezclan los comentarios elogiosos con los destructivos -en la exposici\u00f3n se puede leer el famoso art\u00edculo \u00abContra James Joyce\u00bb, de Juan Benet, en Informaciones de las Artes y las Letras-. Seg\u00fan Carlos Garc\u00eda Santa Cecilia, la obra de Joyce puede considerarse normalizada a partir de 1976, con la traducci\u00f3n por vez primera  en Espa\u00f1a de Ulises a cargo de Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde.<br \/>\n    C\u00e9sar Antonio Molina, director del Instituto Cervantes e impulsor de la exposici\u00f3n, tambi\u00e9n reivindic\u00f3 la relaci\u00f3n de Joyce con Espa\u00f1a y rindi\u00f3 homenaje al cr\u00edtico Antonio Marichalar. Junto a \u00e9l, se encontraba su descendiente Jaime de Marichalar, duque de Lugo, como presidente de la Fundaci\u00f3n Winterthur, patrocinadora de la muestra<\/p>\n<p>LAS AFUERAS \/ JUAN BONILLA<br \/>\nEl d\u00eda grande de Mr. Joyce<\/p>\n<p>El Mundo (14\/VI\/04, p\u00e1g. 50)<br \/>\nCuando Eliot ley\u00f3 el \u00faltimo cap\u00edtulo de Ulises, dijo: \u00abQu\u00e9 va a hacer ahora Mr. Joyce, c\u00f3mo va a escribir algo despu\u00e9s de una cosa tan prodigiosa\u00bb. Virginia Woolf, que lo escuchaba, sentenci\u00f3 que el inter\u00e9s de aquello tan prodigioso no pasaba de ser local. Sea como fuere, el propio Joyce ya sab\u00eda que hab\u00eda dejado el idioma exhausto, y que lo que viniera tendr\u00eda que ser ya un paso en el abismo, estaba obligado a inventar un nuevo idioma. Ese paso se llam\u00f3 Finnegan&#8217;s Wake.<br \/>\n    Su defensor mayor entre nosotros, Juli\u00e1n R\u00edos, escrib\u00eda hace una semana que era un canto de sirenas al que s\u00f3lo pod\u00edan ser insensibles los sordos, pero no dec\u00eda que algunos de esos sordos hab\u00edan tenido en su momento un o\u00eddo fin\u00edsimo para apreciar la grandeza de Joyce cuando \u00e9ste era un desconocido al que le resultaba muy dif\u00edcil publicar nada (la historia de sus ediciones est\u00e1 llena de interrupciones, dificultades, aportaciones apasionadas).<br \/>\n    Algunos de esos sordos se llamaban Ezra Pound, Wyndham Lewis, Vladimir Nabokov o T. S. Eliot, que aunque acabar\u00eda siendo el editor de Finnegan&#8217;s Wake en el 39, nunca lleg\u00f3 a apreciar  ese paso en el abismo con que Joyce continu\u00f3 su singladura.<br \/>\n    En efecto, el \u00faltimo cap\u00edtulo de Ulises es quiz\u00e1 la cumbre m\u00e1s alta alcanzada por la prosa narrativa del siglo pasado: la t\u00e9cnica del mon\u00f3logo interior -que Joyce prefer\u00eda denominar mon\u00f3logo silencioso- obten\u00eda sus m\u00e1s alucinantes  y po\u00e9ticos resultados despu\u00e9s de que un oscuro novelista franc\u00e9s, Dujardin -al que Joyce ayud\u00f3 a apreciar, para que se viera que no ten\u00eda nada que ocultar- lo utilizase en sus textos. Culminaba con ese mon\u00f3logo una obra a veces abrupta y otras de una comicidad genuina, de prosa cansada aqu\u00ed y vertiginosa all\u00e1. Lo m\u00e1s emocionante de la aventura de Joyce, como prueba la biograf\u00eda inevitable de Richard Ellman, es su soledad.<br \/>\n    S\u00ed, fue uno de los \u00faltimos escritores que lograron salir adelante gracias a un mecenas. S\u00ed, lo rodearon admiradores en los momentos m\u00e1s duros -que, por cierto, se extendieron a lo largo de toda su vida: Eliot y Wyndham Lewis le llevaron desde Londres un paquete enviado por Ezra Pound que conten\u00eda un par de zapatos marrones-; durante una \u00e9poca de su vida, fue perseguido por acreedores; vest\u00eda de frac, no por un prurito de elegancia extrema, sino porque la cola de la chaqueta le permit\u00eda ocultar el agujero en el trasero de sus \u00fanicos pantalones. Pero ten\u00eda las cosas tan claras que no temblaba cuando uno de sus hinchas lo abandonaba: agradec\u00eda los servicios prestados, y segu\u00eda adelante.<br \/>\n    Su propia familia cargaba con sus textos, a veces con rudo humor, como en las cartas de su hermano Stanislaus -preciosa es la que le dedica a la aparici\u00f3n de los primeros fragmentos de Finnegan&#8217;s Wake: expresa en ellos las dudas del lector com\u00fan ante el abismo del lenguaje inventado-, a veces con altanera indiferencia -como en el caso de su esposa Nora, que tard\u00f3 cinco a\u00f1os en echar un vistazo a M\u00fasica de c\u00e1mara, y que no condescendi\u00f3 a asomarse al Ulises: le preguntaba a su marido: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 no escribes cosas como la gente normal, para la gente normal?\u00bb.<br \/>\n    \u00bfPara qui\u00e9n escrib\u00eda Joyce? Un lector tan atento como Martin Amis se hace eco del lugar com\u00fan seg\u00fan el cual Joyce es un escritor para escritores, pero lo corrige diciendo: \u00abescritor para un solo escritor, un solo escritor que se llamaba James Joyce, el \u00fanico capacitado para leer a James Joyce\u00bb. Por su parte, Joyce, con su soberbio humor, supo desde bien temprano que su p\u00fablico m\u00e1s fiel ser\u00edan los profesores universitarios, a quienes hab\u00eda pretendido entretener para los pr\u00f3ximos 300 a\u00f1os.<br \/>\n    A pesar de ello, no hay que ponerse tan estupendos: no hace falta haber acabado ninguna carrera para sumergirse en las aguas del Ulises y divertirse, emocionarse, aburrirse y disfrutar. Su ambici\u00f3n ilimitada nos resultar\u00e1 hoy anacr\u00f3nica, pero eso no es culpa de la novela, sino del tipo de novela que se lleva hoy, tan conformista, tan debida a los intereses del p\u00fablico, que es el que manda. El Ulises es de esos libros que tuvo que crear a su p\u00fablico: lo hizo, sin duda, no s\u00f3lo por la fuerza del texto, sino tambi\u00e9n por la ayuda de unos cuantos militantes insobornables que iban ganando adeptos con su misi\u00f3n evangelizadora.<br \/>\n    Entre nosotros tuvo dos muy tempranos: Jorge Luis Borges, que ya en su primer libro le dedic\u00f3 un comentario, y Antonio Marichalar, cr\u00edtico atento y elegante que comenz\u00f3 su texto sobre Joyce con un Rolls que se paraba ante la Shakespeare and Company y del que bajaba una mujer rica que entraba en la tienda de Sylvia Beach para adquirir uno de los 1.000 ejemplares de la primera edici\u00f3n del libro m\u00edtico.<br \/>\n    El mi\u00e9rcoles se cumplen 100 a\u00f1os del d\u00eda en que ocurre el Ulises -el d\u00eda en que Joyce y Nora dieron su primer paseo juntos-, al fin y al cabo el Ulises es un intenso poema de amor. Nuestro tiempo, que necesita fabricar  espect\u00e1culos, ha ideado para esa fecha una conmemoraci\u00f3n que convertir\u00e1 Dubl\u00edn, como cada 16 de junio, en una juerga de desayunos con r\u00ed\u00f1ones y muchas  pintas y disfraces.<br \/>\n    Ojal\u00e1 las alharacas sirvan para que alguien se atreva a adentrarse en la selva del lenguaje y la imaginaci\u00f3n radiante del Ulises. Ojal\u00e1 sirvan para que alguien alcance el \u00faltimo cap\u00edtulo, tan po\u00e9tico, tan desmesurado, y vuelva a producirse el milagro de que un libro cree a su lector, un libro lea a quien lo est\u00e1 leyendo.<\/p>\n<p>CIEN A\u00d1OS DEL BLOOMSDAY<br \/>\n&#8216;Ulises&#8217;, literatura de &#8216;gourmet&#8217;<\/p>\n<p>El mundo (15\/IV\/04)<br \/>\nLa pol\u00e9mica no ha abandonado nunca a la obra de James Joyce, ni la rendida admiraci\u00f3n de quienes la consideran un hito de la literatura<\/p>\n<p>ELMUNDOLIBRO<br \/>\nMADRID.- James Joyce se jact\u00f3 de que con &#8216;Ulises&#8217; hab\u00eda dejado trabajo a los especialistas para los pr\u00f3ximos 300 a\u00f1os. Hoy se cumplen 100 de la odisea dublinesa de Leopold Bloom, su antih\u00e9roe cornudo, un 16 de junio de 1904 y, al tiempo que las autoridades irlandesas han convertido el Bloomsday en una suerte de parque tem\u00e1tico, hay quien pretende destruir el mito tach\u00e1ndola de obra sobrevalorada e incomprensible.<br \/>\n    Para Juli\u00e1n R\u00edos, sin embargo, uno de sus&#8217; fan\u00e1ticos&#8217; confesos, la pol\u00e9mica en torno a &#8216;Ulises&#8217; no es sino una muestra m\u00e1s de su extraordinaria vitalidad. \u00abEstamos instalados en la cultura de la facilidad, del &#8216;fast food&#8217;, y &#8216;Ulises&#8217; no es literatura r\u00e1pida sino literatura de &#8216;gourmet&#8217;. Hay que releerlo, sabore\u00e1ndolo. No es un libro para leer en una viaje en metro\u00bb, explica el escritor vigu\u00e9s.<br \/>\n    Hasta ahora se hab\u00eda considerado al &#8216;Ulises&#8217;, publicado en 1922, el libro que inaugur\u00f3 la modernidad en la novela y a Joyce, el consagrador del mon\u00f3logo interior. Pero tambi\u00e9n es una obra de dif\u00edcil lectura, lleno de referencias cultas y frases en lat\u00edn, griego, alem\u00e1n, franc\u00e9s, hebreo, junto con chistes privados del autor, alusiones locales incomprensibles fuera de Irlanda y Gran Breta\u00f1a e incluso erratas&#8230; que han hecho las delicias de miles de ex\u00e9getas y se han convertido, al mismo tiempo, en la pesadilla de un n\u00famero mayor a\u00fan de lectores.<br \/>\n    \u00abEl &#8216;Ulises&#8217; se ha mitificado tanto que los lectores se acercan a \u00e9l con demasiado respeto\u00bb, destaca R\u00edos, \u00ables inspira temor. El problema es que no llegan a \u00e9l de la forma correcta: no se puede leer como una novela de entretenimiento puro, no es una historia policiaca, sino que debe irse leyendo poco a poco, no se puede consumir de un tir\u00f3n\u00bb.<br \/>\n    La lectura de las 18 horas de Bloom debe acometerse, en cambio, con esp\u00edritu de \u00abaventura\u00bb, dice el escritor. \u00abUlises es el lector, es \u00e9l quien debe estar atento par ir descubriendo cosas\u00bb, subraya el autor de &#8216;Casa Ulises&#8217;, de la misma forma que Leopold Bloom se convierte a lo largo de la novela en \u00abel detective de su propia cornudez\u00bb.<br \/>\n    En Espa\u00f1a el m\u00e1ximo detractor de la obra de Joyce fue Juan Benet. A su juicio, &#8216;Ulises&#8217; no dejaba de ser \u00abun cuadro costumbres hipertrofiado por la palabrer\u00eda\u00bb. Adem\u00e1s, el autor de &#8216;Volver\u00e1s a Regi\u00f3n&#8217; no ve\u00eda nada \u00aboriginal en limitar el curso de la novela a un solo d\u00eda\u00bb.<br \/>\nPersonajes y riqueza ling\u00fc\u00edstica<br \/>\n    Pero &#8216;Ulises&#8217; es mucho m\u00e1s que una enorme colecci\u00f3n de juegos de palabras y acertijos o trampas para el lector entrenado. \u00abComo el &#8216;Quijote&#8217; o &#8216;Madame Bovary&#8217;, &#8216;Ulises&#8217; incorpora personajes complejos e inmortales\u00bb, asegura Juli\u00e1n R\u00edos. El famoso mon\u00f3logo de Molly Bloom, la esposa infiel de origen espa\u00f1ol, pasa por ser una de las cumbres de la literatura del siglo XX y, en su momento, constituy\u00f3 una aut\u00e9ntica revoluci\u00f3n y un esc\u00e1ndalo. \u00abDif\u00edcilmente se puede conocer a alguien de una manera tan profunda\u00bb, se\u00f1ala.<br \/>\n    En Espa\u00f1a una dificultad -y pol\u00e9mica- a\u00f1adida es la traducci\u00f3n de una obra ya de por s\u00ed intraducible. La primera, firmada por el argentino Jos\u00e9 Salas Subirats y publicada en 1945, fue criticada en estos pagos por sus argentinismos y la de Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde (1976), por sus errores. Existe una tercera, del catedr\u00e1tico Francisco Garc\u00eda Tortosa (1999). \u00abLas tres son complementarias, porque no hay ninguna libre de equivocaciones\u00bb, precisa Juli\u00e1n R\u00edos. Similares problemas han sufrido tambi\u00e9n las traducciones al franc\u00e9s.<br \/>\n    Para el escritor, lo \u00fanico negativo en torno a la obra de Joyce es la \u00abdisneyizaci\u00f3n\u00bb del Bloomsday, con sus 10.000 desayunos en Dubl\u00edn y su transformaci\u00f3n en reclamo tur\u00edstico. Ir\u00f3nico final para una obra que fue censurada por obscena y no vio la luz en el Reino Unido hasta 14 a\u00f1os despu\u00e9s de su publicaci\u00f3n (1.000 ejemplares) en Par\u00eds.<\/p>\n<p>EL NIETO DE JOYCE SE OPONE A LA FIESTA<br \/>\nEuropa celebra el centenario del Bloomsday<\/p>\n<p>AGENCIAS<br \/>\nDUBL\u00cdN\/MADRID.- Joyce situ\u00f3 en un solo d\u00eda, el 16 de junio de 1904, toda la acci\u00f3n de \u0091Ulises\u0092, su obra m\u00e1s voluminosa, que le consagr\u00f3 como uno de los grandes escritores de todos los tiempos. Ahora se cumplen 100 a\u00f1os de aquel Bloomsday y los &#8216;joyceanos&#8217; de todo el mundo lo celebran con numerosos y muy dispares actos conmemorativos.<br \/>\nQuerido Marichalar&#8230;<br \/>\n    En Espa\u00f1a, el C\u00edrculo de Bellas Artes de Madrid celebra el centenario con una exposici\u00f3n titulada \u0091James Joyce y Espa\u00f1a\u0092, que busca precisamente sacar a la luz los aspectos m\u00e1s relevantes de la relaci\u00f3n del autor irland\u00e9s con Espa\u00f1a (a Molly Bloom la hizo nacer en Gibraltar, de madre espa\u00f1ola) y con sus escritores, y la correspondencia que el cr\u00edtico Antonio Marichalar, autor del primer gran art\u00edculo sobre Joyce en Espa\u00f1a, mantuvo con \u00e9l y con su editora en Par\u00eds, Sylvia Beach. La exposici\u00f3n ha contado con el patrocinio de la Fundaci\u00f3n Winterthur, cuyo presidente, Jaime de Marichalar, duque de Lugo, acudi\u00f3 a la presentaci\u00f3n.<br \/>\n    El ex director del C\u00edrculo de Bellas Artes, C\u00e9sar Antonio Molina, actualmente responsable del Instituto Cervantes, destac\u00f3 que esta exposici\u00f3n, que se une a las dem\u00e1s celebraciones programadas en diferentes partes del mundo, reivindica \u0093la labor de Antonio Marichalar y la relaci\u00f3n e uno de los m\u00e1s grandes escritores de siempre con Espa\u00f1a, no s\u00f3lo a trav\u00e9s de Galicia, sino tambi\u00e9n de la lengua espa\u00f1ola\u0094. Casi todo el material que se exhibe en la exposici\u00f3n, a\u00f1adi\u00f3 Molina, se muestra por primera vez, y buena parte de \u00e9l ha sido prestado por la Academia de la Historia, a la que fue cedido por Marichalar.<br \/>\nLas quejas del nieto de Joyce<br \/>\n    Por su parte, los irlandeses celebran el centenario Bloomsday gracias a que el Ministerio de Turismo y Deportes se ha volcado para organizar un festival conmemorativo que comenz\u00f3 en abril y finalizar\u00e1 en agosto, con casi 100 eventos para homenajear al escritor m\u00e1s famoso de Irlanda. Pues desde hace unos pocos a\u00f1os est\u00e1 \u0093prohibido\u0094 en Irlanda despotricar ?uno se arriesga a que lo acusen de herej\u00eda- contra uno de los grandes s\u00edmbolos nacionales y, junto a la cerveza Guinness, el m\u00e1s rentable para el turismo de la isla.<br \/>\n    Sin embargo, a punto ha estado de aguar la fiesta el nieto de Joyce, Stephen, amenazando con llevar ante los tribunales a quienes osasen leer pasajes de \u0091Ulises\u0092 durante el Bloomsday sin pagar elevadas cantidades de dinero por los derechos de autor. Pero al rescate acudieron el Gobierno irland\u00e9s y el Parlamento nacional en pleno, que reformaron urgentemente a principios de este mes la legislaci\u00f3n de la Uni\u00f3n Europea en materia de propiedad intelectual de 1995, seg\u00fan explic\u00f3 Laura Weldon, la coordinadora de los festejos el centenario.<br \/>\n    Los seguidores del escritor no olvidar\u00e1n, sin embargo, que sus primeras celebraciones eran casi clandestinas hace unos 50 a\u00f1os, cuando el rebelde Joyce estaba a\u00fan visto con cierto recelo por los grupos m\u00e1s poderosos del pa\u00eds, los fundadores de la patria y la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>UN NI\u00d1O SOLITARIO QUE LLEG\u00d3 A HABLAR 17 IDIOMAS<br \/>\nJoyce, la vida detr\u00e1s de la obra<\/p>\n<p>ESTHER L.CALDER\u00d3N<br \/>\nEl \u0091Ulises\u0092 de James Joyce es uno de los libros clave en la revoluci\u00f3n de la novela en el siglo XX. Inspirada en la \u0091Il\u00edada\u0092 de Homero, propone una combinaci\u00f3n de las tradiciones literarias del realismo, el naturalismo y el simbolismo plasm\u00e1ndolos en un estilo y una t\u00e9cnica novedosos. Fue la inauguraci\u00f3n por todo lo alto de otro modo de narrar. Acompa\u00f1ado de cr\u00edticas y elogios, hoy se cumplen 100 a\u00f1os de uno de los paseos m\u00e1s emblem\u00e1ticos de la literatura universal.<br \/>\n    El propio Joyce explicar\u00eda el prop\u00f3sito de su libro: \u00abEs la epopeya de dos razas (Israel &#8211; Irlanda) y al mismo tiempo el ciclo del cuerpo humano y tambi\u00e9n el de una peque\u00f1a historia de una jornada. La figura de Ulises me ha fascinado siempre desde ni\u00f1o. Comenc\u00e9 a escribir un relato para Dublineses hace 15 a\u00f1os pero lo dej\u00e9 (&#8230;) Tambi\u00e9n es una especie de enciclopedia. Mi intenci\u00f3n es la de no s\u00f3lo presentar el mito \u0091sub specie temporis nostri\u0092, sino tambi\u00e9n que cada aventura (es decir, cada hora, cada \u00f3rgano, cada arte conectados y fundidos en el esquema som\u00e1tico del conjunto) condicione o, mejor dicho, cree su propia t\u00e9cnica\u00bb.<br \/>\n    \u00c9sa era la idea mental del creador, pero habr\u00e1 que esperar a 1922 para que por fin \u0091Ulises\u0092 vea la luz. El mundo de las letras frunce el entrecejo con extra\u00f1eza, se encoge de hombros o agranda los ojos de asombro y cierta envidia. La t\u00e9cnica novedosa en la que est\u00e1 escrito, llamada mon\u00f3logo interior, es la culpable de tanto revuelo y tanta relectura de p\u00e1rrafo.<br \/>\nMon\u00f3logo interior y censura<br \/>\n    Leopold Bloom, protagonista de la novela, es una mente que se \u0091derrama\u0092 en los sucesivos cap\u00edtulos. Ese 16 de junio de 1904 o Bloomsday, (se llama as\u00ed en alusi\u00f3n a Leopold Bloom, y al Doomsday, o d\u00eda del Juicio Final) Leopold deambula junto a Stephen Dedalus por las calles de un Dubl\u00edn de bruma y gentes. El h\u00e9roe griego de Homero ha mutado en un hombre errante, rodeado por las multitudes pero siempre solo. La ciudad le atrae y le repele. Todo es amenazante.<br \/>\n    Los estados de \u00e1nimo, las asociaciones de ideas, las impresiones, los temores&#8230; todo eso que se pasa por la mente y que pocas veces se dice en alto es el vanguardista modo de narrar al que Joyce invita en su particular \u0091Ulises\u0092. Invita pero no lo pone f\u00e1cil. Leer tanta conciencia a borbotones requiere paciencia y esmero. Como trasfondo del libro, caos en la mente es directamente proporcional a caos en la sociedad moderna.<br \/>\n    Pero llegar publicarlo no fue un camino f\u00e1cil. A finales de 1917, Joyce cre\u00eda tener el libro casi terminado y se propuso publicarlo por entregas, con el doble objetivo de ganar algo de dinero y de imponerse un ritmo de trabajo para terminar la obra de acuerdo con unos plazos impuestos. Entr\u00f3 en escena Harriet Shaw Weaver, editora de la revista londinense \u0091The Egoist\u0092, que desde 1914 fue publicando \u0091Retrato de un joven artista\u0092. Pero el puritanismo de Gran Breta\u00f1a y EEUU no pod\u00edan aceptar las vulgaridades y bajas pasiones de los personajes de \u0091Ulises\u0092 y la obra fue censurada y quemada. S\u00f3lo se publicaron algunos cap\u00edtulos, y con cortes. Hubo que esperar hasta 1936 para adquirirlo en Reino Unido.<br \/>\nObra, complejidad en aumento<br \/>\n    Hijo de un recaudador de impuestos (y se dice que con la mejor voz de tenor de la Irlanda de la \u00e9poca), Joyce naci\u00f3 en Dubl\u00edn el 2 de febrero de 1882. Fue un ni\u00f1o muy observador y ausente entre nueve hermanos. Educado en los jesuitas, rompi\u00f3 con la Iglesia cat\u00f3lica en la universidad, donde ya escrib\u00eda asiduamente. En 1904 abandon\u00f3 Dubl\u00edn con Nora Barnacle, una camarera semianalfabeta y dos a\u00f1os menor que \u00e9l, con la que acab\u00f3 cas\u00e1ndose y teniendo dos hijos, llamados Giorgio y Luc\u00eda Ana.<br \/>\n    Viaj\u00f3 por toda Europa y vivi\u00f3 en Trieste, Par\u00eds y Z\u00fcrich, siempre con escasos recursos por su trabajo como profesor de ingl\u00e9s. Joyce conoc\u00eda bien el italiano y 17 idiomas m\u00e1s, entre antiguos y modernos, incluso el griego, el s\u00e1nscrito y el \u00e1rabe. Un tiempo despu\u00e9s, sufre su primer ataque de iritis, grave enfermedad de los ojos que casi le llev\u00f3 a la ceguera.<br \/>\nSu primer \u00e9xito literario, apenas con 18 a\u00f1os, le vino de la mano de un art\u00edculo titulado &#8216;El nuevo drama de Ibsen&#8217;, publicado en una revista londinense. Sin embargo, su primer libro (que contiene 36 poemas de amor) no llegar\u00e1 hasta 1907, con el titulo \u0091M\u00fasica de c\u00e1mara\u0092. En su segunda obra, un libro de 15 cuentos titulado \u0091Dublineses\u0092, narra episodios cr\u00edticos de la infancia y adolescencia en una familia media de Dubl\u00edn. Su primera novela, \u0091Retrato del artista adolescente\u0092 ten\u00eda un talante muy autobiogr\u00e1fico. En ella aparece ya el conocido personaje Stephen Dedalus, a partir del cual recrea su juventud y vida familiar. Tambi\u00e9n de esta \u00e9poca data su obra de teatro \u0091Exiliados\u0092.<br \/>\n    Se dice que no se enter\u00f3 en Z\u00fcrich de que estallaba la guerra y de que era considerado un enemigo, porque estaba inmerso, precisamente, en la escritura del \u0091Ulises\u0092. Sin embargo, la complejidad de sus escritos fue a\u00fan en aumento. En \u0091Finnegans wake\u0092, su \u00faltima y m\u00e1s laber\u00edntica obra, llev\u00f3 la experimentaci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica al l\u00edmite, escribiendo en un lenguaje que combina el ingl\u00e9s con palabras procedentes de otros idiomas.<\/p>\n<p>Pinta de culto<br \/>\nBeber para contarlo. Cien referencias a la cerveza en el &#8216;Ulises&#8217; de James Joyce, tantos como los a\u00f1os que la ficci\u00f3n cumple el mi\u00e9rcoles (16 de junio 1904 y el siglo de la Cruzcampo, Guinness local<\/p>\n<p>Diario de Sevilla (12\/VI\/04, p\u00e1gs 54-55)<br \/>\nSEVI LLA.<br \/>\nFrancisco Correal<br \/>\nDesde BM en el primer cap\u00edtulo hasta MB en el \u00faltimo. Cien referencias expl\u00edcitas -las impl\u00edcitas ser\u00edan incontables- a la cerveza en el Ulises de James Joyce, tantas como los a\u00f1os que el mi\u00e9rcoles se cumplen de aquel 16 de junio de 1904 en el que transcurre la acci\u00f3n; tantas como los a\u00f1os pasados desde que se fund\u00f3 en Sevilla la Cruzcampo. Una especie de sucursal dublinesa, ya que un siglo despu\u00e9s ejerce la distribuci\u00f3n para Espa\u00f1a de la marca Guinness, la marca m\u00e1s nombrada a lo largo del libro, la cervecera en cuya destiler\u00eda trabaj\u00f3 John Stanislaus Joyce y quiso colocar como oficinista a su hijo, el novelista, que declin\u00f3 la invitaci\u00f3n. El padre de Joyce fue adversario pol\u00edtico de Arthur E. Guinness, un industrial cervecero que encabezaba las listas del partido conservador en los comicios irlandeses.<br \/>\n    La profesi\u00f3n del h\u00e9roe de la ficci\u00f3n, Leopold Bloom, es la de agente publicitario, la misma que desempe\u00f1\u00f3 en la realidad el padre del novelista. Por las p\u00e1ginas del Mises corre a espuertas la cerveza: desde la invitaci\u00f3n inici\u00e1tica de Buck Mulligan, el orondo Mulligan, a cogerse una gloriosa borrachera que asombre a los dru\u00eddicos druidas hasta el compromiso de Molly Bloom en su insuperable mon\u00f3logo para reducir su adicci\u00f3n: \u00ab&#8230; la barriga la tengo un poco gorda tendr\u00e9 que dejar la cerveza negra en las cenas&#8230;\u00bb.<br \/>\n    Cerveza bebida, cantada, invocada, pagada, cobrada, meada, transportada, sonada, vomitada, aludida, eludida. Cerveza y m\u00e1s, cerveza, incluso cerveza cotizada, \u00ab&#8230;por cierto, las acciones preferentes de Guinness est\u00e1n a diecis\u00e9is y tres cuartos\u00bb. Cerveza con la que los parroquianos brindan \u00abpor los ca\u00eddos\u00bb, \u00abpor la destrucci\u00f3n de sus adversarios\u00bb, incluso por alg\u00fan personaje hist\u00f3rico: \u00ab&#8230; estaba justamente bebiendo lo que me quedaba de la pinta cuando me veo al paisano levantarse e ir naneando para la puerta, boqueando y resoplando con hidropes\u00eda y maldiciendo las entra\u00f1as de Cromwell\u00bb.<br \/>\n    Aparecen espor\u00e1dicos elogios al hombre abstemio, condici\u00f3n esencial para ser un buen tenor -Bloom sale de una de las muchas tabernas cantando Don Giovanni mientras ayuda a cruzar  la calle a un ciego-, o un abstemio evocado con retint\u00edn. \u00abYo soy abstemio. No tomo nada entre bebidas\u00bb. Lo reivindica Molly Bloom cuando sue\u00f1a con un mundo \u00abgobernado por las mujeres\u00bb, frente al var\u00f3n adicto a la pinta, la birra y sus variantes: \u00abQu\u00e9 encontrar\u00e1n para estar de ch\u00e1chara toda la noche tirando el dinero y emborrach\u00e1ndose m\u00e1s y m\u00e1s ya pod\u00edan beber agua\u00bb. Stephen Dedalus, el otro protagonista de la novela, es hidr\u00f3fobo pero no por cervecero: la acci\u00f3n transcurre a mediados de junio y no se ba\u00f1a desde octubre. Beben hasta altas horas: \u00abVaya hora intempestiva, supongo que ahora se acaban de levantar en China\u00bb.<br \/>\n    Un siglo despu\u00e9s del Bloom&#8217;s Day, la llamada sociedad de la informaci\u00f3n, amiga de igualar continentes a costa de rebajar contenidos contenidos, ha conseguido hacer de las artes una variante de la vulgaridad.  Joyce con su libro se propuso -y si no, al menos lo consigui\u00f3- hacer de la vulgaridad una de las bellas artes. En ese proyecto, la presencia casi omnipresente de la cerveza es un paradigma de ese acercamiento entre lo cl\u00e1sico y lo popular. El tirador de cerveza es el mueble que m\u00e1s aparece por las p\u00e1ginas del libro: la tiran sin tirarla y se puede beber oyendo las m\u00fasicas favoritas de Leopold Bloom: Los hugonotes, de Mercadante; Las siete \u00faltimas palabras en la cruz, de Meyerbeer; Duod\u00e9cima misa, de Mozart; el Stabat Mater, de Rossini. Cervezas en la taberna de Davy Byrne, en Connery, en el bar del hotel Ormond, en el pub de Burke o en O&#8217;Rourke. Cien citas cerveceras en novecientas p\u00e1ginas, con gui\u00f1os como ese trueque b\u00edblico del G\u00e9nesis por el Guinness. Los personajes de la novela, los amigos que vienen de enterrar al pobre Paddy Dignam cuya viuda es adicta al jerez, tam-bi\u00e9n beben otras cosas: ginebra de endrina, gaseosa, oporto, limonada. \u00abQue sea media, Terry, dice John Wise, y un arribalasmanos\u00bb.<br \/>\n    Se dice que si un terremoto destruyera Dubl\u00edn, la ciudad se podr\u00eda reconstruir a trav\u00e9s del Ulises. Y fuentes esenciales de ese rescate literario serian esos santuarios de la pinta a la que renuncia la ni\u00f1a (Molly Bloom). \u00abBuen l\u00edo ser\u00eda c\u00f3mo cruzar Dubl\u00edn sin pasar por una taberna\u00bb. Cerveza a la que \u00ab acompa\u00f1an cecina con col, asado con pur\u00e9, solomillo de vaca, los ri\u00f1ones que forman la dieta de Leopold Bloom o las \u00f1oras picantes que parece un gui\u00f1o vegetal del traductor, Francisco Garc\u00eda Tortosa, a La \u00d1ora, pueblo de la huerta murciana en el que vino al mundo.<br \/>\n    Una antolog\u00eda de la cerveza. L: tratado sobre la publicidad. Un cat\u00e1logo de inventos para el d\u00eda despu\u00e9s -ata\u00fad con tel\u00e9fono, tranv\u00edas funerarios en Dubl\u00edn como los de Mil\u00e1n-. Un estudio sobre las cebollas. Una gu\u00eda para ganar las apuestas en las carreras de caballos. Todo eso y mucho m\u00e1s es el Ulises. Tambi\u00e9n una antolog\u00eda de la cerveza y un alegato a favor de la espa\u00f1olidad del pe\u00f1\u00f3n de Gibraltar. El nuevo ministro de Asuntos Exteriores deber\u00eda llevar a Downing Street esa novela como prueba fehaciente de Derecho, m\u00e1s rigurosa que el Tratado de Utrecht que certifica la propiedad de los ingleses, texto que seg\u00fan Juan de Mata Carriazo ten\u00eda un defecto de forma.<br \/>\n    Cerveza por los ca\u00eddos, por los vivos de Parnell, por los muertos de Cronwell. Hasta en el cap\u00edtulo m\u00e1s complejo, Los bueyes del Sol, homenaje cr\u00edptico a Cervantes de quien se considera deudor de Shakespeare, hay una menci\u00f3n nominal cuando en un castillo que alguien tom\u00f3 por venta presenta junto al Falso Hidalgo a otros caballeros: el se\u00f1or Ponerreparos, el se\u00f1or Devezenvez, el se\u00f1or Empinacerveza. De la gastronom\u00eda quijotesca, Joyce menciona el pisto \u00abmadrile\u00f1o\u00bb -querr\u00eda decir manchego- y las gachas, aunque \u00e9stas aparecen en un contexto irrepetible fuera  de las p\u00e1ginas del Ulises. Sordo Pat, pon la pen\u00faltima.<\/p>\n<p>\u00a1Ay, lo pasaremos muy divertido, bebiendo g\u00fcisqui, cerveza y vino! \u00a1El d\u00eda de la coronaci\u00f3n!<br \/>\n CAP\u00cdTULO PRIMERO<br \/>\n-Qu\u00e9 piensas de Hamlet?&#8230; No podr\u00edas explicarlo con menos de tres cervezas.<br \/>\nCAP\u00cdTULO PRIMERO<br \/>\nPor la rejilla del s\u00f3tano sub\u00eda el flojo borbot\u00f3n de cerveza negra<br \/>\n CAPITULO PRIMERO<br \/>\n-\u00bfCu\u00e1nto se amasar\u00eda con los posos de la cerveza negra al mes? Digamos cien barriles de mercanc\u00eda<br \/>\nCAP\u00cdTULO CUARTO<br \/>\nDos peniques por pinta, cuatro peniques por cuarto, ocho peniques por gal\u00f3n de cerveza. S\u00ed, exactamente, quince millones de barriles de cerveza negra<br \/>\nCAP\u00cdTULO QUINTO<br \/>\nCarreteros de botas enormes sacaban rodando barriles retumbantes de los almacenes Prince y los colocaban con un chocazo en el carro de la cervecera CAP\u00cdTULO S\u00c9PTIMO<br \/>\nNuestros ancianos antepasados, como podemos leer en el primer cap\u00edtulo del Guinness, ten\u00edan debilidad por las correnteras<br \/>\nCAP\u00cdTULO S\u00c9PTIMO<br \/>\nUn bej\u00edn de humo empenach\u00f3 el parapeto. Gabarra de la cervecera<br \/>\n CAP\u00cdTULO OCTAVO<br \/>\nSer\u00eda interesante alg\u00fan d\u00eda conseguir un pase a trav\u00e9s de Hancock para ver la cervecera. Un mundo en miniatura<br \/>\n CAPITULO OCTAVO<br \/>\n(Las ratas) beben hasta que se les hincha la barriga tanto como un collie flotando. Borrachas como cubas con la cerveza negra<br \/>\nCAP\u00cdTULO OCTAVO<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 tomo ahora ? Sac\u00f3 el reloj. Vamos a ver. \u00bfCerveza con gaseosa?<br \/>\nCAP\u00cdTULO OCTAVO<br \/>\nMuchas atractiv\u00edsimas y entusiastas mujeres tambi\u00e9n se suicidan apu\u00f1al\u00e1ndose, ahog\u00e1ndose, bebiendo \u00e1cido pr\u00fasico, ac\u00f3nito, ars\u00e9nico, abri\u00e9ndose las venas, rehusando comer, arroj\u00e1ndose bajo una apisonadora, desde lo alto de la columna de Nelson, a la gran cuba de la cervecera Guinnes<br \/>\nCAP\u00cdTULO DECIMOQUINTO<br \/>\nMe sentar\u00e9 en la otomana de tu lomo por las ma\u00f1anas despu\u00e9s de desayunarme a lo grande con unas lonchas gruesas de jam\u00f3n de Matterson y una botella de cerveza negra de Guinness (eructa). Y me fumar\u00e9 un buen puro de jugador de Bolsa<br \/>\nCAP\u00cdTULO DECIMOQUINTO<br \/>\nMuri\u00f3 de una cogorza espantosa, remat\u00f3 Buck Mulligan. Dos pintas de cerveza son un plato de reyes<br \/>\nCAP\u00cdTULO NOVENO<br \/>\nLenehan segu\u00eda bebiendo y sonre\u00eda bobaliconamente a<br \/>\nSu cerveza empinada y a los labios de Miss Douce que medio tarareaban, entreabiertos, la canci\u00f3n del oc\u00e9ano&#8230;<br \/>\n CAPITULO UND\u00c9CIMO<br \/>\nBebieron cerveza negra fresca. \u00bfSab\u00eda ella adonde iba el virrey? Y oyeron acerocascos cascosonantes. No, no sabr\u00eda decir. Pero vendr\u00eda en el peri\u00f3dico CAPITULO UND\u00c9CIMO<br \/>\nQuebr\u00f3 por la friolera diez mil libras. Ahora est\u00e1 en el asilo Iveagh&#8230; La cerveza Bass tuvo la culpa<br \/>\n CAP\u00cdTULO UND\u00c9CIMO<br \/>\nLo cierto es que Terry trajo las tres pintas que Joe pagaba<br \/>\nCAP\u00cdTULO DUOD\u00c9CIMO<br \/>\nCon una mona morrocotuda ah\u00ed en una tabernucha de Bride Street despu\u00e9s de la hora de derrefornicando con dos pingos y un mat\u00f3n al acecho, bebiendo cerveza negra en tazas de t\u00e9<br \/>\n CAP\u00cdTULO DUOD\u00c9CIMO<br \/>\nTerence O&#8217;Ryan le oy\u00f3 y al momento le trajo una copa de cristal llena  de espumosa cerveza color \u00e9bano que los nobles gemelos Tavernariveaghy Tabernerardilaun elaboran sin cesar en sus divinas cubas&#8230; Ellos acumulan las suculentas flores del l\u00fapulo y las amasan y criban y molduran y cuecen y mezclan todo eso con jugos amargos y llevan el mosto al fuego sagrado&#8230; CAPITULO DUOD\u00c9CIMO<br \/>\nEstaba que me mor\u00eda por esa pinta. Le juro que era capaz de o\u00edrla cuando me ca\u00eda en el est\u00f3mago haciendo clac.<br \/>\nCAP\u00cdTULO DUOD\u00c9CIMO<br \/>\nElev\u00f3 sus toscas grandes musculosas y forzudas manos el cubilete de fuerte cerveza oscura espumosa y, profiriendo la llamada tribal, bebi\u00f3 por la destrucci\u00f3n de sus adversarios.<br \/>\nCAP\u00cdTULO DUOD\u00c9CIMO<br \/>\nTuvimos relaciones comerciales con Espa\u00f1a y con los franceses y con los flamencos antes de que esos chuchos (los ingleses) nacieran, cerveza espa\u00f1ola en Galway.<br \/>\nCAP\u00cdTULO DUOD\u00c9CIMO<br \/>\nY va y se escabulle con sus cinco soberanos sin invitar a una pinta siquiera como un hombre<br \/>\nCAP\u00cdTULO DUOD\u00c9CIMO<\/p>\n<p>Bloomsday<\/p>\n<p>Diario de Sevilla (15\/VI\/04)<\/p>\n<p>Eduardo Jord\u00e1<br \/>\nEl 16 de junio de 1904 fue un jueves soleado en Dubl\u00edn. Soplaba una brisa suave y\u0097cosa rara\u0097no cay\u00f3 una gota de lluvia en todo el d\u00eda. Contra  todo pron\u00f3stico, un caballo llamado Throwaway gan\u00f3 la carrera m\u00e1s importante del hip\u00f3dromo. Y un joven de 22 a\u00f1os se cit\u00f3 por primera vez con una camarara que trabajaba en un hotel de Nassau Street.  Los dos, que se hab\u00edan conocido muy poco tiempo antes, anduvieron un rato por la ciudad y despu\u00e9s, al atardecer, fueron a dar un paseo cerca del mar. Y all\u00ed, en un promontorio de Sandymount, los dos hicieron por primera vez el amor (aunque hay quien dice que no llegaron a tanto). El joven era pobre y orgulloso, ten\u00eda una buena voz de tenor y se llamaba James Joyce. La chica\u0097que era guapa, ten\u00eda mucho sentido del humor y odiaba la literatura\u0097se llamaba Nora Barnacle.<br \/>\n    En recuerdo de ese jueves venturoso, James Joyce situ\u00f3 la acci\u00f3n de su novela m\u00e1s famosa, Ulises, ese mismo 16 de junio de 1904 (ma\u00f1ana se cumple un siglo). Los protagonistas no son una pareja que se cita por primera vez, sino un jud\u00edo melanc\u00f3lico y cornudo llamado Leopold Bloom, que desayuna ri\u00f1ones de cerdo y se regodea observando el trasero de las criadas bonitas,  un joven que sue\u00f1a con ser escritor, de nombre Stephen Daedalus, que malvive dando clases en un colegio de jesuitas. Y en el trasfondo aparece la casquivana mujer de Bloom, que quiere reanudar su carrera de cantante y se ve a escondidas con un engre\u00eddo empresario musical que lleva guantes de piel de cabritilla. A lo largo de la novela, Bloom y Daedalus deambulan por las calles de Dubl\u00edn, van aun cementerio, se meten en tabernas y burdeles, conversan, beben cerveza y vino, escuchan, miran las calles y se aburren. Y ya de madrugada, terminan tomando una taza de cacao en casa de Bloom. A eso de las tres de la noche, \u00e9ste se mete en su cama y se queda dormido al lado de Molly. Y Molly se entrega a un duermevela que ha quedado recogido en el mon\u00f3logo m\u00e1s famoso de la literatura del siglo XX.<br \/>\n    Muy pocos dublineses han le\u00eddo el Ulises, que ser\u00eda la m\u00e1s grande novela del siglo XX si tuviera doscientas p\u00e1ginas menos, pero los personajes de Molly Bloom y Daedalus poseen tanta verdad humana que se han convertido en arquetipo de su ciudad.  De alguna manera, Dubl\u00edn ya no es m\u00e1s que un escenario de esa novela, un pretexto, un mero decorado para unos seres que jam\u00e1s la llegaron a pisar. Por uno de esos milagros que ocurren de tarde en tarde, unos personajes de ficci\u00f3n han usurpado el territorio de la realidad y se lo han apropiado por completo. Muy poca gente entra en el pub de Davy Byrne sin saber que all\u00ed se tom\u00f3 Bloom un s\u00e1ndwich de gorgonzola, acompa\u00f1ado por un vaso de borgo\u00f1a, que le produjo cierto desarreglo g\u00e1strico. Y muy poca gente, aunque no sepan nada del Ulises, puede caminar frente a la torre Martello sin enterarse de que all\u00ed se inicia la novela, a las ocho de la ma\u00f1ana, cuando el gordo Buck Mulligan sube a la plataforma superior de la torre para afeitarse. No conozco otro caso de la creaci\u00f3n novelesca que haya logrado suplantar a la ciudad real que la inspir\u00f3. Al fin y al cabo, el Ulises no es m\u00e1s que una fr\u00e1gil creaci\u00f3n verbal. Pero Bloom y Molly y Daedalus son mucho m\u00e1s reales que cualquiera de nosotros.<\/p>\n<p>Molly Bloom, entre sue\u00f1os<br \/>\nEl Pa\u00eds (15\/VI\/04) \u00abAndaluc\u00eda, p\u00e1g. 2.<\/p>\n<p>IAN GIBSON<br \/>\n16 de junio de 2004. O sea, ma\u00f1ana. Centenario de la primera cita amorosa de Joyce con quien iba a ser la mujer de su vida. \u00a1Ay, Norah Barnacle, que le perdiste luego cuando ten\u00eda 58 a\u00f1os, t\u00fa que fuiste para \u00e9l amante, madre, confidente, inspiraci\u00f3n, calor, risa, consuelo, alma gemela, quitapenas, iron\u00eda, estrella en su noche oscura (\u0093tranqui, Jim, que no pasa nada, que saldremos del apuro, volveremos a Irlanda unos d\u00edas y compraremos ropa barata en Moore Stret para toda la familia y terminar\u00e1s el libro y ser\u00e1s el escritor m\u00e1s famoso del mundo&#8230;\u00bb)!<br \/>\n    La acci\u00f3n de Ulises \u0097o sea el periplo de un d\u00eda y una noche de Leopoldo Bloom por un Dublin sucio, charlat\u00e1n, bebedor, corrosivo y cachondo mental\u0097 se inicia, como se sabe, en la ma\u00f1ana de dicho 16 de junio \u0097\u00a1vaya homenaje a Norah!\u0097 y termina con el famoso \u00abS\u00ed\u00bb complaciente, escrito con may\u00fascula y seguido de punto final (el \u00fanico del episodio), pronunciado por Molly mientras se mueve entre sue\u00f1os en la cama.<br \/>\n    Si Joyce s\u00f3lo hubiera escrito aquel mon\u00f3logo interior habr\u00eda bastado, seguramente, para que nuca dej\u00e1ramos de agradecer su aportaci\u00f3n a la literatura, es decir a la vida. Cuando la novela se public\u00f3 en Par\u00eds en 1922 fue precisamente tal  secuencia on\u00edrica lo que m\u00e1s escandaliz\u00f3 a los miserables puritanos de siempre, y hubo intervenciones policiales tanto en los puertos brit\u00e1nicos como en los de Estados Unidos para proteger a los buenos burgueses de tanta procacidad y porquer\u00eda. Francia hab\u00eda sido la reponsable, una vez m\u00e1s, de permitir la publicaci\u00f3n de un texto obsceno y vil, y fue objeto, en consecuencia, de la renovada  vituperaci\u00f3n de los fariseos de ultra-Mancha, los mismos que poco tiempo atr\u00e1s hab\u00edan machacado con trabajos forzosos a otro irland\u00e9s genial y subversivo, Oscar Wilde.<br \/>\n    Cuando, all\u00e1 por los a\u00f1os cincuenta, servidor empez\u00f3 sus estudios de espa\u00f1ol en el Trinity College de Dubl\u00edn, Ulises, tres d\u00e9cadas despu\u00e9s de su publicaci\u00f3n, estaba todav\u00eda prohibido en Irlanda \u0097no ya en Gran Breta\u00f1a\u0097 y s\u00f3lo se pod\u00eda conseguir bajo cuerda. Todav\u00eda me produce verg\u00fcenza ajena el recuerdo de aquella afrenta.<br \/>\n    La Irlanda de hoy es bien diferente, y Joyce toda una gloria nacional. La celebraci\u00f3n de Bloomsday va a ser ma\u00f1ana por todo lo alto, y adem\u00e1s coincide con el final de la eficaz presidencia irlandesa de la Uni\u00f3n Europea. En Espa\u00f1a, entre los actos programados, hay que destacar la reposici\u00f3n en Madrid, por Mag\u00fci Mira, de su magn\u00edfica interpretaci\u00f3n del mon\u00f3logo de Molly, tanto m\u00e1s convincente por cuanto \u00e9sta vuelve una y otra vez, mientras sue\u00f1a, al Gibraltar y a la Andaluc\u00eda de su infancia y adolescencia, entrever\u00e1ndose entre sus rememoraciones subliminales  numerosas frases e im\u00e1genes espa\u00f1olas que han sido investigadas, en Sevilla, por el gran experto en Joyce Francisco Garc\u00eda Tortosa. Para los que protestan que Ulises supera sus m\u00e1s fornidos esfuerzos, nada m\u00e1s recomendable que empezar con dicho mon\u00f3logo en la magn\u00edfica traducci\u00f3n de la novela debida al mismo estudioso (editada por C\u00e1tedra). Hacerlo seria la mejor manera posible de honrar al genio dublin\u00e9s en esta fecha tan se\u00f1alada.<\/p>\n<p>El destino en espa\u00f1ol del &#8216;Ulises&#8217;<\/p>\n<p>El Pa\u00eds \u00abBabelia\u00bb (12\/VI\/04, p\u00e1g. 12)<\/p>\n<p>El 16 de junio de 1904, James Joyce dio con Nora su primer paseo nocturno por Dubl\u00edn, que le inspir\u00f3 el recorrido de Leopoldo Bloom para Ulises (1922), jornada conocida como Bloomsday. Un libro que renov\u00f3 la literatura moderna y se convirti\u00f3 en un reto para los traductores. \u00c9sta es la historia de su primera versi\u00f3n en espa\u00f1ol. Por Juan Jos\u00e9 Saer<br \/>\nUna tarde de 1967, el autor de este art\u00edculo asisti\u00f3 a la escena siguiente: Borges, que hab\u00eda viajado a Santa Fe a hablar sobre Joyce, estaba charlando animadamente en un caf\u00e9 antes de la conferencia con un grupito de j\u00f3venes escritores que hab\u00edan venido a hacerle un reportaje, cuando de pronto se acord\u00f3 de que en los a\u00f1os cuarenta lo hab\u00edan invitado a integrar una comisi\u00f3n que se propon\u00eda traducir colectivamente Ulises. Borges dijo que la comisi\u00f3n se reun\u00eda una vez por semana para discutir los preliminares de la gigantesca tarea que los mejores anglicistas de Buenos Aires se hab\u00edan propuesto realizar, pero que un d\u00eda, cuando ya hab\u00eda pasado casi un a\u00f1o de discusiones semanales, uno de los miembros de la comisi\u00f3n lleg\u00f3 blandiendo un enorme libro y gritando: \u00ab\u00a1Acaba de aparecer una traducci\u00f3n de Ulises!\u00bb. Borges, ri\u00e9ndose de buena gana de la historia, y aunque nunca la hab\u00eda le\u00eddo (como probablemente tampoco el original), concluy\u00f3 diciendo: \u00abY la traducci\u00f3n era muy mala\u00bb. A lo cual uno de los j\u00f3venes que lo estaba escuchando replic\u00f3: \u00abPuede ser, pero si es as\u00ed, entonces el se\u00f1or Salas Subirat es el m\u00e1s grande escritor de lengua espa\u00f1ola\u00bb.<br \/>\n    La respuesta sugiere el lugar que ocupaba esa traducci\u00f3n en la cultura literaria de los j\u00f3venes escritores argentinos durante los a\u00f1os cincuenta y sesenta. El libro de 815 p\u00e1ginas fue publicado en 1945 por la editorial Santiago Rueda de Buenos Aires, que public\u00f3 tambi\u00e9n el Retrato del artista adolescente en la traducci\u00f3n de Alfonso Donado (l\u00e9ase D\u00e1maso Alonso). En el cat\u00e1logo de esa editorial figuraban muchos otros nombres excepcionales, como Faulkner, Dos Passos, Svevo, Proust, Nietzsche, para no hablar de las obras comple-tas de Freud en 18 vol\u00famenes, presentadas por Ortega y Gasset. A finales de los a\u00f1os cincuenta, esos libros circulaban copiosamente entre todos aquellos a quienes les interesaban los problemas literarios, filos\u00f3ficos y culturales del siglo XX. Formaban parte de los libros realmente indispensables en cualquier buena biblioteca.<br \/>\n    El Ulises de J. Salas Subirat (la inicial imprecisa le daba al nombre una connotaci\u00f3n misteriosa) aparec\u00eda todo el tiempo en las conversaciones, y sus inagotables hallazgos verbales se intercalaban en ellas sin necesidad de ser aclaradas: toda persona con veleidades de narrador que andaba entre los 18 y los 30 a\u00f1os, en Santa Fe, Paran\u00e1, Rosario y Buenos Aires, los conoc\u00eda de memoria y los citaba. Muchos escritores de la generaci\u00f3n de los cincuenta o de los sesenta aprendieron varios de sus recursos y de sus t\u00e9cnicas narrativas en esa traducci\u00f3n. La raz\u00f3n es muy simple: el r\u00edo turbulento de la prosa joyceana, al ser traducido al castellano por un hombre de Buenos Aires, arrastraba consigo la materia viviente del habla que ning\u00fan otro autor \u0097aparte quiz\u00e1 de Roberto Arlt\u0097 hab\u00eda sido capaz de utilizar con tanta inventiva, exactitud y libertad. La lecci\u00f3n de ese trabajo es clar\u00edsima: la lengua de todos los d\u00edas era la fuente de energ\u00eda que fecundaba la m\u00e1s universal de las literaturas.<br \/>\n    Aunque el hecho de haber sido el primero en algo no debe darle a la haza\u00f1a realizada m\u00e1s m\u00e9rito del que posee intr\u00ednsecamente, es cierto que quien la lleva a cabo se expone a dos peligros que a menudo son las caras de la misma moneda: la cr\u00edtica prejuiciosa y el saqueo. Tal ha sido el destino \u0097que algunos, hay que reconocerlo, se empe\u00f1an desde hace alg\u00fan tiempo en corregir\u0097 del extraordinario trabajo de Salas Subirat. Ser\u00eda inadmisible que quien se abocase a una segunda traducci\u00f3n de Ulises al castellano pretendiese ignorar que existe ya la primera y tal parece haber sido la actitud del profesor Valverde, quien en las 46 p\u00e1ginas de su pr\u00f3logo, rinde un elogio (justificado) a la versi\u00f3n del Retrato por D\u00e1maso Alonso, pero no dice una palabra de la traducci\u00f3n de Salas Subirat, aunque cuando se comparan las dos versiones se entiende a menudo que las opciones de Valverde tienen como \u00fanico justificativo la obsesi\u00f3n de no parecerse a la traducci\u00f3n anterior. Ning\u00fan traductor serio de Ulises puede ya ignorar que existen la primera y la segunda traducci\u00f3n (tal es el honesto principio adoptado por los autores de la tercera, Francisco Garc\u00eda Tortosa y Mar\u00eda Luisa Venegas, y semejante conocimiento implica que esas traducciones funcionar\u00e1n siempre como referencias inevitables. Cuando apareci\u00f3 la de Valverde, en cambio, un clima de desd\u00e9n justiciero daba a entender que la segunda traducci\u00f3n llegaba por fin para reparar la inepcia incalificable de la primera.<br \/>\n    En Internet, que es la patria natural del dislate, entre varias aberracio-nes relativas a la primera versi\u00f3n de Ulises, se menciona tambi\u00e9n el colmo en la materia, producto de una vulgar operaci\u00f3n comercial: la masacre que un tal Chamorro cometi\u00f3 en 1996, corrigiendo \u00abhasta un 50%\u00bb de la versi\u00f3n de Salas Subirat, a la  que acusa de caer, entre otras cosas,\u00bb &#8216;en localismos propios del habla porte\u00f1a\u00bb, como si un ingl\u00e9s de Londres pretendiese traducir los localismos populares de Dubl\u00edn que figuran a granel en el original de Joyce al habla de Oxford. De ese acto de pirater\u00eda, 51  a\u00f1os despu\u00e9s de la aparici\u00f3n del libro en Buenos Aires, hasta quien lo  comenta favorablemente no puede dejar de observar que \u00abes en cierto modo una reedici\u00f3n de la traducci\u00f3n de Salas\u00bb.<br \/>\n    Un trabajo del escritor Eduardo Lago compara las tres verdaderas traducciones  (el acto de vandalismo de Chamorro es juiciosamente descartado), sin otorgarle a ninguna de las tres la etiqueta de perfecta y definitiva, t\u00edtulo por otra parte que ser\u00eda temerario atribuirle a alguna traducci\u00f3n, por excelente que parezca. Con imparcialidad y minucia, comparando diferentes pasajes del texto, Lago verifica en los tres trabajos lo que ya pod\u00eda observarse en los dos primeros, o sea que sus autores resolvieron con menor o mayor acierto las dificultades que se presentaban. El objetivo de una traducci\u00f3n no es exhibir la erudici\u00f3n de su autor, ni su conocimiento del idioma de origen, que son por cierto condiciones necesarias pero no suficientes para emprender el trabajo, sino incorporar un texto viviente a la lengua de llegada. Que cada \u00e9poca, as\u00ed como cada \u00e1rea ling\u00fc\u00edstica, requiera nuevas traducciones de textos cl\u00e1sicos, es evidente, pero el hecho no exige que sea obligatorio denigrar las anteriores.<br \/>\n    Jos\u00e9 Salas Subirat no era ni catal\u00e1n ni chileno como la vaguedad usual de cierto periodismo literario pretendi\u00f3 revelar m\u00e1s de una vez; naci\u00f3 en Buenos Aires el 23 de noviembre de 1900 y muri\u00f3 en Florida, una localidad bonaerense, el 29 de mayo de 1975. Est\u00e1 enterrado en el cementerio de Olivos. Fue autodidacta y trabaj\u00f3, entre otras cosas, como agente de seguros, oficio sobre el que escribi\u00f3 un manual: El seguro de vida, teor\u00eda y pr\u00e1ctica. An\u00e1lisis de la venta, que public\u00f3 en 1944, es decir, un a\u00f1o antes de que saliera la traducci\u00f3n de Ulises. En los a\u00f1os cincuenta public\u00f3 libros de autoayuda, como La lucha por el \u00e9xito y El secreto de la concentraci\u00f3n, y una Carta abierta sobre el existencialismo, que Santiago Rueda incluy\u00f3 en su cat\u00e1logo. Pero hab\u00eda I escrito novelas sociales y art\u00edculos en la prensa anarquista y socialista de los a\u00f1os treinta, y un libro de poemas, Se\u00f1alero.<br \/>\n    De su obra literaria, probablemente la traducci\u00f3n de Ulises sea la m\u00e1s perdurable realizaci\u00f3n. Pero sus libros de autoayuda y su tratado sobre la venta de seguros no resultan ni risibles ni indiferentes para quien ha le\u00eddo a Joyce: Leopold Bloom hubiese podido escribirlos. El primer traductor de Ulises debe haber sentido lo que siente cada lector de verdadera literatura: que el libro que est\u00e1 leyendo habla sobre todo de \u00e9l, del lector, y no de un mundo extranjero y lejano. Esa intensa revelaci\u00f3n ha de haber sido el motor de su trabajo, que le permiti\u00f3 expresar su propia vida a trav\u00e9s de un texto ajeno. Porque algo es seguro: dejando de lado las discusiones te\u00f3ricas y t\u00e9cnicas sobre la traducci\u00f3n, es imposible no reconocer que el mundo de Ulises se parece m\u00e1s al de J. Salas Subirat que al de sus sucesores acad\u00e9micos.<\/p>\n<p>Tras los pasos de M\u00edster Bloom<br \/>\nM\u00c1S DE 10.000 visitantes de todo el mundo recorrer\u00e1n este mi\u00e9rcoles 16 de junio, y vestidos de \u00e9poca, las calles de Dubl\u00edn en homenaje a la jornada que viven los dos personajes de James Joyce, Leopoldo Bloom y Stephen Dedalus, en su m\u00edtica novela Ulises, inspirada en la epopeya hom\u00e9rica. Con m\u00e1s entusiasmo que en a\u00f1os anteriores, ir\u00e1n por calles, museos, pubes y restaurantes, y recordar\u00e1n al M\u00edster Bloom que degust\u00f3 en Madrid tambi\u00e9n se ha unido al Bloomsday. El C\u00edrculo de Bellas Artes ha programado actos desde el pasado 2 de junio, d\u00eda en el que Sanch\u00eds Sinisterra dirigi\u00f3 el \u00faltimo cap\u00edtulo de Ulises, Molly Bloom. Hasta el 31 de julio expone la Sala Juana Mord\u00f3 una muestra dedicada a la relaci\u00f3n de James Joyce con Espa\u00f1a, con art\u00edculos, libros, correspon-dencia, fotograf\u00edas y material audiovisual. El ciclo de cine Irlanda, Irlanda, que concluye ma\u00f1ana, proyecta a las 17.30, 19.45 y 22.00 Dublineses, de John Huston, e Innisfree, de Jos\u00e9 Guer\u00edn. El lunes 14 de junio se celebrar\u00e1n las lecturas dramatizadas, Bloom a Day, dirigidas por Denis Rafter en las que actores espa\u00f1oles e irlandeses leer\u00e1n fragmentos de Ulises. c. B .<\/p>\n<p>Un siglo de modernidad (literaria)<\/p>\n<p>El Pa\u00eds \u00abBabelia\u00bb (12\/VI\/04, p\u00e1g. 13)<br \/>\nConsiderada como uno de los pilares de la novela del siglo XX, por su renovaci\u00f3n literaria en fondo y forma, Ulises se ha convertido en un mito para escritores y lectores. Inspirada en la epopeya hom\u00e9rica, cada primer acercamiento a esta obra se convierte en una experiencia memorable. Por Marta Pesarrodona<\/p>\n<p>Hay obras que se parecen m\u00e1s a la historia de una literatura de un periodo determinado que, simplemente, a una obra singular, ya sea una novela, ya un ensayo, ya un libro de poemas. He le\u00eddo en alguna parte y hace mucho tiempo que, all\u00e1 por los a\u00f1os veinte, alguien de Revista de Occidente mand\u00f3 un telegrama a otro de sus componentes, anunci\u00e1ndole: \u00abYa he le\u00eddo La decadencia de Occidente\u00bb. Naturalmente, se refer\u00eda a la hoy totalmente obsoleta, laus Deo, obra de Osvald Spengler, que caus\u00f3 furor y supuso un peligro en su momento. Este excurso en este a\u00f1o que vamos a celebrar cual irlandeses los cien a\u00f1os del 16 de junio en el que transcurre el gran monumento de la modernidad narrativa que es, sin duda, Ulises de James Joyce, o el d\u00eda de Leopold Bloom, Bloomsday, el semiprotagonista de la novela, no me parece arriesgado creer que todos y cada uno recordamos cu\u00e1ndo y c\u00f3mo le\u00edmos la obra (por no decir c\u00f3mo le perdimos el miedo). Creo que Esther Tusquets (y no lo he cotejado con ella) la ley\u00f3 un verano en la suiza alemana, a peque\u00f1as dosis e, imagino, en la versi\u00f3n latinoamericana que no corr\u00eda (era dif\u00edcil encontrarla, como era dif\u00edcil encontrar obras punteras) por Espa\u00f1a. En mi caso, Ulises est\u00e1 indefectiblemente unida a la figura de quien es su traductor espa\u00f1ol. Naturalmente, me refiero a Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde y sit\u00fao perfectamente el a\u00f1o: 1965. F\u00e1cil si-tuaci\u00f3n si recordamos que fue el a\u00f1o en que expulsaron de la universidad espa\u00f1ola a Tierno Galv\u00e1n, Garc\u00eda Calvo y, en especial, para Valverde, a Aranguren. Por solidaridad con Aranguren, su maestro, Valverde dimiti\u00f3 y sus alumnos (yo era oyente) de est\u00e9tica nos quedamos sin profesor de un curso que se titulaba La est\u00e9tica de Antonio Machado. \u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n puede tener Machado con Joyce? Muy f\u00e1cil: como Valverde era un buen profesor no se limitaba al tema del enunciado y as\u00ed, de repente, pod\u00edamos invertir una clase en una discusi\u00f3n acalorada sobre Ortega y Gasset o sobre cu\u00e1l era el libro que m\u00e1s nos gustaba. Entre los diez alumnos oficiales y oyentes que asist\u00edamos al susodicho seminario, ya no recuerdo por d\u00f3nde iban los tiros. S\u00ed recuerdo, en cambio, que a todos y cada uno de nosotros, al avanzar la obra de nuestra predilecci\u00f3n, Valverde invariablemente nos preguntaba cu\u00e1ntas veces la hab\u00edamos le\u00eddo. Tambi\u00e9n, invariablemente, contestamos que una sola vez. Valverde nos descalific\u00f3 individualmente: s\u00f3lo se puede opinar con propiedad a partir de dos o m\u00e1s lecturas, consejo o mandato que a\u00fan hoy me aplico. Entre aquel reducido alumnado, nadie hab\u00eda le\u00eddo Ulises, pero apareci\u00f3 la obra. El profesor, sigui\u00f3 siendo rotundo: para llegar a ciertas \u00faltimas consecuencias, hab\u00eda que conocer muy bien, naturalmente, la lengua inglesa (yo la desconoc\u00eda, si exceptuaba algunos vocablos de las canciones de los Beatles), algo de ga\u00e9lico irland\u00e9s, lat\u00edn, griego y ya no recuerdo qu\u00e9 m\u00e1s. Por otra parte, era necesario tener una gran familiaridad con la Odisea hom\u00e9rica y con la historia de la literatura (Borges dixit) que es la Biblia. Esta historia de la literatura que los ib\u00e9ricos por cat\u00f3licos siempre tardamos en familiarizarnos, por cierto. Llegados aqu\u00ed, se podr\u00eda creer que las ense\u00f1anzas valverdianas eran un seguro de vida para no leer Ulises. Pues, no. Como en un resquicio se le hab\u00eda escapado al profesor que, para los pobres ignorantes de la lengua inglesa, siempre ten\u00edamos la posibilidad de refugiarnos en la versi\u00f3n francesa, supervisada por el propio Joyce, cual Esther Tusquets pero en la Catalu\u00f1a catalana, en vez de la suiza alemana, aquel verano emprend\u00ed la lectura cap\u00edtulo a cap\u00edtulo de la versi\u00f3n castellana publicada por Rueda y la francesa de Gallimard. A partir de los a\u00f1os setenta, ya emprend\u00ed su lectura en el original a medida que iba metaf\u00f3ricamente aprobando la asignatura inglesa que, para m\u00ed, ha sido totalmente autodidacta. Su lectura, la del Ulises joyciano, a\u00fan hoy, me parece uno de los esfuerzos m\u00e1s gratificantes, en el terreno literario, de mi vida. Tambi\u00e9n, la obra del gran escultor que es el tiempo, me depar\u00f3 ver c\u00f3mo el profesor se doblaba de traductor y aparec\u00eda, precisamente, una versi\u00f3n espa\u00f1ola a cargo de Valverde (1976), versi\u00f3n muy criticada porque si algo hacemos en este pa\u00eds es criticar, en la editorial Lumen, entonces, de Esther Tusquets. El cartero, incluso el literario, siempre llama dos veces y por fortuna el propio Valverde pudo revisar su versi\u00f3n a la luz del texto corregido por Hans Walter Gabler (1986). Al mismo tiempo, aparec\u00eda una espl\u00e9ndida versi\u00f3n catalana de Joaquim Mallafr\u00e9 (1980), quien, creo, tambi\u00e9n ha revisado su versi\u00f3n en sucesivas ediciones. Cuando, por fin, aterric\u00e9 de nuevo en Ulises, despu\u00e9s de Dublineses (atenci\u00f3n: Guillermo Cabrera Infante), Retrato del artista (atenci\u00f3n: D\u00e1maso Alonso), etc\u00e9tera, y sin olvidar Exiliados ni los poemas \u0097\u00bfpodr\u00eda Joyce haber escrito su prosa sin ser un poeta que pesa palabra a palabra?\u0097, las cartas ni los ensayos joycianos (incidentalmente: Joyce no ha tenido suerte con sus bi\u00f3grafos, ni siquiera con Richard Ellmann, o \u00e9ste es mi punto de vista). Hoy por hoy, me confieso a\u00fan en el camino de perfecci\u00f3n, que dir\u00eda un jesu\u00edta, del Finnegans Wake. Pero, en realidad, estamos en junio, y alguien, como Gabriel Ferrater, puede decidir casarse en el Gibraltar a\u00fan no espa\u00f1ol el d\u00eda 16. Lo ideal, naturalmente, ser\u00eda aterrizar en Dubl\u00edn, una ciudad de la que Joyce estaba harto y m\u00e1s harto y la consideraba una ciudad que personificaba el fracaso, el rencor y de la que uno (\u00e9l) deb\u00eda huir, como fue el caso. En Dubl\u00edn \u0097ciudad que adoro, por cierto\u0097, un recorrido posible \u0097tengamos en cuenta que el d\u00eda dura m\u00e1s de seiscientas p\u00e1ginas, lo que da para muchos recorridos\u0097, despu\u00e9s de un desayuno visceral, preferentemente r\u00ed\u00f1ones de cordero a la parrilla, que dan al paladar \u00abun sutil sabor de orina leve-mente olorosa\u00bb (cap\u00edtulo 4), a partir del obelisco Nelson hay que atravesar el r\u00edo Liffey por el puente O&#8217;Connell, pasar junto a una de las universidades medievales del \u00e1rea anglosajona (las otras son Cambridge, Oxford, en Inglaterra, y St. Andrews, en Escocia), es decir, Trinity College, seguir por The Castle, que hoy alberga el Gran Libro de Irlanda, con un papel extra\u00eddo de uno de los \u00e1rboles de la casa en Sligo de W. B. Yeats, para llegar al medio d\u00eda, tomar una copa de borgo\u00f1a en el pub Davy Byrne de Duke Street. Por la tarde, una pinta de cerveza en el hotel Ormond, donde la camareras tentaron a Leopold Bloom en el cap\u00edtulo de las sirenas, as\u00ed como un paso por el Museo nacional, donde, si no recuerdo mal hay abundante obra del padre y hermano, Jack, de Yeats, y la Biblioteca Nacional, donde Stephen D\u00e9dalus departe con Shakespeare  y, en especial, con Hamlet, lo que dio, en su momento, una gran v\u00eda de inspiraci\u00f3n te\u00f3rica a otro Bloom, Harold Bloom, para su Canon Occidental. En su defecto, siempre cabe la posibilidad de descolgarse por Z\u00farich otra ciudad que adoro\u0097 y desayunar las visceras bloomianas en el James Joyce Pub de Pelikanstrasse trasladado madera a madera desde Dubl\u00edn). Para rematarlo, no estar\u00eda mal a media tarde \u0097siempre en Z\u00farich\u0097 pasarse por el cementerio le Fluntern, donde un Joyce algo burl\u00f3n, p\u00e9treo, sentado y con un cigarrillo en la mano, siempre tengo impresi\u00f3n que dialoga con su vecino: Elias Canetti. Pero, en el mejor de los casos, y sin los engorros esperas interminables en los aeropuertos o congestiones letales en as autopistas, siempre podemos quedarnos en el Moratalaz madrile\u00f1o o en la Barceloneta de Barcelona, con un ejemplar de Ulises, y agradecer a Joyce la radical libertad expresiva que nos leg\u00f3 con su obra. As\u00ed que han pasado cien a\u00f1os de aquel 16 de junio de 1904.<\/p>\n<p>Pobre Joyce<\/p>\n<p>ABC. \u00abAlfa y Omega\u00bb. \u00abTelevisi\u00f3n\u00bb 30\/IX\/04, p. 30.<\/p>\n<p>Javier Alonso Sandoica<\/p>\n<p>La 2,  de TVE  tiene por costumbre ofrecernos semanalmente unos trabajos monogr\u00e1ficos bajo el t\u00edtulo de La noche tem\u00e1tica.  Hace poco pudimos ver un reportaje sobre el escritor irland\u00e9s James Joyce.  Confieso que siento una extrema debilidad por Joyce,  al tiempo que una pena primitiva e indefinida. Cuando llega el 16 de Junio de cada a\u00f1o, los irlandeses salen a la calle,  ataviados con trajes de \u00e9poca, para festejar el Bloomsday, el d\u00eda del protagonista de Ulises,  su obra m\u00e1s reconocida .  Este a\u00f1o celebramos el centenario de aquella jornada que se diluye y trasnocha en cerca de 900 p\u00e1ginas. Pero en el reportaje de televisi\u00f3n vimos a un Joyce de barraca de feria, representado en cientos de artistas callejeros que se sirven de la onom\u00e1stica para recitar por la calle, delante de turistas y viandantes perplejos, algunos pasajes de la obra.  Hab\u00eda un prop\u00f3sito en el director del reportajede hablarnos s\u00f3lo de la epidermis del hombre que abandon\u00f3 deliberadamente la fe cat\u00f3lica que recibi\u00f3 de sus mayores, para consagrarse como hombre de letras. \u0093No volver\u00e9 a servir\u0097dijo el escritor irland\u00e9s&#8211;ni a mi hogar, ni a mi familia ni a la Iglesia. Y procurar\u00e9 expresar mi vida como artista, tan libre como pueda, usando en mi defensa las \u00fanicas armas que me puedo permitir usar: el silencio y el exilio\u0094.  Efectivamente, Joyce vivi\u00f3 un exilio interior de por vida, y tambi\u00e9n la soledad, y alcanz\u00f3 un puerto al que nunca pudo arribar con comodidad.  Esto es algo de lo que no se nos hablaba en el reportaje, y que es prioritario para conocer las claves de su literatura.  Si pudo desentenderse de palabra de la fe de sus mayores, no as\u00ed pudo sac\u00e1rsela f\u00e1cilmente del coraz\u00f3n,  por eso en sus obras hay siempre nostalgia de la fe abandonada, como la reminiscencia permanente de un amor perdido.  En Retrato del artista adolescente, hay tanto arrojo de melacol\u00eda,  que el mism\u00edsimo Thomas Merton, despu\u00e9s de leerla detenidamente, decidi\u00f3 convertirse a la fe cat\u00f3lica.  Joyce lleg\u00f3 a sentir el hast\u00edo de la compa\u00f1\u00eda  del hombre.  \u0093Nadie vale nada\u0097dice en Ulises&#8211;, vean comer a las fieras, \u00a1hombres!, \u00a1hombres!, \u00a1hombres! Siento como si me hubieran comido y vomitado\u0094. Todo este dolor escondido en Joyce, que provino de aquel non serviam primero, y que le condujo a una may\u00fascula misantrop\u00eda, qued\u00f3 eclipsado en La noche tem\u00e1tica.  Eso s\u00ed, vimos mucho recitado de Ulises y mucho revuelo en la capital irlandesa, ciudad que ha utilizado el nombre de su autor como atractivo tur\u00edstico. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Blanco Y Negro (ABC) Revista del Domingo (Joly) Leer El cultural El Mundo Diario de Sevilla El Pa\u00eds Babelia Alfa y Omega (ABC) Blanco y Negro Cultural, no. 645 (5 de junio de 2004), p\u00e1gs. 5-8. Ulises, un paseo de cien a\u00f1os Se cumple el centenario del m\u00e1s c\u00e9lebre paseo de la historia de la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_genesis_hide_title":false,"_genesis_hide_breadcrumbs":false,"_genesis_hide_singular_image":false,"_genesis_hide_footer_widgets":false,"_genesis_custom_body_class":"","_genesis_custom_post_class":"","_genesis_layout":"","footnotes":""},"categories":[11],"tags":[],"class_list":{"0":"post-257","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"entry"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/257","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=257"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/257\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":260,"href":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/257\/revisions\/260"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=257"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=257"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/grupo.us.es\/iberjoyce\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=257"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}