{"id":556,"date":"2022-04-18T17:51:13","date_gmt":"2022-04-18T17:51:13","guid":{"rendered":"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/?p=556"},"modified":"2022-07-14T10:38:05","modified_gmt":"2022-07-14T10:38:05","slug":"enfermas-y-cuidadoras-en-tiempos-de-epidemia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/enfermas-y-cuidadoras-en-tiempos-de-epidemia\/","title":{"rendered":"Enfermas y cuidadoras en tiempos de epidemia"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-8f761849 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:66.66%\">\n<p style=\"text-align: justify;\">A finales del siglo XVIII, la inmensa mayor\u00eda de las mujeres permanec\u00eda ajena a los debates ilustrados sobre la naturaleza de los sexos y su implicaci\u00f3n en la reforma social: para ellas, el hogar era el espacio que les pertenec\u00eda en exclusiva y el cuidado de los suyos, su principal misi\u00f3n en la vida. Esta realidad del d\u00eda a d\u00eda era a\u00fan m\u00e1s evidente en \u00e9pocas especialmente cr\u00edticas, como cuando aparec\u00eda un brote epid\u00e9mico, pues entonces se olvidaban por completo de s\u00ed mismas y se volcaban en el cuidado de los dem\u00e1s, sin amedrentarse ante el peligro de contagiarse. As\u00ed sucedi\u00f3, por ejemplo, cuando una <a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/las-epidemias-de-fiebre-amarilla-en-andalucia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">epidemia de fiebre amarilla<\/a> empez\u00f3 a extenderse desde los puertos de C\u00e1diz y Sevilla en el oto\u00f1o del a\u00f1o 1800.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El caso de Villalba del Alcor, en la actual provincia de Huelva, permite constatar la perpetuaci\u00f3n de los roles tradicionales de g\u00e9nero en el modo de abordar la lucha contra el nuevo brote: en aquella ocasi\u00f3n, el ayuntamiento deleg\u00f3 toda su autoridad a comienzos de septiembre en una Junta de Sanidad presidida por el gobernador y compuesta por tres eclesi\u00e1sticos, un abogado, uno de los alcaldes ordinarios y varios vecinos que, \u201cpor su notoria instrucci\u00f3n, buenas ideas y esp\u00edritu patri\u00f3tico\u201d, estaban m\u00e1s cualificados que los capitulares para arbitrar todo lo referente a la salud p\u00fablica. Ni una sola mujer formaba parte de esta junta, como era de esperar, pero todas ellas estar\u00edan sujetas a las disposiciones que se adoptaron, cuya extrema severidad se explica por el recuerdo de epidemias pasadas, que aconsejaba extremar las medidas de precauci\u00f3n para evitar que la villa sucumbiera de nuevo al contagio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para empezar, la Junta estableci\u00f3 una suerte de cord\u00f3n sanitario en torno al caser\u00edo del lugar, con guardias encargados de impedir el acceso a todo caminante o forastero cuyo estado de salud fuera incierto, pero tambi\u00e9n a los vecinos de Villalba que hubieran estado en una poblaci\u00f3n tocada por la fiebre amarilla y, por supuesto, a los mercaderes que acud\u00edan a hacer sus abastos en la villa, lo que, secundado por otras poblaciones del entorno, provoc\u00f3 la airada reacci\u00f3n de las autoridades de Sevilla en cuanto supieron<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">del grav\u00edsimo mal que le amenaza por la imprudente e injusta resoluci\u00f3n que han adoptado los pueblos de la comarca de resistir la entrada indistintamente de todo el que transita de esta ciudad, vaya sano o enfermo, de que ha sido consecuencia el haber empezado a escasear en este d\u00eda el trigo en la Real Alh\u00f3ndiga, de forma que se va queriendo agravar una aflicci\u00f3n con otra, contra todo lo que dicta la raz\u00f3n y el derecho.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque la Real Audiencia amenaz\u00f3 con la multa de 500 ducados a los pueblos que negaran la entrada a los vecinos sanos de Sevilla que fueran a hacer sus abastos, la Junta de Sanidad no cedi\u00f3 un solo \u00e1pice en su lucha por impedir el contagio. En lugar de obedecer la orden de Sevilla, sus miembros dispusieron el establecimiento de un lazareto en la ermita de Santa \u00c1gueda con el fin de recluir en cuarentena a todo aquel que hubiera estado en contacto con las poblaciones afectadas, separando hombres y mujeres, si bien se permiti\u00f3 que los vecinos que pose\u00edan casas en la sierra pasaran la cuarentena en ellas. Mientras tanto, en el interior de la villa se procedi\u00f3 a erradicar cualquier posible fuente de efluvios malignos o miasmas que favorecieran el contagio, y as\u00ed dej\u00f3 de venderse pescado, se limpi\u00f3 el esti\u00e9rcol de las calles, se expuls\u00f3 las piaras de cerdos que normalmente pac\u00edan a su antojo por ellas y se hicieron hogueras en las calles m\u00e1s transitadas por el ganado vacuno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A comienzos de octubre, sin embargo, vino a saberse que la fiebre amarilla se propagaba con la rapidez de un rayo, causando a su paso grandes estragos, por lo que la Junta orden\u00f3 que se cortara definitivamente toda comunicaci\u00f3n con las ciudades de Sevilla y C\u00e1diz, as\u00ed como con los pueblos donde se supiera que hab\u00eda llegado el contagio. El 8 de octubre todas estas medidas se demostraron insuficientes, pues en el cercado de Santa \u00c1gueda fallec\u00eda \u201cde una terciana perniciosa\u201d Mar\u00eda del Amparo Pe\u00f1a, moza soltera, y una semana m\u00e1s tarde lo har\u00eda Jos\u00e9 Mart\u00edn Rodr\u00edguez, alias Labona, quien al parecer hab\u00eda acudido en dos ocasiones a Sevilla para llevar el correo. Las madres de ambos j\u00f3venes, que los hab\u00edan asistido durante la enfermedad, fueron las encargadas de amortajar los cuerpos, abrir sendas fosas y sepultarlos con cal viva, ayud\u00e1ndose de sogas que desde la lejan\u00eda tiraban dos o tres hombres del pueblo; luego hubieron de lavarse con vinagre, hacer sahumerios de romero y prender fuego a la choza en la que hab\u00edan velado a sus hijos. Aquella se convirti\u00f3 en la pauta a seguir cada vez que se verificaba un fallecimiento en cualquiera de los lazaretos, y el papel de las mujeres fue trascendental porque no dudaban en recluirse voluntariamente en aquel cercado para cuidar de sus familiares m\u00e1s cercanos sin importarles el riesgo que ellas mismas corr\u00edan. El n\u00famero de los recluidos, sin embargo, crec\u00eda tanto que pronto se hizo necesario trasladar los centros de cuarentena a zonas menos transitadas, sobre todo el de Santa \u00c1gueda, porque de lo contrario habr\u00eda que extenderlo hacia el Camino Real, \u201cde que se seguir\u00e1 desaz\u00f3n y disgusto a los pasajeros, sobre que han llegado a su merced algunas quejas\u201d. As\u00ed, el lazareto se traslad\u00f3 al sitio que llamaban las Cabrerizas, donde se construyeron chozas para hombres y mujeres, sanos y enfermos, guardando los vientos y distancias oportunas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La gravedad de la situaci\u00f3n era tal que desde Madrid llegaron \u00f3rdenes expl\u00edcitas para que el m\u00e9dico titular se quedara en la villa a tratar a los sanos, mientras otro m\u00e9dico se dedicaba exclusivamente a tratar a los vecinos recluidos en los lazaretos, atendidos por sus madres, esposas o hijas. Para cualquier tipo de consulta entre ambos, el m\u00e9dico del lazareto deb\u00eda plantear sus dudas a gritos desde la distancia y el titular le respond\u00eda por escrito. En estas condiciones, los meses se sucedieron sin que se produjera ninguna mejor\u00eda significativa, hasta que el inusitado fr\u00edo de aquel oto\u00f1o agrav\u00f3 a\u00fan m\u00e1s la situaci\u00f3n y forz\u00f3 nuevas medidas para asegurar el aislamiento del pueblo, como<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">cercar de tapias y vallado de monte todas las bocacalles y salidas del pueblo, a excepci\u00f3n de la del Real por ambos extremos, la de Santa Mar\u00eda y La Fuente y la del Pozo Nuevo [\u2026] y con reflexi\u00f3n a que los vecinos puedan ir ahora misa y recibir los sacramentos en la iglesia del convento de religiosos carmelitas de esta villa, acordaron sus mercedes que en la calleja de la Misericordia y la que baja de dicho convento a la Fuente quede un postigo con su llave para que pueda cerrarse de noche y de d\u00eda est\u00e9n abiertos al cuidado de un guarda que se ponga en el altillo.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con todo, la fortificaci\u00f3n de la villa no garantizaba el absoluto control del vecindario: hab\u00eda muchas familias viviendo en el t\u00e9rmino municipal de las que no se ten\u00eda noticias y algunos vecinos continuaron acudiendo al trabajo a escondidas, sorteando las patrullas de vigilancia apostadas por todo el t\u00e9rmino y desafiando las medidas de seguridad al contactar con personas de poblaciones que se sab\u00eda contagiadas, como Aznalc\u00f3llar, en tanto que muchos de los que permanec\u00edan en la villa, hombres y mujeres por igual, trataron de derribar las tapias reci\u00e9n levantadas en sus calles, tal era la desesperaci\u00f3n que los pose\u00eda al verse completamente aislados e incapaces de acudir a labrar la tierra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como no pod\u00eda ser de otro modo, los estragos que el contagio estaba causando en el reino de Sevilla acabaron por llamar la atenci\u00f3n de Carlos IV y sus ministros, quienes decidieron formar un cord\u00f3n de tropas que impidiera toda comunicaci\u00f3n con los pueblos contagiados desde las inmediaciones de Conil, Vejer de la Frontera, Bornos, Villamart\u00edn, Montellano, Marchena, Carmona, Tocina, Cantillana, Alcal\u00e1 del R\u00edo, Sanl\u00facar la Mayor y toda la margen derecha del Guadalquivir hasta la costa y torre de San Jacinto, frente a Sanl\u00facar de Barrameda. Dentro quedaban todos los pueblos contagiados y algunos otros que, aunque sanos, no pod\u00edan ser excluidos de la demarcaci\u00f3n por su situaci\u00f3n geogr\u00e1fica. Un segundo cord\u00f3n circunvalaba este sector por La Carolina y las dem\u00e1s v\u00edas principales de Andaluc\u00eda, pero los pueblos de la campi\u00f1a onubense no estaban incluidos en \u00e9l. As\u00ed pues, para tratar de reforzar sus defensas frente al contagio, Villalba y otros nueve municipios de la zona formaron una concordia y elaboraron un plan de providencias generales que r\u00e1pidamente obtuvo el visto bueno de la Junta Suprema de la Corte. No contentos con esto, a finales de noviembre solicitaron al Consejo Real que ampliara el cord\u00f3n sanitario dej\u00e1ndolos dentro, aunque manteniendo la comunicaci\u00f3n con Extremadura y los dem\u00e1s pueblos sanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A comienzos de 1801, lo peor hab\u00eda pasado: la Junta de Sanidad de Villalba del Alcor se disolvi\u00f3 al mismo tiempo que la concordia de la campi\u00f1a. Al igual que en brotes anteriores, se desconoce el n\u00famero exacto de las v\u00edctimas que sucumbieron a la fiebre amarilla durante aquellos meses; de lo que no cabe duda, sin embargo, es el papel de las mujeres como principales cuidadoras de los contagiados, atentas a las indicaciones de los dos m\u00e9dicos de la villa y constre\u00f1idas por las mismas limitaciones que el resto del vecindario, pero con un riesgo muy superior por su estrecho contacto con los enfermos. Su labor nunca ser\u00e1 lo suficientemente reconocida.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Autora: <a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/tag\/cristina-ramos-cobano\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Cristina Ramos Cobano<\/a><\/p>\n<hr \/>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><strong>Fuentes<\/strong><\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Expediente de providencias para prevenir el contagio de la epidemia detectada en C\u00e1diz, abierto en Villalba del Alcor en septiembre de 1800. <em>Archivo Municipal de Villalba del Alcor<\/em>, legajo 197, sin foliar.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">N\u00da\u00d1EZ ROLD\u00c1N, Francisco, <em>En los confines del reino: Huelva y su tierra en el siglo XVIII<\/em>, Sevilla, Universidad de Sevilla, 1987.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">RAMOS COBANO, Cristina, <em>Familia, poder y representaci\u00f3n en Andaluc\u00eda: los Cepeda entre el Antiguo y el Nuevo R\u00e9gimen (1700-1850)<\/em>, Tesis doctoral, Universidad de Huelva, 2012.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">RAMOS COBANO, Cristina, <em>Los pueblos de la provincia de Huelva. Historia de sus villas y ciudades. Villalba del Alcor<\/em>, Huelva, Diputaci\u00f3n Provincial de Huelva, 2013.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:33.33%\">        <div class=\"wp-block-visual-portfolio\">\n            \n<div class=\"vp-portfolio vp-uid-e32e59e0 vp-id-Z1fSQmW\"\n    data-vp-layout=\"masonry\" data-vp-items-style=\"emerge\" data-vp-items-click-action=\"popup_gallery\" data-vp-items-gap=\"15\" data-vp-items-gap-vertical=\"\" data-vp-pagination=\"load-more\" data-vp-next-page-url=\"\" data-vp-masonry-columns=\"1\" >\n    <div class=\"vp-portfolio__preloader-wrap\">\n        <div class=\"vp-portfolio__preloader\">\n            <img decoding=\"async\" loading=\"eager\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/plugins\/visual-portfolio\/assets\/images\/logo-dark.svg\" alt=\"Visual Portfolio, Posts &amp; Image Gallery para WordPress\" width=\"20\" height=\"20\" data-skip-lazy>\n        <\/div>\n    <\/div>\n        <div class=\"vp-portfolio__items-wrap\">\n            \n<div class=\"vp-portfolio__items vp-portfolio__items-style-emerge vp-portfolio__items-show-overlay-hover vp-portfolio__items-show-img-overlay-hover\">\n\n        <div class=\"vp-portfolio__item-wrap vp-portfolio__item-uid-e825c1d5\" data-vp-filter=\"\">\n                        <div class=\"vp-portfolio__item-popup\"\n                style=\"display: none;\"\n                data-vp-popup-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/enfermas1.jpg\"\n                data-vp-popup-img-srcset=\"\"\n                data-vp-popup-img-size=\"2340x1653\"\n                data-vp-popup-md-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/enfermas1.jpg\"\n                data-vp-popup-md-img-size=\"2340x1653\"\n                data-vp-popup-sm-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/enfermas1.jpg\"\n                data-vp-popup-sm-img-size=\"2340x1653\"\n            >\n                                    <h3 class=\"vp-portfolio__item-popup-title\">Cordones sanitarios impuestos para combatir la epidemia de 1800; el t\u00e9rmino de Villalba del Alcor, destacado en negro dentro del cord\u00f3n autoimpuesto por la concordia<\/h3>\n                                        <div class=\"vp-portfolio__item-popup-description\">Cordones sanitarios impuestos para combatir la epidemia de 1800; el t\u00e9rmino de Villalba del Alcor, destacado en negro dentro del cord\u00f3n autoimpuesto por la concordia. Expediente de providencias para prevenir el contagio de la epidemia detectada en C\u00e1diz, abierto en Villalba del Alcor en septiembre de 1800. Archivo Municipal de Villalba del Alcor, legajo 197, sin foliar. Fuente: Elaborado por Cristina Ramos Cobano. <\/div>\n                                <\/div>\n                                    <figure class=\"vp-portfolio__item\">\n                \n<div class=\"vp-portfolio__item-img-wrap\">\n    <div class=\"vp-portfolio__item-img\">\n        <a  href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/enfermas1.jpg\" >\n        <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"2340\" height=\"1653\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/enfermas1.jpg\" class=\"wp-image-1029\" alt=\"\" \/>\n        <div class=\"vp-portfolio__item-img-overlay\"><\/div>\n\n        <\/a>    <\/div>\n<\/div>\n\n<figcaption class=\"vp-portfolio__item-overlay vp-portfolio__item-align-center\">\n            <div class=\"vp-portfolio__item-meta-wrap vp-portfolio__custom-scrollbar\">\n            <div class=\"vp-portfolio__item-meta\">\n                \n<h2 class=\"vp-portfolio__item-meta-title\">\n    <a  href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/enfermas1.jpg\" >Cordones sanitarios impuestos para combatir la epidemia de 1800; el t\u00e9rmino de Villalba del Alcor, destacado en negro dentro del cord\u00f3n autoimpuesto por la concordia<\/a><\/h2>\n            <\/div>\n        <\/div>\n    <\/figcaption>\n            <\/figure>\n                    <\/div>\n        \n<\/div>\n        <\/div>\n        \n<\/div>\n        <\/div>\n        <\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A finales del siglo XVIII, la inmensa mayor\u00eda de las mujeres permanec\u00eda ajena a los debates ilustrados sobre la naturaleza de los sexos y su implicaci\u00f3n en la reforma social: para ellas, el hogar era el espacio que les pertenec\u00eda en exclusiva y el cuidado de los suyos, su principal misi\u00f3n en la vida. 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