{"id":3078,"date":"2022-10-14T08:13:29","date_gmt":"2022-10-14T08:13:29","guid":{"rendered":"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/?p=3078"},"modified":"2022-10-14T08:13:29","modified_gmt":"2022-10-14T08:13:29","slug":"mujeres-e-infidelidad-matrimonial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/mujeres-e-infidelidad-matrimonial\/","title":{"rendered":"Mujeres e infidelidad matrimonial"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-9d6595d7 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:66.66%\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos los estamentos esperaron la observancia de la fidelidad matrimonial por parte de <a href=\"http:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/mujer-familia-y-matrimonio-en-la-andalucia-moderna\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">la esposa moderna<\/a>. La legislaci\u00f3n civil, las ense\u00f1anzas morales, el juicio vecinal y, por supuesto, el propio esposo. Tambi\u00e9n se esperaba la contenci\u00f3n extramatrimonial del hombre casado, pero las preocupaciones por las faltas femeninas fueron ciertamente mayores. Esta aseveraci\u00f3n es aplicable a los tres siglos de la edad Moderna, con peque\u00f1os matices, y al conjunto de la Monarqu\u00eda, con similares tonalidades. Pocas diferencias son atribuibles al caso andaluz. Se trata de una preocupaci\u00f3n, por cierto, detectada transversalmente en culturas de todas las \u00e9pocas y de todas las procedencias geogr\u00e1ficas, y ligada por ciertos especialistas a esquemas biol\u00f3gicos creados por la evoluci\u00f3n humana y modelados posteriormente por las diversas formas sociales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La legislaci\u00f3n castellana ya integr\u00f3, en la edad Media, especiales sanciones para la mujer infiel, con la posibilidad extrema de una ejecuci\u00f3n por el esposo enga\u00f1ado de ser descubierta en flagrante delito. La regulaci\u00f3n del Fuero Real que permit\u00eda que \u201c<em>la mujer casada y ad\u00faltera y su c\u00f3mplice sean en poder del marido, para que haga lo que quiera de ellos y de sus bienes<\/em>\u201d (Ley 1, t\u00edt. 7, lib. 4), alcanzar\u00eda tambi\u00e9n a las parejas unidas por esponsales de futuro y por matrimonios inv\u00e1lidos, respectivamente, con sendas leyes del Ordenamiento de Alcal\u00e1 (Ley 1, t\u00edt. 21) y las Leyes de Toro (Ley 81).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La producci\u00f3n eclesi\u00e1stica no logr\u00f3 tales niveles de severidad, pero los reproches morales, siempre presentes en los casos de infidelidad, eran revestidos de mayor dureza contra las infractoras femeninas. A la \u201cdivisi\u00f3n de la carne\u201d se un\u00eda la duda sobre la legitimidad de la descendencia y, por derivaci\u00f3n, el desplazamiento de bienes paternos que deb\u00edan pertenecer, en exclusiva, a los hijos biol\u00f3gicos de ambos c\u00f3nyuges. As\u00ed lo recog\u00eda fray Francisco de Osuna, en su conocido Norte de los estados (1531), animando al menos a la culpable a \u201c<em>que el hijo ad\u00faltero ninguna cosa herede en todo caso, ni de ella, ni tampoco del marido<\/em>\u201d, para solventar en algo el da\u00f1o hecho. El manejo historiogr\u00e1fico de los manuales morales ha llevado, con todo, a una sobrevaloraci\u00f3n de la disparidad de juicio por parte de la Iglesia moderna, manifestando fuentes de otra naturaleza una realidad m\u00e1s variada y, en la pr\u00e1ctica, m\u00e1s igualitaria. Un buen ejemplo es el representado por las disquisiciones del derecho can\u00f3nico sobre el <a href=\"http:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/divorcio-y-nulidad-matrimonial\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">divorcio<\/a>, plasmadas en otras tantas ediciones especializadas: la infidelidad es un causal v\u00e1lido para la separaci\u00f3n, adem\u00e1s de un grave pecado, con independencia del sexo del transgresor. Como resume Juan Evas y Casado en su <em>Teolog\u00eda moral sacramental<\/em>, el derecho asiste por igual a hombres y mujeres -como demandantes de divorcio- porque \u201c<em>ambos igualmente se obligaron a guardarse de justicia la fidelidad<\/em>\u201d, y las valoraciones sociales resultar\u00edan pues irrelevantes (\u201c<em>no puede prevalecer la costumbre en contrario<\/em>\u201d). El estudio de los mismos pleitos de divorcio vendr\u00eda a confirmar esta impresi\u00f3n, con fallos claramente distanciados del sufrimiento que, suponemos, sintieron los maridos enga\u00f1ados: en la Sevilla del siglo XVIII no se sentenci\u00f3 favorablemente ninguna demanda de separaci\u00f3n por infidelidad, ni masculina ni femenina, igualando -por lo bajo- las expectativas de todos los esposos afrentados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, \u00bfpor qu\u00e9 cometieron <a href=\"http:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/la-traicion-conyugal-el-adulterio-en-los-tiempos-modernos\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">adulterio<\/a> las mujeres andaluzas del Antiguo R\u00e9gimen? Debe hablarse, en primer t\u00e9rmino, de heterogeneidad, llegando las infracciones de unas y otras mujeres en momentos y circunstancias muy diversas, seg\u00fan el contexto vital en el que se movieron sus protagonistas. Encontramos as\u00ed a infractoras puntuales, amantes ileg\u00edtimas y, al mismo tiempo, aparentes esposas ideales. Esto cre\u00eda de do\u00f1a Rosal\u00eda Borrero su marido, don Pedro de Rueda, quien solicita el divorcio en 1763. Seg\u00fan lo trasladado al tribunal, la esposa aprovechaba las horas de sue\u00f1o del marido, durante la noche, para permitir la entrada de su amante, don Eustaquio Salado, y proceder a \u201c<em>torpes e indecentes llanezas<\/em>\u201d. Don Eustaquio, que era subdi\u00e1cono, ya se hab\u00eda visto envuelto en otros procesos judiciales por esc\u00e1ndalos similares.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otras aprovechar\u00edan las estancias del c\u00f3nyuge fuera del hogar, por obligaciones laborales usualmente, para librarse a sus impulsos con la esperanza de no ser descubiertas. Y otras, en fin, lo enga\u00f1ar\u00edan abiertamente, con abandono del hogar, humillaci\u00f3n y esc\u00e1ndalo p\u00fablico incluidos. A do\u00f1a Ana de la Barrera no parecieron importarle ni el esc\u00e1ndalo ni la intervenci\u00f3n de la justicia para rehusar el adulterio. Pasado poco tiempo desde su matrimonio, don Antonio Ruiz, su marido, la abandon\u00f3 temporalmente y parti\u00f3 hacia C\u00e1diz, cansado de sus excesivas llanezas con otros hombres. All\u00ed buscar\u00eda empleo y escarmiento, pero todo fue in\u00fatil, pues a su vuelta se top\u00f3 con una Ana enjuiciada por esc\u00e1ndalo p\u00fablico. Vuelto el esposo afrentado a la bah\u00eda gaditana, do\u00f1a Ana aprovechar\u00eda para romper definitivamente los l\u00edmites de la transgresi\u00f3n legal y moral, asent\u00e1ndose con su amante -casado para m\u00e1s se\u00f1as-, \u201c<em>en la calle del Esp\u00edritu Santo, donde estuvieron viviendo juntos, discurriendo algunas personas que no los conoc\u00edan por marido y mujer<\/em>\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El descr\u00e9dito social tambi\u00e9n fue dispar para la v\u00edctima del enga\u00f1o seg\u00fan su sexo. A la esposa burlada se le presupon\u00edan la incapacidad de reacci\u00f3n, la sumisi\u00f3n a un mal marido o, incluso, ciertas virtudes como la entrega o el sacrificio en aras de la paz conyugal. Por el contrario, la infidelidad femenina se tornaba muy frecuentemente en arma contra el buen nombre de ambos esposos, tambi\u00e9n el del marido afrentado, personificaci\u00f3n del cornudo, del hombre d\u00e9bil y poco viril incapaz de controlar a su esposa. Quiz\u00e1s por ello el marido enga\u00f1ado intente actuar con mayor contundencia que las mujeres enga\u00f1adas, buscando la ruptura de la convivencia y el amparo judicial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siempre que le fuese posible, porque el tri\u00e1ngulo amoroso pod\u00eda incluir a un intruso de mayor fortaleza o arrojo que el esposo y, en semejante circunstancia, el recurso a la justicia pod\u00eda retrasarse. De la intimidaci\u00f3n se llegaba al silencio del enga\u00f1ado y, l\u00f3gicamente, a una ampliaci\u00f3n de su descr\u00e9dito social. Solo as\u00ed son explicables reacciones como las del sevillano don Andr\u00e9s Garc\u00eda, que denuncia a su mujer por deshonestidad en 1772, cuando, seg\u00fan su propia versi\u00f3n, los hechos ven\u00edan cocin\u00e1ndose desde hac\u00eda unos ocho a\u00f1os. En la demanda identifica, con nombres y apellidos, al amante: Joseph Ben\u00edtez Espinosa, quien por su condici\u00f3n de soldado bien podr\u00eda haber hecho callar las reclamaciones del enga\u00f1ado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El silencio, el padecimiento callado o los intentos reiterados de reconciliaci\u00f3n, se desvelan tambi\u00e9n como respuestas, acaso sinceras y preferentes, por parte algunos maridos; acaso, por tratarse de personalidades m\u00e1s calmadas o timoratas. La egabrense Mar\u00eda Rodr\u00edguez imploraba por carta a su \u201cPeriquito\u201d -Pedro Pablo Campuzano, su marido-, el perd\u00f3n de sus yerros, abiertamente reconocidos, \u201c<em>con distintos hombres, pues bien conocer\u00e1s no ser\u00e9 yo la primera mujer que haya hecho hierr\u00edas semejantes, de haber hecho adulterios a sus esposos o maridos<\/em>\u201d. Las infidelidades hab\u00edan sido m\u00faltiples, p\u00fablicamente divulgadas y agravadas con otras circunstancias como la ingesta de alcohol o el robo de bienes. Seg\u00fan se recoge en la carta, escrita en 1751, el bueno de Pablo ya la habr\u00eda perdonado en otras ocasiones por hechos similares, y volver\u00eda a hacerlo ahora, tambi\u00e9n sin resultados: la demanda de divorcio, por adulterio, se iniciar\u00eda varios a\u00f1os despu\u00e9s, en 1759. La voluntad pacificadora del afrentado parece haber sido la \u00fanica raz\u00f3n del retraso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La infidelidad femenina fue, durante toda la edad Moderna y desde una \u00f3ptica plural (legal, moral, social), una realidad disruptiva, contraria a la unidad conyugal, a la <a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/las-mujeres-y-el-honor\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">honestidad femenina<\/a> y a la honra de las familias. Quienes obraron contra el enjuiciamiento socialmente aceptado del asunto pretendieron hacerlo, en la mayor\u00eda de los casos, de forma solapada y oculta, para evitar las l\u00f3gicas consecuencias negativas para su buen nombre y su futuro judicial. Aunque en algunos casos, como hemos apuntado tambi\u00e9n, la falta se cometi\u00f3 de manera p\u00fablica y reiterada, en colaboraci\u00f3n con el anonimato propio de las urbes de mayor tama\u00f1o, la resignaci\u00f3n de los enga\u00f1ados, o la protecci\u00f3n contra delaciones de los propios amantes.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Autor: <a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/tag\/alonso-manuel-macias-dominguez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Alonso Manuel Mac\u00edas Dom\u00ednguez<\/a><\/p>\n<hr \/>\n<h4><strong>Fuentes<\/strong><\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Archivo General del Arzobispado de Sevilla<\/em>, Fondo Arzobispal, Secci\u00f3n Justicia, legajos 13.800, 13.845, 15.952.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Archivo General del Obispado de C\u00f3rdoba<\/em>, Doc. 9099-05.<\/p>\n<h4><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">ARJONA ZURERA, Juan Luis, <em>An\u00e1lisis pragm\u00e1tico-discursivo de los textos de demandas de divorcio del tribunal eclesi\u00e1stico de C\u00f3rdoba (siglos XVI, XVII y XVIII)<\/em>, C\u00f3rdoba, Centro de Magisterio Sagrado Coraz\u00f3n, 2017.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">GHIGLIERI, Michael P., <em>The dark side of man. Tracing the origins of male violence<\/em>, Perseus Books, 1999.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MAC\u00cdAS DOM\u00cdNGUEZ, Alonso Manuel y CANDAU CHAC\u00d3N, Mar\u00eda Luisa, \u201cMatrimonios y conflictos: abandono, divorcio y nulidad eclesi\u00e1stica en la Andaluc\u00eda moderna (Arzobispado de Sevilla, siglo XVIII)\u201d, en <em>Revista Complutense de Historia de Am\u00e9rica<\/em>, 42, pp. 119-146, 2016.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MORGADO GARC\u00cdA, Arturo, \u201cEl divorcio en el C\u00e1diz del siglo XVIII\u201d, en <em>Trocadero. Revista de historia moderna y contempor\u00e1nea<\/em>, 6-7, pp. 125-138, 1995.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">RUIZ SASTRE, Marta, <em>Mujeres y conflictos en los matrimonios de Andaluc\u00eda occidental el Arzobispado de Sevilla durante el siglo XVII<\/em> (Tesis doctoral), Huelva, Universidad de Huelva, 2016.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">TORREMOCHA HERN\u00c1NDEZ, Margarita y CORADA ALONSO, Alberto (eds.), <em>La mujer en la balanza de la justicia (Castilla y Portugal, Siglos XVII y XVIII),<\/em> Valladolid, Castilla Ediciones, 2017.<\/p>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:33.33%\">        <div class=\"wp-block-visual-portfolio\">\n            \n<div class=\"vp-portfolio vp-uid-5dd484be vp-id-lszUB\"\n    data-vp-layout=\"masonry\" data-vp-items-style=\"emerge\" data-vp-items-click-action=\"popup_gallery\" data-vp-items-gap=\"15\" data-vp-items-gap-vertical=\"\" data-vp-pagination=\"load-more\" data-vp-next-page-url=\"\" data-vp-masonry-columns=\"1\" >\n    <div class=\"vp-portfolio__preloader-wrap\">\n        <div class=\"vp-portfolio__preloader\">\n            <img decoding=\"async\" loading=\"eager\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/plugins\/visual-portfolio\/assets\/images\/logo-dark.svg\" alt=\"Visual Portfolio, Posts &amp; Image Gallery para WordPress\" width=\"20\" height=\"20\" data-skip-lazy>\n        <\/div>\n    <\/div>\n        <div class=\"vp-portfolio__items-wrap\">\n            \n<div class=\"vp-portfolio__items vp-portfolio__items-style-emerge vp-portfolio__items-show-overlay-hover vp-portfolio__items-show-img-overlay-hover\">\n\n        <div class=\"vp-portfolio__item-wrap vp-portfolio__item-uid-3f5bfd1b\" data-vp-filter=\"\">\n                        <div class=\"vp-portfolio__item-popup\"\n                style=\"display: none;\"\n                data-vp-popup-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/infidelidad1.jpg\"\n                data-vp-popup-img-srcset=\"\"\n                data-vp-popup-img-size=\"2000x2510\"\n                data-vp-popup-md-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/infidelidad1.jpg\"\n                data-vp-popup-md-img-size=\"2000x2510\"\n                data-vp-popup-sm-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/infidelidad1.jpg\"\n                data-vp-popup-sm-img-size=\"2000x2510\"\n            >\n                                    <h3 class=\"vp-portfolio__item-popup-title\">Fragonard, El columpio, 1767. Colecci\u00f3n Wallace, Londres<\/h3>\n                                        <div class=\"vp-portfolio__item-popup-description\">Fragonard, El columpio, 1767. Colecci\u00f3n Wallace, Londres. Fuente: Wikipedia, Dominio p\u00fablico (https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/El_columpio_(Fragonard)#\/media\/Archivo:Fragonard,_The_Swing.jpg)<\/div>\n                                <\/div>\n                                    <figure class=\"vp-portfolio__item\">\n                \n<div class=\"vp-portfolio__item-img-wrap\">\n    <div class=\"vp-portfolio__item-img\">\n        <a  href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/infidelidad1.jpg\" >\n        <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"2000\" height=\"2510\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/infidelidad1.jpg\" class=\"wp-image-3079\" alt=\"\" \/>\n        <div class=\"vp-portfolio__item-img-overlay\"><\/div>\n\n        <\/a>    <\/div>\n<\/div>\n\n<figcaption class=\"vp-portfolio__item-overlay vp-portfolio__item-align-center\">\n            <div class=\"vp-portfolio__item-meta-wrap vp-portfolio__custom-scrollbar\">\n            <div class=\"vp-portfolio__item-meta\">\n                \n<h2 class=\"vp-portfolio__item-meta-title\">\n    <a  href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/infidelidad1.jpg\" >Fragonard, El columpio, 1767. Colecci\u00f3n Wallace, Londres<\/a><\/h2>\n            <\/div>\n        <\/div>\n    <\/figcaption>\n            <\/figure>\n                    <\/div>\n        \n        <div class=\"vp-portfolio__item-wrap vp-portfolio__item-uid-fc7f70c0\" data-vp-filter=\"\">\n                        <div class=\"vp-portfolio__item-popup\"\n                style=\"display: none;\"\n                data-vp-popup-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/infidelidad2.jpg\"\n                data-vp-popup-img-srcset=\"\"\n                data-vp-popup-img-size=\"1920x933\"\n                data-vp-popup-md-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/infidelidad2.jpg\"\n                data-vp-popup-md-img-size=\"1920x933\"\n                data-vp-popup-sm-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/infidelidad2.jpg\"\n                data-vp-popup-sm-img-size=\"1920x933\"\n            >\n                                    <h3 class=\"vp-portfolio__item-popup-title\">Tintoretto, Jos\u00e9 y la mujer de Putifar, c. 1510-1550<\/h3>\n                                        <div class=\"vp-portfolio__item-popup-description\">Tintoretto, Jos\u00e9 y la mujer de Putifar, c. 1510-1550. Fuente: Museo Nacional del Prado, Madrid (https:\/\/www.museodelprado.es\/coleccion\/obra-de-arte\/jose-y-la-mujer-de-putifar\/016a0646-726d-4f27-9d80-0d177895b49b)<\/div>\n                                <\/div>\n                                    <figure class=\"vp-portfolio__item\">\n                \n<div class=\"vp-portfolio__item-img-wrap\">\n    <div class=\"vp-portfolio__item-img\">\n        <a  href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/infidelidad2.jpg\" >\n        <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1920\" height=\"933\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/infidelidad2.jpg\" class=\"wp-image-3080\" alt=\"\" \/>\n        <div class=\"vp-portfolio__item-img-overlay\"><\/div>\n\n        <\/a>    <\/div>\n<\/div>\n\n<figcaption class=\"vp-portfolio__item-overlay vp-portfolio__item-align-center\">\n            <div class=\"vp-portfolio__item-meta-wrap vp-portfolio__custom-scrollbar\">\n            <div class=\"vp-portfolio__item-meta\">\n                \n<h2 class=\"vp-portfolio__item-meta-title\">\n    <a  href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/infidelidad2.jpg\" >Tintoretto, Jos\u00e9 y la mujer de Putifar, c. 1510-1550<\/a><\/h2>\n            <\/div>\n        <\/div>\n    <\/figcaption>\n            <\/figure>\n                    <\/div>\n        \n<\/div>\n        <\/div>\n        \n<\/div>\n        <\/div>\n        <\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todos los estamentos esperaron la observancia de la fidelidad matrimonial por parte de la esposa moderna. La legislaci\u00f3n civil, las ense\u00f1anzas morales, el juicio vecinal y, por supuesto, el propio esposo. Tambi\u00e9n se esperaba la contenci\u00f3n extramatrimonial del hombre casado, pero las preocupaciones por las faltas femeninas fueron ciertamente mayores. 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