{"id":1847,"date":"2022-06-21T14:31:22","date_gmt":"2022-06-21T14:31:22","guid":{"rendered":"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/?p=1847"},"modified":"2022-07-13T14:51:35","modified_gmt":"2022-07-13T14:51:35","slug":"mujeres-vecinas-caseras-corrales-de-vecinos-casas-patio-y-amistades-ilicitas-en-la-sevilla-moderna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/mujeres-vecinas-caseras-corrales-de-vecinos-casas-patio-y-amistades-ilicitas-en-la-sevilla-moderna\/","title":{"rendered":"Mujeres, vecinas, caseras: Corrales de vecinos, casas-patio y amistades il\u00edcitas en la Sevilla moderna"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-8f761849 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:66.66%\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Los estudios editados hace a\u00f1os de Collantes de Ter\u00e1n y Morales Padr\u00f3n dibujaron una ciudad, Sevilla, poblada de casas patio y corrales, vigentes desde la Baja Edad Media, donde llegar\u00edan a contabilizarse en torno a cincuenta. Las aportaciones de Morales Padr\u00f3n los situaron extendidos en toda la capital, lejos de un encuadre de \u201ccultura de la pobreza\u201d y de cualquier similitud con zonas o barrios marginales (1991, p. 25). Recientemente un estudio de Mar\u00eda N\u00fa\u00f1ez los analiza desde la historia de la arquitectura, defini\u00e9ndolos como \u201ctipolog\u00eda residencial (que) se configuraba en Sevilla mediante la construcci\u00f3n de una casa en un solar interior -huerta o comp\u00e1s- por medio de una cruj\u00eda de habitaciones que se adosaban a los linderos\u201d (2019, p. 230). Tales construcciones de diverso origen -desde antiguas casas palacio a edificios conventuales o construcciones espec\u00edficas de vecindad- presentaban cierta semejanza con otras canarias e hispanoamericanas, raz\u00f3n por la cual, en Buenos Aires, por ejemplo, fueron llamadas \u201cconventillos\u201d.\u00a0 Me referir\u00e9 aqu\u00ed a las que fueron edificadas justamente con el fin de otorgar espacio de vivienda a vecinos en r\u00e9gimen de alquiler, regidos, administrativa y moralmente, por una casera o casero. Constituidos en intermediarios entre el propietario y los inquilinos, los caseros hab\u00edan de desempe\u00f1ar una doble funci\u00f3n: el cuidado de la entrega de las rentas de alquiler y a su vez de la vida \u201cordenada\u201d, sin ruidos, alborotos ni esc\u00e1ndalos, de su vecindad. En la sociedad del Antiguo R\u00e9gimen, identificados delito y pecado por las alianzas propias del Estado confesional, aquella labor de vigilancia \u201centend\u00eda\u201d sobre todo de conductas sexuales y relaciones \u201cil\u00edcitas\u201d.\u00a0\u00a0 \u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi objetivo es introducirme en aquellas viviendas, atendiendo no tanto a su espacio f\u00edsico -por entonces simples cuartos en torno a un patio, en una o varias plantas- como a sus formas de sociabilidad y, en ellas, analizar\u00e9 la vida afectiva y dom\u00e9stica, constituyendo en protagonistas a las mujeres. Sin dejar de lado a \u201csus\u201d hombres -a fin de cuentas, sus vidas pretend\u00edan constituirse en compa\u00f1\u00eda- presentar\u00e9 algunas trazas de la vida cotidiana referentes a las relaciones de amistades \u00edntimas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El marco determinaba los afectos. Aquella estructura urbana generaba un estrecho conocimiento entre los habitantes del corral, propiciando \u201croces\u201d y una convivencia desarrollada en torno al patio com\u00fan. Nadie mejor que los vecinos de entonces para expresar el sentido y las formas de relaci\u00f3n en las casas de vecindad, como lo hiciera el curador de la joven Antonia Garc\u00eda Caballero de quince a\u00f1os,\u00a0 que hab\u00eda sido acusada de adulterio con un vecino del patio, de nombre Sebasti\u00e1n de Sandoval (Sevilla, 1760), y a la que el citado curador representaba como defensor; sus palabras, justificando la cercan\u00eda de los encausados, fuesen o no ciertas en lo referente a la posible relaci\u00f3n il\u00edcita, dec\u00edan mucho del estilo de vida de una casa corral:\u00a0 \u00a0<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>No hay duda que es grande facilidad de los testigos escandalizarse por eso, cuando en un corral o casa de vecinos se ve cada d\u00eda que, buscando todos los vecinos el sitio m\u00e1s fresco de la casa, all\u00ed se ponen todos con alguna inmediaci\u00f3n, sin que esto trascienda a otra cosa; y el que tan escrupuloso es, y con tanta facilidad se escandaliza, no vive en casas de vecindad, donde la estrechez y el trato hacen l\u00edcito lo que, sin estas dos cualidades, no lo fuera<\/em> (Candau, 2012, p. 102). \u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">La estrechez y el trato: dos caracter\u00edsticas b\u00e1sicas para entender, como bien expresara el curador, la vida en los corrales. De ah\u00ed la dificultad del ejercicio de una vida privada, en el sentido actual del t\u00e9rmino, es decir, al margen de la mirada ajena.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre quienes miraron, vieron y se posicionaron en historia de \u201ctratos il\u00edcitos\u201d, no pocas mujeres de la vecindad; tanto m\u00e1s en las concernientes a \u201camigos\/amantes\u201d no residentes en el corral que entraban y sal\u00edan en los cuartos de alguna de las vecinas. Historias con trazos suficientes de sospecha, no solo por las visitas, que tambi\u00e9n, sino, sobre todo, por los mantenimientos; historias, asimismo conocidas, que se dejaron estar hasta que acusaciones realizadas, bien por v\u00eda de oficio o por delaciones particulares, iniciaban averiguaciones para procesar causa judicial. He aqu\u00ed un ejemplo: Luisa Espinosa de los Monteros, casada, de veinte a\u00f1os y vecina de un corral en la collaci\u00f3n del Sagrario, en Sevilla, informar\u00eda en 1724 de la relaci\u00f3n existente entre una de las mujeres (cuyo nombre por ser casada se oculta) y un tal Manuel Castillo, en estos t\u00e9rminos: \u00a0\u00a0<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Que el susodicho trae muchas veces la despensa&#8230; que har\u00e1 alg\u00fan\u00a0tiempo que la testigo le pregunt\u00f3 qui\u00e9n diera en hacer medias y\u00a0no se detuvo por decir que su comadre estaba en casa y no quer\u00eda\u00a0que la viera hablar con la testigo&#8230;y por estas cosas en el dicho corral se nota que est\u00e1n amancebados<\/em> (Archivo General del Arzobispado de Sevilla (en adelante AGAS), secci\u00f3n Justicia, serie Criminales, legajo 288).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Observemos la actitud del citado Castillo; el no querer detenerse porque su amiga no le viera hablar con otra mujer podr\u00eda entenderse de dos formas: por apuntar conductas similares a las de un matrimonio -\u201cpor entrar en celos\u201d la citada mujer- o por querer huir de miradas ajenas para lo cual evitaba entretenimientos. Cualquiera de las lecturas hac\u00eda entender una amistad \u00edntima extraconyugal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como Luisa Espinosa, y de igual modo, en 1724, Josepha Tello conoc\u00eda a la perfecci\u00f3n el trato escandaloso entre una mujer llamada Teresa, de quien era vecina \u201cpared por medio\u201d, con su propio yerno, entre otros hombres. Les observaba salidas y entradas, deponiendo en su testimonio el \u201croce\u201d y las formas cuando sal\u00edan a pasear:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Asimismo sabe\u00a0tambi\u00e9n que Pedro Joseph Hurtado, yerno de la dicha Teresa, ha causado y causa grave esc\u00e1ndalo y nota con la susodicha (\u2026) pidiendo\u00a0la susodicha celos a Don Pedro Hurtado sobre su mujer y cuando\u00a0sale a la calle van los susodichos cogidos de la mano, echado el\u00a0brazo al cuello, y cuando va tambi\u00e9n su mujer, la dejan a un lado\u00a0y van los dos hablando de secreto<\/em> (AGAS. J\/C, legajo 288).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Historia cuando menos llamativa. La testigo dec\u00eda saberlo por vivir pared por medio, y basaba su ratificaci\u00f3n en haberlo o\u00eddo tras las ventanas que daban a los cuartos de las mujeres citadas: \u201chabi\u00e9ndolo visto y o\u00eddo por una ventanilla\u201d. Por si no bastara, la hija, cuyo marido se \u201cdivert\u00eda\u201d, amist\u00e1ndose con su propia madre, se desahogaba con la deponente, primero por haber sido forzada a contraer matrimonio con el mencionado Pedro (en un intento, al parecer, de continuar una relaci\u00f3n il\u00edcita entre el ahora yerno y la suegra), segundo por no ser sustentada por su marido, en raz\u00f3n -se lamentaba- de pasar todo el dinero que lograba a la madre de la susodicha. Un marido que la terminolog\u00eda documental defin\u00eda como \u201cdivertido\u201d, vocablo empleado en su sentido inicial, aludiendo tal \u201cdiversi\u00f3n\u201d al \u201capartamiento\u201d o \u201calejamiento\u201d, esta vez de sus deberes conyugales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los conocimientos se incrementaban y las actuaciones se aceleraban en los casos de sospechas de prostituci\u00f3n. En el barrio de Triana, Antonia de Mena, a mediados del XVIII, testificar\u00e1 contra unas mujeres sospechosas de \u201cvida escandalosa\u201d, a las que dec\u00eda conocer \u201cpor vivir en las mismas casas corral\u201d, y a las que observaba dar entrada a muchos hombres marineros y paisanos, no excluyendo entre ellos al casero de la vecindad, Juan Correa, pervirti\u00e9ndose as\u00ed las obligaciones debidas a su oficio (AGAS, J\/C, legajo 987, Triana, 1753).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como en cualquier vecindad, pero incentivado por un conocimiento estrecho nacido de aquellas formas urbanas, las vecinas interven\u00edan en las vidas de las dem\u00e1s mujeres del patio y corral; por l\u00f3gica no solo para escudri\u00f1ar. Tambi\u00e9n una preocupaci\u00f3n real las convert\u00eda en consejeras en circunstancias de necesidad. En la pr\u00f3xima localidad de Coria (Sevilla, 1732) Ana Conejera intentaba corregir la vida de una mujer denominada N (en funci\u00f3n de su estado de casada pues, aunque dejada por el esposo, a\u00fan se silenciaba el nombre por cuestiones de honra marital), de vida \u201ctorcida\u201d y escandalosa desde veinte a\u00f1os atr\u00e1s, en palabras de la testigo que recordaba as\u00ed: \u00a0<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>que la dicha N ha sido mujer muy escandalosa de m\u00e1s de veinte a\u00f1os a esta\u00a0parte con otros hombres, y s\u00e1belo porque, aconsej\u00e1ndole la\u00a0declarante a la dicha N, y corrigi\u00e9ndola distintas veces en otros\u00a0esc\u00e1ndalos y en este presente, le respondi\u00f3 la dicha N que eran\u00a0verdad las dichas comunicaciones que ha tenido y que ese era su\u00a0signo<\/em> (AGAS, J\/C, leg\u00ba 197).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una resignaci\u00f3n (\u201cque ese era su signo\u201d) que no compart\u00eda otra de las mujeres de una casa de vecindad; Catalina Mateos, mujer de Juan Arenas y abandonada por \u00e9l en raz\u00f3n de sus \u201centretenimientos\u201d con una moza del patio, y de quien el matrimonio de Juan Trebas e In\u00e9s de Lerma tem\u00eda se suicidase; he aqu\u00ed el testimonio del marido, en declaraci\u00f3n de diciembre de 1739: \u201ctem\u00eda que si no se remedia y se castiga al referido Juan de Arenas, ha de venir a suceder que Catalina Mateos se ha de desesperar y quitar la vida, respecto de haberla hallado el diablo fr\u00e1gil por esa parte\u201d;\u00a0 una fragilidad demostrada en los sucesivos intentos de suicidio: pues si pocos d\u00edas antes lo procurara \u201capret\u00e1ndose la garganta con un cordel\u201d, semanas atr\u00e1s lo hab\u00eda pretendido despe\u00f1\u00e1ndose, seg\u00fan el testimonio de otro vecino del corral, llamado Pedro Mat\u00edas (AGAS. J\/C. leg\u00ba 197).\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para vigilar y evitar que sucediesen y saliesen a la luz aquellas fragilidades estaban caseras y caseros, aquellas en mayor medida. He aqu\u00ed su labor en el testimonio de una de ellas, de nombre Mar\u00eda Dom\u00ednguez, en el proceso contra el citado Manuel Castillo (Sevilla, 1724):<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Que, desde el mes de marzo, es casera la testigo, con cuyo\u00a0motivo, por la obligaci\u00f3n que tiene de celar la casa y ver c\u00f3mo\u00a0viven los vecinos, teniendo recelos que no era buena la amistad y\u00a0asistencia a dichas casas que ten\u00eda don Manuel Castillo en un cuarto de una mujer de estado casada&#8230; ha observado que entra\u00a0por la ma\u00f1ana y est\u00e1 hasta medio d\u00eda y muchas veces vuelve a la tarde y est\u00e1 hasta las diez de la noche<\/em><em>&#8230; <\/em>(AGAS, J\/C. leg\u00ba 288).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una labor -vigilar el corral- que continuar\u00eda con los a\u00f1os. Dos d\u00e9cadas despu\u00e9s, en el corral de la collaci\u00f3n de San Juli\u00e1n, la viuda Mariana Mart\u00edn, asimismo casera, reconocer\u00eda haber arrendado cuartos a dos mujeres que dijeron ser hermanas y casadas, la una con marido en Francia y la otra en C\u00e1diz, estampa com\u00fan de mujeres solas. Embarazada una de ellas, y pareci\u00e9ndoles ser\u00edan honradas, accedi\u00f3 a arrendarles una asesor\u00eda de las casas corral. Pero la vida que les supon\u00eda la casera no era real, a juzgar por sus declaraciones en causa judicial contra ambas, iniciada en 1744:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u2026y desde el mismo punto que entraron, empezaron a dar esc\u00e1ndalo, admitiendo visitas de\u00a0hombres en sus casas y esto a puertas cerradas&#8230;, y reparaba la\u00a0testigo que, para entrar alguno, antes sal\u00eda el que estaba dentro&#8230; y\u00a0esto a las 12 como a las 3 de la madrugada&#8230; todo lo cual causa mucha\u00a0ruina y m\u00e1s por ver que la dicha hermana hab\u00eda venido embarazada<\/em> (AGAS, J\/C. Legajo 1039).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con embarazo a\u00f1adido, la labor de vigilancia continuaba hasta la espera de un parto que aclarasen familia y padre de la criatura. Considerando que en los corrales aquellos acontecimientos pon\u00edan en acci\u00f3n a las vecinas, siempre solidarias con la parturienta, generando el ruido propio de los nacimientos, el silencio que ocultara la llegada del reci\u00e9n nacido levant\u00f3 a\u00fan m\u00e1s las sospechas de la casera del corral:\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u2026 que una noche sali\u00f3 de su embarazo sin haberse visto ni o\u00eddo\u00a0llorar ni rumor de criatura como acontece en estos casos\u00a0siempre&#8230; y pregunt\u00e1dole la testigo qu\u00e9 hab\u00eda parido, dijo que un\u00a0ni\u00f1o muerto&#8230; y de all\u00ed a tres d\u00edas se dijo que en el corral se hab\u00eda encontrado un ni\u00f1o muerto sin haberse sabido qui\u00e9n lo hab\u00eda\u00a0echado&#8230; <\/em><em>().<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">No siempre aquellas caseras vigilantes se hab\u00edan posicionado en contra de los vecinos procesados. A fines del XVII, Teresa Mar\u00eda de Soto, casera del corral del barrio de Santa Catalina, defend\u00eda el trato honesto de un tal Juan Ruiz con dos mujeres del citado corral a las que supuestamente el tal Ruiz abordaba jugando con las hijas como se\u00f1uelo. Teresa lo conoc\u00eda, lo ve\u00eda llegar y pasar, \u201cjugar con dos ni\u00f1as que son de las susodichas, durante poco tiempo\u201d, march\u00e1ndose al rato. Pero a\u00f1ad\u00eda: \u201c<em>no<\/em> le consta <em>ni <\/em>ha o\u00eddo, como casera que es de la casa de dichas mujeres\u201d, pues, ratificaba, \u201csi\u00a0hubiera sabido algo las hubiera echado\u201d. Y en el testimonio, el notario subrayaba los t\u00e9rminos \u201cno\u201d (le consta) y \u201cni\u201d (ha o\u00eddo) en clara referencia a un desconocimiento que exculpar\u00eda al mencionado Ruiz (AGAS, J\/C. Legajo 740, Sevilla, 1689).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es verdad que los conocimientos no se limitaban a las casas de vecinos ni a los corrales. En otras de mayor calidad, a juzgar por estatus y servicios, a comienzos del XVIII, en el barrio de San Jer\u00f3nimo, las averiguaciones femeninas de las vidas ajenas de las vecinas -embarazos incluidos- hab\u00edan generado igualmente testimonios acusatorios en causa procesal. Catalina Arias, viuda de Gregorio de Morales, que observaba el vientre elevado de \u201cuna mujer soltera\u201d, de nuevo sin nombre por no desdecir su honor, corroborar\u00e1 embarazo y parto por conversaci\u00f3n con una de las mozas al servicio de la joven parturienta:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Conoci\u00f3 que a dicha mujer le hab\u00eda crecido mucho el\u00a0vientre, como que estaba embarazada&#8230; y le dijo a la que declara una moza que sirve a dicha mujer&#8230; con algunas l\u00e1grimas que ella\u00a0no quer\u00eda estar en aquella casa&#8230;y que su se\u00f1ora hab\u00eda parido la noche anterior un ni\u00f1o&#8230; y que hab\u00eda visto todas muestras de parida&#8230;<\/em> (AGAS, J\/C, legajo 166, Sevilla, 1722).\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">En todos los barrios y en todas las vecindades, los vecinos sab\u00edan de las vidas ajenas, tanto m\u00e1s en situaciones de embarazos de mujeres solas. Pero, como resaltara aquel curador, la estrechez y el trato de los corrales acentuaba las amistades, l\u00edcitas o no. Aquel \u201cdeterminismo\u201d urbano aliaba o enemistaba m\u00e1s frecuentemente a sus habitantes en los espacios que compart\u00edan patio, escaleras o servicios comunes a\u00fan m\u00ednimos. Y en ellos, las mujeres, sobre todo ellas, ratificaron casi siempre su papel de \u201chonradas\u201d escandaliz\u00e1ndose, cuanto m\u00e1s mejor, ante las conductas de las \u201centretenidas\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mujeres que vieron y actuaron; vecinas que depusieron en procesos judiciales por \u201camistad il\u00edcita\u201d o \u201cvida escandalosa\u201d; caseras que actuaron como madres abadesas porque as\u00ed lo exig\u00eda su oficio, y caseros, algunos, que se aprovecharon de su posici\u00f3n; pero tambi\u00e9n vecinas del patio que ayudaban en casos de necesidad y aconsejaban correcciones de vida a quienes ve\u00edan recaer en situaciones de relaciones prohibidas y matrimonios que se preocuparon por mujeres abandonadas que intentaron suicidarse; tambi\u00e9n por insultos e imprecaciones de los vecinos; como Antonia M\u00e9ndez de unos treinta a\u00f1os, con vivienda en el callej\u00f3n del Aire, que, harta de los desprecios y provocaciones, y abandonada por un marido que march\u00f3 a la Armada dej\u00e1ndola en la miseria siete a\u00f1os atr\u00e1s, decidir\u00eda ahorcarse. Resultando ser un intento fallido, su actitud demostraba, sin embargo, que las relaciones de vecindad en los corrales pod\u00edan constituir suficiente presi\u00f3n dificultando, hasta el extremo, otras vidas. Siempre en relaci\u00f3n con las conductas, las definidas como escandalosas, identificadas con adulterio y prostituci\u00f3n esencialmente, convert\u00edan a la vecindad -a las mujeres, sobre todo- en defensoras de la honra del patio (y de la suya propia), a las caseras en vigilantes de su oficio y a los vecinos en general en guardianes de una moral conyugal por si acaso las amistades devinieran, de ser il\u00edcitas, en causas judiciales por \u201cdelitos de costumbres\u201d, exponi\u00e9ndose as\u00ed a la intervenci\u00f3n de los alguaciles: civiles o eclesi\u00e1sticos.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Autora: <a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/tag\/maria-luisa-candau-chacon\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Mar\u00eda Luisa Candau Chac\u00f3n<\/a><\/p>\n<hr \/>\n<h4><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">CANDAU CHAC\u00d3N, Mar\u00eda Luisa. \u201cEn torno al matrimonio: mujeres, discursos, conflictos\u201d, PE\u00d1A, Manuel (ed.) <em>La vida cotidiana en el mundo hisp\u00e1nico (siglos XVI-XVIII)<\/em>, Madrid, Abada Editores, 2012, pp. 97-119<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">COLLANTES DE TER\u00c1N, Antonio, <em>Sevilla en la Baja Edad Media, <\/em>Sevilla, Diputaci\u00f3n Provincial, 1984.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">FRANCO RUBIO, Gloria, \u201cLa vivienda en el Antiguo R\u00e9gimen: de espacio habitable a espacio social\u201d, en <em>Chronica Nova<\/em>, 35, 2009, pp. 63-103.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MORALES PADR\u00d3N, Francisco, <em>Los corrales de vecinos (Informe para su estudio)<\/em>, Sevilla, Universidad de Sevilla, 1974.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">N\u00da\u00d1EZ GONZ\u00c1LEZ, Mar\u00eda, \u201cLos corrales de vecinos en la Sevilla del Siglo de Oro\u201d, en <em>Laboratorio de Arte<\/em>, 31, 2019, pp. 229-246.<\/p>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:33.33%\">        <div class=\"wp-block-visual-portfolio\">\n            \n<div class=\"vp-portfolio vp-uid-ead1eaf8 vp-id-ZLml96\"\n    data-vp-layout=\"masonry\" data-vp-items-style=\"emerge\" data-vp-items-click-action=\"popup_gallery\" data-vp-items-gap=\"15\" data-vp-items-gap-vertical=\"\" data-vp-pagination=\"load-more\" data-vp-next-page-url=\"\" data-vp-masonry-columns=\"1\" >\n    <div class=\"vp-portfolio__preloader-wrap\">\n        <div class=\"vp-portfolio__preloader\">\n            <img decoding=\"async\" loading=\"eager\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/plugins\/visual-portfolio\/assets\/images\/logo-dark.svg\" alt=\"Visual Portfolio, Posts &amp; Image Gallery para WordPress\" width=\"20\" height=\"20\" data-skip-lazy>\n        <\/div>\n    <\/div>\n        <div class=\"vp-portfolio__items-wrap\">\n            \n<div class=\"vp-portfolio__items vp-portfolio__items-style-emerge vp-portfolio__items-show-overlay-hover vp-portfolio__items-show-img-overlay-hover\">\n\n        <div class=\"vp-portfolio__item-wrap vp-portfolio__item-uid-cedd4b56\" data-vp-filter=\"\">\n                        <div class=\"vp-portfolio__item-popup\"\n                style=\"display: none;\"\n                data-vp-popup-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/vecinas1.jpg\"\n                data-vp-popup-img-srcset=\"\"\n                data-vp-popup-img-size=\"2869x2048\"\n                data-vp-popup-md-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/vecinas1.jpg\"\n                data-vp-popup-md-img-size=\"2869x2048\"\n                data-vp-popup-sm-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/vecinas1.jpg\"\n                data-vp-popup-sm-img-size=\"2869x2048\"\n            >\n                                    <h3 class=\"vp-portfolio__item-popup-title\">El corral del Conde, calle Santiago, Sevilla. En Le Monde Illustr\u00e9 de 25 de enero de 1862<\/h3>\n                                        <div class=\"vp-portfolio__item-popup-description\">El corral del Conde, calle Santiago, Sevilla. En Le Monde Illustr\u00e9 de 25 de enero de 1862. Fuente: Gallica, Biblioteca Nacional de Francia (https:\/\/gallica.bnf.fr\/ark:\/12148\/bpt6k6220213j\/f9.item.r=corral%20del%20conde#)<\/div>\n                                <\/div>\n                                    <figure class=\"vp-portfolio__item\">\n                \n<div class=\"vp-portfolio__item-img-wrap\">\n    <div class=\"vp-portfolio__item-img\">\n        <a  href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/vecinas1.jpg\" >\n        <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"2869\" height=\"2048\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/vecinas1.jpg\" class=\"wp-image-1844\" alt=\"\" \/>\n        <div class=\"vp-portfolio__item-img-overlay\"><\/div>\n\n        <\/a>    <\/div>\n<\/div>\n\n<figcaption class=\"vp-portfolio__item-overlay vp-portfolio__item-align-center\">\n            <div class=\"vp-portfolio__item-meta-wrap vp-portfolio__custom-scrollbar\">\n            <div class=\"vp-portfolio__item-meta\">\n                \n<h2 class=\"vp-portfolio__item-meta-title\">\n    <a  href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/vecinas1.jpg\" >El corral del Conde, calle Santiago, Sevilla. En Le Monde Illustr\u00e9 de 25 de enero de 1862<\/a><\/h2>\n            <\/div>\n        <\/div>\n    <\/figcaption>\n            <\/figure>\n                    <\/div>\n        \n        <div class=\"vp-portfolio__item-wrap vp-portfolio__item-uid-54cb8e74\" data-vp-filter=\"\">\n                        <div class=\"vp-portfolio__item-popup\"\n                style=\"display: none;\"\n                data-vp-popup-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/DPG163-e1657725151337.jpg\"\n                data-vp-popup-img-srcset=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/DPG163-e1657725151337.jpg 3837w, https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/DPG163-e1657725151337-829x999.jpg 829w, https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/DPG163-e1657725151337-768x926.jpg 768w, https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/DPG163-e1657725151337-1275x1536.jpg 1275w, https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/DPG163-e1657725151337-1699x2048.jpg 1699w\"\n                data-vp-popup-img-size=\"3837x4624\"\n                data-vp-popup-md-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/DPG163-e1657725151337.jpg\"\n                data-vp-popup-md-img-size=\"3837x4624\"\n                data-vp-popup-sm-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/DPG163-e1657725151337.jpg\"\n                data-vp-popup-sm-img-size=\"3837x4624\"\n            >\n                                    <h3 class=\"vp-portfolio__item-popup-title\">Rembrandt Harmensz van Rijn, Girl at a Window, 1645<\/h3>\n                                        <div class=\"vp-portfolio__item-popup-description\">Rembrandt Harmensz van Rijn, Girl at a Window, 1645, oil on canvas, 81.8 x 66.2 cm, DPG163. Fuente: Dulwich Picture Gallery, London<\/div>\n                                <\/div>\n                                    <figure class=\"vp-portfolio__item\">\n                \n<div class=\"vp-portfolio__item-img-wrap\">\n    <div class=\"vp-portfolio__item-img\">\n        <a  href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/DPG163-e1657725151337.jpg\" >\n        <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"3837\" height=\"4624\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/DPG163-e1657725151337.jpg\" class=\"wp-image-2226\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/DPG163-e1657725151337.jpg 3837w, https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/DPG163-e1657725151337-829x999.jpg 829w, https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/DPG163-e1657725151337-768x926.jpg 768w, https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/DPG163-e1657725151337-1275x1536.jpg 1275w, https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/DPG163-e1657725151337-1699x2048.jpg 1699w\" sizes=\"auto, (max-width: 3837px) 100vw, 3837px\" \/>\n        <div class=\"vp-portfolio__item-img-overlay\"><\/div>\n\n        <\/a>    <\/div>\n<\/div>\n\n<figcaption class=\"vp-portfolio__item-overlay vp-portfolio__item-align-center\">\n            <div class=\"vp-portfolio__item-meta-wrap vp-portfolio__custom-scrollbar\">\n            <div class=\"vp-portfolio__item-meta\">\n                \n<h2 class=\"vp-portfolio__item-meta-title\">\n    <a  href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/DPG163-e1657725151337.jpg\" >Rembrandt Harmensz van Rijn, Girl at a Window, 1645<\/a><\/h2>\n            <\/div>\n        <\/div>\n    <\/figcaption>\n            <\/figure>\n                    <\/div>\n        \n<\/div>\n        <\/div>\n        \n<\/div>\n        <\/div>\n        <\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los estudios editados hace a\u00f1os de Collantes de Ter\u00e1n y Morales Padr\u00f3n dibujaron una ciudad, Sevilla, poblada de casas patio y corrales, vigentes desde la Baja Edad Media, donde llegar\u00edan a contabilizarse en torno a cincuenta. 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