{"id":1141,"date":"2022-05-11T16:28:27","date_gmt":"2022-05-11T16:28:27","guid":{"rendered":"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/?p=1141"},"modified":"2022-05-11T16:29:10","modified_gmt":"2022-05-11T16:29:10","slug":"las-otras-mujeres-de-america-las-esclavas-norteafricanas-en-la-edad-moderna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/las-otras-mujeres-de-america-las-esclavas-norteafricanas-en-la-edad-moderna\/","title":{"rendered":"Las otras mujeres de Am\u00e9rica: las esclavas norteafricanas en la Edad Moderna"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-8f761849 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:66.66%\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Las corrientes migratorias desde Espa\u00f1a a las Indias a lo largo de la Era Colonial no solo generaron registros de idas de nav\u00edos y licencias de embarque salientes desde las ciudades de Sevilla y\u00a0\u00a0 C\u00e1diz, cabeceras\u00a0\u00a0 del\u00a0\u00a0 monopolio\u00a0\u00a0 en\u00a0\u00a0 el\u00a0\u00a0 tr\u00e1fico\u00a0\u00a0 de\u00a0\u00a0 hombres y mercanc\u00edas con Am\u00e9rica. Asimismo, entre los emigrantes instalados en las Indias y las familias que permanecieron en la Metr\u00f3poli, se mantuvo una nutrida correspondencia que inclu\u00eda las denominadas \u201ccartas\u00a0\u00a0 de\u00a0\u00a0 llamada\u201d a\u00a0\u00a0 familiares\u00a0\u00a0 y\u00a0\u00a0 esposas\u00a0 \u00a0y, en ellas, m\u00faltiples referencias sobre la nueva vida en las\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Indias Occidentales. En estas referencias no escasean alusiones correspondientes a los esclavos, entre los cuales abundaban las mujeres. El objetivo de este trabajo es analizar en estas cartas la presencia de esclavas negras, bien viajando en los nav\u00edos que marchaban a las Indias, bien instaladas ya en Am\u00e9rica como propiedad de familias de espa\u00f1oles y criollos; analizar, tambi\u00e9n, sus oficios, su significaci\u00f3n, as\u00ed como los lazos (afectivos y emocionales) que las un\u00edan con los \u201cpropietarios\u201d de sus nuevas vidas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las cartas que dan vida a este trabajo fueron localizadas en el Archivo General de Indias de Sevilla (Espa\u00f1a), formando parte de las licencias de embarque. As\u00ed, cada candidato a emigrante deb\u00eda solicitar permiso a la Casa de la Contrataci\u00f3n de Sevilla para viajar\u00a0 \u00a0a Am\u00e9rica. De esta forma, se generaba un expediente que conten\u00eda, en esencia, una solicitud para emigrar con los datos personales del individuo, la Real Licencia, que posibilitaba la emigraci\u00f3n \u2013y que fue modific\u00e1ndose con el paso de los siglos\u2013 y la demostraci\u00f3n de ser cristiano viejo, avalada por tres testigos.\u00a0 Adem\u00e1s, en el caso de ser casado, era preciso adjuntar la autorizaci\u00f3n de la esposa. Solo en ocasiones los emigrantes a\u00f1ad\u00edan las cartas privadas como pieza de prueba, con la finalidad de demostrar a las autoridades pertinentes que \u00a0\u00a0contaban en Am\u00e9rica con familiares y amigos que les facilitar\u00edan alojamiento y trabajo, al menos en los primeros momentos de su estad\u00eda. Ser\u00eda la necesidad de saber de los suyos, de lo que ocurr\u00eda en sus localidades de origen, de la salud y la enfermedad de sus familiares y amigos, lo que har\u00eda de las cartas un objeto preciado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuanto a las mujeres, la esclavitud les convert\u00eda, en principio, en acompa\u00f1antes de viaje en traves\u00edas que, como sabemos, les llevar\u00eda de dos a tres meses, dependiendo de sus lugares de destino. Eran compradas generalmente en los puertos de Sevilla y posteriormente C\u00e1diz (Cf. Morgado, 2009), siendo m\u00e1s alabadas las bozales procedentes de Nueva Guinea o Cabo Verde por no estar \u201cmaleadas\u201d. \u00a0Los esposos, padres y hermanos emigrantes intentaban en sus cartas convencer a las\/sus mujeres de realizar dicha compra (ellas mismas o por intermediarios), pues no se entend\u00eda la venida a las colonias sin servicio de negra que acompa\u00f1ase, primero en el mar, m\u00e1s tarde en la casa y en la vida, por no usarse, como sabemos, esclavas blancas. Tales consejos se repiten continuamente a lo largo, sobre todo, de los siglos XVI y XVII, en tanto que los problemas de asiento y de obtenci\u00f3n de licencias de embarque para negros o negras en distintos per\u00edodos del siglo XVIII reducen esta modalidad. \u00a0As\u00ed, el siglo XVIII y los comienzos del XIX, si bien incluyen referencias \u00a0a compra de esclavas, lo hacen en bastante menor proporci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como referimos, las recomendaciones y disposiciones se parecen. En 1559, las \u00f3rdenes de Diego de Viru\u00e9s, desde Nombre de Dios, para el traslado y venida de su esposa, vecina de Sevilla, se conten\u00edan en dos cartas: una dirigida directamente a su c\u00f3nyuge, la otra a un intermediario en quien confiaba para las necesidades del viaje. En la primera explicaba: \u201cVendr\u00e1 con vos mi hermana Beatriz, y Barrasa \u00a0\u00a0y su mujer, con dos negras de vuestro servicio\u201d, a\u00f1adiendo como reclamo: \u201clo uno por vuestro contento, lo otro por mi quietud\u201d (Otte, 1988: \u201cCarta 300\u201d, 267). En la segunda, encargaba a un tal Antonio Rodr\u00edguez: \u201cMande venga mi mujer en la nao de granillo o en otra que a v. m. pareciere, y se le tome la c\u00e1mara de popa, y venga con ella mi hermana Beatriz, y Barrasa y su mujer, con un par de negras\u201d. No \u00a0\u00a0olvidaba a su madre quien, por las formas, entendemos quedaba en tierra y para quien dispon\u00eda la compra de una casa peque\u00f1a y de \u201cuna\u00a0 \u00a0negra muchacha o negra mayor de poco precio\u201d (\u201cCarta 300\u201d, 267. Diego de Viru\u00e9s desde Nombre de Dios al se\u00f1or Antonio Rodr\u00edguez, en Sevilla, el 30 de octubre de 1559), esclava, entonces, que quedar\u00eda en Sevilla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1561, ahora desde Valdivia (Chile), Sebasti\u00e1n Carrera encargaba a \u00a0su esposa sevillana, Mari S\u00e1nchez, la adquisici\u00f3n all\u00e1 de una esclava \u00a0\u00a0\u00a0negra, primero para el servicio en el mar, m\u00e1s tarde para la casa cuando llegare. El precio en Sevilla, nada comparable a su trato en las Indias, y la necesidad son los rasgos m\u00e1s llamativos de la evoluci\u00f3n de la trata. No se conceb\u00eda una vida, no ya descansada, sino pasable, sin servicio de negra. De este modo:<\/p>\n<blockquote>\n<p>Como digo en las dem\u00e1s cartas digo (en) \u00e9stas que (\u2026) v. m. no venga sin una negra, para que a v. m. y al se\u00f1or mi hermano los sirva, porque no podr\u00e1n vivir de otra manera, porque, como yo digo, yo tendr\u00e9 dineros a v.m. para pagar los fletes del nav\u00edo y lo dem\u00e1s que v. m. debiere, siendo Dios servido, porque comprarla ac\u00e1 que est\u00e1n muy caras, y no se puede servir una casa sin una esclava. Y tambi\u00e9n para la mar que la han de menester mucho (\u201cCarta 621\u201d, 556. Carta de Sebasti\u00e1n Barrera, en Valdivia, a su mujer Mari S\u00e1nchez, en Sevilla, el 22 de abril de 1564).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Unos a\u00f1os despu\u00e9s, en 1566, desde Puebla (M\u00e9xico), Luis de C\u00f3rdoba intentaba convencer a su esposa de la imposibilidad de su vuelta; todo andaba mal por Castilla, \u00e9l no podr\u00eda prosperar ni ganar cosa alguna y ella habr\u00eda de olvidarse de la posibilidad del regreso. En contra, ser\u00eda la mujer quien habr\u00eda de viajar, para lo cual las \u00f3rdenes eran precisas: \u201cAs\u00ed que, por tanto, se\u00f1ora, vended lo que all\u00e1 ten\u00e9is y cobrad lo que os debe el rey, pues que dec\u00eds que no lo hab\u00e9is cobrado, y comprad servicio que os sirva por la mar de un par de esclavas y un esclavo negro, tres piezas, que sean muy buenas, que es lo que m\u00e1s ac\u00e1 es menester\u201d. E insist\u00eda: \u201cPor amor de Dios no se haga otra cosa, porque si otra cosa se hace, tendr\u00e9 entendido que no me ten\u00e9is voluntad\u201d (\u201cCarta 154\u201d, 147-149. De Luis de C\u00f3rdoba a su esposa en Sevilla, el 5 de noviembre de 1566). Y en 1587, desde Chimbo, Juan Fuero dibujaba para Juan Fern\u00e1ndez \u00a0una vejez pl\u00e1cida y descansada, en la que no faltaban esclavas negras: \u201cLuego que Dios sea servido de llevar all\u00e1 este dinero, se vendr\u00e1n luego, porque ser\u00e1 para mucho contento y tener buena vejez. Y mande v. m. comprar un par de esclavas negras, hermosas muchachonas, que les vengan sirviendo\u201d (\u201cCarta 414\u201d, 363. De Juan Fuero a Juan Fern\u00e1ndez Resio, el 28 de marzo de 1587).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las disposiciones de compra en el XVII son semejantes. Variaba, si acaso, el puerto de venta. Como es sabido, a lo largo de la segunda mitad del siglo, C\u00e1diz se impone en el mercado de negros como lugar de salida para las Indias. \u201cLa orden que doy en mi casa es [\u2026] que en \u00a0\u00a0\u00a0C\u00e1diz compre una negra\u201d \u2013ordenaba un marido para el viaje de su esposa, en 1688\u2013 \u201cy un negrito de catorce a veinte a\u00f1os para que les vengan asistiendo, adem\u00e1s de otra negra que han de traer\u201d (Stangl, 2012: \u201cCarta 114\u201d, Contrataci\u00f3n 5451. Diego Fern\u00e1ndez, en M\u00e9xico, a Diego de Barrios, en Badajoz, el 30 de abril de 1688).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el viaje y en su destino, las esclavas negras tendr\u00edan asignados los oficios de cocineras y criadas. Lo primero depend\u00eda de la ense\u00f1anza del ama, seg\u00fan recomendaban los maridos, como Juan Bautista Tim\u00f3n a su esposa Juana Roso, en C\u00e1diz, en dos cartas, una de ellas en 1692: la otra sin fechar: \u201cTe encargo que compres luego una negra moza que se vaya ense\u00f1ando a cocinar para que sirva en el viaje tambi\u00e9n\u201d. Y adem\u00e1s: \u201cen todo caso, no dejes de comprar la negra que con el tiempo la puedes comprar porque sepa cocinar y q [ue te] sirva con mucho gusto\u201d (\u201cCarta 877\u201d y \u201cCarta 878\u201d, fechadas el 17 de septiembre de 1692)<em>.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo segundo \u2013el oficio de criadas\u2013 depend\u00eda de las necesidades de la casa. Amasar y planchar, lavar y \u201cel servicio de mano\u201d ser\u00e1n menesteres citados en la correspondencia de los siglos Modernos. El \u00a0\u00a0\u00a0hacendado del Per\u00fa (Valle de Casma) Andr\u00e9s Chac\u00f3n, propietario de minas, tierras y esclavos, lament\u00e1ndose del gasto que le generaba el servicio de su casa, relataba en 1570:<\/p>\n<blockquote>\n<p>[\u2026] tengo en Trujillo dos negras que sirven de amasar para la gente y de cocinar, y tengo una mulata que sirve a Ana L\u00f3pez (esposa) y labra y cose y sirve la mesa con otras indias y muchachas. Hay otras cinco o seis indias que son lavanderas y ayudan a amasar a las negras, de manera que hay en casa veinte o veinticinco personas que comen [\u2026] He dicho esto como digo para que vean si tengo que mantener y sustentar\u201d (Otte, 1988: \u201cCarta 528\u201d)<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el siglo XVIII las recomendaciones ser\u00e1n semejantes. En 1753, el teniente de artiller\u00eda Andr\u00e9s Mac\u00edas relata a su esposa el servicio del que dispondr\u00eda una vez llegada a Luj\u00e1n, en R\u00edo de la Plata: \u201cTengo una negra, como de 24 a\u00f1os, gran cocinera, lavandera trabajadora. Tengo otra chica preciosa como de 11 a\u00f1os, para tu servicio a la mano, muy aplicada a costura y dem\u00e1s faena de casa de aseo\u201d (Mac\u00edas, 1991: \u201cCarta 142\u201d, 205-206); y en 1781, desde Montevideo, Antonio Monesterio escribe a su mujer, Catalina Xim\u00e9nez, en Tarifa: \u201cLa casa que hice tan acomodada y bonita para que tu vivieras a gusto. Juntamente tengo puesta mi tienda y una esclava que he comprado y la tengo dada a que me la ense\u00f1en a planchar y el dem\u00e1s servicio de la casa, porque la compr\u00e9 bozal\u201d (M\u00e1rquez Mac\u00edas, 1994: 59).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El destino de las mujeres esclavas, seg\u00fan las cartas, se equiparaba al cuidado de la casa. Convertidas en criadas, realizaban las faenas de las antiguas criadas blancas; las negras las supl\u00edan, haci\u00e9ndolas inusuales e innecesarias. Bien lo hab\u00eda expresado Alonso M\u00e1rquez en carta a su esposa, en Sevilla, en 1587: \u201cY har\u00e9is por traer a Giterilla, si su madre os la quisiere dar, que sobre ello yo le escribo, porque no entienda que la traemos para servir, que en esta tierra no se usa servirse de mujeres blancas\u201d. Y a\u00f1ade: <em>\u201c<\/em>que para vuestro servicio yo os prometo teneros dos esclavas, que la una ya la tengo, que la compr\u00e9 luego que vine y me cost\u00f3 trescientos y cincuenta ducados, que es muy buena cocinera\u201d (Otte, 1988: \u201cCarta 644\u201d, fechada el 30 de mayo de 1587).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La convivencia con las esclavas dom\u00e9sticas cambia el car\u00e1cter de la apreciaci\u00f3n. Siendo ni\u00f1as como \u201cservicio de mano\u201d se hac\u00edan estimar por sus se\u00f1oras. Todas ellas querr\u00edan tener una \u201cnegrilla\u201d o \u201cmulatilla\u201d de corta edad, no siendo muy \u201cladina\u201d. A mediados del XVIII, Sim\u00f3n V\u00e1zquez en carta a su esposa, referir\u00e1 a su hija Claudia la adquisici\u00f3n de una \u201cnegrita de seis a\u00f1os de edad\u201d en estos t\u00e9rminos: \u201cA mi Claudita le dir\u00e1s que tenga \u00e9sta por suya, y que la espero con vivas ansias, que esta semana pasada le compr\u00e9 una negrita de seis a\u00f1os de edad, criolla de esta ciudad, nombrada Juliana para que le sirva a ella sola si Dios la trae con bien\u201d (Mac\u00edas, 1991: \u201cCarta 224\u201d, 274).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando en 1781 Bartolom\u00e9 Ferrer informaba a su esposa de la compra de una mulatilla bautizada con su apellido, ratificaba su aprecio en el empe\u00f1o de uno de sus amigos por adquirirla para su esposa, ofreci\u00e9ndole por ello el mismo d\u00eda hasta diez pesos de regal\u00eda. Oigamos su respuesta: \u201cyo le respond\u00ed que la he comprado para que te sirviese, que yo hab\u00eda determinado enteramente traerte\u201d (M\u00e1rquez Mac\u00edas, 1994: 60-62). Asimismo, el capricho por las negritas o mulatas de corta edad se evidencia entre los regalos que tales emigrantes quer\u00edan enviar a sus familiares en Espa\u00f1a, promesas que se recordaban desde la metr\u00f3poli: \u201cA\u00a0\u00a0 mi prima, que siempre he tenido presente de la negrita que me envi\u00f3 a pedir por cuando intent\u00e9 el envi\u00e1rsela lo propuse y no hay licencia para conducir negros a Espa\u00f1a\u201d (Stangl, 2012: \u201cCarta 867\u201d, fechada en 1793); era la respuesta de Fray Antonio Balb\u00edn (desde Venezuela) a su primo Agust\u00edn Pav\u00eda (Cartagena, Murcia, en 1792).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cari\u00f1o hacia las esclavas dom\u00e9sticas se manifestaba m\u00e1s claramente en sus deseos de liberaci\u00f3n, normalmente al tiempo de la muerte, cuesti\u00f3n que los escribientes resaltaban en las cartas en disposiciones al efecto. L\u00f3gicamente el afecto nac\u00eda de \u00a0\u00a0\u00a0la compa\u00f1\u00eda y es de suponer que, dado el trato m\u00e1s directo, las relaciones no habr\u00edan de ser en su mayor\u00eda negativas. Obviamente, las cartas esencialmente masculinas desde las Indias no recalaban en virtudes que no fuesen oficios. Por lo tanto, la estimaci\u00f3n de estas mujeres se identifica por fuerza con su valor en tanto sirvientas, que no con un aprecio en cuanto mujeres. En este sentido, por l\u00f3gica, las perspectivas se convierten en referencias m\u00edticas: la sensualidad de las negras, en el Caribe mulatas, quedaba mencionada en la correspondencia, justamente para ratificar su atracci\u00f3n \u2013entendemos que pecaminosa\u2013 de la que los escribientes se apartaban, manteni\u00e9ndose fieles a sus esposas, pero con las que tambi\u00e9n, veladamente, amenazaban, de no partir las c\u00f3nyuges de inmediato. El ejemplo m\u00e1s claro procede de Santo Domingo, donde a fines del XVI, Diego Navarrete, en carta a su mujer Catalina Guti\u00e9rrez, escribe:<\/p>\n<blockquote>\n<p>Mujer m\u00eda de mi coraz\u00f3n: Vuestra carta la recib\u00ed [\u2026], y Dios sabe el contento que yo recib\u00ed en ver cosa que tanto yo deseaba ver letra vuestra, porque, aunque me ten\u00e9is por descuidado, cierto que no son parte las damas de Santo Domingo, ni las mulatas, como por ac\u00e1 se dicen, porque el amor que yo siempre, Se\u00f1ora, os tuve, os lo tengo y tendr\u00e9 todos los d\u00edas de mi vida hasta que muera [\u2026] Os ruego que, si acaso Vaco Mart\u00edn viniere a Santo Domingo, os veng\u00e1is con \u00e9l [\u2026], porque ya se\u00f1ora pod\u00e9is pensar qu\u00e9 vida se puede hacer por ac\u00e1 los hombres sin sus mujeres, porque nunca faltan desaguaderos, aunque sean m\u00e1s buenos, porque al fin son de carne, y es la mayor guerra, aunque por m\u00ed hasta ahora no se podr\u00e1 decir eso (Otte, 1988: \u201cCarta 643\u201d, 576. Fechada el 26 de mayo de 1583).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por la subjetividad y parcialidad de las fuentes (las <em>relaciones il\u00edcitas <\/em>han de quedar en silencio), las menciones a negras se identificar\u00e1n por lo general, con su vistosidad. La percepci\u00f3n de su negritud se convert\u00eda en rango de ostentaci\u00f3n para \u2013en este caso\u2013 sus futuras amas, a quienes su posesi\u00f3n y compa\u00f1\u00eda visualizar\u00edan honor, dignidad y honra. Como pieza de exhibici\u00f3n, las mujeres negras que viajaron a Am\u00e9rica lo hicieron en su mayor\u00eda en calidad de objetos que mostrar, con los que hacerse ver, independientemente de su funci\u00f3n dom\u00e9stica posterior. Las percepciones son id\u00e9nticas en el XVI y el XVII. En 1556, el reclamo de un marido a su esposa inclu\u00eda: \u201cenv\u00edo dineros, quinientos pesos de oro com\u00fan, que vale cada peso ocho reales de plata, para que os den lo que hubi\u00e9redes de menester para vuestro viaje, y para que compr\u00e9is una negra y veng\u00e1is como mujer de bien\u201d (Otte, \u201cCarta 212\u201d).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las mujeres negras que marcharon a Am\u00e9rica en tiempos de la \u00a0colonia, y que all\u00e1 quedaron, permanecen en las cartas de los emigrantes como partes de la otredad. En segundo plano y al servicio de sus amos, sus vidas resurgen en trazos superficiales; casi \u00a0\u00a0siempre sin nombre, o en el mejor de los casos, con el \u201cregalo\u201d de sus due\u00f1os, desde sus perspectivas, en sus palabras y con sus im\u00e1genes. La correspondencia privada no les ofrece mayor protagonismo que el de sus sombras, conformando as\u00ed un grupo espec\u00edfico: las esclavas \u00a0\u00a0negras, las otras mujeres de Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Autoras: <a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/tag\/rosario-marquez-macias\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Rosario M\u00e1rquez Mac\u00edas<\/a> y <a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/tag\/maria-luisa-candau-chacon\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Mar\u00eda Luisa Candau Chac\u00f3n<\/a><\/p>\n<hr \/>\n<h4><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">MAURA, Juan, \u00a0\u201cEsclavas espa\u00f1olas en el Nuevo Mundo. Una nota hist\u00f3rica\u201d, en <em>Colonial Latin American Historical Review<\/em>, 2\/2, 1993, pp. 185-194.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00c1RQUEZ MAC\u00cdAS, Rosario y CANDAU CHAC\u00d3N, Mar\u00eda Luisa, \u201cLas otras mujeres de Am\u00e9rica. Las esclavas negras en tiempo de la colonia. Un estudio a trav\u00e9s de la correspondencia privada\u201d, en <em>Visitas al Patio<\/em>, 10, 2016, pp. 75-92<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">DONOSO RIOS, Ana Laura, \u201cVida cotidiana de negras y mulatas esclavas en San Juan a fines del siglo XVIII\u201d, en <em>Revista Dos Puntas<\/em>, 11, 2015, pp. 133-152.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">LAVRIN, Asunci\u00f3n, \u201cLa mujer en la sociedad colonial hispanoamericana\u201d, en BETHELL, Leslie (ed.), <em>Historia de Am\u00e9rica Latina<\/em>, Barcelona, Cr\u00edtica, 1990, vol. IV, pp. 109-137.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SOCOLOW, Susan,<em> Las Mujeres en la Am\u00e9rica colonial<\/em>, Buenos Aires, Prometeo editorial, 2016.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:33.33%\">        <div class=\"wp-block-visual-portfolio\">\n            \n<div class=\"vp-portfolio vp-uid-2f2654a2 vp-id-2aM8Im\"\n    data-vp-layout=\"masonry\" data-vp-items-style=\"emerge\" data-vp-items-click-action=\"popup_gallery\" data-vp-items-gap=\"15\" data-vp-items-gap-vertical=\"\" data-vp-pagination=\"load-more\" data-vp-next-page-url=\"\" data-vp-masonry-columns=\"1\" >\n    <div class=\"vp-portfolio__preloader-wrap\">\n        <div class=\"vp-portfolio__preloader\">\n            <img decoding=\"async\" loading=\"eager\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/plugins\/visual-portfolio\/assets\/images\/logo-dark.svg\" alt=\"Visual Portfolio, Posts &amp; Image Gallery para WordPress\" width=\"20\" height=\"20\" data-skip-lazy>\n        <\/div>\n    <\/div>\n        <div class=\"vp-portfolio__items-wrap\">\n            \n<div class=\"vp-portfolio__items vp-portfolio__items-style-emerge vp-portfolio__items-show-overlay-hover vp-portfolio__items-show-img-overlay-hover\">\n\n        <div class=\"vp-portfolio__item-wrap vp-portfolio__item-uid-f0fc9aa3\" data-vp-filter=\"\">\n                        <div class=\"vp-portfolio__item-popup\"\n                style=\"display: none;\"\n                data-vp-popup-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/esclavas1.jpeg\"\n                data-vp-popup-img-srcset=\"\"\n                data-vp-popup-img-size=\"1061x772\"\n                data-vp-popup-md-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/esclavas1.jpeg\"\n                data-vp-popup-md-img-size=\"1061x772\"\n                data-vp-popup-sm-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/esclavas1.jpeg\"\n                data-vp-popup-sm-img-size=\"1061x772\"\n            >\n                                    <h3 class=\"vp-portfolio__item-popup-title\">Se\u00f1ora principal con su negra esclava, paisaje y frutas tropicales<\/h3>\n                                        <div class=\"vp-portfolio__item-popup-description\">Se\u00f1ora principal con su negra esclava, paisaje y frutas tropicales. Fuente: Casa Moreno. Archivo de Arte Espa\u00f1ol (1893-1953) \u2013 Ministerio de Educaci\u00f3n Cultura y Deporte- CC BY-NC-ND 4.0 (https:\/\/www.europeana.eu\/en\/item\/2022709\/oai_fototeca_mcu_es_fototeca_MORENO_04022_A)<\/div>\n                                <\/div>\n                                    <figure class=\"vp-portfolio__item\">\n                \n<div class=\"vp-portfolio__item-img-wrap\">\n    <div class=\"vp-portfolio__item-img\">\n        <a  href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/esclavas1.jpeg\" >\n        <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1061\" height=\"772\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/esclavas1.jpeg\" class=\"wp-image-1139\" alt=\"\" \/>\n        <div class=\"vp-portfolio__item-img-overlay\"><\/div>\n\n        <\/a>    <\/div>\n<\/div>\n\n<figcaption class=\"vp-portfolio__item-overlay vp-portfolio__item-align-center\">\n            <div class=\"vp-portfolio__item-meta-wrap vp-portfolio__custom-scrollbar\">\n            <div class=\"vp-portfolio__item-meta\">\n                \n<h2 class=\"vp-portfolio__item-meta-title\">\n    <a  href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/esclavas1.jpeg\" >Se\u00f1ora principal con su negra esclava, paisaje y frutas tropicales<\/a><\/h2>\n            <\/div>\n        <\/div>\n    <\/figcaption>\n            <\/figure>\n                    <\/div>\n        \n        <div class=\"vp-portfolio__item-wrap vp-portfolio__item-uid-fb019d70\" data-vp-filter=\"\">\n                        <div class=\"vp-portfolio__item-popup\"\n                style=\"display: none;\"\n                data-vp-popup-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/esclavas2.png\"\n                data-vp-popup-img-srcset=\"\"\n                data-vp-popup-img-size=\"813x410\"\n                data-vp-popup-md-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/esclavas2.png\"\n                data-vp-popup-md-img-size=\"813x410\"\n                data-vp-popup-sm-img=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/esclavas2.png\"\n                data-vp-popup-sm-img-size=\"813x410\"\n            >\n                                    <h3 class=\"vp-portfolio__item-popup-title\">Anuncio del Diario de Marina, de 3 de febrero de 1846<\/h3>\n                                        <div class=\"vp-portfolio__item-popup-description\">Anuncio del Diario de Marina, de 3 de febrero de 1846. Fuente: Biblioteca Virtual de Prensa Hist\u00f3rica, CC BY 4.0 (https:\/\/prensahistorica.mcu.es\/es\/consulta\/registro.do?id=1029169&amp;formato=ficha_comprende)<\/div>\n                                <\/div>\n                                    <figure class=\"vp-portfolio__item\">\n                \n<div class=\"vp-portfolio__item-img-wrap\">\n    <div class=\"vp-portfolio__item-img\">\n        <a  href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/esclavas2.png\" >\n        <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"813\" height=\"410\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/esclavas2.png\" class=\"wp-image-1140\" alt=\"\" \/>\n        <div class=\"vp-portfolio__item-img-overlay\"><\/div>\n\n        <\/a>    <\/div>\n<\/div>\n\n<figcaption class=\"vp-portfolio__item-overlay vp-portfolio__item-align-center\">\n            <div class=\"vp-portfolio__item-meta-wrap vp-portfolio__custom-scrollbar\">\n            <div class=\"vp-portfolio__item-meta\">\n                \n<h2 class=\"vp-portfolio__item-meta-title\">\n    <a  href=\"https:\/\/grupo.us.es\/encrucijada\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/esclavas2.png\" >Anuncio del Diario de Marina, de 3 de febrero de 1846<\/a><\/h2>\n            <\/div>\n        <\/div>\n    <\/figcaption>\n            <\/figure>\n                    <\/div>\n        \n<\/div>\n        <\/div>\n        \n<\/div>\n        <\/div>\n        <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las corrientes migratorias desde Espa\u00f1a a las Indias a lo largo de la Era Colonial no solo generaron registros de idas de nav\u00edos y licencias de embarque salientes desde las ciudades de Sevilla y\u00a0\u00a0 C\u00e1diz, cabeceras\u00a0\u00a0 del\u00a0\u00a0 monopolio\u00a0\u00a0 en\u00a0\u00a0 el\u00a0\u00a0 tr\u00e1fico\u00a0\u00a0 de\u00a0\u00a0 hombres y mercanc\u00edas con Am\u00e9rica. 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