{"id":596,"date":"2013-05-07T14:55:59","date_gmt":"2013-05-07T14:55:59","guid":{"rendered":"http:\/\/grupo.us.es\/atlas\/?page_id=596"},"modified":"2013-05-07T14:55:59","modified_gmt":"2013-05-07T14:55:59","slug":"los-inicios-de-la-jerarquizacion-social-en-el-suroeste-de-la-peninsula-iberica","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/index.php\/temas\/arqueologia-de-la-desigualdad-social\/los-inicios-de-la-jerarquizacion-social-en-el-suroeste-de-la-peninsula-iberica\/","title":{"rendered":"Los inicios de la jerarquizaci\u00f3n social en el Suroeste de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica"},"content":{"rendered":"<p>[vc_row el_position=\u00bbfirst last\u00bb] [vc_column] [vc_text_separator title=\u00bbLos inicios de la jerarquizaci\u00f3n social en el Suroeste de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica (c. 2500-1700 a.n.e.\/c. 3200-2100 cal ANE). Problemas conceptuales y emp\u00edricos\u00bb title_align=\u00bbseparator_align_left\u00bb el_position=\u00bbfirst\u00bb] [vc_column_text]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Garc\u00eda Sanju\u00e1n, L. y Hurtado P\u00e9rez, V. (1997): \u201cLos inicios de la jerarquizaci\u00f3n social en el Suroeste de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica (<i>c<\/i>. 2500-1700 a.n.e.\/<i>c<\/i>. 3200-2100 cal ANE). Problemas conceptuales y emp\u00edrcos.\u201d <i>Saguntum<\/i> 30<i>. Homenatge a la Pra. Dra. Milagro Gil-Mascarell Bosc\u00e1<\/i>. Vol. II. <i>La Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica entre el Calcol\u00edtico y la Edad del Bronce<\/i>, 135-152. Valencia. Universidad de Valencia<\/p>\n<p>[\/vc_column_text] [vc_message color=\u00bbalert-info\u00bb]<\/p>\n<p>Nota: todas las referencias cronol\u00f3gicas realizadas en este art\u00edculo, originalmente no calibradas, han sido sustituidas por sus correspondencias calibradas<\/p>\n<p>[\/vc_message] [vc_toggle title=\u00bbIntroducci\u00f3n\u00bb open=\u00bbfalse\u00bb]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El an\u00e1lisis de los procesos de transici\u00f3n a la jerarquizaci\u00f3n y estratificaci\u00f3n sociales constituye uno de los temas m\u00e1s destacados y debatidos dentro de la investigaci\u00f3n actual de la Prehistoria Reciente europea, y por cierto uno de los temas donde la explicitaci\u00f3n, di\u00e1logo e interacci\u00f3n de las diferentes aproximaciones te\u00f3ricas se hacen tanto m\u00e1s notorias cuanto necesarias. No ha sido la investigaci\u00f3n de la Prehistoria Reciente del Suroeste de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica especialmente sensible al tratamiento de esta cuesti\u00f3n, como se puede desprender de una reflexi\u00f3n (autocr\u00edtica) que tenga en cuenta la vigencia del empirismo estrecho (aut\u00e9ntico positivismo decimon\u00f3nico) en gran parte de la historiograf\u00eda arqueol\u00f3gica de las \u00faltimas dos d\u00e9cadas, precisamente un periodo en el que la investigaci\u00f3n hom\u00f3loga del Sureste ha concentrado un fascinante despliegue de planteamientos te\u00f3ricos, metodol\u00f3gicos y (como resultado) interpretativos &#8211; <i>cf<\/i>. por s\u00f3lo citar algunos ejemplos (Lull, 1983; Gilman y Thornes, 1985; Lull y Est\u00e9vez, 1986; Gilman, 1976; 1987a; Hernando, 1988; Chapman, 1991; Arteaga Matute, 1992; etc.) &#8211; que la han convertido en un aut\u00e9ntico campo de contrastaci\u00f3n de hip\u00f3tesis y teor\u00edas sobre los or\u00edgenes de la as\u00ed denominada <i>Complejidad Social<\/i> con escasos paralelos en todo el continente europeo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00f3lo en el \u00faltimo lustro, la publicaci\u00f3n de algunas tesis doctorales (Santos Gon\u00e7alves, 1989; Barcel\u00f3, 1991) y el desarrollo o inicio de algunos <i>Programas de Investigaci\u00f3n Sistem\u00e1tica<\/i> en Andaluc\u00eda Occidental (Nocete Calvo <i>et alii<\/i>, 1993; Cruz-Au\u00f1\u00f3n <i>et alii<\/i>, 1993; Hurtado P\u00e9rez, 1993) parece haber insinuado un cambio de tendencia en el enfoque disciplinar con que los procesos sociales de la Prehistoria Reciente del Suroeste han venido siendo tratados, aunque s\u00f3lo a medio plazo ser\u00e1 posible evaluar la relevancia de este atisbo de ruptura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este contexto, el trabajo que aqu\u00ed da comienzo presenta y discute un marco conceptual que pretende contribuir a la interpretaci\u00f3n del proceso de surgimiento y consolidaci\u00f3n de la jerarquizaci\u00f3n social dentro las comunidades del Suroeste peninsular entre <i>c<\/i>. 3200 y 2100 cal ANE, es decir, durante la Edad del Cobre. Tal marco conceptual surge desde un <i>Programa de Investigaci\u00f3n Sistem\u00e1tica<\/i> que se centra temporalmente en el <i>corte<\/i> cronol\u00f3gico inmediatamente posterior, esto es en el periodo <i>c<\/i>. 2100-1300 cal ANE y responde por tanto a la necesidad de insertar dentro de una trayectoria procesual diacr\u00f3nica la problem\u00e1tica emp\u00edrica que constituye su objeto central. La reflexi\u00f3n formulada en las siguientes p\u00e1ginas es una reflexi\u00f3n abierta, en primer lugar porque la concebimos como un fondo de confrontaci\u00f3n de las inferencias que se derivan de nuestro propio \u00e1mbito de an\u00e1lisis emp\u00edrico, y ya que entre ellas se establece una interacci\u00f3n din\u00e1mica y constante, y en segundo lugar porque parece que, en el momento presente, la construcci\u00f3n y constrastaci\u00f3n de hip\u00f3tesis y teor\u00edas sobre los or\u00edgenes de la <i>Complejidad Social<\/i> en la Prehistoria de Europa a trav\u00e9s del registro arqueol\u00f3gico se encuentra en un estadio que recomienda la utilizaci\u00f3n de enfoques epistemol\u00f3gicos flexibles antes que la aplicaci\u00f3n de categor\u00edas conceptuales cerradas a modo de recetario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la primera secci\u00f3n de este trabajo se examinan brevemente las nociones te\u00f3ricas b\u00e1sicas que se han aplicado al estudio de las primeras sociedades complejas primitivas, extray\u00e9ndose la noci\u00f3n de <i>Sociedad Jerarquizada Comunalista<\/i>. En segundo lugar se realiza un reconocimiento sint\u00e9tico del registro emp\u00edrico disponible para el an\u00e1lisis de las formaciones sociales del Suroeste entre <i>c<\/i>. 2500 y 1700 a.n.e.\/3200-2100 cal ANE. Finalmente, se propone una interpretaci\u00f3n del nivel de complejidad social de las mismas sobre la base de dicho registro y a la luz del concepto te\u00f3rico anteriormente derivado.<\/p>\n<p>[\/vc_toggle] [vc_toggle title=\u00bbEl concepto de sociedad jerarquizada comunalista\u00bb open=\u00bbfalse\u00bb]<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\">II.a.- Origen del concepto<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de la creciente extensi\u00f3n de su uso en Arqueolog\u00eda prehist\u00f3rica, no ha sido el concepto de <i>Complejidad Social<\/i> objeto de un debate abierto y expl\u00edcito clarificador de las formas de organizaci\u00f3n social a las que concierne, a pesar de que el uso que se le viene dando en Antropolog\u00eda respecto a sociedades contempor\u00e1neas &#8211; <i>cf<\/i>. por ejemplo Banton (1980) o Contreras (1983) &#8211; sugiere que hubiera sido de inter\u00e9s precisar la dimensi\u00f3n del t\u00e9rmino desde el punto de vista del an\u00e1lisis de las formaciones sociales prehist\u00f3ricas. En este trabajo, el concepto de <i>Complejidad Social<\/i> es entendido en el contexto de las sociedades jerarquizadas y estratificadas en el sentido con que fueron definidas por M. Fried en su cl\u00e1sico trabajo seminal (1967), sentido que por otra parte parece d\u00e1rsele t\u00e1citamente en la literatura arqueol\u00f3gica, bien entendido que tanto las unas como las otras conforman patrones gen\u00e9ricos de organizaci\u00f3n social post-igualitarista dentro de los cuales es posible concebir la definici\u00f3n de diferentes modos de producci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s espec\u00edficamente, este trabajo se centra en el dominio de las sociedades jerarquizadas, asumiendo que, si bien la interrelaci\u00f3n de los procesos de surgimiento y consolidaci\u00f3n de la jerarquizaci\u00f3n y estratificaci\u00f3n social en las edades del Cobre y del Bronce es innegable, la problem\u00e1tica te\u00f3rica impl\u00edcita en el segundo de esos campos de investigaci\u00f3n, frecuentemente designado como <i>origen del Estado<\/i>, es tan amplia e intrincada (un aut\u00e9ntico <i>avispero te\u00f3rico<\/i>) que dif\u00edcilmente podr\u00eda ser tratada aqu\u00ed de forma apropiada &#8211; <i>cf<\/i>. algunas s\u00edntesis a este respecto en Haas, 1981; 1982; Gailey, 1985; Gailey-Patterson, 1988; Paynter, 1989; etc.).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dentro de la teor\u00eda funcionalista del origen del Estado, la <i>Jefatura<\/i> como modelo de organizaci\u00f3n social previo al Estado ha sido objeto de una destacada controversia generadora de una abundante literatura te\u00f3rica y <i>aplicada<\/i> &#8211; v\u00e9anse diferentes res\u00famenes de la misma en (Pebbles y Kus, 1977; Carneiro, 1981; Spencer, 1987; Earle, 1987; Sarmiento, 1992). En s\u00edntesis, podr\u00eda afirmarse que la noci\u00f3n de Jefatura ha sido objeto de una definici\u00f3n dual, ya que, si por una parte ha sido descrita a partir de la expresi\u00f3n territorial que asume como <i>forma de gobierno<\/i>, sin referencia a un sistema de relaciones sociales de producci\u00f3n espec\u00edfico, por otra ha sido fundamentado en torno a la <i>redistribuci\u00f3n<\/i> en el marco de sociedades segmentarias no igualitarias pero tampoco de nivel estatal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, por una parte, en esa acepci\u00f3n que denominaremos <i>territorial<\/i>, la Jefatura es descrita estrictamente como estructura pol\u00edtica y de gobierno intra-grupal sin referencia a un sistema espec\u00edfico de relaciones sociales de producci\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab<i>Chiefdoms are characterized by increased complexity of organization, productivity and population density. Moreover, chiefdoms possess institutionalized offices of leadership: the chief and his associates.<\/i>\u00bb (Peebles y Kus, 1977:422)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab<i>A chiefdom is an autonomous political unit comprising a number of villages or communities under the permanent control of a paramount chief.<\/i>\u00bb (Carneiro, 1981:45)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab<i>Chiefdoms are probably best defined as regionally organized societies with a centralized decision-making hierarchy coordinating activities among several village communities.<\/i>\u00bb (Earle, 1987:280)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab<i>I have defined the chiefdom in essentially political terms, as a cultural system with a particular form of decision-making organization<\/i>.\u00bb (Spencer, 1987:377)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al proponerse la expresi\u00f3n externa\/espacial de la estructura del <i>decision-making<\/i>, una suerte de vago modelo centralizado de ordenaci\u00f3n territorial, como indicador definitorio de su naturaleza como categor\u00eda o patr\u00f3n de organizaci\u00f3n sociopol\u00edtica, la Jefatura asume dos contradicciones. En primer lugar, los conceptos funcionalistas de Jefatura y Estado no representan categor\u00edas te\u00f3ricas <i>excluyentes<\/i>: definidos respectivamente como <i>\u00ab&#8230; una unidad pol\u00edtica que comprende una serie de aldeas o comunidades bajo el control de un jefe supremo&#8230;\u00bb<\/i> (Carneiro, 1981:45), y como <i>\u00ab&#8230;una unidad pol\u00edtica aut\u00f3noma que comprende muchas comunidades dentro de su territorio y que tiene un gobierno centralizado&#8230;\u00bb<\/i> (Carneiro, 1970:733), Jefatura y Estado resultan indiferenciables, puesto que cualquier formaci\u00f3n social <i>hist\u00f3rica<\/i> que se ajuste a tal definici\u00f3n de Jefatura se ajustar\u00e1 a la subsiguiente definici\u00f3n de Estado (Nocete Calvo 1984:297). En segundo lugar, la ambig\u00fcedad inherente a esta definici\u00f3n de Jefatura ha permitido su aplicaci\u00f3n a una vasta gama de situaciones emp\u00edricas: incluso los se\u00f1or\u00edos feudales de la Europa medieval han sido agrupados bajo el concepto de <i>Jefatura<\/i>, ya que, efectivamente constituir\u00edan una <i>\u00absociedad regionalmente organizada\u00bb<\/i> provista de una <i>\u00abjerarqu\u00eda centralizada responsable de la coordinaci\u00f3n de tareas entre comunidades aldeanas\u00bb<\/i> (Earle, 1987:288). En este sentido, en su acepci\u00f3n <i>territorial<\/i>, la noci\u00f3n te\u00f3rica de Jefatura puede albergar modos de producci\u00f3n hist\u00f3ricamente dados tan diversos que, en la pr\u00e1ctica ha devenido un concepto escasamente <i>significativo<\/i> (Carandini, 1992:515).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otra parte, la conceptualizaci\u00f3n de la Jefatura de E. Service (1984), a la que designaremos como <i>redistributiva<\/i>, se acerca m\u00e1s a una caracterizaci\u00f3n interna o socioecon\u00f3mica, no deteni\u00e9ndose en la mera descripci\u00f3n de la expresi\u00f3n territorial que el modelo asume. Service plantea la Jefatura como modelo basado en una estructura de relaciones sociales de producci\u00f3n de base parental organizada de acuerdo con el esquema del <i>Clan C\u00f3nico<\/i> definido por P. Kirchhoff (1959), en el que cada individuo establece su posici\u00f3n en la sociedad en funci\u00f3n de la proximidad de su parentesco con el ancestro fundador m\u00edtico mediante la combinaci\u00f3n de los factores de descendencia y primogenitura y en el que la <i>redistribuci\u00f3n<\/i> act\u00faa como mecanismo ordenador del acceso al producto social. La figura del redistribuidor, retomada por Service de los trabajos de M. Sahlins sobre las jefaturas de las islas del Pac\u00edfico (Sahlins, 1958; 1963) se inserta en el v\u00e9rtice superior de ese esquema c\u00f3nico, asumiendo funciones de coordinaci\u00f3n en las tareas productivas y distributivas as\u00ed como funciones religiosas. Esta acepci\u00f3n insiste m\u00e1s en la definici\u00f3n de los elementos internos del sistema social que en su expresi\u00f3n territorial, lo cual permite a Service rechazar expl\u00edcitamente la ecuaci\u00f3n Jefatura-Feudalismo (Service, 1984:100-102) que asum\u00edan otros autores con los que \u00e9l comparte una perspectiva te\u00f3rica com\u00fan del Estado y su origen, a pesar de que, como \u00e9stos, el propio Service encuentra dificultades en diferenciar las categor\u00edas de Jefatura y Estado (Service, 1984:327).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alternativamente, desde diferentes perspectivas marxistas se han ofrecido marcos de an\u00e1lisis del origen del estado sustancialmente diferentes que no han necesitado hacer uso de la problem\u00e1tica acepci\u00f3n <i>territorial<\/i> de la noci\u00f3n de Jefatura. La acepci\u00f3n <i>redistributiva<\/i> de la categor\u00eda Jefatura, sin embargo, ha sido retomada desde la historiograf\u00eda marxista reciente de este problema, ya que la definici\u00f3n del complejo intensificador\/redistribuidor inserto en el marco del sistema jerarquizado de relaciones sociales de producci\u00f3n de base parental que define el clan c\u00f3nico, una vez adecuadamente contextualizado en las nociones marxistas del Estado y de su origen, ha aportado el elemento te\u00f3rico central que sirve para ordenar la propiedad de los medios de producci\u00f3n, la organizaci\u00f3n de la producci\u00f3n y la distribuci\u00f3n del producto en las sociedades de nivel intermedio entre las sociedades igualitarias y las sociedades estatales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, varios te\u00f3ricos marxistas han ofrecido una descripci\u00f3n del patr\u00f3n de organizaci\u00f3n social correspondiente a las sociedades complejas pre-estatales, que, a pesar de presentar bases conceptuales y terminol\u00f3gicas ligeramente diferentes y a pesar de la (a veces sorprendente) desconexi\u00f3n mutua, son b\u00e1sicamente coincidentes en lo estructural, es decir, en la definici\u00f3n del sistema de articulaci\u00f3n entre las fuerzas productivas, la propiedad de los medios de producci\u00f3n y las reglas de circulaci\u00f3n del producto. Las nociones de <i>Modo de Producci\u00f3n Comunista Primitivo<\/i> en su variante de <i>Redistribuci\u00f3n Compleja<\/i> (Hindess y Hirst, 1979), <i>Modo de Producci\u00f3n Comunal<\/i> (Gailey y Patterson, 1988), <i>Modo de Producci\u00f3n Dom\u00e9stico Intensivo<\/i> (Sah\u00adlins, 1983), <i>Sociedad Jerarquizada<\/i> (Fried, 1967; Friedman, 1977), Sociedades con <i>Grandes Hombres Intensificadores-Redistribuidores<\/i> (Godelier, 1971; 1986; Harris, 1982; 1989) o <i>Sociedad Jer\u00e1rquica Tribal<\/i> (Sarmiento, 1992) muestran una comunidad de elementos estructurales suficiente como para ser consideradas mutuamente complementarias en la articulaci\u00f3n te\u00f3rica del patr\u00f3n de organizaci\u00f3n social que supera en niveles de complejidad a las sociedades de banda y tribales y que en determinadas circunstancias puede evolucionar espont\u00e1neamente hacia el Estado (<i>i.e.<\/i> de forma pr\u00edstina, sin que intermedie la acci\u00f3n de un Estado preexistente).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal patr\u00f3n o modelo de organizaci\u00f3n social elude la problem\u00e1tica acepci\u00f3n <i>territorial<\/i> de la noci\u00f3n de Jefatura y utili\u00adza los elementos conceptuales b\u00e1sicos de la heur\u00edstica de los modos de producci\u00f3n, sobre la base, dicho sea de paso, de la comprensi\u00f3n multilineal de los mismos impl\u00edcita en el marxismo nuclear (Marx y Hobsbawm, 1979) y no de la cerrada conceptualizaci\u00f3n unilinealista que se ven\u00eda aplicando desde el marxismo sovi\u00e9tico (Klejn, 1993), dentro de la noci\u00f3n te\u00f3rica de <i>Sociedad Jerarquizada<\/i> propuesta por M. Fried (1967). En realidad, la articulaci\u00f3n y trabaz\u00f3n de ambas l\u00edneas de an\u00e1lisis, neoevolucionista y neomarxista, ha probado ser viable, como demuestra, por ejemplo, el ya cl\u00e1sico trabajo de J. Friedman sobre la sociedad Cach\u00edn de Birmania (Friedman, 1977), los trabajos que desde la arqueolog\u00eda hispanoamericana han reconfigurado la noci\u00f3n de <i>cacicazgo<\/i> (Sanoja y Vargas, 1987; Toledo y Molina, 1987; etc.), o la noci\u00f3n de <i>Sociedad Jer\u00e1rquica Tribal<\/i>, recientemente propuesta como alternativa al propio concepto de cacicazgo (Sarmiento, 1992).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos referimos por tanto a un modelo de organizaci\u00f3n social que consideramos <i>complejo<\/i> atendiendo a los niveles de producci\u00f3n, de organizaci\u00f3n de la producci\u00f3n y de desigualdad en el acceso a los medios de producci\u00f3n y\/o al producto colectivamente generado. Es un modelo de organizaci\u00f3n social, sin embargo, pre-estatal, pre-estratificado o pre-clasista (consideramos equivalentes los t\u00e9rminos sociedad de clases, sociedad estratificada y estado) ya que los niveles de desigualdad en el acceso de los individuos a los medios de producci\u00f3n (sobre todo la tierra) y a los productos subsistenciales b\u00e1sicos no han alcanzado o traspasado el umbral de la sociedad de clases (es decir, tal acceso no est\u00e1 dr\u00e1sticamente restringido por un segmento social conformado a partir de bases otras que la edad y sexo de sus integrantes, sobre la base de la coerci\u00f3n f\u00edsica y la tributaci\u00f3n) y no rompen por tanto el principio subyacente de solidaridad y comunalismo subsistencial que existe dentro de las sociedades igualitarias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de que ha sido designado con diferentes denominacio\u00adnes, este modelo de organizaci\u00f3n social puede ser definido con bastante nitidez en sus elementos estructurales. Al objeto de examinar su aplicabilidad para el reconocimiento de las formaciones sociales de la Edad del Cobre en el Suroeste de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica lo referimos aqu\u00ed gen\u00e9ricamente como <i>Sociedad Jerarquizada Comunalista<\/i>, asumiendo que representa un ciclo o estadio elemental de la Sociedad Jerarquizada, y pasamos a continuaci\u00f3n a describir sint\u00e9ticamente sus elementos estructurales, atendiendo a los seis modelos de base marxista anteriormente citados.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\">II.b.- Contenido del concepto<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la esfera productiva subsistencial, las sociedades jerarquizadas comunalistas presentan respecto a las de nivel inferior decomplejidad una importante capacidad de <i>intensificaci\u00f3n<\/i> de la producci\u00f3n agr\u00edcola y ganadera que posibilita acumulaciones significativas de producto excedente imposibles en las sociedades de organizaci\u00f3n m\u00e1s simple. El incremento de la producci\u00f3n y la generaci\u00f3n de excedentes productivos se presenta como consecuencia de la interacci\u00f3n de factores m\u00faltiples como la concurrencia de unas condiciones ecol\u00f3gicas espec\u00edficas, la mayor productividad del trabajo, derivada de la mejora de la tecnolog\u00eda y del aumento de la cantidad y efectividad de la fuerza de trabajo empleada, as\u00ed como la acci\u00f3n de instituciones sociales, pol\u00edticas e ideol\u00f3gicas especializadas en la intensificaci\u00f3n. La disponibilidad de excedentes genera, al propio tiempo, el surgimiento de productores especialistas, bien en la gesti\u00f3n, administraci\u00f3n y redistribuci\u00f3n del mismo producto colectivo, bien en la elaboraci\u00f3n secundaria de productos agropecuarios o inorg\u00e1nicos (piedra, metal), o bien en actividades ideol\u00f3gicas (por ejemplo religi\u00f3n), no directamente vinculados con la producci\u00f3n primaria de los bienes subsistenciales b\u00e1sicos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la esfera de la organizaci\u00f3n e implantaci\u00f3n territorial, la mayor seguridad y estabilidad econ\u00f3mica y reproductiva del sistema, estimula un potente crecimiento demogr\u00e1fico &#8211; que a la vez tiene un efecto retroactivo sobre la producci\u00f3n &#8211; cuyas consecuencias se aprecian en el crecimiento del tama\u00f1o de las comunidades individuales y en la extensi\u00f3n del poblamiento humano a regiones perif\u00e9ricas (de producci\u00f3n agropecuaria marginal) que previamente hab\u00edan permanecido deshabitadas: respecto a su capacidad de implantaci\u00f3n, la sociedad jerarquizada es en esta esfera radicalmente diferente de las sociedades m\u00e1s simples de las que deriva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sistema de poblamiento se sustenta sobre una unidad b\u00e1sica de asentamiento que es la <i>aldea<\/i> integrada por uno o m\u00e1s linajes. La expansi\u00f3n demogr\u00e1fica propicia la extensi\u00f3n del poblamiento humano a \u00e1reas progresivamente m\u00e1s alejadas en forma de linajes o ramas de linajes que fundan <i>comunidades sat\u00e9lite<\/i> de la comunidad matriz original, asumiendo el patr\u00f3n de asentamiento una forma que podr\u00eda ser denominada <i>territorio parental<\/i>. En palabras del propio M. Fried:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab<i>In some instances, connections are maintained between the original and the new settlement and, in part of these cases, the relations have elements of subordination, particularly in matters of ritual. In other instances, connections may be weak and almost devoid of content, forgotten with the passing of the pioneer generation which could actually look to a parental group in the old village. Where relations are maintained, the ranking system of the offshot village usually articulates with that of the parent village, a situation reinforced by using kinship categories and terminology<\/i>.\u00bb (Fried, 1967:\u00ad113)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la esfera de las relaciones sociales de producci\u00f3n, el sistema sigue basado en el parentesco, que constituye el marco que rige y ordena la propiedad de los medios de producci\u00f3n, la organizaci\u00f3n de las tareas de producci\u00f3n, as\u00ed como la distribuci\u00f3n y consumo del producto. El modelo espec\u00edfico de relaciones sociales de producci\u00f3n de base parental que identifica gen\u00e9ricamente este tipo de sociedades puede ser referido como c\u00f3nico, y por su propia naturaleza, estimula el desarrollo de principios de descendencia expl\u00edcitos as\u00ed como la jerarquizaci\u00f3n de los linajes en funci\u00f3n de su proximidad con el linaje de referencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Paralelamente, es destacable en esta esfera la inexistencia de propiedad privada de los medios de producci\u00f3n, muy especialmente la tierra, ni siquiera en los estadios o ciclos m\u00e1s avanzados de la evoluci\u00f3n de esta sociedad, como el que pueden representar las m\u00e1s complejas de las jefaturas de las islas del Pac\u00edfico, como Hawai, Samoa, Tonga o Tahit\u00ed (Godelier, 1971) o el nivel Gumsa en la sociedad Cach\u00edn de Birmania, donde la tierra es una propiedad estrictamente comunal, que <i>nunca entra en la esfera de circulaci\u00f3n de bienes y por lo tanto no puede ser acumulada como otros bienes<\/i> (Fried\u00adman, 1977:207).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una figura clave en el esquema de relaciones sociales de producci\u00f3n de esta fase es la del <i>Gran Hombre Intensificador-Redistribuidor<\/i> o <i>Jefe<\/i>, un anciano o un adulto prestigioso cuya funci\u00f3n es normalmente adscrita, aunque puede llegar a ser heredada. B\u00e1sicamente, el Gran Hombre tiene como funciones esenciales el est\u00edmulo e incremento de la producci\u00f3n agr\u00edcola y la redistribuci\u00f3n del producto colectivo, lo cual implica la organizaci\u00f3n ocasional de festines opulentos que refuerzan su liderazgo as\u00ed como el mantenimiento de la cohesi\u00f3n intra-grupal, aunque tambi\u00e9n puede tener entre sus funciones la organizaci\u00f3n de la guerra o ceremonias religiosas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dentro de las sociedades jerarquizadas pueden establecerse diferencias en la naturaleza del poder del Gran Hombre y sus colaboradores en funci\u00f3n, primero, de las fuentes de su prestigio (redistribuci\u00f3n, guerra, religi\u00f3n) y, segundo, del car\u00e1cter hereditario o adscrito de las funciones del liderazgo. As\u00ed, M. Sahlins (1958) distingue cuatro niveles de complejidad en las sociedades jerarquizadas de Polinesia, mientras que I. Goldman (1970) distingue tres; en el an\u00e1lisis comparativo de varias sociedades jerarquizadas de Nueva Guinea con el que culmina su estudio de los Baruya, M. Godelier (1986), realiza una distinci\u00f3n dentro de las sociedades de <i>Grandes Hombres<\/i> &#8211; entre las que incluye a los Baruya &#8211; en funci\u00f3n de que predomine, bien el prestigio militar y\/o religioso o bien el prestigio de redistribuidor; asimismo, en su an\u00e1lisis de la sociedad Cach\u00edn de la Alta Birmania, J. Friedman (1977) distingue dos niveles de desarrollo de la jerarquizaci\u00f3n, en el que el superior, el Gumsa represen\u00adta una acentuaci\u00f3n de las funciones jer\u00e1rquicas respecto al inferior, el Gumlao.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es importante destacar que esta variabilidad se mantiene dentro del esquema comunalista de la sociedad jerarquizada en el sentido de que la articulaci\u00f3n entre relaciones sociales de producci\u00f3n y fuerzas productivas que comporta un principio de solidaridad (no igualitarismo) en el acceso a los recursos no se modifica. De hecho, aunque entre los Baruya, los <i>Grandes Hombres<\/i> con mayor prestigio son guerreros y chamanes, tambi\u00e9n existen redistribuidores prestigiosos; en otras sociedades de Nueva Guinea como los Gahuku-Gama simplemente se combinan ambas fuentes de prestigio para definir el liderazgo (Godelier, 1986). Similarmente, en la sociedad Cach\u00edn el ciclo m\u00e1s evolucionado de complejidad del liderazgo, el Gumsa, siempre alcanza un l\u00edmite estructural que le retrotrae al nivel b\u00e1sico de jerarquizaci\u00f3n o Gumlao (Friedman, 1977). La acentuaci\u00f3n de la jer\u00e1rquizaci\u00f3n intra-grupal que propician las funciones especializadas de gesti\u00f3n econ\u00f3mica que implica esta instituci\u00f3n puede venir acompa\u00f1ada incluso por la inserci\u00f3n en el esquema de relaciones sociales de determinadas formas de coerci\u00f3n anteriormente desconocidas sin que ello implique la existencia de explotaci\u00f3n intragrupal &#8211; aparte de la que pueda derivarse por los estatus de sexo y edad &#8211; sobre la base de un aparato coercitivo sistem\u00e1tico de tipo estatal; antes al contrario, ese poder coercitivo de los l\u00edderes est\u00e1 fuertemente restringido y limitado por la representaci\u00f3n que ostentan de los intereses colectivos de toda la comunidad, lo cual debe ser considerado un demarcador b\u00e1sico entre la sociedad jerarquizada y la sociedad estratificada o estatal (Fried, 1967; Friedman, 1977; Hindess y Hirst, 1979; Sahlins, 1983; Haas, 1982; Harris, 1989). En general, la acentuaci\u00f3n de la jerarquizaci\u00f3n intragrupal supone la aparici\u00f3n y proliferaci\u00f3n de elementos materiales de prestigio y estatus (s\u00edmbolos) asociados a los niveles sociales m\u00e1s altos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la esfera super-estructural, la instituci\u00f3n del Gran Hombre o Jefe asume asimismo funciones de liderazgo religioso que incluyen, por una parte, la movilizaci\u00f3n y coordinaci\u00f3n de los recursos materiales y humanos necesarios para levantar complejas construcciones monumentales que refuerzan su liderazgo y la cohesi\u00f3n intra-grupal, y por otra su actuaci\u00f3n como intermediario entre la sociedad y el complejo de divinidades y antepasados m\u00edticos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En definitiva, de acuerdo con la descripci\u00f3n aqu\u00ed asumida, la <i>sociedad jerarquizada comunalista<\/i> se configura como un sistema de organizaci\u00f3n social complejo que no ha traspasado el umbral de la organizaci\u00f3n social estratificada o estatal. Esta noci\u00f3n se aproxima bastante a la versi\u00f3n marxista del <i>cacicazgo<\/i> y a la noci\u00f3n de <i>sociedad tribal jer\u00e1rquica<\/i> seg\u00fan han sido recientemente empleadas por arque\u00f3logos hispano\u00adamericanos:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab<i>Partimos de entender el cacicazgo como un estadio de evoluci\u00f3n social donde lo determinante es la jerarquizaci\u00f3n social, teniendo por tal una estructura que permite la distribuci\u00f3n de la producci\u00f3n social. Desde este punto de vista, el cacicazgo no es una sociedad igualitaria, pero tampoco existe una estratificaci\u00f3n caracter\u00edstica de una sociedad estatal y de clases. El cacicazgo ser\u00eda un punto intermedio (en t\u00e9rminos de evoluci\u00f3n) entre una sociedad relativamente simple (pero m\u00e1s compleja que una banda de cazadores y recolectores) y una sociedad de clases.<\/i>\u00bb (Toledo y Molina, 1987:196)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab<i>Llamaremos sociedad cacical al estadio social antecedente inmediato a las sociedades clasistas-estatales, el cual, sin embargo, puede considerarse como una fase superior de las sociedades tribales o igualitarias y como una consecuencia evolutiva de las mismas. La sociedad tribal jer\u00e1rquica, como fase superior de la sociedad tribal, es una consecuencia evolutiva de ella. Es un tipo social que no presenta todav\u00eda una divisi\u00f3n social en clases, que ser\u00eda el rasgo cualitativo distintivo de las sociedades estatales, pero tampoco es una sociedad \u00abigualitaria\u00bb, ya que existe cierta jerarqu\u00eda entre los individuos, caracter\u00edstica que la diferencia de las sociedades tribales<\/i>.\u00bb (Sarmiento, 1992:80)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este patr\u00f3n de organizaci\u00f3n social presenta los elementos estructurales necesarios como para que, en determinadas circunstancias econ\u00f3micas, ecol\u00f3gicas y procesuales se produzca una transici\u00f3n pr\u00edstina al Estado, problema que, en el contexto actual de la investigaci\u00f3n prehist\u00f3rica, es de igual o mayor relevancia que el de la naturaleza y configuraci\u00f3n del propio patr\u00f3n de organizaci\u00f3n social del que el Estado emerge, y para explicar el cual en la actualidad se han lanzado diferentes hip\u00f3tesis desde la investigaci\u00f3n arqueol\u00f3gica y antropol\u00f3gica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cualquier caso \u00bfc\u00f3mo contribuye la noci\u00f3n de sociedad jerarquizada comunalista a la interpretaci\u00f3n de las comunidades de las etapas finales de la Edad del Cobre en el Suroeste de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica? Una breve s\u00edntesis del registro arqueol\u00f3gico disponible en el momento presente permitir\u00e1 afrontar este problema en la siguiente secci\u00f3n de este trabajo.<\/p>\n<p>[\/vc_toggle] [vc_toggle title=\u00bbFormaciones sociales jerarquizadas comunalistas en el suroeste de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica. La edad del cobre (c. 2500-1700 a.n.e.\/3200-2100 cal ANE)\u00bb open=\u00bbfalse\u00bb]<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\">III.a.-\u00a0 Registro emp\u00edrico<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Van siendo cada vez m\u00e1s numerosas las dataciones absolutas que sostienen el complejo arqueogr\u00e1fico que se ha venido adscribiendo tradicionalmente a la Edad del Cobre en el Suroeste &#8211; concretamente 40 frente a las 75 actualmente disponibles para el Sureste peninsular. Sin embargo, y a pesar de la importante mejora de la informaci\u00f3n disponible que se ha producido dentro de este apartado en los \u00faltimos quince a\u00f1os, la ubicaci\u00f3n en el tiempo de ciertos rasgos arqueogr\u00e1ficos cruciales para la comprensi\u00f3n de la primera fase de expansi\u00f3n de las sociedades complejas en el mediod\u00eda peninsular permanece por el momento incierta. Adem\u00e1s, y al igual que en el caso de la Edad del Bronce, la disponibilidad de evidencias emp\u00edricas para el an\u00e1lisis de los procesos sociales y econ\u00f3micos que tienen lugar en la \u00faltima etapa de la Edad del Cobre aparece marcada por una historiograf\u00eda hist\u00f3rico-cultural concentrada de forma predominante en el registro funerario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>V. dos Santos Gon\u00e7alves (1987a) se\u00f1ala que los primeros poblados calcol\u00edticos del Sur de Portugal no son publicados sino hasta la segunda mitad de los a\u00f1os setenta en un conocido trabajo de C. Tavares y J. Soares (1976).<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el nivel del registro habitacional, a partir de <i>c<\/i>. 3200 cal ANE se produce una fuerte diversificaci\u00f3n de los asentamientos, que han sido clasificados en tres tipos b\u00e1sicos (Morais, 1982) de acuerdo con su extensi\u00f3n y de acuerdo con la presencia o ausencia de estructuras defensivas:<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>H\u00e1bitats de muy peque\u00f1a extensi\u00f3n (&gt; 1 ha. y 30 &#8211; 50 habitantes aprox.) fuertemente fortificados y normalmente emplazados en cerros con buenas condiciones defensivas naturales. Los que han sido explorados de forma sistem\u00e1tica son Monte da Tumba (Tavares y Soares, 1985; 1988) Castelo do Giraldo (Pa\u00e7o, 1962; Pa\u00e7o y Fern\u00e1ndez, 1961), Cerro dos Castelos de Sao Bras (Parreira, 1983), Castelo de Santa Justa (Santos Gon\u00e7alves, 1980a; 1980b; 1981; 1982; 1983; 1984a), Cabezo de los Vientos (Pi\u00f1\u00f3n, 1987a; 1987b), Monte Novo dos Albardeiros (Santos Gon\u00e7alves, 1988) y Palacio Quemado (Hurtado P\u00e9rez y Enr\u00edquez Navascu\u00e9s, 1991).<\/li>\n<li>H\u00e1bitats de peque\u00f1a extensi\u00f3n (1-5 has y 150 a 350 habitantes aproximadamente) sin fortificaciones y situados tanto en cerros con buenas condiciones defensivas como en llano. Es la categor\u00eda m\u00e1s representada, y entre los que han sido objeto de excavaciones se encuentran Possanco, Alcalar, Cerro do Castelo de Corte Joao Marques (Oliveira, 1990), Sala 1 (Santos Gon\u00e7alves, 1987b), Papa Uvas (Mart\u00edn de la Cruz, 1985; 1986a; 1986b; etc.), La Morita (Acosta Mart\u00ednez et <i>alii<\/i>, 1987), Los Cortinales (Gil Mascarell y Rodr\u00edguez D\u00edaz, 1987), TESP3 (Santos Gon\u00e7alves, 1990), El Negr\u00f3n (Cruz-Au\u00f1\u00f3n <i>et alii<\/i>, 1992a) y otros.<\/li>\n<li>H\u00e1bitats de muy grande superficie (50-100 ha. y 500 a 1000 habitantes aproximadamente) no fortificados o delimitados por estructuras defensivas menos complejas que las de los fortines. Los poblados de esta categor\u00eda que han sido explorados son La Pijotilla que tiene una extensi\u00f3n de unas 90 hect\u00e1reas (Hurtado P\u00e9rez, 1992), Ferreira do Alentejo, de aproximadamente 50 ha (Morais, 1982) y Valencina de la Concepci\u00f3n, para el que se ha propuesto una extensi\u00f3n de <i>c<\/i>. 300 ha (Mart\u00edn de la Cruz y Miranda, 1988).<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Las intervenciones puntuales que se han realizado en este h\u00e1bitat (Fern\u00e1ndez G\u00f3mez y Oliva, 1985; Ruiz Moreno, 1991; Murillo et alii, 1990) sugieren efectivamente que su extensi\u00f3n es enorme.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La inserci\u00f3n de todas estas categor\u00edas de asentamientos entre <i>c<\/i>. 3200 y 2100 cal ANE est\u00e1 actualmente respaldados por una serie de 24 dataciones de radiocarbono procedentes de Monte Novo dos Albardeiros, Sala 1, TESP3, Monte da Tumba, La Pijotilla, Castelo de Santa Justa, Palacio Quemado, Valencina de la Concepci\u00f3n y El Negr\u00f3n. Naturalmente, a esta clasificaci\u00f3n de lugares de habitaci\u00f3n permanentes al aire libre\u00a0habr\u00eda que a\u00f1adir las categor\u00edas de los h\u00e1bitats en cueva y en campamentos semipermanentes o estacionales, as\u00ed como otras categor\u00edas de yacimientos relacionados por una parte con la producci\u00f3n econ\u00f3mica tales como las estaciones de producci\u00f3n l\u00edtica (los denominados <i>talleres l\u00edticos<\/i>) y las explotaciones mineras, y por otra con la reproducci\u00f3n ideol\u00f3gica de estas formaciones sociales (cuevas y abrigos con pinturas rupestres).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Aparte de los yacimientos aqu\u00ed citados y que han sido objeto de excavaciones, otros muchos han sido publicados en trabajos monogr\u00e1ficos sobre el poblamiento de la Edad del Cobre en el suroeste (Garrido, 1971; Tavares y Soares, 1976; Gon\u00ad\u00e7al\u00adves, 1984a; Soares y Tavares, 1992; Enr\u00edq\u00aduez Navascu\u00e9s, 1989; 1990) y en cartas arqueol\u00f3gicas generales.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En lo que concierne al registro funerario, desde finales del IV milenio hasta <i>c<\/i>. 2100 cal ANE todos los patrones de enterramiento registrados en el Suroeste son colectivos, distingui\u00e9ndose dos tipos de contenedores principales:<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>Por una parte se utilizan <i>cuevas artificiales<\/i> de diversa tipolog\u00eda constructiva que ofrecen una concentraci\u00f3n destacada en el Algarve y otra a lo largo de las tierras bajas del valle del Guadalquivir, con una fuerte concentraci\u00f3n entre los r\u00edos Guadalete y Corbones. Recientemente se han obtenido varias dataciones de radiocarbono para una de las caba\u00f1as de poblado de El Negr\u00f3n, asociado a la necr\u00f3polis Antoniana, que sit\u00faan estos enterramientos a comienzos del III milenio cal ANE (Cruz-Au\u00f1\u00f3n <i>et alii<\/i>, 1992a), lo cual es bastante consistente con la cronolog\u00eda que se les hab\u00eda adjudicado tradicionalmente a partir de las evidencias arqueol\u00f3gicas (Rivero Gal\u00e1n, 1988).<\/li>\n<li>Por otra parte se siguen construyendo (o se reutilizan) <i>construcciones megal\u00edticas<\/i> de diversa tipolog\u00eda arquitect\u00f3nica. Un tipo de construcci\u00f3n novedosa que se desarrolla a partir de <i>c<\/i>. 2900\/2800 cal ANE es el <i>tholos<\/i>, complejo arquitect\u00f3nico consistente normalmente en corredor a base ortostatos y c\u00e1mara fabricada con falsa c\u00fapula, pero que a veces no constituye sino una soluci\u00f3n arquitect\u00f3nica intermedia entre el monumento megal\u00edtico construido con grandes ortostatos de piedra y la cueva artificial. Dos <i>tholoi<\/i> situados en la Cuenca Media del Guadiana, La Pijotilla (Hurtado P\u00e9rez, 1995) y Huerta Montero (Blasco y Ortiz, 1992) han sido fechados por radiocarbono a lo largo del III milenio cal ANE.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos dos patrones de enterramiento comparten el rasgo b\u00e1sico de agrupar un n\u00famero de personas variable dentro de una \u00adc\u00e1mara funeraria colectiva de tama\u00f1o tambi\u00e9n variable pero que a veces es capaz de albergar m\u00e1s de doscientos individuos &#8211; caso del enterramiento 3 de La Pijotilla (Hurtado P\u00e9rez, 1995) &#8211; en un reducido espacio. Los ajuares de los inhumados en estos enterramientos colectivos son bastante homog\u00e9neos en todo el cuadrante suroccidental peninsular y suelen integrar una diversa gama de artefactos:<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>Artefactos de car\u00e1cter tecn\u00f3mico (representativos del sistema de producci\u00f3n econ\u00f3mica): flechas, hachas, cuchillos y otros medios de producci\u00f3n de piedra, esp\u00e1tulas, agujas y punzones de hueso, recipientes de cer\u00e1mica y piedra, etc.<\/li>\n<li>Artefactos de car\u00e1cter sociot\u00e9cnico (representativos de la naturaleza social de la persona): peines de marfil y hueso, collares de cuentas de hueso, piedra u otros materiales ex\u00f3ticos y, m\u00e1s raramente, hachas y pu\u00f1ales de cobre.<\/li>\n<li>Artefactos de car\u00e1cter ideot\u00e9cnico (representativos del sistema de expresi\u00f3n ideol\u00f3gica de la estructura de relaciones sociales de producci\u00f3n): \u00eddolos de diversa tipolog\u00eda.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si bien por el momento no se han realizado an\u00e1lisis espaciales que contribuyan a definir los patrones seg\u00fan los cuales se articulan, a escala macro o regional, las diferentes categor\u00edas del registro habitacional y funerario anteriormente descritas, una lectura preliminar de los datos existentes permite realizar algunas inferencias:<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>Dentro del cuadrante suroccidental de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica, el bajo valle del Guadalquivir constituye un espacio perif\u00e9rico respecto a las din\u00e1micas \u00e1reas nucleares de la desembocadura del Tajo y del Sureste. Una revisi\u00f3n reciente de las evidencias acumuladas por las ya abundantes prospecciones sistem\u00e1ticas realizadas en esta zona (Cruz-Au\u00f1\u00f3n <i>et alii<\/i>, 1992b) confirma la ausencia de asentamientos fortificados y el vasto predominio de poblados al aire libre emplazados en terrenos llanos y asociados a \u00e1reas de transformaci\u00f3n l\u00edtica y de almacenamiento as\u00ed como a necr\u00f3polis de cuevas artificiales.<\/li>\n<li>La distribuci\u00f3n de los asentamientos de la Edad del Cobre en el curso medio del Guadiana, que ha sido inventariados de forma sistem\u00e1tica (Enr\u00edquez Navascu\u00e9s, 1989; 1990; Calado, 1993), parece sugerir que la aparici\u00f3n de poblados fortificados tiende a verificarse en la zona de contacto entre las tierras llanas y muy productivas del valle del Guadiana y las primeras estribaciones de las \u00e1reas monta\u00f1osas de suelos esquistosos que la circundan por el Sur y el Oeste, mientras que los poblados no fortificados se concentran en los m\u00e1rgenes del r\u00edo. Este patr\u00f3n puede ser interpretado de dos formas:\n<ul>\n<li>Si se asume que la distribuci\u00f3n de los poblados es expresi\u00f3n del patr\u00f3n de asentamiento sincr\u00f3nico de las comunidades que habitaban la Cuenca Media del Guadiana y si se asume que tales comunidades conforman un territorio relativamente ordenado y articulado desde un\/os lugar\/es central\/es, entonces se podr\u00eda considerar que la l\u00ednea de poblados fortificados sobre el pie de las estribaciones monta\u00f1osas constituye una demarcaci\u00f3n del territorio de un conjunto de comunidades econ\u00f3mica, pol\u00edtica o ideol\u00f3gicamente articuladas. Las fortificaciones funcionar\u00edan entonces como una aut\u00e9ntica frontera frente a las comunidades que habitasen las zonas monta\u00f1osas menos productivas situadas al Sur.<\/li>\n<li>Si por el contrario no se acepta tal premisa, y se considera que la dispersi\u00f3n de los poblados es expresi\u00f3n de la acumulaci\u00f3n diacr\u00f3nica de comunidades relativamente independientes no ordenadas por un centro, entonces la l\u00ednea de fortificaciones sugerir\u00eda que la expansi\u00f3n del poblamiento humano por los rebordes de las franjas m\u00e1s productivas de la cuenca del Guadiana comporta, bien una reducci\u00f3n de la productividad sub\u00adsistencial hasta niveles que obligan a las comunidades a proteger el excedente antes situaciones de crisis productiva, bien necesidad de defender el excedente frente a comunidades sistem\u00e1ticamente deficitarias.<em>La estribaci\u00f3n occidental de Sierra Morena en general y la Sierra de Huelva en particular ha sido hist\u00f3ricamen\u00adte deficitarias en la producci\u00f3n de bienes subsisten\u00adciales b\u00e1sicos como los cereales, de forma que la compensa\u00adci\u00f3n de tal d\u00e9ficit estructural ha requerido la importaci\u00f3n de grano y otros productos agr\u00edcolas, normalmente desde las tierras llanas de Extremadura y no desde el valle del Guadalquivir.<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li>La mayor concentraci\u00f3n de poblados fortificados de todo el Suroeste parece darse en las regiones portuguesas del Bajo y Alto Alentejo. En este \u00e1rea, la articulaci\u00f3n de los h\u00e1bitats fortificados y abiertos pudo estar condicionado por su car\u00e1cter de espacio perif\u00e9rico respecto a VNSP (Monte da Tumba o Torrao) o bien por condiciones semejantes a las expuestas para el caso de la Cuenca Media del Guadiana (Castelo de Sao Bras o Castelo de Santa Justa).<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tanto la relativa diversidad de comarcas naturales integradas en el cuadrante suroccidental como la proximidad\/lejan\u00eda respecto del territorio nuclear de las formaciones sociales m\u00e1s din\u00e1micas de esta etapa, VNSP y Los Millares, podr\u00eda servir para dar cuenta de la existencia de las variaciones de patrones de asentamiento en el Suroeste, pero en todo caso son necesarios estudios a nivel comarcal, que permitan, primero, definir el inventario de localizaciones dentro cada una de las diferentes categorias, y, segundo, analizarlas espacialmente. En este sentido, los <i>Programas de Investigaci\u00f3n Sistem\u00e1tica<\/i> mencionados al comienzo pueden deparar resultados cruciales.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\">III.b.- Interpretaci\u00f3n<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una lectura interpretativa general del registro arqueol\u00f3gico esbozado anteriormente sugiere que a partir de <i>c<\/i>. 3200 cal ANE las formaciones sociales del Suroeste peninsular experimentan importantes transformaciones en todas las esferas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la esfera de la implantaci\u00f3n territorial, parece claro que a partir aproximadamente de esa fecha se produce una expansi\u00f3n del poblamiento humano hacia regiones previamente deshabitadas, tanto en Andaluc\u00eda Occidental (Cruz-Au\u00f1\u00f3n <i>et alii<\/i>, 1992b), como la en Baja Extremadura (Enr\u00edquez, 1989; 1990; Hurtado P\u00e9rez, 1995) como en el Sur de Portugal (Oliveira, 1990), lo que coincide con la tendencia observada a escala continental en este periodo concreto (Sherrat, 1981; Shennan, 1986; Champion <i>et alii<\/i>, 1988; Delibes de Castro y Fern\u00e1ndez Miranda, 1993). El incremento en el n\u00famero total de asentamientos ocupados y el incremento en el tama\u00f1o general de los mismos sugieren asimismo que esta expansi\u00f3n est\u00e1 relacionada con un crecimiento demogr\u00e1fico sustancial. Atendiendo al n\u00famero total de localizaciones referidas en una serie de cartas arqueol\u00f3gicas de diversas comarcas del Suroeste (Amores Carredano, 1982; Ruiz Delgado, 1985; Rodr\u00edguez D\u00edaz, 1986; Oria <i>et alii<\/i>, 1990; Fern\u00e1ndez Caro, 1992; Calado, 1993), se observa que el n\u00famero de atribuciones realizadas al periodo <i>c<\/i>. 3200-2100 cal ANE es precisamente el m\u00e1s alto, lo que contribuye a reforzar la impresi\u00f3n de que esta etapa constituye en efecto una de las de m\u00e1s fuerte expansi\u00f3n del poblamiento humano en el Suroeste durante la Prehistoria Reciente &#8211; <i>cf<\/i>. para una posible explicaci\u00f3n alternativa de este fen\u00f3meno (Hurtado P\u00e9rez y Garc\u00eda Sanju\u00e1n, 1996).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La esfera de la producci\u00f3n subsistencial, experimenta asimismo a partir de <i>c<\/i>. 3200 a.n.e. importantes transformaciones respecto a su trayectoria hist\u00f3rica previa. Como se ha afirmado en relaci\u00f3n con los procesos de expansi\u00f3n demogr\u00e1fica y territorial a escala continental europea, la expansi\u00f3n poblacional hacia terrenos de potencialidad agr\u00edcola marginal que se observa en el Suroeste peninsular en esta etapa puede estar relacionada con un sustancial incremento de la productividad agr\u00edcola, consecuencia de avances tecnol\u00f3gicos tales como la introducci\u00f3n del arado y el comienzo de la utilizaci\u00f3n mas o menos sistem\u00e1tica de la tracci\u00f3n animal, aspectos de lo que se ha venido a denominar <i>segunda generaci\u00f3n de econom\u00edas agrarias<\/i> en Europa (Sherrat, 1981). Un conjunto bastante compacto de evidencias sugiere que este proceso tiene lugar en el Suroeste a partir de la Edad del Cobre.<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>Por una parte, y como se discute a continuaci\u00f3n, los animales dom\u00e9sticos de tiro como los bovinos muestran una gran importancia en los cuadros de especies animales obtenidos de asentamientos como Zambujal y Valencina de la Concepci\u00f3n, lo que puede relacionarse con una extensi\u00f3n del uso del arado.<\/li>\n<li>Por otra parte, a partir de <i>c<\/i>. 3200 cal ANE se produce en los asentamientos del Suroeste un incremento masivo de la frecuencia de medios de producci\u00f3n agr\u00edcola tales como dientes de hoz y l\u00e1minas, hachas pulimentadas y molinos, y asimismo se generaliza la utilizaci\u00f3n en los h\u00e1bitats de silos para almacenamiento de cereales, todo lo cual apunta hacia la consolidaci\u00f3n de econom\u00edas subsistenciales sistem\u00e1ticamente excedentarias.<\/li>\n<li>En tercer lugar, la recurrencia de pesas de telar y ciertos \u00fatiles que vienen siendo interpretados como <i>queseras<\/i> en los poblados de esta etapa en el Suroeste sugiere asimismo la importancia de los productos ganaderos derivados en el consumo subsistencial, direcci\u00f3n a la que apunta m\u00e1s particularmente el cuadro de edades de sacrificio de ciertas especies en el poblado de Valencina de la Concepci\u00f3n.<\/li>\n<li>Finalmente, las representaciones pict\u00f3ricas de la Cueva de la Pretina I en la Sierra de C\u00e1diz constituyen las evidencias m\u00e1s antiguas de posibles arados conocidas en el Suroeste peninsular, y han sido precisamente ubicadas en alg\u00fan momento indeterminado entre finales de la Edad del Cobre y comienzos de la Edad del Bronce (Topper y Topper, 1988).<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">El nivel de evidencias emp\u00edricas disponible sobre la naturaleza de los productos cultivados en esta etapa es muy bajo actualmente. A partir de los an\u00e1lisis de las columnas pol\u00ednicas de El Acebr\u00f3n y Laguna de las Madres, A.C. Stevenson y R. Harrison (1992) concluyeron que entre <i>c<\/i>. 3200 y 1800 cal ANE se produce en las tierras llanas onubenses la configuraci\u00f3n de un sistema primitivo de explotaci\u00f3n agropecuaria sobre la base de la dehesas de encinas, en el que pudo estar integrado el asentamiento de Papa Uvas (Mart\u00edn de la Cruz, 1994), pero los datos disponibles en la actualidad no permiten extender esta interesante conclusi\u00f3n a otras comarcas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En lo que se refiere a la ganader\u00eda, los \u00fanicos asentamientos de esta etapa para los que se han publicado estudios faun\u00edsticos son Papa Uvas (Morales, 1985; 1986; \u00c1lvarez y Chaves, 1986) y Valencina de la Concepci\u00f3n (Hain, 1982). De acuerdo con la distribuci\u00f3n de especies ganaderas que se ofrece en las interpretaciones econ\u00f3micas hasta ahora realizadas de los resultados de esos an\u00e1lisis (Harrison y More\u00adno, 1985; \u00adMar\u00adt\u00edn de la Cruz, 1994) se desprende que existe una importante diferencia en las estrategias ganaderas de ambas comunidades. La distribuci\u00f3n de especies de Valencina de la Concepci\u00f3n es <i>totalmente<\/i> consistente con la contempor\u00e1nea de Zambujal &#8211; <i>cf.<\/i> (Harrison y Moreno, 1985:74) y muestra un predominio claro de los b\u00f3vidos (48%) y de los cerdos (26%) sobre los ovic\u00e1pridos (20%). El caballo est\u00e1 presente con un 3% del total (la proporci\u00f3n habitual en todos los asentamientos del sur peninsular de esta cronolog\u00eda), mientras que los animales salvajes (especialmente el ciervo) suponen el 4% del total de especies consumidas. A partir del patr\u00f3n que asume la edad de sacrificio de los b\u00f3vidos de Valencina de la Concepci\u00f3n, en este caso diferente del de los asentamientos coet\u00e1neos de Zambujal y Cerro de la Virgen, se ha inferido que la carne no constitu\u00eda el \u00fanico producto ganadero explotado, sino que la leche y sus derivados eran objeto de una explotaci\u00f3n econ\u00f3mica especial, lo que explicar\u00eda la alta proporci\u00f3n de terneros (Harrison y Moreno, 1985:65).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por su parte, la distribuci\u00f3n de especies en Papa Uvas resulta ser sustancialmente diferente, ya que la producci\u00f3n de b\u00f3vidos (36%) y suidos (18%) es minoritaria frente a la de ovic\u00e1pridos (39%). El caballo no est\u00e1 presente, mientras que las especies no dom\u00e9sticas conforman una proporci\u00f3n semejante a la de Valencina (6%).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las diferencias del cuadro de explotaci\u00f3n de especies de Papa Uvas respecto al de Valencina sugieren probablemente una econom\u00eda ganadera menos especializada en aqu\u00e9l asentamiento, dado que los ovic\u00e1pridos requieren menores inversiones para su explotaci\u00f3n que vacunos y cerdos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, es preciso hacer referencia a la dimensi\u00f3n de la caza dentro del sistema productivo de determinadas regiones del Suroeste. En el h\u00e1bitat de Papa Uvas, las especies salvajes consumidas en la \u00faltima fase de su ocupaci\u00f3n suponen un 5% del total (Mart\u00edn de la Cruz, 1994); adem\u00e1s, la evoluci\u00f3n del porcentaje de animales salvajes entre la fauna consumida en este h\u00e1bitat a lo largo de toda su ocupaci\u00f3n sugiere que la importancia proporcional de las especies cazadas se mantiene constante. En el h\u00e1bitat de El Negr\u00f3n, las especies animales m\u00e1s consumidas despu\u00e9s de los cerdos y vacas semi-dom\u00e9sticos son especies salvajes como el ciervo, el jabal\u00ed y el conejo (Cruz-Au\u00f1\u00f3n <i>et alii<\/i>, 1992a). Aparte de que su presencia entre los restos faun\u00edsticos de los h\u00e1bitats de este periodo confirma el papel econ\u00f3mico de la caza del ciervo, que supone entre un 2% y un 8% del peso total de hueso animal en todas las colecciones osteol\u00f3gicas de poblados del sur de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica posteriores a <i>c<\/i>. 3200 cal ANE (Harrison y Moreno, 1985), existen evidencias indirectas de su esencial funci\u00f3n econ\u00f3mica en las comarcas de la margen izquierda del Guadalquivir, donde esta especie est\u00e1 presente de una forma sistem\u00e1tica en todas las actividades rituales y simb\u00f3licas que permiten la reproducci\u00f3n en la esfera ideol\u00f3gica. As\u00ed en las representaciones rupestres de la Sierra de C\u00e1diz fechadas en el III y II milenios cal ANE (Topper y Topper, 1988), el ciervo es la especie animal m\u00e1s representada con gran diferencia. Al mismo tiempo, en varias de las necr\u00f3polis de cuevas artificiales de las tierras llanas situadas entre la Sierra de C\u00e1diz y el Guadalquivir, cr\u00e1neos, mand\u00edbulas y astas de ciervo aparecen formando parte del ajuar funerario con relativa frecuencia (Rivero Gal\u00e1n, 1988; Cruz-Au\u00f1\u00f3n <i>et alii<\/i>, 1992a), lo que subraya la importancia de su papel en la esfera super-estructural.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dentro de la esfera de la producci\u00f3n no subsistencial, a lo largo del periodo <i>c<\/i>. 3200-2100 cal ANE se produce el inicio de la producci\u00f3n minera y metal\u00fargica en diversas zonas del Suroeste, una de las \u00e1reas de mayor concentraci\u00f3n de recursos mineros naturales de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica. Las <i>evidencias directas<\/i> dentro de este \u00e1mbito han ido increment\u00e1ndose en los \u00faltimos a\u00f1os:<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>En primer lugar, en la cuenca minera de R\u00edo Tinto, la dataci\u00f3n absoluta por termoluminiscencia de 2050 \u00b1 300 a.n.e. obtenida en el campamento metal\u00fargico del Bronce Final de Chinfl\u00f3n (Rothemberg y Blanco, 1980), en el que las excavaciones realizadas sin embargo no depararon registro arqueol\u00f3gico alguno correspondientes al III milenio ANE (Pellicer Catal\u00e1n y Hurtado P\u00e9rez, 1980), y la proximidad de este campamento respecto del complejo dolm\u00e9nico de El Pozuelo, han sido consideradas evidencia de una posible econom\u00eda metal\u00fargica calcol\u00edtica (Blanco y Rothemberg, 1981). Otras localizaciones mineras y metal\u00fargicas de la cuenca minera de R\u00edo Tinto que han sido adscritas <i>de forma general<\/i> a la Edad del Cobre son Cerro Masegoso, Junta de la Gila, Cuchillares (Blanco y Rothemberg, 1981) y Carretera de Gerena km 11.5 (Hunt Ortiz, 1990). Tanto las atribuciones derivadas de las prospecciones de A. Blanco y B. Rothemberg como la atribuci\u00f3n del sitio de Chinfl\u00f3n son por el momento inciertas. En este sentido, es de destacar que las prospecciones sistem\u00e1ticas que para el estudio de las localizaciones minero-metal\u00fargicas se vienen realizando desde el Proyecto <i>Sierra de Huelva<\/i> (Hunt Ortiz, 1990; 1991; 1992) ofrecen hasta el momento resultados muy discretos en lo que se refiere a la Edad del Cobre.<\/li>\n<li>En la Cuenca Baja del Guadiana, por otra parte, las minas de Rui Gomes y Monte do Judeu y un grupo de asentamientos tanto fortificados como abiertos, han aportado restos de procesamiento metal\u00fargico que constituyen evidencias mucho m\u00e1s sustanciales de la metalurgia de la Edad del Cobre en el Suroeste (Monge Soares <i>et alii<\/i>, 1994) que las obtenidas para la cuenca minera de R\u00edo Tinto hasta la fecha.<\/li>\n<li>En tercer lugar, en la cuenca baja del Guadalquivir se han descubierto estructuras de fundici\u00f3n de cobre en el asentamiento de Amarguillo II (Cabrero Garc\u00eda, 1987) en un contexto fechado por C-14 a mediados del III cal ANE.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las <i>evidencias indirectas<\/i> de la existencia de una econom\u00eda metal\u00fargica durante el la Edad del Cobre en el Suroeste son los hallazgos procedentes de contextos funerarios. Se ha sugerido que la escasez de \u00edtems de ajuar met\u00e1licos en los enterramientos megal\u00edticos de la cuenca minera de R\u00edo Tinto podr\u00eda obedecer al expolio que suelen haber sufrido estos contenedores funerarios ya desde antiguo (Blanco y Rothemberg, 1981:167). A\u00fan cuando pudiera aceptarse esta explicaci\u00f3n como cierta para dar cuenta de al menos parte de la escasez de \u00edtems de prestigio met\u00e1licos en los enterramientos megal\u00edticos localizados en esta zona, en realidad la frecuencia de artefactos met\u00e1licos en los ajuares de los enterramientos colectivos de esta etapa es normalmente baja. En los enterramientos de tipo <i>tholos<\/i> intactos recientemente excavados de forma sistem\u00e1tica en la Cuenca Media del Guadiana se aprecia tal escasez: los enterramientos 1 y 3 de La Pijotilla, que conten\u00edan m\u00e1s de 200 individuos en conjunto han deparado \u00fanicamente 1 pu\u00f1al de cobre (Hurtado P\u00e9rez, 1995), lo que supone una proporci\u00f3n m\u00ednima del conjunto total de artefactos de ajuar, mientras que entre los \u00edtems de ajuar publicados del <i>tholos<\/i> de Huerta Montero, asimismo intacto y con aproximadamente un centenar de individuos inhumados, tampoco se menciona ning\u00fan artefacto met\u00e1lico (Blasco y Ortiz, 1992). En lo referente a las cuevas artificiales de la cuenca baja del Guadalquivir y del Algarve, en necr\u00f3polis como Rota, Marchena, Acebuchal y Aljezur, que suman en total 121 enterramientos colectivos, son descritos \u00fanicamente 9 \u00edtems met\u00e1licos (2 pu\u00f1ales, 2 cinceles, 2 punzones y 1 punta de flecha) (Rivero, 1988). De los enterramientos en cueva artificial intactos excavados recientemente en Andaluc\u00eda occidental, en la Cueva Antoniana de Gilena (sin se\u00f1ales de expolio) donde aparecieron 13 individuos inhumados, se hab\u00edan depositado 1 punz\u00f3n y 2 cinceles (Cruz-Au\u00f1\u00f3n y Rivero Gal\u00e1n, 1987), mientras que en El Roquetito I de Valencina de la Concepci\u00f3n, con 33 individuos inhumados, se hallaron 5 piezas met\u00e1licas (1 pu\u00f1al, 1 sierra y 3 hachas) (Murillo <i>et alii<\/i>, 1990), por lo que puede ser considerado uno de los enterramientos colectivos conocido por excavaci\u00f3n e intacto (al menos en el informe de la intervenci\u00f3n s\u00f3lo se menciona la destrucci\u00f3n de una parte del acceso) en el que el promedio de \u00edtems met\u00e1licos de ajuar por individuos es m\u00e1s alto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras que por el momento son inexistentes las evidencias de intercambio de productos subsistenciales durante esta etapa, las pruebas de la existencia de formas de intercambio de bienes de prestigio elaborados con materias primas ex\u00f3ticas como marfil o c\u00e1scara de huevos de avestruz durante esta fase son bien conocidas (Gilman y Harrison, 1977) y consistentes con la din\u00e1mica de ostentaci\u00f3n del estatus personal dentro del enterramiento colectivo. La misma presencia de evidencias de fundici\u00f3n en asentamientos como La Pijotilla y Amarguillo II, relativamente alejados de los centros de extracci\u00f3n del cobre m\u00e1s pr\u00f3ximos (<i>i.e.<\/i> a unos 100 kms. en l\u00ednea recta de la comarca minera onubense), puede suponer la existencia de redes locales de intercambio de materias primas y de productos acabados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En resumen, dentro de la esfera productiva, tanto subsistencial como no subsistencial, durante la Edad del Cobre las formaciones sociales del Suroeste peninsular consolidan un sistema econ\u00f3mico m\u00e1s seguro (excedentario), complejo y diversificado que el de la etapa precedente. La transformaci\u00f3n de materias primas ex\u00f3ticas importadas y la paulatina extensi\u00f3n de la metalurgia comportan una especializaci\u00f3n en el proceso de trabajo dentro de la comunidad y entre comunidades. No parece sin embargo que la progresiva extensi\u00f3n de la tecnolog\u00eda metal\u00fargica constituya un vector causal principal de la verticalizaci\u00f3n de las relaciones sociales que se produce en esta etapa con respecto a la anterior, ya que la producci\u00f3n metal\u00fargica se mantiene, al menos en un primer momento, en una escala puramente dom\u00e9stica, sin sustituir a las materias primas tradicionalmente utilizadas en la fabricaci\u00f3n de herramientas (piedra, hueso, etc.). En el contexto del an\u00e1lisis de la primera fase del proceso de transici\u00f3n hacia la <i>Complejidad Social<\/i> en el Sureste peninsular se ha insistido en que la metalurgia no constituye una fuerza causal capaz de alterar <i>per se<\/i> el esquema de solidaridad comunalista de las sociedades jerarquizadas constructoras de enterramientos colectivos de la Edad del Cobre (Gilman, 1976; Mart\u00edn Morales, 1985).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La medida en que la producci\u00f3n de \u00edtems met\u00e1licos como sierras, hachas planas, punzones y pu\u00f1ales se asocie a la exhibici\u00f3n o refuerzo ideol\u00f3gico del estatus de forma directa al liderazgo es por el momento una inc\u00f3gnita. Aunque dada la din\u00e1mica de ostentaci\u00f3n del rango social por medio de bienes de prestigio ex\u00f3ticos que es propia de la <i>Sociedad Jerarquizad Comunalista<\/i> ser\u00eda coherente suponer que los primeros elementos fabricados en metal tuvieron como funci\u00f3n b\u00e1sica expresar y reforzar simb\u00f3licamente la ubicaci\u00f3n de la persona en el entramado cl\u00e1nico, de hecho, la escasez o incluso ausencia de artefactos sociot\u00e9cnicos de metal en enterramientos colectivos como La Pijotilla o Huerta Montero sugiere que el valor del metal como expresi\u00f3n ideol\u00f3gico-simb\u00f3lica del estatus social no es necesariamente todav\u00eda muy alto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las comunidades situadas en la margen derecha del r\u00edo Guadiana la metalurgia parece desarrollarse cerca del \u00e1rea de extracci\u00f3n, pero dentro de la faja pir\u00edtica de Huelva (comarcas del And\u00e9valo y la Sierra de Huelva), que conoce por cierto a partir del Bronce Final el comienzo de una econom\u00eda metal\u00fargica orientada al intercambio que perdura durante las \u00e9pocas protohist\u00f3ricas y romana, la extracci\u00f3n y transformaci\u00f3n de minerales metal\u00edferos durante la Edad del Cobre se produce a una escala \u00ednfima, si es que se produce en absoluto. De acuerdo con las evidencias discutidas anteriormente, parecen ser mas bien las comunidades agrarias asentadas en las llanuras aluviales del Bajo Guadalquivir o de la Cuenca Media del Guadiana las que movilizan los recursos y la tecnolog\u00eda necesaria para transformar los recursos mineros de la cuenca minera onubense en esos medios de producci\u00f3n y\/o bienes de prestigio que aparecen en los enterramientos colectivos. En realidad, una <i>visi\u00f3n total<\/i> de la Historia de las explotaciones mineras de R\u00edo Tinto sugiere que <i>nunca<\/i> las comunidades locales han dispuesto de los recursos financieros necesarios para acometer e iniciar espont\u00e1neamente explotaciones significativas de los minerales all\u00ed existentes, y que s\u00f3lo la intervenci\u00f3n de un agente econ\u00f3mico externo ha aportado los recursos y la demanda necesaria para activarla, tanto en \u00e9poca protohist\u00f3rica, como romana, como moderna y contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00f3lo al final de la fase arqueogr\u00e1fica que se ha denominado tradicionalmente <i>Calcol\u00edtico Final Campaniforme<\/i> parece la metalurgia desarrollarse en el \u00e1rea nuclear de VNSP en una escala productiva socialmente relevante, es decir, que implique una especializaci\u00f3n productiva a tiempo completo y una producci\u00f3n sistem\u00e1tica de elementos de prestigio que son utilizados por las elites cl\u00e1nicas. A partir de la coincidencia en Zambujal de la distribuci\u00f3n de la cer\u00e1mica campaniforme y de las evidencias de manufactura del cobre en las estructuras de habitaci\u00f3n, del hallazgo en este asentamiento de un enterramien\u00adto con el t\u00edpico ajuar campanifor\u00adme provisto de las herramientas de un artesano del metal (Kunst, 1987) as\u00ed como del hallazgo de una vaso campaniforme en una mina prehist\u00f3rica de Aljustrel, podr\u00eda inferirse que el vaso campaniforme constitu\u00eda un \u00edtem de prestigio relacionado, bien con \u00e9lites sociales que tambi\u00e9n utilizaban productos de cobre para reforzar sus estatus, bien con grupos o castas de profesionales en ocasiones itinerantes que controlaban la tecnolog\u00eda de extracci\u00f3n y manipulaci\u00f3n del cobre &#8211; respecto a esta segunda posibilidad existen interesantes evidencias etnogr\u00e1ficas (Hunt Ortiz y Ruiz Delgado, 1989) &#8211; o bien con ambos a un tiempo. La medida en que este despegue temporal de la actividad metal\u00fargica en el \u00e1rea nuclear vilanoviana afectase a las comunidades asentadas en las diferentes comarcas del Suroeste est\u00e1 a\u00fan por determinar.<\/p>\n<blockquote><p>Citado en Barcel\u00f3 \u00c1lvarez (1991:274).<\/p><\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dentro de la esfera de las relaciones sociales de producci\u00f3n, el aparente aumento de las tensiones territoriales intercomunitarias, consecuencia del crecimiento demogr\u00e1fico, del incremento de la disponibilidad de excedentes en estas comunidades (es decir, de las necesidades de <i>protecci\u00f3n<\/i> de ese excedente en circunstancias de crisis subsistencial) y de la expansi\u00f3n territorial hacia los m\u00e1rgenes de las zonas m\u00e1s productivas (all\u00ed donde los rendimientos son menores y m\u00e1s fluctuantes y por tanto los excedentes m\u00e1s estrat\u00e9gicos), viene acompa\u00f1ado de un proceso de verticalizaci\u00f3n de la estructura social. Las formaciones sociales del Suroeste durante esta etapa est\u00e1n internamente m\u00e1s jerarquizadas que las de las etapas hist\u00f3ricas precedentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde la \u00f3ptica del registro funerario, un presupuesto generalmente aceptado en relaci\u00f3n con estos enterramientos colectivos es que contienen unidades familiares extensas (<i>clanes<\/i>). Asumiendo que tal presupuesto fuera correcto, a la espera de que sea objeto de una contrastaci\u00f3n emp\u00edrica mediante el estudio de las posibles relaciones de parentesco biol\u00f3gico entre los inhumados (por ejemplo mediante an\u00e1lisis del ADN de los restos \u00f3seos), y con independencia de cu\u00e1l sea la naturaleza de esas unidades familiares (que puede no ser la misma en todos los casos puesto que la desviaci\u00f3n en el n\u00famero de inhumados en diferentes enterramientos es con frecuencia amplia), una caracter\u00edstica recurrente en los enterramientos de este periodo es que <i>las diferentes categor\u00edas constructivas y de ajuar no conforman grupos (por separado o conjuntamente) independientemente de los estatus de sexo y edad de los individuos y cruzando o cortando las unidades de parentesco<\/i>. Es decir, se constata una tendencia a que, dentro de los grupos de parentesco, la distribuci\u00f3n de los ajuares sea homog\u00e9nea y sim\u00e9trica, del mismo modo que la complejidad constructiva del contenedor funerario es com\u00fan a todos los miembros del grupo parental y del mismo modo que la ubicaci\u00f3n en el espacio del contenedor funerario es la misma para todos los miembros de la unidad parental.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No obstante, si bien es cierto que los enterramientos colectivos de este periodo muestran una acusada tendencia hacia la <i>indiferenciaci\u00f3n intraparental<\/i> en esa expresi\u00f3n ideol\u00f3gica tan trascendental que supone el rito funerario, existen alguna evidencias puntuales que sugieren que est\u00e1 ya en marcha un proceso de paulatina acentuaci\u00f3n del liderazgo intra-cl\u00e1nico. As\u00ed, dentro de la c\u00e1mara de los <i>tholoi<\/i> de la necr\u00f3polis de Alcalar se disponen espacios reservados para ciertos individuos (Oliveira, 1990), mientras que en el enterramiento 3 de La Pijotilla se ha identificado un individuo cuyo equipo de ajuar se distingue ligeramente de la norma predominante por la naturaleza y cantidad de los \u00edtems (Hurtado P\u00e9rez, 1995). Ello sugiere que el estatus social de ciertos individuos comienza a diferenciarse lo suficiente dentro de la comunidad como para que ello se refleje ideol\u00f3gicamente de una forma expl\u00edcita en el ritual funerario; con todo, la c\u00e1mara funeraria colectiva sigue constituyendo el espacio com\u00fan de enterramiento para todos por encima de las diferencias y desigualdades sociales. Dicho en otras palabras: <i>la ideolog\u00eda comunalista se sobrepone netamente a la incipiente funci\u00f3n de liderazgo que parecen estar asumiendo algunos individuos<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En lo que se refiere a las relaciones inter-cl\u00e1nicas, se ha se\u00f1alado que las acumulaciones de \u00edtems de prestigio en los enterramientos colectivos y la variabilidad morfol\u00f3gica de los mismos es m\u00e1s limitada en el Suroeste que en el Sureste, lo que sugerir\u00eda que la rivalidad inter-cl\u00e1nica por el prestigio era m\u00e1s d\u00e9bil en el primer caso (Barcel\u00f3 \u00c1lvarez, 1991:272). En la necr\u00f3polis de La Pijotilla se han observado algunas diferencias en la naturaleza de los ajuares dominantes en los distintos enterramien\u00adtos: as\u00ed, comparando los ajuares de las tumbas 1 y 3, esta \u00faltima muestra una mayor diversidad en la tipolog\u00eda de artefactos (Hurtado P\u00e9rez, 1995). En general, como ya se ha observado (Oliveira, 1990), muchos de los enterramientos colectivos de esta etapa hist\u00f3rica suponen un menor esfuerzo de coordinaci\u00f3n colectiva y una menor inversi\u00f3n de trabajo que las grandes construcciones megal\u00edticas del IV milenio cal ANE, hecho consistente con un proceso de relativa disgregaci\u00f3n de la solidaridad inter-cl\u00e1nica (que parece hacerse m\u00e1s patente en el registro funerario a partir de <i>c<\/i>. 2100 cal ANE) ya que las diferentes grupos de parentesco no participar\u00edan de forma frecuente en la construcci\u00f3n colectiva coordinada de monumentos de piedra de colosales dimensiones como los que parecen haber sido construidos a partir de mediados del V milenio cal ANE.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por consiguiente, los indicadores del registro funerario se\u00f1alan que las formaciones sociales de este periodo responden a un sistema de relaciones sociales de producci\u00f3n no estratificado, sino tenuemente jerarquizado y basado exclusivamente en el parentesco, donde el comunalismo y el colectivismo tienen una importante funci\u00f3n como soporte del esquema de relaciones sociales. Las unidades familiares muestran un grado de cohesi\u00f3n y compacidad internas tan alto que la ideolog\u00eda predominante impone que los individuos de una generaci\u00f3n sean enterrados en las mismas c\u00e1maras funerarias (probablemente ya osarios en realidad) que los de las generacio\u00adnes anteriores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuanto a los indicadores del registro habitacional, la severa escasez de excavaciones horizontales en asentamientos dificulta la valoraci\u00f3n de las variaciones en las unidades de producci\u00f3n, habitaci\u00f3n y consumo. En el caso de las estructuras de almacenamiento, en la cuenca del Guadalquivir se han registrado espacios de almacenamiento dentro o en las inmediaciones de los poblados, los denominados <i>campos de silos<\/i>, que parecen ser <i>comunes<\/i> para todo el poblado. Este es el caso asimismo en el asentamiento de Sta. Vitoria, en el Bajo Alentejo, donde existe un \u00e1rea espec\u00edfica de almacenamiento (un grupo de silos subterr\u00e1neos) <i>aislado<\/i> del poblado por un peque\u00f1o foso de secci\u00f3n en V y por una cerca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En lo que se refiere a las variables relativas a las caracter\u00edsti\u00adcas morfol\u00f3gicas y asociaciones artefactuales dentro de las unidades de habitaci\u00f3n y consumo, en el h\u00e1bitat de El Negr\u00f3n se han excavado varias estructuras de habitaci\u00f3n (caba\u00f1as semi-subterr\u00e1neas) y todas presentan caracter\u00edsticas comunes y asociaciones de artefactos semejantes (Cruz-Au\u00f1\u00f3n <i>et alii<\/i>, 1992a). Similar es el caso de los fondos de caba\u00f1a del Cabezo de los Vientos en la zona occidental de la comarca onubense del And\u00e9valo, indiferenciados entre s\u00ed (Pi\u00f1\u00f3n Varela, 1989). En este sentido, es imposible rastrear evidencias de una <i>zonificaci\u00f3n sociopol\u00edtica<\/i> del espacio intra-grupal en estas comunidades. La construcci\u00f3n de estructuras amuralladas no sirve para separar a un grupo de la comunidad de otro, como parece ocurrir en determinadas regiones de Europa durante la Edad del Bronce. Si la funcionalidad de los fortines no es mantener a un segmento de la poblaci\u00f3n separado del conjunto de la misma, entonces se pueden plantear dos hip\u00f3tesis, ya mencionadas anteriormente en relaci\u00f3n con el patr\u00f3n de dispersi\u00f3n de los poblados amurallados en la Cuenca Media del Guadiana:<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>Su funci\u00f3n es proteger los medios de producci\u00f3n b\u00e1sicos (ganado, metal, etc.) y el producto excedente de comunidades muy peque\u00f1as (30 a 50 individuos aproximadamente) relativamente autosuficientes e independientes de toda estructura pol\u00edtica territorialmente organizada, en un contexto territorial y demogr\u00e1fico de tensi\u00f3n y competencia en el que los recursos necesitan ser protegidos. En este caso los fortines actuar\u00edan como aut\u00e9nticas <i>Cajas Fuertes<\/i> (Barce\u00adl\u00f3 \u00c1lvarez, 1991). Una posible evidencia adversa a esta hip\u00f3tesis es la ausencia de silos o estructuras de almacenamiento permanentes en fortines como el del Cabezo de los Vientos o Palacio Quemado &#8211; no obstante la hip\u00f3tesis puede ser correcta si los sistemas de almacenamiento empleados comportaban contenedores m\u00f3viles fabricados con materiales perecederos y no, por ejemplo, estructuras excavadas arqueol\u00f3gicamente detectables.<\/li>\n<li>Su funci\u00f3n es actuar como avanzadilla fronteriza de una organizaci\u00f3n pol\u00edtica territorialmente ordenada bien para proteger el centro del territorio de comunidades perif\u00e9ricas hostiles, bien para realizar trabajos de prospecci\u00f3n y explotaci\u00f3n de recursos metal\u00fargicos. Una posible evidencia en contra de esta hip\u00f3tesis alternativa es que no todos los poblados fortificados tienen evidencias de actividades de extracci\u00f3n y\/o transformaci\u00f3n de minerales.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aparte de la informaci\u00f3n que a este nivel proporciona el registro funerario <i>per se<\/i>, existen algunos indicadores interesantes sobre la forma que asume, dentro de la superes\u00adtructura, la expresi\u00f3n de este esquema de relaciones sociales. Las manifestaciones del aparato simb\u00f3lico-religioso de las formaciones sociales del Suroeste durante el III milenio cal ANE son relativamente abundantes, y se podr\u00edan agrupar en tres categor\u00edas (Bueno Ram\u00edrez, 1995). Por una parte, los conocidos como <i>\u00eddolos<\/i>, que son frecuentes en contextos tanto habitacionales como funerarios (Hurta\u00addo P\u00e9rez, 1978; 1980\u00ad; 1981; Fern\u00e1ndez G\u00f3mez y Oliva Alonso, 1980; Enr\u00edquez Navascu\u00e9s, 1983; etc.), y de los que existen diversos tipos de acuerdo con la morfolog\u00eda y la naturaleza del soporte material; por otra parte, las estelas grabadas, que han aparecido en El Pozuelo, el Dolmen de Soto y Granja de Toni\u00f1uelo (Barcel\u00f3, 1991; Bueno Ram\u00edrez y Balb\u00edn Behrmann, 1994; etc.) y finalmente las pinturas y grabados rupestres, concentrados en las sierras de C\u00e1diz y M\u00e9rida (Topper y Top\u00adper, 1988; Le\u00f3n y Garc\u00eda Verdugo, 1984; etc.). El hecho de que determinados motivos aparezcan a veces repetidos en las tres categor\u00edas de expresi\u00f3n simb\u00f3lica por todo el Suroeste peninsular puede constituir un posible indicio de la homogeneidad de los patrones ideol\u00f3gico-religiosos existentes entre distintas formaciones sociales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los \u00eddolos han sido considerados expresi\u00f3n de un sistema de creencias centrado en una <i>divinidad de la fertilidad<\/i> o semejante, lo que es congruente con el desarrollo de las primeras econom\u00edas agrarias excedentarias de la Prehistoria del Suroeste. Por otra parte, y dada la asociaci\u00f3n de las estelas antropomorfas con los enterramientos colectivos, resulta especialmente interesante la interpretaci\u00f3n que se ha realizado de las mismas como <i>totems<\/i> o identificadores cl\u00e1nicos (Barce\u00adl\u00f3 \u00c1lvarez, 1991) y a\u00fan m\u00e1s interesante la posibilidad de que se confirme una distribuci\u00f3n diferencial de las representaciones grabadas entre los sepulcros colectivos de una misma necr\u00f3polis (Bueno Ram\u00edrez y Balb\u00edn Behrmann, 1994) &#8211; posibilidad todav\u00eda no contrastada estad\u00edsticamente. Suponiendo que ambas interpretaciones fueran correctas, entonces la superestructura ideol\u00f3gica de las formaciones sociales de la Edad del Cobre estar\u00eda dibujando un esquema<i> parental c\u00f3nico<\/i> donde la ubicaci\u00f3n de los individuos en la sociedad se define ante todo por la proximidad parental a un clan o antepasado m\u00edtico com\u00fan y\/o fundador.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\">III.c.- Jerarquizaci\u00f3n Comunalista en el Suroeste<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Toda la exposici\u00f3n anterior ha procedido desde el \u00e1mbito de la reflexi\u00f3n te\u00f3rica <i>directamente<\/i> hacia la formulaci\u00f3n de una serie de enunciados de nivel medio basados en un conjunto de enunciados observacionales. El prop\u00f3sito \u00faltimo de este trabajo es, sin embargo, postular la existencia de una conexi\u00f3n operativa entre la definici\u00f3n te\u00f3rica de <i>Sociedad Jerarquizada Comunalista<\/i> avanzada al comienzo y la realidad social visible a partir del registro arqueol\u00f3gico de la Edad del Cobre. Esta conexi\u00f3n se puede establecer en las esferas de la producci\u00f3n, de las relaciones sociales de producci\u00f3n y de la ideolog\u00eda dominante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En lo que se refiere a la producci\u00f3n subsistencial, las formaciones sociales del Suroeste presentan un rasgo cr\u00edtico de la <i>Sociedad Jerarquizada Comunalista<\/i>: por encima de las sociedades de las que derivan, son excedentarias y capaces de aprovechar una base energ\u00e9tica amplia, susceptible de proporcionar una estabilidad reproductiva mediante el desarrollo y organizaci\u00f3n de mecanismos de almacenamiento y protecci\u00f3n del producto comunitario. Esta capacidad de intensificaci\u00f3n de la producci\u00f3n subsistencial permitir\u00eda la colonizaci\u00f3n de terrenos de baja productividad potencial que anteriormente hab\u00edan permanecido deshabitados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este proceso es observable en otras regiones de Europa a lo largo del III milenio a.n.e., produci\u00e9ndose la consolidaci\u00f3n y expansi\u00f3n de la econom\u00eda productiva agropecuaria excedentaria mediante la extensi\u00f3n de una serie de avances tecnol\u00f3gicos trascendentales como la incorporaci\u00f3n del arado y de la rueda como medios de producci\u00f3n as\u00ed como del caballo como medio de transporte y comunicaci\u00f3n, la intensificaci\u00f3n de la producci\u00f3n de productos secundarios pecuarios (derivados de la leche y la lana) y el comienzo del cultivo de la vid y del olivo as\u00ed como de la utilizaci\u00f3n de sistemas de cultivo por irrigaci\u00f3n en determinadas \u00e1reas mediterr\u00e1neas (Sherrat, 1981; Champion <i>et alii<\/i>, 1988; etc\u00ad), casi todas las cuales son constatables en el registro arqueol\u00f3gico calcol\u00edtico del Suroeste peninsular seg\u00fan se ha expuesto anteriormente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Asimismo, entre las comunidades del Suroeste es posible observar la existencia de un patr\u00f3n de implantaci\u00f3n territorial de car\u00e1cter parental articulado en torno a centros matrices de rango superior que mantienen conexiones de car\u00e1cter econ\u00f3mico, pol\u00edtico e ideol\u00f3gico con centros perif\u00e9ricos de rango inferior. Efectivamente, como se expuso anteriormente, en la esfera de la organizaci\u00f3n territorial, el referente de la <i>Sociedad Jerarquizada Comunalista<\/i> postula la existencia de un territorio parental compuesto de una comunidad central o matriz y una serie de comunidades perif\u00e9ricas o sat\u00e9lites distribuidas en terrenos de productividad progresivamente decreciente que mantienen con su centro original, aparte de relaciones de cooperaci\u00f3n en tareas materiales, estrechos lazos ideol\u00f3gicos y rituales. En el caso del Suroeste existe al menos una comarca, la Cuenca Media del Guadiana, donde, a pesar de que el patr\u00f3n de implantaci\u00f3n territorial de las comunidades de la Edad del Cobre no ha sido objeto de un an\u00e1lisis estad\u00edstico sistem\u00e1tico, la realizaci\u00f3n de diversas prospecciones y sistematizaciones de la informaci\u00f3n disponible (Enr\u00edquez Navascu\u00e9s, 1989; 1990; Hurtado P\u00e9rez, 1995), sugiere la existencia de un territorio presidido por un gran centro donde se integra la producci\u00f3n de bienes no subsistenciales y que podr\u00eda representar un aut\u00e9ntico centro econ\u00f3mico e ideol\u00f3gico para todos los h\u00e1bitats del entorno. Al menos otros dos poblados de extensi\u00f3n y caracter\u00edsticas semejantes a los de La Pijotilla son conocidos en el Suroeste, Valencina de la Concepci\u00f3n y Ferreira do Alentejo, provistos de enterramientos colectivos y en cuyo entorno s\u00f3lo son conocidos asentamientos de mucho menor tama\u00f1o y diversidad de materiales arqueol\u00f3gicos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el caso del Sureste de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica, el crecimiento demogr\u00e1fico, la expansi\u00f3n del poblamiento a territorios antes desocupados y el incremento general del volumen de la producci\u00f3n agropecuaria a partir de finales del IV milenio cal ANE plantean un cuadro de desarrollo socioecon\u00f3mico al menos parcialmente congruente con el que acabamos de referir. Similarmente, a escala continental, se ha inducido la existencia de formas b\u00e1sicas de centralidad y jerarquizaci\u00f3n pol\u00edticas del territorio a partir de la existencia de aldeas de mayor tama\u00f1o y dotadas de estructuras funerarias m\u00e1s complejas rodeadas de otras menores y m\u00e1s simples. Para algunos investigadores, la estructura de relaciones sociales de producci\u00f3n de base segmentaria\/pa\u00adrental se proyecta en el espacio en forma de sistemas de cooperaci\u00f3n y colaboraci\u00f3n entre las aldeas centrales y las menores, las cuales son probablemente producto de sucesivas fisiones iniciadas en la aldea principal o matriz (Champion <i>et alii<\/i>, 1988:224).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la esfera de las relaciones sociales de producci\u00f3n, las sociedades de las etapas finales de la Edad del Cobre en el Suroeste asumen una esquema basado exclusivamen\u00adte en el parentesco y de base comunalista en el que el producto circula mediante mecanismos de redistribuci\u00f3n, sin que exista apropiaci\u00f3n diferencial por parte de un segmento de la comunidad (Barcel\u00f3, 1991:269). Arqueol\u00f3gicamente existen una serie de evidencias que as\u00ed lo sugieren, cuales son el predominio de un ritual colectivo de enterramiento en el que quedan reflejadas las unidades de parentesco, la inexistencia de diferencias individuales significativas en la distribuci\u00f3n de los ajuares en los enterramientos, la ausencia o escasez de armas u otros elementos de coerci\u00f3n <i>directa<\/i> en los ajuares funerarios, la inexistencia de diferencias significativas en la estructura y complejidad de las unidades de producci\u00f3n, que parecen ser predominantemente colectivas, la existencia de espacios colectivos \u00fanicos de almacenaje del producto agr\u00edcola en las aldeas y la inexistencia de diferencias significativas en la estructura y complejidad de los espacios de habitaci\u00f3n y consumo dentro de los asentamientos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sistema de liderazgo que opera sobre un esquema de relaciones sociales de producci\u00f3n de tal naturaleza podr\u00eda derivar de una jerarquizaci\u00f3n de las funciones de reparto (\u00bfperi\u00f3dico?)\u00a0de los medios de producci\u00f3n y del producto, de la organizaci\u00f3n de la defensa as\u00ed como de las funciones de reproducci\u00f3n ideol\u00f3gica, pero la naturaleza de los datos arqueol\u00f3gicos no permite actualmente respaldar esta suposici\u00f3n.<\/p>\n<blockquote><p>V\u00e9ase a este respecto el interesante caso de los repartos anuales de tierra cultivable entre los Pulaar de la cuenca media del Senegal (Park, 1992).<\/p><\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">En relaci\u00f3n con la naturaleza del esquema de relaciones sociales de producci\u00f3n de las sociedades aqu\u00ed discutidas puede ser de interes repasar brevemente las diferentes propuestas que se han avanzado respecto de las comunidades contempor\u00e1neas del Sureste. En este contexto, y dejando de lado la discusi\u00f3n sobre las causas primarias que lo impulsan, las consecuencias sociopol\u00edticas del proceso de consolidaci\u00f3n de la economia productiva agropecuaria sedentaria y excedentaria que tiene lugar durante la segunda mitad del III milenio a.n.e. son objeto de interpretaciones contrapuestas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Varias de las principales interpretaciones de la sociedad de Los Millares (Gil\u00adman, 1976; 1981; 1987a; Ramos Mill\u00e1n, 1981; Chap\u00adman, 1991; 1995), coinciden en se\u00f1alar la naturaleza estrictamente segmentaria del sistema de relaciones sociales de producci\u00f3n y la ausencia de una estructura clasista (estratificaci\u00f3n\/Estado), aunque existe una cierta variaci\u00f3n en la forma particular en que el nivel sociopol\u00edtico de desarrollo es descrito. As\u00ed, desde una perspectiva materialista cultural, A. Ramos Mill\u00e1n (1981) establece una analog\u00eda con los sistemas de Grandes Hombres de las islas del Pac\u00edfico y se\u00f1ala que las evidencias ni siquiera sugieren la existencia de Jefaturas de alto nivel implicadas en una direcci\u00f3n sistem\u00e1tica de la econom\u00eda; la organizaci\u00f3n\/coordinaci\u00f3n de los trabajos comunitarios (sistemas de irrigaci\u00f3n, metalurgia, comercio y guerra) existe, pero no afectar\u00eda a la distribuci\u00f3n igualitaria dentro de la comunidad (Ramos Mill\u00e1n, 1981).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Del an\u00e1lisis del registro funerario de la necr\u00f3polis de Los Millares, R. Chapman (1991) desprende la existencia de una organizaci\u00f3n social de base parental donde los linajes est\u00e1n jer\u00e1rquicamente ordenados:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab<i>En todas las tumbas los ajuares funcionan como indicadores del estatus del grupo, no de los respectivos individuos. Las propias tumbas pueden considerarse como monumentos funerarios de grupos corporativos articulados a trav\u00e9s del parentesco o la descendencia com\u00fan. Partiendo de la asociaci\u00f3n exclusiva o dominante de los objetos de prestigio a contextos funerarios podemos inferir que algunos de estos grupos corporativos se situaban por encima de otros en una escala jer\u00e1rquica. Las diferencias de inversi\u00f3n de energ\u00eda en la construcci\u00f3n de tumbas puede utilizarse para apoyar la misma idea.<\/i>\u00bb (Chapman, 1991:267)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para R. Chapman, la contrastaci\u00f3n de los indicadores emp\u00edricos del registro funerario con los del registro habita\u00adcional (por ejemplo, sistemas de almacenamiento colectivos del producto que act\u00faan como <i>buffer<\/i> en etapas de crisis productiva) corrobora la naturaleza solidaria\/comunalista del sistema de apropiaci\u00f3n del producto social, en lo que su interpretaci\u00f3n resulta b\u00e1sicamente coincidente con la de Ramos, aunque es posible observar una distribuci\u00f3n desigual de los \u00edtems de prestigio (Chapman, 1995:35).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por su parte, A. Gilman, desde una perspectiva materialista hist\u00f3rica, interpreta el registro arqueol\u00f3gico funerario del III milenio ANE como reflejo de un sistema incipiente de jefaturas organizado por el parentesco en el que los diversos linajes est\u00e1n jerarquizados entre s\u00ed (Gilman, 1987a:30). Similarmente, el modo de producci\u00f3n de las comunidades calcol\u00edticas en el Alto Guadalquivir ha sido descrito desde una perspectiva marxista como <i>Comunitario<\/i><i>\u00adParental<\/i> (Ruiz Rodr\u00edguez <i>et alii<\/i>, 1983).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La general coincidencia en se\u00f1alar la naturaleza pre-estatal\/pre-estratificada de las comunidades del periodo <i>c<\/i>. 3200-2100 cal ANE tambi\u00e9n puede extenderse al conjunto del continente europeo. As\u00ed, han sido consideradas complejos de Grandes Hombres o Jefaturas las formaciones sociales de esta etapa en el Reino Unido (Renfrew, 1973; Gibson-Geselowitz, 1988), Europa Central y Oriental (Milisauskas, 1978), y el Egeo (Cherry, 1984), traz\u00e1ndose una analog\u00eda generalmente aceptada entre la funci\u00f3n de los monumentos colectivos erigidos por algunas de las sociedades jerarquizadas redistribuidoras de las islas del Pac\u00edfico o del Sureste de los Estados Unidos y las construcciones megal\u00edticas, funerarias o no funerarias, levantadas por algunas de las formaciones sociales del III milenio ANE en Europa (Champion et alii, 1989; Harris, 1989).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La \u00fanica interpretaci\u00f3n que ha atribuido a la formaci\u00f3n social millarense un rango o nivel de complejidad sociopol\u00edtica superior al de la <i>Sociedad Jerarquizada<\/i> o la <i>Jefatura<\/i> ha sido planteada desde una perspectiva te\u00f3rica materialista hist\u00f3rica (Arteaga Matute, 1992), sobre la base de que la jerarquizaci\u00f3n dentro de y entre los grupos de parentesco implicar\u00eda en realidad una forma de explotaci\u00f3n intra e intergrupal de naturaleza propiamente estatal:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab<i>&#8230;a partir del horizonte de Los Millares se ir\u00eda consolidando una forma de explotaci\u00f3n colectivista predecesora de la forma de explotaci\u00f3n clasista que conocemos como arg\u00e1rica (&#8230;) La conclusi\u00f3n a la cual hemos llegado, no como soluci\u00f3n resolutoria, sino como hip\u00f3tesis abierta a la discusi\u00f3n, es que la realidad hist\u00f3rica de El Argar, como propia de un estado de explotaci\u00f3n clasista hubiera sido precedido por una estado de explotaci\u00f3n colectivista, concerniente \u00e9ste \u00faltimo al proceso econ\u00f3mico-social desarrollado en el Horizonte de Los Millares.<\/i>\u00bb (Arteaga Matute, 1992:198-199)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta interpretaci\u00f3n parte de un concepto de Estado basado en una forma de <i>explotaci\u00f3n colectivista preclasista<\/i> que ser\u00eda observable en la jerarquizaci\u00f3n existente entre los diferentes sepulcros colectivos del asentamiento de Los Millares y la propia configuraci\u00f3n central de este asentamiento en su territorio inmediato, por lo que se aparta de la noci\u00f3n marxista de Estado basada en la presencia de clases sociales antag\u00f3nicas opuestas entre s\u00ed a causa de la violenta apropiaci\u00f3n de los medios de producci\u00f3n y del producto social que ejerce una de ellas (En\u00adgels, 1983:288; Fried, 1967:231; Harvey, 1978:81; Hindess y Hirst:1979:203; Harnecker, 1994:115).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Precisamente, la falta congruencia de esta noci\u00f3n de Estado con el referente materialista hist\u00f3rico del que deriva resalta la estrecha conexi\u00f3n existente en la actualidad entre la interpretaci\u00f3n de la naturaleza del esquema de relaciones sociales de producci\u00f3n y los presupuestos te\u00f3ricos de partida dentro del estudio de la <i>Complejidad Social<\/i>. Esta conexi\u00f3n es tanto m\u00e1s fuerte cuanto no existe todav\u00eda consenso en la investigaci\u00f3n respecto de los indicadores emp\u00edricos que demarcan la naturaleza estatal o pre-estatal de una formaci\u00f3n social a partir de su registro arqueol\u00f3gico, <i>ni siquiera dentro de estrategias te\u00f3ricas comunes<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cualquier caso, la interpretaci\u00f3n aqu\u00ed planteada respecto a las desigualdades intra-cl\u00e1nicas e intra-comunita\u00adrias existentes entre las formaciones sociales del Suroeste en este periodo asume que aqu\u00e9llas se mantienen circunscritas al nivel de desigualdad existente dentro del patr\u00f3n de la <i>Sociedad Jerarquizada Comunalista<\/i> descrito en la secci\u00f3n anterior, lo que excluye por completo el empleo del concepto de Estado en referencia a las mismas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, en la esfera de la ideolog\u00eda dominante dos rasgos destacan. Por una parte, el rasgo m\u00e1s inmediato es el del <i>comunalismo<\/i>: comunalismo en la protecci\u00f3n y conservaci\u00f3n de los productos subsistenciales estrat\u00e9gicos, en la experiencia funeraria y en las representaciones pl\u00e1sticas simb\u00f3licas. Las representaciones simb\u00f3licas acusan una fuerte homogeneidad y son frecuentemente abstractas: no representan a un individuo, sino a una entidad sobrenatural. Durante el segundo milenio ANE las representaciones simb\u00f3licas evolucionar\u00e1n hacia un paulatino \u00e9nfasis de los atributos militares en las representaciones simb\u00f3licas asociadas al ritual funerario (dada la informaci\u00f3n disponible en la actualidad ser\u00eda dif\u00edcil decidir si tales representaciones hac\u00edan refuerzo de la identidad colectiva o m\u00e1s bien de un liderazgo individual, pero ambas hip\u00f3tesis pueden ser actualmente barajadas) para finalmente derivar hacia una heroizaci\u00f3n narrativa del liderazgo. Por otro lado, la ostentaci\u00f3n de productos ex\u00f3ticos dentro del espacio funerario en determinados casos sugiere la existencia de identificadores expl\u00edcitos del estatus social de la persona, lo cual remite nuevamente al concepto de <i>Sociedad Jerarquizada Comunalista<\/i> al que la exhibici\u00f3n del rango es inherente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En resumen, la conclusi\u00f3n de la reflexi\u00f3n hasta aqu\u00ed realizada debe hacer referencia a la trayectoria evolutiva hist\u00f3rica de este patr\u00f3n de organizaci\u00f3n social jerarquizado y comunalista. Como se ha afirmado m\u00e1s arriba, la <i>Sociedad Jerarquizada Comunalista<\/i> constituye un ciclo elemental o b\u00e1sico de la Sociedad Jerarquizada que necesariamente debe preceder a la Sociedad Estratificada en caso de transici\u00f3n pr\u00edstina. La discusi\u00f3n de las circunstancias en que una transici\u00f3n de esta naturaleza son posibles quedan fuera del alcance de este trabajo, ya que en la investigaci\u00f3n actual coexisten varios marcos hipot\u00e9ticos diferentes cuya exposici\u00f3n requerir\u00eda mas espacio del aqu\u00ed disponible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La existencia de una <i>analog\u00eda procesual<\/i> entre el Sureste de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica y la Extremadura portuguesa la Edad del Cobre que se rompe a partir de <i>c<\/i>. 2200\/2100 cal ANE ha sido observada por numerosos autores (Gilman, 1976; 1987a; Ruiz G\u00e1lvez, 1992; Barcel\u00f3 \u00c1lvarez, 1991; D\u00edaz-Andreu, 1993; etc.). Esta ruptura constituye en la actualidad un problema insatisfactoriamente explicado. La reflexi\u00f3n formulada en las p\u00e1ginas precedentes se han centrado en un \u00e1mbito geogr\u00e1fico f\u00edsicamente m\u00e1s cercano a la din\u00e1mica socioecon\u00f3mica del segundo que del primero de aquellos casos y de hecho las evidencias sugieren que la evoluci\u00f3n de las formaciones sociales del Suroeste dentro del II milenio ANE es diferente a la que se ha observado en el Sureste.<\/p>\n<p>[\/vc_toggle] [vc_toggle title=\u00bbReferencias\u00bb open=\u00bbfalse\u00bb el_position=\u00bblast\u00bb]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">ACOSTA MART\u00cdNEZ, P.; CABRERO GARC\u00cdA, R.; CRUZ-AU\u00d1ON, R. y HURTADO P\u00c9REZ, V. 1987: \u00abInforme preliminar sobre las excavaciones de La Morita (Cantillana, Sevilla).\u00bb <i>Anuario Arqueol\u00f3gico de Andaluc\u00eda\/1985<\/i>, 150-152. Sevilla. Junta de Andaluc\u00eda<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">ALVAREZ, M. 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University of Chicago Press<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HAAS, J. 1981: \u00abClass conflict and the state in the New World.\u00bb En JONES, G.D. y KAUTZ, R.R. (Eds): <i>The Transition to the Statehood in the New World.<\/i>\u00bb Cambridge. University Press<i><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HAAS, J. 1982: <i>The Evolution of the Prehistoric State<\/i>. New York. Columbia University Press<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HAIN, F. H. 1982: <i>Kupferzeitliche tierknochenfunde aus Valencina de la Concepci\u00f3n\/Sevilla<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HARNECKER, M. 1994: <i>Los Conceptos Elementales del Materialismo Hist\u00f3rico<\/i>. Madrid. Siglo XXI [1\u00aa edici\u00f3n 1969]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HARRIS, M. 1982: <i>El Materialismo Cultural<\/i>. Madrid. Alianza<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HARRIS, M. 1989: <i>Can\u00edbales y Reyes. Los Or\u00edgenes de las Culturas<\/i>. Madrid. Alianza<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HARRISON, R. J. y MORENO, G. 1985: \u00abEl Policultivo Ganadero o la Revoluci\u00f3n de los Productos Secundarios.\u00bb <i>Trabajos de Prehistoria<\/i> 42, 51-82.<i><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HARVEY, D. 1978: \u00abThe Marxian theory of the state.\u00bb <i>Antipode. A Radical Journal of Geography<\/i> 8 (2), 80-89.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HERNANDO GONZALO, A. 1988: \u00abInterpretaciones culturales del Calcol\u00edtico del Sureste espa\u00f1ol. Estudio de sus bases te\u00f3ricas.\u00bb <i>Cuadernos de Prehistoria de la Universidad de Granada<\/i> 12-13, 35-80.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HINDESS, B. y HIRST, P. Q. 1979: <i>Los Modos de Producci\u00f3n Precapitalistas<\/i>. Barcelona. Ediciones Pen\u00ednsula<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HUNT ORTIZ, M. 1990: \u00abProspecci\u00f3n arqueol\u00f3gica superficial en la Provincia de Sevilla.\u00bb <i>Anuario Arqueol\u00f3gico de Andaluc\u00eda\/1988<\/i>, 286-291. Sevilla. Junta de Andaluc\u00eda<i><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HUNT ORTIZ, M. 1991: \u00abProspecci\u00f3n arqueol\u00f3gica superficial en la Provincia de Sevila.\u00bb <i>Anuario Arqueol\u00f3gico de Andaluc\u00eda\/1989<\/i>, 133-134. Sevilla. Junta de Andaluc\u00eda<i><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HUNT ORTIZ, M. 1992: \u00abProspecci\u00f3n arqueol\u00f3gica superficial en la cuenca alta de la Rivera del Cala y r\u00edo Corumbel (Huelva).\u00bb <i>Anuario Arqueol\u00f3gico de Andaluc\u00eda\/1990<\/i>, 84-85. Sevilla. Junta de Andaluc\u00eda<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HUNT ORTIZ, M. y RUIZ DELGADO, M. M. 1989: \u00abSmiths on the move: notes on the mobility of smiths in primitive communities.\u00bb <i>Coloquio Arqueolog\u00eda hoje (Faro, 1989)<\/i>. In\u00e9dito<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HURTADO P\u00c9REZ, V. 1978: \u00abLos \u00eddolos del Calcol\u00edtico en el occidente peninsular.\u00bb <i>Habis<\/i> 9, 357-364.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HURTADO P\u00c9REZ, V. 1980: \u00abLos \u00eddolos calcol\u00edticos de La Pijotilla.\u00bb <i>Zephyrus<\/i> 30-31, 165-203.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HURTADO P\u00c9REZ, V. 1981: \u00abLas figuras humanas del yacimiento de La Pijotilla (Badajoz).\u00bb <i>Madrider Mitteilungen<\/i> 22, 78-88.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HURTADO P\u00c9REZ, V. 1991: \u00abInforme de las excavaciones de urgencia en La Pijotilla. Campa\u00f1a de 1990.\u00bb <i>Actas de las I Jornadas de Prehistoria y Arqueolog\u00eda en Extremadura (1986-1990). Extremadura Arqueol\u00f3gica<\/i> 2, 45-67. M\u00e9rida<i><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HURTADO P\u00c9REZ, V. 1993: \u00abAn\u00e1lisis y definici\u00f3n de los procesos culturales del II milenio a.C. en el Suroeste Peninsular.\u00bb En \u00a0CAMPOS CARRASCO, J. y NOCETE CALVO, F. (Eds.): <i>Investigaciones Arqueol\u00f3gicas en Andaluc\u00eda 1985-1992<\/i>, 461-469. Huelva. Junta de Andaluc\u00eda<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HURTADO P\u00c9REZ, V. 1995: \u00abInterpretaci\u00f3n sobre la din\u00e1mica cultural en la Cuenca Media del Guadiana (IV-II milenio a.n.e.).\u201d <i>Homenaje a la Dra. Milagros Gil-Mascarell Bosc\u00e1. Extremadura Arqueol\u00f3gica<\/i> 5. M\u00e9rida-C\u00e1ceres<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HURTADO P\u00c9REZ, V. y ENRIQUEZ NAVASCU\u00c9S, J. J. 1991: \u00abExcavaciones en Palacio Quemado (Alange, Badajoz). Informe Preliminar.\u00bb <i>Actas de las I Jornadas de Prehistoria y Arqueolog\u00eda en Extremadura (1986-1990)<\/i>, 69-87.<i> Extremadura Arqueol\u00f3gica<\/i> 2. M\u00e9rida<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HURTADO P\u00c9REZ, V. y GARCIA SANJUAN, L. 1996: \u00abLa necr\u00f3polis de Guadajira (Badajoz) y la transici\u00f3n a la Edad del Bronce en la Cuenca Media del Guadiana.\u00bb <i>Spal<\/i> 3, 95-144.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">KIRCHHOFF, P. 1959: \u00abThe principles of clanship in human society.\u00bb En FRIED, M. (ed): <i>Readings in Anthropology<\/i> 2, 259-270. New York. Crowell<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">KLEJN, L. 1993: <i>La Arqueolog\u00eda Sovi\u00e9tica. Historia y Teor\u00eda de una Escuela Desconocida<\/i>. Barcelona. Cr\u00edtica<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">KUNST, M. 1987: \u00abBell Beaker sherds in Zambujal.\u00bb En WALDREN, W.H. y KENNARD, R.C. (eds): <i>Bell Beakers of the Western Mediterranean<\/i>. BAR International Series 331. Oxford<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">LEISNER, V. y VEIGA FERREIRA, O. da 1963: \u00abPrimeiras datas de radiocarbono 14 para a cultura megalitica<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">portuguesa.\u00bb <i>Revista de Guimaraes<\/i> 73, 358-366.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">LE\u00d3N, M. y GARCIA VERDUGO, R. 1984: <i>Pintura Rupestre Esquem\u00e1tica en M\u00e9rida. Sierra de Arroyo de San Serv\u00e1n<\/i>. Badajoz<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">LULL, V. 1983: <i>La \u00abCultura\u00bb de El Argar. Un Modelo para el Estudio de las Formaciones Econ\u00f3mico-Sociales Prehist\u00f3ricas<\/i>. Madrid. Akal<i><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">LULL, V. y ESTEVEZ, J. 1986: \u00abPropuesta metodol\u00f3gica para el estudio de las necr\u00f3polis arg\u00e1ricas.\u00bb <i>Homenaje a Luis Siret (1934-1984)<\/i>, 441-452. Sevilla. Diputaci\u00f3n Provincial<i><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MARTIN DE LA CRUZ, J.C. 1985: <i>Papa Uvas (Aljaraque, Huelva). Campa\u00f1as de 1976 a 1979<\/i>. Excavaciones Arqueol\u00f3gicas en Espa\u00f1a 136. Madrid. Ministerio de Cultura<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MARTIN DE LA CRUZ, J.C. 1986a: <i>Papa Uvas (Aljaraque, Huelva). Campa\u00f1as de 1981 a 1983<\/i>. Excavaciones<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Arqueol\u00f3gicas en Espa\u00f1a 149. Madrid. Ministerio de Cultura<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MARTIN DE LA CRUZ, J.C. 1986b: \u00abAproximaci\u00f3n a la secuencia de h\u00e1bitat en Papa Uvas (Aljaraque, Huelva).\u00bb <i>Homenaje a Luis Siret (1934-1984)<\/i>. Sevilla. Diputaci\u00f3n Provincial<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MARTIN DE LA CRUZ, J.C. 1994: \u00abAvance a la discusi\u00f3n sobre medio ambiente en la Prehistoria. La relaci\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">vegetaci\u00f3n-fauna en el caso de Papa Uvas (Aljaraque, Huelva).\u00bb En CAMPOS CARRASCO, J.; PEREZ MAC\u00cdAS, J. A.; G\u00d3MEZ TOSCANO, F. (eds): <i>Arqueolog\u00eda en el Entorno del Bajo Guadiana. Actas del Encuentro Internacional de Arqueolog\u00eda del Suroeste (Huelva, Marzo 1993)<\/i>, 201-208. Huelva. Junta de Andaluc\u00eda<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MARTIN DE LA CRUZ, J.C. y MIRANDA, J. M. 1988: \u00abEl poblado calcol\u00edtico de Valencina de la Concepci\u00f3n (Sevilla): una revisi\u00f3n cr\u00edtica.\u00bb <i>Cuaderno de Prehistoria y Arqueolog\u00eda de la Universidad Aut\u00f3noma de Madrid<\/i> 15, 37-67.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MARTIN MORALES, C. 1987: \u00abEl poblado de Almizaraque: los inicios de la metalurgia.\u00bb En AAVV: <i>El Origen de la Metalurgia en la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica. Seminario organizado por la Fundaci\u00f3n Jos\u00e9 Ortega y Gasset.<\/i> Papeles de Trabajo de Arqueolog\u00eda de la Universidad Complutense de Madrid. Madrid<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MARX, K. y HOBSBAWM, E. 1979: <i>Formaciones Econ\u00f3micas Precapitalistas<\/i>. Barcelona. Cr\u00edtica<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MILISAUSKAS, S. 1978: <i>European Prehistory<\/i>. New York. Academic Press<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MONGE SOARES, A.M.; FATIMA ARAUJO, M. y PEIXOTO CABRAL, J.M. 1994: \u00abVestigios da pr\u00e1tica de metalurgia em povoados calcol\u00edticos da bacia do Guadiana, entre o Ardila e O Chan\u00e7a.\u00bb En CAMPOS CARRASCO, J.; PEREZ MAC\u00cdAS, J. A.; G\u00d3MEZ TOSCANO, F. (eds): <i>Arqueolog\u00eda en el Entorno del Bajo Guadiana. Actas del Encuentro Internacional de Arqueolog\u00eda del <\/i><i>Suroeste (Huelva, Marzo 1993)<\/i>, 165-191. Huelva<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MORAIS ARNAUD, J.M. 1982: \u00abO povoado calcol\u00edtico de Ferreira do Alentejo no contexto da bacia do Sado e do Sudoeste peninsular.\u00bb <i>Arqueolog\u00eda<\/i> 6. Porto<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MORALES, A. 1985: \u00abAn\u00e1lisis faun\u00edstico del yacimiento de Papa Uvas (Aljaraque, Huelva).\u00bb En MARTIN DE LA CRUZ, J. C.: <i>Papa Uvas (Aljaraque, Huelva). <\/i><i>Campa\u00f1as de 1976 a 1979<\/i>. Excavaciones Arqueol\u00f3gicas en Espa\u00f1a<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">136, 233-258. Madrid. Ministerio de Cultura<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MORALES, A. 1986: \u00abInforme faun\u00edstico del yacimiento. Corte C-4.3. Fondo n\u00ba 3. Sector C.\u00bb En MARTIN DE LA CRUZ, J.C.: <i>Papa Uvas (Aljaraque, Huelva). <\/i><i>Campa\u00f1as de 1981 a 1983<\/i>. Excavaciones Arqueol\u00f3gicas en Espa\u00f1a \u00a0149, 347-350. Madrid. Ministerio de Cultura<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MURILLO, M. T.; CRUZ-AU\u00d1ON, R. y HURTADO P\u00c9REZ, V. 1990: \u00abExcavaciones de urgencia en el yacimiento calcol\u00edtico de Valencina de la Concepci\u00f3n (Sevilla).\u00bb <i>Anuario Arqueol\u00f3gico de Andaluc\u00eda\/1988<\/i>, 354-359. Sevilla. Junta de Andaluc\u00eda<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">NOCETE CALVO, F. 1984: \u00abJefaturas y territorio: una visi\u00f3n cr\u00edtica.\u00bb <i>Cuadernos de Prehistoria de la Universidad de Granada<\/i> 9, 289-304.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">NOCETE CALVO, F.; ORIHUELA, A.; PE\u00d1A, M. y PERAMO, A. 1993: \u00abProyecto Odiel. Un a\u00f1o despu\u00e9s (1991-1992). 3000-1000 a.n.e. Formaciones sociales en transici\u00f3n: un modelo de an\u00e1lisis hist\u00f3rico para la contrastaci\u00f3n del proceso de jerarquizaci\u00f3n social.\u00bb En CAMPOS CARRASCO, J. y NOCETE CALVO, F.(eds): <i>Investigaciones arqueol\u00f3gicas en Andaluc\u00eda 1985\/1992<\/i>, 383-400. Huelva. Junta de Andaluc\u00eda<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">OLIVEIRA, S. 1990: \u00abDesenvolvimento da hierarquiza\u00e7ao social e da metalurgia.\u00bb En OLIVEIRA, V. et alii: <i>Portugal das origens \u00e0 romaniza\u00e7ao<\/i>., 163-212. Lisboa. Presen\u00e7a<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">ORIA, M. et alii 1990: <i>El Poblamiento Antiguo en la Sierra Sur de Sevilla: Zona de Montellano<\/i>. Sevilla. Ayto de Montellano<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PA\u00c7O, A. 1962: \u00abO Castelo do Giraldo e os novos horizontes do Neolitico Alentejano.\u00bb <i>Boletin Junta distrital de Evora<\/i> 2<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PA\u00c7O, A.\u2011FERNANDEZ, J. 1961: \u00abCastelo do Giraldo (Evora). Trabalhos de 1960.\u00bb <i>Revista de Guimar\u00e2es<\/i> 71<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PARK, T.K. 1992: \u00abEarly trends towards class stratification: chaos, common property and flood recession agriculture.\u00bb <i>American Anthropologist<\/i> 94 (1), 90-117.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PARREIRA, R. 1983: \u00abO Cerro dos Castelos de Sao Bras (Serpa). Relatorio preliminar dos trabalhos arqueologicos de 1979 e 1980.\u00bb <i>O Arqueologo portugues<\/i> serie IV 1, 149-168. Lisboa<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PAYNTER, R. 1989: \u00abThe archaeology of equality and inequality.\u00bb <i>Annual Review of Anthropology<\/i> 18, 369-399.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PEEBBLES, C.S. y KUS, S.M. 1977: \u00abSome archaeological correlates of ranked societies.\u00bb <i>American Antiquity<\/i> 42 (3), 421-447.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PELLICER CATAL\u00c1N, M. y HURTADO P\u00c9REZ, V. 1980: <i>El Poblado Metal\u00fargico de Chinfl\u00f3n (Zalamea la Real, <\/i><i>Huelva)<\/i>. Sevilla. Universidad de Sevilla<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PI\u00d1ON VARELA, F. 1987a: \u00abEl Cabezo de los Vientos, La Zarcita (Santa B\u00e1rbara de Casa): un poblado calcol\u00edtico fortificado en el NE de la provincia de Huelva. Campa\u00f1a de 1985.\u00bb <i>Anuario arqueol\u00f3gico de Andaluc\u00eda\/1985<\/i>, 272-278. Tomo II. Sevilla<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PI\u00d1ON VARELA, F. 1987b: \u00abLos Vientos de la Zarcita (Santa B\u00e1rbara de Casa, Huelva). Campa\u00f1a de excavaciones.\u00bb <i>Anuario Arqueol\u00f3gico de Andaluc\u00eda\/1986<\/i>, 317-324. Tomo II. Sevilla<i><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PI\u00d1ON VARELA, F. 1989: \u00abEl proceso de poblamiento del sector noroccidental de la provincia de Huelva durante la Edad del Cobre.\u00bb En <i>Actas de las III Jornadas de Patrimonio Hist\u00f3rico de la Sierra de Huelva (Aroche, Marzo de 1988)<\/i>, 93-155. Huelva<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">RAMOS MILL\u00c1N, A. 1981: \u00abInterpretaciones secuenciales y culturales de la Edad del Cobre en la zona meridional de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica. La alternativa del materialismo cultural.\u00bb <i>Cuadernos de Prehistoria de la Universidad de Granada<\/i> 6, 203-256.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">RENFREW, C. 1973: \u00abMonuments, mobilisation and social organisation in Neolithic Wessex.\u00bb En RENFREW, C. (ed): <i>The Explanation of Culture Change. Models in Prehistory<\/i>, 539-558. London Duckworth<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">RIVERO GAL\u00c1N, E. 1988: <i>An\u00e1lisis de las Cuevas Artificiales en Andaluc\u00eda y Portugal<\/i>. Sevilla. Universidad de Sevilla<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">RODRIGUEZ DIAZ, A. 1986: <i>Arqueolog\u00eda de Tierra de Barros<\/i>. Badajoz<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">ROTHEMBERG, B. y BLANCO, A. 1980: \u00abAncient copper mining and smelting at Chinfl\u00f3n (Huelva, SW Spain).\u00bb En <i>Scientific studies in early mining and extractive metallurgy<\/i>. London. British Museum<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">RUIZ DELGADO, M. M. 1985: <i>Carta Arqueol\u00f3gica de la Campi\u00f1a Sevillana<\/i>. Zona SE I. Sevilla. Universidad de Sevilla<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">RUIZ GALVEZ, M. 1992: \u00abLa novia vendida: orfebrer\u00eda, herencia y agricultura en la Protohistoria de la Pen\u00ednsula<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ib\u00e9rica.\u00bb <i>Spal<\/i> 1, 219-251.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">RUIZ MORENO, M. T. 1991: \u00abExcavaci\u00f3n Arqueol\u00f3gica de Urgencia en Valencina de la Concepci\u00f3n, urbanizaci\u00f3n La Cima (Sevilla), 1989-1990.\u00bb <i>Anuario Arqueol\u00f3gico de Andaluc\u00eda\/1989<\/i>, 461-464. Sevilla. Junta de Andaluc\u00eda<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">RUIZ RODRIGUEZ, A.; MOLINOS MOLINOS, M.; NOCETE CALVO, F.; CASTRO, M. 1983: \u00abEl Cerro de la Coronilla (Cazalilla, Ja\u00e9n): fases de la Edad del Cobre.\u00bb <i>Cuadernos de Prehistoria de la Universidad de Granada<\/i> 8, 199-250.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SAHLINS, M. 1958: <i>Social Stratification in Polynesia<\/i>. University of Washington Press. Seattle<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SAHLINS, M. 1963: \u00abPoor man, rich man, big-man, chief: political types in Melanesia and Polynesia.\u00bb <i>Comparative studies in Society and History<\/i> 5 (3), 285-303.<i><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SAHLINS, M. 1983: <i>La Econom\u00eda de la Edad de Piedra<\/i>. Madrid. Akal<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SANOJA, M. y VARGAS, I. 1987: \u00abLa sociedad cacical del Valle de Quibor (Estado Lara, Venezuela).\u00bb En DRENNAN, R. D. y URIBE, C.A. (Eds): <i>Chiefdoms in the Americas<\/i>, 201-211. Landon. University Press of America<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SANTOS GON\u00c7ALVES, V. dos 1980a: \u00abCerro do Castelo de Santa Justa (Alcoutim).Escava\u00e7oes de 1979. Extractos do cuaderno do campo\u00bb <i>Clio<\/i> 2, 133-140. Lisboa. Universidade de Lisboa<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SANTOS GON\u00c7ALVES, V. dos 1980b: \u00abCerro do Castelo de Santa Justa.\u00bb En AAVV: <i>Descobertas arqueologicas no sul de Portugal<\/i>, 27-35. Set\u00fabal<i><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SANTOS GON\u00c7ALVES, V. dos 1981: \u00abCerro do Castelo de Santa Justa (Alcoutim). Campanha 2.\u00bb <i>Clio<\/i> 3, 165-170. Lisboa. Universidade de Lisboa<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SANTOS GON\u00c7ALVES, V. dos 1982: \u00abCerro do Castelo da Santa Justa. Um povoado calcolitico fortificado no Alto Algarve Oriental.\u00bb <i>Arqueologia<\/i> num . Porto<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SANTOS GON\u00c7ALVES, V. dos 1983: \u00abCerro do Castelo de Santa Justa (Alcoutim). Campanha 3.\u00bb <i>Clio<\/i> 5. Lisboa. Universidade de Lisboa<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SANTOS GON\u00c7ALVES, V. dos 1984a: \u00abPovoados calcol\u00edticos fortificados no centro\/sul de Portugal; genese e dinamica evolutiva.\u00bb <i>Clio\/Arqueologia<\/i> 1, 141-154.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SANTOS GON\u00c7ALVES, V. dos 1984b: \u00abDoze datas C-14 para o povoamento calcol\u00edtico do cerro do Castelo de Santa Justa (Alcoutim): comentario e contextos espec\u00edficos.\u00bb <i>Cl\u00edo\/Arqueolog\u00eda<\/i> 1, 81-92.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SANTOS GON\u00c7ALVES, V. dos 1987a: \u00abCalcol\u00edtico do Sul de Portugal: uma introdu\u00e7ao.\u00bb En AAVV: <i>El or\u00edgen de la metalurgia en la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica<\/i>. Papeles de Trabajo de la Universidad Complutense de Madrid. Madrid<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SANTOS GON\u00c7ALVES, V. dos 1987b: \u00abO povoado pr\u00e9-hist\u00f3rico da Sala n\u00ba 1 (Pedrogao, Vidigueira. Notas sobre a campanha 1\u00aa (88).\u00bb <i>Portugalia<\/i> Nova Serie 8, 7-16. Porto. Instituto de Arqueolog\u00eda<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SANTOS GON\u00c7ALVES, V. dos 1988: \u00abA ocupa\u00e7ao pre-hist\u00f3rica do Monte Novo dos Albardeiros (Reguengos de Monsaraz).\u00bb <i>Portugalia<\/i> Nova S\u00e9rie 9, 49-61. Porto. Instituto de Arqueologia<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SANTOS GON\u00c7ALVES, V. dos 1989: <i>Megalitismo e Metalurgia no Alto Algarve oriental<\/i>. Lisboa. Instituto Nacional de Investiga\u00e7ao Cientifica<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SANTOS GON\u00c7ALVES, V. dos 1990: \u00abTESP3: O povoado Pr\u00e9-hist\u00f3rico da Torre do Esporao (Reguengos de<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Monsaraz).\u00bb <i>Portugalia<\/i> Nova Serie 11-12. Porto. Instituto de Arqueolog\u00eda<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SARMIENTO, G. 1992: <i>Las Primeras Sociedades Jer\u00e1rquicas<\/i>. M\u00e9xico. Instituto Nacional de Antropolog\u00eda e Historia<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SHENNAN, S.J. 1986: \u00abCentral Europe in the Third Millennium B.C.: An evolutionary trajectory for the beginning of the European Bronze Age.\u00bb <i>Journal of Anthropological Archaeology<\/i> 5, 115-146.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SHERRAT, A. 1981: \u00abPlough and pastoralism: aspects of the secondary products revolution.\u00bb En HODDER, I.-ISAAC, G. y HAMMOND, N. (Eds): <i>Pattern of the Past. Studies in Honour of David Clarke<\/i>, 261-305. Cambridge. University Press<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SOARES, J. y TAVARES, C. 1992: \u00abPara o conhecimiento dos povoados do megalitismo de Reguengos.\u00bb <i>Set\u00fabal<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>Arqueol\u00f3gica<\/i> 9, 37-88. Lisboa<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SPENCER, C.S. 1987: \u00abRethinking the chiefdom.\u00bb En DRENNAN, R.D. y URIBE, C.A. (Eds): <i>Chiefdoms in the Americas<\/i>, 369-389. Landon. University Press of America<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">STEVENSON, A.C. y HARRISON, R. 1992: \u00abAncient forests in Spain: a model for land-use and dry forest management in southwest Spain from 4000 BC to 1900 AD.\u00bb <i>Proceedings of the Prehistoric Society<\/i> 58, 227-247.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">TAVARES, C. y SOARES, J. 1976: \u00abContribu\u00e7ao para o conhecimiento dos povoados calcol\u00edticos do Baixo Alentejo e Algarve.\u00bb <i>Set\u00fabal Arqueol\u00f3gica<\/i> 2-3, 179-272.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">TAVARES, C. y SOARES, J. 1985: \u00abMonte da Tumba. Eine befestigte siedlung der kupferzeit im Baixo Alentejo (Portugal).\u00bb <i>Madrider Mitteilungen<\/i> 26. Madrid<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">TAVARES, C. &#8211; SOARES, J. (1987): \u00abO povoado fortificado Calcol\u00edtico do Monte da Tumba. Escava\u00e7\u00f5es arqueol\u00f3gicas de 1982-86 (resultados preliminares).\u201d <i>Set\u00fabal Arqueol\u00f3gica<\/i> 8, 29-79.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">TOLEDO, M. I. y MOLINA, L. E. 1987: \u00abElementos para la definici\u00f3n arqueol\u00f3gica de los cacicazgos prehisp\u00e1nicos del Noroeste de Venezuela.\u00bb En DRENNAN, R.D. y URIBE, C.A. (Eds.): <i>Chiefdoms in the Americas<\/i>, 187-199. Landon. University Press of America<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">TOPPER, U. y TOPPER, U. 1988: <i>Arte Rupestre en la Provincia de C\u00e1diz<\/i>. C\u00e1diz. Diputaci\u00f3n Provincial<\/p>\n<p>[\/vc_toggle] [\/vc_column] [\/vc_row]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row el_position=\u00bbfirst last\u00bb] [vc_column] [vc_text_separator title=\u00bbLos inicios de la jerarquizaci\u00f3n social en el Suroeste de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica (c. 2500-1700 [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":0,"featured_media":0,"parent":331,"menu_order":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","template":"","meta":{"_uag_custom_page_level_css":"","site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","ast-disable-related-posts":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"default","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"class_list":["post-596","page","type-page","status-publish","hentry"],"uagb_featured_image_src":{"full":false,"thumbnail":false,"medium":false,"medium_large":false,"large":false,"1536x1536":false,"2048x2048":false},"uagb_author_info":{"display_name":"","author_link":"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/index.php\/author\/"},"uagb_comment_info":2,"uagb_excerpt":"[vc_row el_position=\u00bbfirst last\u00bb] [vc_column] [vc_text_separator title=\u00bbLos inicios de la jerarquizaci\u00f3n social en el Suroeste de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica (c. 2500-1700 [&hellip;]","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/596","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=596"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/596\/revisions"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/331"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=596"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}