{"id":467,"date":"2013-05-02T11:51:56","date_gmt":"2013-05-02T11:51:56","guid":{"rendered":"http:\/\/grupo.us.es\/atlas\/?page_id=467"},"modified":"2013-05-02T11:51:56","modified_gmt":"2013-05-02T11:51:56","slug":"la-prospeccion-arqueologica-de-superficie-y-los-sig","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/index.php\/temas\/arqueologia-territorial-y-del-paisaje\/la-prospeccion-arqueologica-de-superficie-y-los-sig\/","title":{"rendered":"La prospecci\u00f3n arqueol\u00f3gica de superficie y los SIG"},"content":{"rendered":"<p>[vc_row el_position=\u00bbfirst last\u00bb] [vc_column] [vc_text_separator title=\u00bbLa prospecci\u00f3n arqueol\u00f3gica de superficie y los SIG\u00bb title_align=\u00bbseparator_align_left\u00bb el_position=\u00bbfirst\u00bb] [vc_message color=\u00bbalert-info\u00bb]<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/documentos\/articulos\/ponencia_cordoba_2003\/ponencia_cordoba_2003.pdf\" target=\"_blank\">Descargar este art\u00edculo en formato PDF<\/a> (aprox. 2,5 MB)<\/p>\n<p>[\/vc_message] [vc_column_text]<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\">Leonardo Garc\u00eda Sanju\u00e1n<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Departamento de Prehistoria y Arqueol\u00f3gica, Universidad de Sevilla<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"text-decoration: underline;\">Resumen<\/span>. Se realiza un repaso de los aspectos de la prospecci\u00f3n arqueol\u00f3gica de superficie en los que la introducci\u00f3n de los SIG ha tenido mayor relevancia. Se tratan cuestiones tales como el dise\u00f1o y planificaci\u00f3n de la prospecci\u00f3n, la georreferenciaci\u00f3n de las entidades arqueol\u00f3gicas (correcci\u00f3n de errores, incremento de la precisi\u00f3n y homogenizaci\u00f3n de sistemas), su representaci\u00f3n cartogr\u00e1fica (con especial \u00e9nfasis en la inteligibilidad de los mapas resultantes de las prospecciones y en las micro-topograf\u00edas de yacimientos individuales) y la integraci\u00f3n de los resultados de la prospecci\u00f3n con datos procedentes de otras fuentes (fotograf\u00eda a\u00e9rea, prospecci\u00f3n geof\u00edsica, etc.).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"text-decoration: underline;\">Palabras clave<\/span>: prospecci\u00f3n de superficie, SIG, GPS, georreferenciaci\u00f3n, cartograf\u00eda, micro-topograf\u00eda, MDT, fotograf\u00eda a\u00e9rea.<\/p>\n<p>[\/vc_column_text] [vc_toggle title=\u00bbIntroducci\u00f3n\u00bb open=\u00bbfalse\u00bb]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante el siglo XIX y la primera mitad del XX, el principal instrumento de obtenci\u00f3n de las observaciones emp\u00edricas pertinentes para el estudio arqueol\u00f3gico del Pasado fue la excavaci\u00f3n. La propia noci\u00f3n de <i>trabajo de campo<\/i> gir\u00f3 principalmente (o exclusivamente) en torno a la noci\u00f3n de excavaci\u00f3n, quedando el reconocimiento arqueol\u00f3gico del territorio supeditado a la tarea de identificaci\u00f3n de los yacimientos m\u00e1s significativos y adecuados para la excavaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A partir de la d\u00e9cada de los 1960, la prospecci\u00f3n de superficie experimenta un potente impulso como veh\u00edculo de producci\u00f3n de evidencias fundamentales para la comprensi\u00f3n de las pautas de comportamiento humano en el Pasado. Este impulso procede, por una parte, del elevado estatuto epistemol\u00f3gico que la <i>arqueolog\u00eda procesual<\/i> otorga al an\u00e1lisis de la territorialidad de las sociedades pasadas, lo cual, en buena parte, es a su vez producto de la influencia de la teor\u00eda ecol\u00f3gico-cultural, que en aquellos a\u00f1os comenzaba a renovar el pensamiento arqueol\u00f3gico. Por otra, obedece a la necesidad pr\u00e1ctica de localizar, identificar y gestionar las evidencias arqueol\u00f3gicas en pa\u00edses donde la creciente expansi\u00f3n urban\u00edstica amenaza constantemente la integridad del Patrimonio Arqueol\u00f3gico. Impulso epistemol\u00f3gico o necesidad pr\u00e1ctica, la prospecci\u00f3n arqueol\u00f3gica de superficie comienza a ser objeto, sobre todo en los Estados Unidos y el Reino Unido, de un enriquecedor debate que sirve para fijar los principios de su incorporaci\u00f3n al cuerpo metodol\u00f3gico principal de la disciplina arqueol\u00f3gica. Al trabajo seminal de R. J. Ruppe (1966) sigue una importante serie de trabajos de orden te\u00f3rico y metodol\u00f3gico que en apenas diez a\u00f1os fijan de hecho los principios de la prospecci\u00f3n arqueol\u00f3gica de superficie contempor\u00e1nea (Redman y Watson, 1970; Rogge y Fuller, 1977; Plog, 1978; Plog <i>et alii<\/i>, 1978; Schiffer <i>et alii<\/i>, 1978; etc.). En Espa\u00f1a, las primeras lecturas y aplicaciones de estas propuestas tienen lugar algo m\u00e1s tarde, a partir de los a\u00f1os 1980 (Ruiz Zapatero, 1983; 1988; Fern\u00e1ndez Mart\u00ednez, 1985; Fern\u00e1ndez Mart\u00ednez y Lorrio Alvarado, 1986; Ruiz Zapatero y Burillo Mozota, 1988; etc.), pero el efecto y consecuencia general ha sido el mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s, el despegue disciplinar de la prospecci\u00f3n de superficie se va a relacionar estrechamente con el desarrollo de nuevas metodolog\u00edas de reconocimiento del territorio que han contribuido a re-dimensionar definitivamente el papel de la excavaci\u00f3n dentro de la disciplina, ampliando y enriqueciendo considerablemente el alcance del trabajo arqueol\u00f3gico de campo. Entre ellas destacan, naturalmente, la teledetecci\u00f3n y la prospecci\u00f3n geof\u00edsica, que en los \u00faltimos 30 a\u00f1os se han unido a la fotograf\u00eda a\u00e9rea (que ven\u00eda experimentando un gran desarrollo ya desde la d\u00e9cada de los 1920) y al citado impulso y sistematizaci\u00f3n de la prospecci\u00f3n de superficie, para dar lugar a una forma completamente nueva de entender la naturaleza y prop\u00f3sito del trabajo arqueol\u00f3gico de campo. Desde la perspectiva actual es posible decir que uno de los temas metodol\u00f3gicos m\u00e1s destacados de la Arqueolog\u00eda de la \u00faltima parte del siglo XX ha sido el definitivo desarrollo de los principios, procedimientos, m\u00e9todos y t\u00e9cnicas de reconocimiento del territorio con car\u00e1cter previo o independiente de la excavaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En un l\u00facido an\u00e1lisis de este proceso, G. Ruiz Zapatero se\u00f1alaba hace ya varios a\u00f1os al <i>proceso de informatizaci\u00f3n<\/i>, como uno de los vectores de m\u00e1s r\u00e1pida renovaci\u00f3n metodol\u00f3gica de la prospecci\u00f3n de superficie (Ruiz Zapatero, 1988:39). Efectivamente, quiz\u00e1s uno de los aspectos m\u00e1s destacados del r\u00e1pido proceso de formalizaci\u00f3n y sistematizaci\u00f3n de la prospecci\u00f3n arqueol\u00f3gica en los \u00faltimos diez a\u00f1os haya sido la incorporaci\u00f3n de la inform\u00e1tica, y muy especialmente de los Sistemas de Informaci\u00f3n Geogr\u00e1fica. Este es precisamente el tema de este trabajo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Afortunadamente, los SIG necesitan ya poca introducci\u00f3n para los\/las practicantes de la disciplina arqueol\u00f3gica, sobre todo para quienes han tenido un especial inter\u00e9s en temas como la propia prospecci\u00f3n de superficie, el an\u00e1lisis espacial y territorial o la gesti\u00f3n de inventarios de yacimientos. Desde la aparici\u00f3n de sus primeras aplicaciones a comienzos de los 1990, su extensi\u00f3n ha sido imparable, de forma que en la actualidad aparecen como una plataforma de trabajo tan com\u00fan como imprescindible en el tratamiento, gesti\u00f3n y an\u00e1lisis de la dimensi\u00f3n espacial de los datos arqueol\u00f3gicos. Esta extensi\u00f3n es apreciable en la literatura generada dentro de la disciplina en torno a este tema, lo que incluye diversas monograf\u00edas y obras generales (Allen y otros, 1990; Lock y Stancic, 1995; Aldenderfer y Maschner, 1996; Maschner, 1996; Baena Preysler y otros, 1997; Gillings y Wise, 1998; Lock, 2000; Wheatley y Gillings, 2002; etc.), diversas actas de congresos y reuniones especializadas (por ejemplo Johnson y North, 1995; Sande Lemos y otros, 2000; Garc\u00eda Sanju\u00e1n y Wheatley, 2002), adem\u00e1s de las diversas sesiones publicadas en las actas de las conocidas <i>Computer Applications in Archaeology<\/i>, as\u00ed como una mir\u00edada de art\u00edculos, tratando casos de estudio espec\u00edficos e investigaciones emp\u00edricas, que conforman una bibliograf\u00eda cada vez m\u00e1s inabarcable -aunque v\u00e9ase Petrie y otros (1995) para un ensayo de compilaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El impacto de los SIG en la disciplina arqueol\u00f3gica ha ido ciertamente m\u00e1s all\u00e1 de la gesti\u00f3n de datos, habi\u00e9ndose planteado un importante debate con respecto a las consecuencias que su aplicaci\u00f3n ha podido tener en un orden m\u00e1s interpretativo y te\u00f3rico, por ejemplo con respecto a la concepci\u00f3n del propio registro arqueol\u00f3gico, el resurgimiento (o reforzamiento) de las explicaciones de car\u00e1cter determinista-medioambiental de las estrategias de implantaci\u00f3n humana en el territorio, su relevancia en el an\u00e1lisis de <i>paisajes cognitivos <\/i>dentro de las propuesta postprocesualistas inspiradas en la hermene\u00fatica, y un largo etc. (<i>cf<\/i>. Castleford, 1991; Wheatley, 1993; Claxton, 1995; Gaffney y otros 1995; Voorrips, 1996; Goodchild, 1996; Bampton, 1997; Barcel\u00f3 y Pallar\u00e9s, 1996; 1998; etc.). Por razones de limitaci\u00f3n de espacio, el presente trabajo deja en parte de lado este interesante debate te\u00f3rico para centrarse en la discusi\u00f3n y comentario de una serie de aspectos concretos del proceso de formalizaci\u00f3n y sistematizaci\u00f3n de la prospecci\u00f3n arqueol\u00f3gica a trav\u00e9s de la utilizaci\u00f3n de los SIG. Vista la discusi\u00f3n introductoria precedente, por tanto, se partir\u00e1 de dos premisas principales. En primer lugar, la prospecci\u00f3n de superficie es, en conjunci\u00f3n con otros procedimientos de reconocimiento del territorio, un instrumento irreemplazable e imprescindible para el an\u00e1lisis arqueol\u00f3gico de la territorialidad de las sociedades humanas pasadas, as\u00ed como para la gesti\u00f3n del legado material de las mismas. En segundo lugar, los SIG (o m\u00e1s gen\u00e9ricamente, las <i>nuevas tecnolog\u00edas espaciales<\/i>) constituyen el marco de gesti\u00f3n y tratamiento de la informaci\u00f3n de las prospecciones de superficie, as\u00ed como de los otros procedimientos de reconocimiento arqueol\u00f3gico del territorio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfDe qu\u00e9 forma han afectado los SIG al dise\u00f1o y pr\u00e1ctica de la prospecci\u00f3n de superficie? De una forma muy sint\u00e9tica, podr\u00eda decirse que, si por un lado, han aportado una serie de procedimientos enteramente nuevos, anteriormente inexistentes, por otro lado han hecho m\u00e1s eficaz y sencilla la ejecuci\u00f3n de procedimientos ya previamente existentes, reduciendo el tiempo y\/o el esfuerzo de trabajo requerido y haci\u00e9ndolos m\u00e1s rigurosos (por ejemplo mediante un necesario incremento del grado de consistencia y estandarizaci\u00f3n en la recogida y tratamiento de los datos). Como resultado de su articulaci\u00f3n en un SIG, la prospecci\u00f3n arqueol\u00f3gica se hace m\u00e1s eficiente, fiable y productiva. Ello tiene ciertamente su reflejo en los cuatro temas abordados en este trabajo, que son (i) la <i>planificaci\u00f3n<\/i> de la prospecci\u00f3n (estrategia, alcance, objetivos), (ii) la <i>georreferenciaci\u00f3n<\/i> de los eventos arqueol\u00f3gicos (ubicaci\u00f3n dentro de sistemas de coordenadas universales), (iii) la <i>representaci\u00f3n<\/i> y visualizaci\u00f3n de sus propiedades espaciales (forma, tama\u00f1o, elementos y relaciones topol\u00f3gicas), y (iv) la <i>integraci\u00f3n<\/i> con datos obtenidos mediante otros procedimientos de reconocimiento del territorio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La reflexi\u00f3n planteada a continuaci\u00f3n en relaci\u00f3n con estos temas, as\u00ed como los ejemplos y casos pr\u00e1cticos que la ilustran, se basa en una serie de experiencias investigadoras desarrolladas en los \u00faltimos a\u00f1os desde el Departamento de Prehistoria y Arqueolog\u00eda de la Universidad de Sevilla. Estas experiencias se pueden agrupar b\u00e1sicamente en dos: (i) una l\u00ednea de investigaci\u00f3n relativa al poblamiento de Sierra Morena occidental durante la Prehistoria Reciente que comienza a finales de los 1980 y continua en la actualidad y (ii) diversos proyectos realizados entre 1996 y 1999 en relaci\u00f3n con la gesti\u00f3n SIG de inventarios arqueol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>[\/vc_toggle] [vc_toggle title=\u00bbPlanificaci\u00f3n\u00bb open=\u00bbfalse\u00bb]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un primer aspecto de la prospecci\u00f3n arqueol\u00f3gica de superficie en el que los SIG tienen un gran potencial a explorar es el de la planificaci\u00f3n y dise\u00f1o del trabajo de campo. Posiblemente sea el modelado predictivo de la distribuci\u00f3n de yacimientos el \u00e1mbito en el que la contribuci\u00f3n de los SIG a la planificaci\u00f3n de la prospecci\u00f3n de superficie se ha expresado de forma m\u00e1s elaborada. En el modelado predictivo se tienen en cuenta m\u00faltiples variables relativas tanto a las caracter\u00edsticas geogr\u00e1ficas as\u00ed como a las propiedades de los yacimientos arqueol\u00f3gicos de un territorio que haya sido objeto de un reconocimiento arqueol\u00f3gico intensivo, para as\u00ed establecer de forma estad\u00edstica las probables pautas de localizaci\u00f3n de estos \u00faltimos en territorios donde todav\u00eda no se ha prospectado o se ha prospectado con menor intensidad. Los resultados de estos an\u00e1lisis han sido luego utilizados para <i>guiar<\/i> y <i>dirigir<\/i> las prospecciones de superficie hacia aquellas zonas donde existen mayores probabilidades estad\u00edsticas de identificar determinados yacimientos o pautas de asentamiento. La utilidad y alcance del modelado predictivo para la prospecci\u00f3n, an\u00e1lisis espacial y gesti\u00f3n territorial en Arqueolog\u00eda ha sido objeto de un amplio debate disciplinar que ha servido para fijar el alcance y los l\u00edmites que puede tener en la investigaci\u00f3n y gesti\u00f3n arqueol\u00f3gicas (Carmichel, 1990; Warren, 1990; Brandt y otros, 1992; Wheatley, 1996; Deeben y otros 1997; etc.).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En realidad los SIG aportan numerosas herramientas que, sin llegar a la complejidad del modelado predictivo, pueden ser de gran utilidad en la planificaci\u00f3n de la prospecci\u00f3n. Cualquier proyecto o trabajo de prospecci\u00f3n comienza por el planteamiento de preguntas b\u00e1sicas relativas al \u00e1rea a prospectar. \u00bfQu\u00e9 superficie implica? \u00bfCu\u00e1les son las condiciones topogr\u00e1ficas imperantes en t\u00e9rminos de pendiente media, cursos de agua o elevaciones? \u00bfCu\u00e1l es la cobertura vegetal predominante? \u00bfCu\u00e1les son los precedentes arqueol\u00f3gicos de la zona? \u00bfEn qu\u00e9 zona es m\u00e1s probable encontrar una determinada categor\u00eda de yacimientos? De la respuesta dada a estas preguntas depende en buena medida la configuraci\u00f3n de la estrategia de trabajo y por tanto los resultados que se obtendr\u00e1n m\u00e1s tarde. Las consultas de car\u00e1cter espacial, c\u00e1lculos de superficies, distancias o pendientes como parte de la preparaci\u00f3n del trabajo de campo, c\u00e1lculos que con anterioridad a la aparici\u00f3n de los SIG constitu\u00edan una tarea manual bastante lenta y tediosa (Est\u00e9banez y Puyol, 1976:34), se convierten en simple rutina dentro de un SIG.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un ejemplo muy sencillo de c\u00f3mo las utilidades m\u00e1s b\u00e1sicas de recuento y c\u00e1lculo de superficies o distancias de los SIG pueden incrementar la eficacia de las prospecciones de superficie en el estadio de planificaci\u00f3n, es la estimaci\u00f3n de densidades de yacimientos. Estas estimaciones pueden servir como referente durante el desarrollo del trabajo de campo, indicando la eficacia o rendimiento de la prospecci\u00f3n y actuando como un sencillo pero contundente <i>control de calidad<\/i> de las mismas. La pregunta a responder es \u00bfqu\u00e9 cantidad o densidad de yacimientos es probable detectar en una zona a prospectar dadas una serie de condiciones ambientales, geogr\u00e1ficas, hist\u00f3ricas, etc.?<\/p>\n<figure id=\"attachment_475\" aria-describedby=\"caption-attachment-475\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_01_web.jpg\" target=\"_blank\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-475\" alt=\"Mapa de los t\u00e9rminos municipales de Sierra Morena occidental \" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_01_web-300x207.jpg\" width=\"300\" height=\"207\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-475\" class=\"wp-caption-text\">Figura 1<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Figura 1 muestra un mapa de los t\u00e9rminos municipales de Sierra Morena occidental donde se constata que la densidad de yacimientos\/Km2 queda muy por debajo de los par\u00e1metros identificados en otras regiones y pa\u00edses europeos con mayor tradici\u00f3n en el campo del reconocimiento arqueol\u00f3gico del territorio (Wheatley y Garc\u00eda Sanju\u00e1n, 2002:158). Incluso en aquellos municipios en los que se han realizado cartas arqueol\u00f3gicas o exploraciones m\u00e1s o menos asistem\u00e1ticas (aquellos que en la Figura 1 coinciden con los pol\u00edgonos en trazo m\u00e1s grueso), los niveles se mantienen por debajo de 0,2 yacimientos\/Km2.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ello ha sido tenido en cuenta al evaluar <i>a posteriori<\/i> los resultados obtenidos en prospecciones realizadas por la Universidad de Sevilla en el curso alto de la Rivera de Huelva, en Sierra Morena occidental (Hurtado P\u00e9rez y otros, 1993; Hurtado P\u00e9rez y Garc\u00eda Sanju\u00e1n, 1995), as\u00ed como para decidir <i>a priori<\/i> la estrategia en varias prospecciones llevadas a cabo en Almad\u00e9n de la Plata (Sevilla) entre 2000 y 2002 (Garc\u00eda Sanju\u00e1n y Vargas Dur\u00e1n, 2002; Garc\u00eda Sanju\u00e1n y otros, 2003). La Tabla 1 muestra los resultados comparativos de tales prospecciones, con densidades de yacimientos mucho m\u00e1s altas gracias a la aplicaci\u00f3n de la adecuada estrategia intensiva.<\/p>\n<table>\n<tbody>\n<tr>\n<td>\u00c1MBITO<\/td>\n<td>EXTENSI\u00d3N<\/td>\n<td>N\u00daMERO YACIMIENTOS<\/td>\n<td>DENSIDAD MEDIA<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>TM Almad\u00e9n de la Plata. Zona prospecci\u00f3n intensiva<\/td>\n<td>16,77 Km<sup>2<\/sup><\/td>\n<td>26<\/td>\n<td>1,540<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>Pantano de Los Melonares Zona prospecci\u00f3n intensiva<\/td>\n<td>34,8 Km<sup>2<\/sup><\/td>\n<td>39<\/td>\n<td>1,120<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>TM Almad\u00e9n de la Plata<\/td>\n<td>255,65 Km<sup>2<\/sup><\/td>\n<td>102<\/td>\n<td>0,398<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>Campi\u00f1a de Sevilla<\/td>\n<td>3.723 Km<sup>2<\/sup><\/td>\n<td>1.455<\/td>\n<td>0,390<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>Andaluc\u00eda<\/td>\n<td>87.268 Km<sup>2<\/sup><\/td>\n<td>c. 12.000<\/td>\n<td>0,137<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>Sierra Morena Occidental<\/td>\n<td>5.038 Km<sup>2<\/sup><\/td>\n<td>544<\/td>\n<td>0,107<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>Sierra Norte de Sevilla<\/td>\n<td>3.771 Km<sup>2<\/sup><\/td>\n<td>160<\/td>\n<td>0,041<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td colspan=\"4\">Tabla 1. Densidades de yacimientos arqueol\u00f3gicos en diversas regiones y sectores de Andaluc\u00eda occidental<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este empleo de las utilidades de los SIG para calcular densidades de yacimientos (o cualesquiera otros par\u00e1metros relativos a su dispersi\u00f3n o concentraci\u00f3n) tiene evidentes implicaciones a nivel m\u00e1s general, en cuanto a dise\u00f1o de pol\u00edticas de protecci\u00f3n patrimonial.<\/p>\n<figure id=\"attachment_477\" aria-describedby=\"caption-attachment-477\" style=\"width: 277px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_02_web.jpg\" target=\"_blank\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-477\" alt=\"Figura 2\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_02_web-277x300.jpg\" width=\"277\" height=\"300\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-477\" class=\"wp-caption-text\">Figura 2<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando en 1996 se obtuvo la primera cartograf\u00eda digital del inventario de yacimientos arqueol\u00f3gicos de Andaluc\u00eda, una de las revelaciones m\u00e1s incuestionables fue la de la extrema irregularidad de su distribuci\u00f3n territorial (Amores y otros, 1997:131). Un ejemplo particularmente dr\u00e1stico de ello se muestra en la Figura 2, donde se puede comprobar el agudo contraste de densidades de yacimientos dentro de los l\u00edmites de distintas hojas del Mapa Topogr\u00e1fico Nacional en la campi\u00f1a de la provincia de Sevilla, dado que dichas hojas (y no cualesquiera unidades de paisaje) fueron utilizadas como l\u00edmite y referente para la realizaci\u00f3n de cartas arqueol\u00f3gicas en los a\u00f1os 1980. La visualizaci\u00f3n en un SIG de una informaci\u00f3n de car\u00e1cter eminentemente espacial, que hasta aquella fecha hab\u00eda sido gestionada de forma exclusiva en papel, sugiri\u00f3 una amplia serie de prioridades y estrategias a tener en cuenta en futuras actuaciones de reconocimiento arqueol\u00f3gico del territorio andaluz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un segundo caso t\u00edpico de utilizaci\u00f3n de los SIG de cara a la planificaci\u00f3n de la prospecci\u00f3n es la selecci\u00f3n de \u00e1reas preferentes para la actuaci\u00f3n en funci\u00f3n de las prioridades epistemol\u00f3gicas o pr\u00e1cticas del proyecto. En las Figuras 3, 4 y 5 se ilustra el caso de un proyecto de an\u00e1lisis de paisajes megal\u00edticos en Sierra Morena occidental, donde se pretende establecer si las v\u00edas pecuarias pueden servir de indicador proxy de la distribuci\u00f3n de los monumentos megal\u00edticos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_479\" aria-describedby=\"caption-attachment-479\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_03_web.jpg\" target=\"_blank\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-479\" alt=\"Figura 3\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_03_web-300x212.jpg\" width=\"300\" height=\"212\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-479\" class=\"wp-caption-text\">Figura 3<\/figcaption><\/figure>\n<figure id=\"attachment_480\" aria-describedby=\"caption-attachment-480\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_04_web.jpg\" target=\"_blank\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-480\" alt=\"Figura 4\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_04_web-300x238.jpg\" width=\"300\" height=\"238\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-480\" class=\"wp-caption-text\">Figura 4<\/figcaption><\/figure>\n<figure id=\"attachment_478\" aria-describedby=\"caption-attachment-478\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_05_web.jpg\" target=\"_blank\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-478\" alt=\"Figura 5\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_05_web-300x220.jpg\" width=\"300\" height=\"220\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-478\" class=\"wp-caption-text\">Figura 5<\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como es sabido, una de las interpretaciones formuladas con respecto a los monumentos megal\u00edticos europeos es que serv\u00edan de hitos o se\u00f1ales visibles en zonas de paso, lo que ha llevado a que se cite en ocasiones a las v\u00edas pecuarias como ejemplo de v\u00edas de comunicaci\u00f3n y paso tradicionales o arcaicas. Ciertamente la correlaci\u00f3n entre el trazado de las v\u00edas pecuarias actualmente conocidas y las rutas o v\u00edas de comunicaci\u00f3n de la Prehistoria Reciente est\u00e1 lejos de haber sido demostrada emp\u00edricamente, aunque se trata de una hip\u00f3tesis sugerente. De ser cierta dicha hip\u00f3tesis ser\u00eda correcto esperar una cierta tendencia de los monumentos megal\u00edticos a agruparse en torno al trazado de las v\u00edas pecuarias donde ser\u00edan m\u00e1s visibles para una mayor cantidad de gente, cumpliendo as\u00ed mejor su funci\u00f3n se\u00f1alizadora. Asumiendo estas consideraciones, en la Figura 3 se ha cartografiado conjuntamente los monumentos megal\u00edticos y las v\u00edas pecuarias de Sierra Morena occidental, a\u00f1adiendo en torno al trazado de las v\u00edas pecuarias un buffer de 1000 metros. Gracias a las utilidades de c\u00e1lculo de distancias y \u00e1reas de un SIG se puede comprobar con gran rapidez que, a nivel de todo el territorio de Sierra Morena occidental no existe diferencia alguna entre la densidad general de megalitos (0,017 megalitos\/Km2) y la densidad particular observada a un lado y otro de las v\u00edas pecuarias (0,016 megalitos\/Km2). En cambio, si se centra el recuento en Almad\u00e9n de la Plata (Figura 4), un municipio que ha sido objeto de prospecciones previas, se comprueba que la densidad de monumentos megal\u00edticos en torno a aquellas v\u00edas pecuarias que han sido prospectadas intensivamente (es decir mediante un barrido sistem\u00e1tico del terreno) se incrementa notablemente hasta alcanzar una densidad seis veces superior, de 0,10 monumentos por Km2. Ello es especialmente perceptible en un sector del municipio de Almad\u00e9n de la Plata llamado Dehesa de Palacio, donde varios monumentos megal\u00edticos se agrupan en torno al trazado de la v\u00eda pecuaria conocida como \u00abCordel de El Pedroso\u00bb (Figura 5).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En definitiva, los SIG pueden ser utilizados de m\u00faltiples formas en la fase de preparaci\u00f3n de una prospecci\u00f3n arqueol\u00f3gica de superficie. La simple visualizaci\u00f3n de las condiciones del terreno es una de ellas: los SIG son el marco id\u00f3neo para gestionar fotograf\u00edas a\u00e9reas e im\u00e1genes sat\u00e9lite (que muestran con un alto grado de actualizaci\u00f3n las cambiantes condiciones de uso del suelo y cobertura vegetal) en combinaci\u00f3n con cartograf\u00eda. La selecci\u00f3n de zonas de actuaci\u00f3n preferente en base a cualesquiera postulados epistemol\u00f3gicos, te\u00f3ricos o pr\u00e1cticos, seg\u00fan se ha mostrado en los ejemplos anteriores, es otra de ellas. En ambos casos los SIG puede actuar no solo como extraordinarias herramientas con la que incrementar la eficacia del tratamiento y gesti\u00f3n de datos sino como verdadero est\u00edmulo para pensar la prospecci\u00f3n de una forma m\u00e1s creativa sobre la base de hip\u00f3tesis originales.<\/p>\n<p>[\/vc_toggle] [vc_toggle title=\u00bbGeorreferenciaci\u00f3n\u00bb open=\u00bbfalse\u00bb]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un segundo aspecto crucial de la prospecci\u00f3n arqueol\u00f3gica de superficie que se ha beneficiado considerablemente de la introducci\u00f3n de los SIG es la georreferenciaci\u00f3n (Wheatley y Gillings, 2002:27). La georreferenciaci\u00f3n supone la correcta inserci\u00f3n de las entidades arqueol\u00f3gicas (yacimientos, monumentos funerarios individuales, hallazgos aislados, territorios de captaci\u00f3n, etc.) dentro de sistemas de coordenadas estandarizados que permitan su visualizaci\u00f3n y ulterior representaci\u00f3n cartogr\u00e1fica cruzada con otros elementos y temas geogr\u00e1ficos (topograf\u00eda, hidrolog\u00eda, cobertura vegetal, geolog\u00eda, etc.). Se trata de un aspecto vital para la prospecci\u00f3n de superficie, ya que una correcta georreferenciaci\u00f3n constituye una exigencia fundamental de calidad en los resultados obtenidos y una garant\u00eda para la ulterior explotaci\u00f3n de los datos en t\u00e9rminos de an\u00e1lisis espacial y territorial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tres aspectos de la utilizaci\u00f3n de los SIG en este \u00e1mbito son especialmente destacables: (a) la detecci\u00f3n y correcci\u00f3n de errores, (b) el incremento de la precisi\u00f3n mediante la utilizaci\u00f3n combinada de los SIG con la tecnolog\u00eda GPS, y (c) la racionalizaci\u00f3n en el uso de los sistemas de proyecci\u00f3n y designaci\u00f3n de coordenadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">a) Hasta hace pocos a\u00f1os el tratamiento dado a la precisi\u00f3n georreferencial de la prospecci\u00f3n arqueol\u00f3gica era, en un n\u00famero elevado de casos, menos que satisfactorio. Algunos ejemplos de prospecciones llevadas a cabo Andaluc\u00eda occidental muestran significativas deficiencias en materia de georreferenciaci\u00f3n. As\u00ed, en el caso de una carta arqueol\u00f3gica de la provincia de Huelva, la localizaci\u00f3n geogr\u00e1fica de algunos yacimientos var\u00eda considerablemente en mapas de distribuci\u00f3n publicados con algunos a\u00f1os de intervalo. Donde un yacimiento es originalmente situado en la margen izquierda de un r\u00edo, una subsiguiente publicaci\u00f3n lo muestra en su margen derecha; donde un yacimiento aparece en la cima de un cerro, un mapa posterior lo muestra en su ladera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tales errores, que por supuesto comprometen seriamente la posibilidad de interpretar los (trabajosamente obtenidos) datos de la prospecci\u00f3n en t\u00e9rminos de an\u00e1lisis espacial o de gesti\u00f3n patrimonial, son en parte achacables a la falta de formaci\u00f3n b\u00e1sica en materia de cartograf\u00eda que hemos padecido (y desafortunadamente seguimos padeciendo) arque\u00f3logos y arque\u00f3logas, as\u00ed como tambi\u00e9n a la limitaci\u00f3n de los medios t\u00e9cnicos con los que se ha abordado la tarea hasta hace unos a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el caso de Andaluc\u00eda (como en la mayor parte de Espa\u00f1a), la cartograf\u00eda que se hab\u00eda venido utilizando hasta comienzos de los a\u00f1os 1990 para ubicar los yacimientos arqueol\u00f3gicos (y as\u00ed obtener sus coordenadas), era el Mapa Topogr\u00e1fico Nacional (MTN) a escala 1:50.000 confeccionado por el Instituto Geogr\u00e1fico Nacional (con la colaboraci\u00f3n del Servicio Geogr\u00e1fico del Ej\u00e9rcito), entre 1875 y 1968 (Est\u00e9banez y Puyol, 1976:4). Sobre esa escala, las magnitudes de algunas decenas de metros en que (normalmente) se desenvuelven los yacimientos arqueol\u00f3gicos, solo pod\u00edan ser reflejadas con una aproximaci\u00f3n de decenas (a veces incluso centenas) de metro: un mil\u00edmetro sobre un mapa a escala 1:50.000 supone 50 metros de terreno, y el ojo humano est\u00e1 mal preparado para distinguir magnitudes inferiores a un mil\u00edmetro. Por ello, <i>a posteriori<\/i>, se generaba una alta imprecisi\u00f3n e incertidumbre respecto a la localizaci\u00f3n exacta de los eventos arqueol\u00f3gicos, por no hablar de su forma o extensi\u00f3n, que no era f\u00edsicamente representable sobre tales mapas. No es extra\u00f1o, pues, que cuando en 1996 se abord\u00f3 por primera vez la migraci\u00f3n a un entorno SIG del inventario de yacimientos arqueol\u00f3gicos de Andaluc\u00eda (que hasta entonces se hab\u00eda alimentado fundamentalmente de los datos obtenidos de cartas arqueol\u00f3gicas dependientes de la cartograf\u00eda 1:50.000), uno de los problemas m\u00e1s serios detectados fueron los errores de georreferenciaci\u00f3n (Amores Carredano y otros, 1997; 1999; 2000). Es m\u00e1s, solo mediante su transferencia y visualizaci\u00f3n en un SIG se hizo posible la detecci\u00f3n de errores de georreferenciaci\u00f3n de numerosos yacimientos arqueol\u00f3gicos que hab\u00edan pasado inadvertidos durante a\u00f1os (debido a las limitaciones inherentes a la gesti\u00f3n manual de los datos), dando as\u00ed paso al establecimiento de las oportunas medidas de correcci\u00f3n. Otros inventarios regionales y nacionales de yacimientos arqueol\u00f3gicos han experimentado problemas semejantes al utilizar coordenadas incorrectamente obtenidas o designadas en el curso de prospecciones de superficie (Garc\u00eda Sanju\u00e1n y Wheatley, 1999:210-211).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Naturalmente, la gradual disponibilidad de cartograf\u00eda topogr\u00e1fica y tem\u00e1tica a mayor escala (1:25.000, 1:10.000) ha contribuido de manera notable a mejorar la calidad de la georreferenciaci\u00f3n manual en la prospecci\u00f3n arqueol\u00f3gica de superficie. La aparici\u00f3n a comienzos de los 1990 de la serie topogr\u00e1fica 1:10.000 de la Consejer\u00eda de Obras P\u00fablicas y Transportes (COPT) de la Junta de Andaluc\u00eda vino a mejorar mucho la calidad de la georreferenciaci\u00f3n de los yacimientos arqueol\u00f3gicos andaluces, permitiendo que la cantidad e importancia de los errores disminuyera en las prospecciones realizadas a partir de entonces y permitiendo asimismo la representaci\u00f3n de la forma y extensi\u00f3n de los eventos arqueol\u00f3gicos sobre una plataforma SIG (Fern\u00e1ndez Cacho, 2002a; 2002c).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">b) Sin embargo, el avance que ha permitido dar el paso definitivo hacia la cualificaci\u00f3n de la georreferenciaci\u00f3n arqueol\u00f3gica ha sido la extensi\u00f3n definitiva de una tecnolog\u00eda intr\u00ednsecamente ligada a los SIG: el <i>Sistema<\/i> <i>de Posicionamiento Global<\/i> o, en sus siglas inglesas, GPS (<i>Global Positioning System<\/i>). Dada su creciente accesibilidad econ\u00f3mica, su precisi\u00f3n y su car\u00e1cter port\u00e1til, la incorporaci\u00f3n de la tecnolog\u00eda GPS en el trabajo arqueol\u00f3gico de campo, y muy especialmente a la prospecci\u00f3n de superficie, ha sido fulgurante, aportando una soluci\u00f3n definitiva al viejo problema de la calidad de la georreferenciaci\u00f3n arqueol\u00f3gica (Amado Reino, 1997; Estrada, 1997; Colosi <i>et alii<\/i>, 2001a; 2001b; Gabrielli, 2001).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En lo que se refiere a su agilidad, la utilizaci\u00f3n de receptores GPS en la prospecci\u00f3n de superficie permite generar listas de cientos de pares de coordenadas (por ejemplo de los nodos de los pol\u00edgonos que delimitan cada yacimiento) en ficheros de texto simple que pueden luego ser autom\u00e1ticamente le\u00eddos desde un SIG. De hecho, una de las formas m\u00e1s comunes de generar una cobertura de yacimientos en un SIG es mediante la lectura de ficheros ASCII que contienen las coordenadas de los puntos, l\u00edneas o pol\u00edgonos utilizados para representar los eventos arqueol\u00f3gicos identificados en el campo (Wheatley y Gillings, 2002:71). Ello, naturalmente, simplifica y agiliza enormemente procedimientos que hasta hace no muchos a\u00f1os se hac\u00eda de forma enteramente manual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En lo que respecta a su precisi\u00f3n, como es sabido, el Sistema de Posicionamiento Global inclu\u00eda hasta hace muy poco tiempo un error deliberado introducido por del gobierno de los EEUU, error que ha quedado recientemente eliminado, por lo que incluso los aparatos m\u00e1s econ\u00f3micos y sencillos pueden alcanzar muy elevadas precisiones, con m\u00e1rgenes de error de escasos metros por lo general aceptables para la prospecci\u00f3n arqueol\u00f3gica de superficie. Pero incluso si tales m\u00e1rgenes de error no son aceptables por cualesquiera razones, la utilizaci\u00f3n de GPS diferenciales permite actualmente obtener precisiones centim\u00e9tricas y subcentim\u00e9tricas en la ubicaci\u00f3n de los eventos arqueol\u00f3gicos sobre el terreno, lo que ha dado paso a la utilizaci\u00f3n de los mismos, no ya para la ubicaci\u00f3n de yacimientos, sino para la ubicaci\u00f3n de estructuras y artefactos a nivel semi-micro o dentro de una excavaci\u00f3n (tarea que hasta ahora ven\u00edan realizando las estaciones totales), as\u00ed como para la elaboraci\u00f3n de micro-topograf\u00edas de alta precisi\u00f3n de yacimientos individuales (este tema es discutido de forma m\u00e1s monogr\u00e1fica en la siguiente secci\u00f3n de este trabajo).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">c) Un \u00faltimo efecto claramente beneficioso que ha tenido la aplicaci\u00f3n de los SIG en cuanto a la georreferenciaci\u00f3n de yacimientos arqueol\u00f3gicos es la tendencia a la unificaci\u00f3n de sistemas de proyecci\u00f3n y a la racionalizaci\u00f3n y normalizaci\u00f3n de la designaci\u00f3n de coordenadas. Un problema general de la cartograf\u00eda arqueol\u00f3gica ha sido durante muchos a\u00f1os la ausencia de uniformidad en cuanto a los sistemas de coordenadas empleados para ubicar los yacimientos prospectados &#8211; durante los cuatro \u00faltimos siglos se han desarrollado m\u00e1s de doscientas proyecciones cartogr\u00e1ficas distintas (Raisz, 1978:73; Joly, 1979:48).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el caso andaluz, las prospecciones de superficie de las que se ha alimentado el inventario regional de yacimientos arqueol\u00f3gicos hab\u00edan, efectivamente, hecho uso de distintas proyecciones cartogr\u00e1ficas (geogr\u00e1ficas, Lambert, UTM) con sus respectivos sistemas de notaci\u00f3n, lo que requiri\u00f3 un intensivo tratamiento previo de la informaci\u00f3n para su migraci\u00f3n a un SIG (Amores y otros, 1996:155). Concretamente, se hicieron necesarias tres transformaciones. Primero fue preciso proceder a una uniformizaci\u00f3n de todas las coordenadas a la proyecci\u00f3n UTM (<i>Universal Tranversa Mercator<\/i>), la m\u00e1s aceptada internacionalmente en Arqueolog\u00eda desde hace a\u00f1os (Arroyo Bishop y Lantada Zarzosa, 1992:137). En segundo lugar, fue necesario tratar aquellas coordenadas que, habiendo sido obtenidas dentro de la proyecci\u00f3n UTM, presentaban en su designaci\u00f3n referencias a la cuadr\u00edcula militar CUTM, que incluye en la notaci\u00f3n caracteres y d\u00edgitos, y no solo d\u00edgitos (Rossignoli Just, 1976:151-152), lo que la hace inadecuada para su tratamiento en un SIG. Finalmente fue preciso trasladar al huso 30 las coordenadas de los yacimientos situados en el huso 20, ya que esa es la norma seguida por las instituciones generadoras de cartograf\u00eda de la Comunidad Aut\u00f3noma Andaluza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque las distintas operaciones realizadas en el caso citado var\u00edan en cuanto a su dificultad o costo en tiempo y recursos (algunas, como por ejemplo la conversi\u00f3n de husos, son en la actualidad extremadamente sencillas actualmente gracias a las utilidades inform\u00e1ticas), la utilizaci\u00f3n de los SIG ha impuesto por s\u00ed misma una sistematizaci\u00f3n y racionalizaci\u00f3n en el tratamiento de las coordenadas cartogr\u00e1ficas que permiten ubicar los eventos arqueol\u00f3gicos en el paisaje. El sistema actual de gesti\u00f3n del inventario andaluz de yacimientos tiene rutinas de detecci\u00f3n autom\u00e1tica de errores en las coordenadas de los nuevos yacimientos que, procedentes de prospecciones de campo, son dados de alta en la base de datos (Fern\u00e1ndez Cacho, 2002b). Esta tendencia a la normalizaci\u00f3n puede ser considerada bastante beneficiosa, ya que impone la toma de una serie de decisiones conscientes, argumentadas y expl\u00edcitas que agilizan y hacen m\u00e1s efectivo el tratamiento y transferencia de la informaci\u00f3n arqueol\u00f3gica.<\/p>\n<p>[\/vc_toggle] [vc_toggle title=\u00bbRepresentaci\u00f3n\u00bb open=\u00bbfalse\u00bb]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tercer \u00e1mbito en el que la introducci\u00f3n de los SIG ha tenido un efecto positivo en la calidad de la prospecci\u00f3n de superficie es el de la <i>representaci\u00f3n cartogr\u00e1fica arqueol\u00f3gica<\/i>. El resultado tangible m\u00e1s inmediato de cualquier prospecci\u00f3n es un mapa de la distribuci\u00f3n de yacimientos en el territorio prospectado (Price y otros, 1995:159). A este respecto cabe destacar dos temas principales: (a) la inteligibilidad de los mapas arqueol\u00f3gicos y (b) la realizaci\u00f3n de microtopograf\u00edas como alternativa a la representaci\u00f3n geom\u00e9trica simple de los eventos arqueol\u00f3gicos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">a) Como disciplina responsable de la producci\u00f3n de mapas, la cartograf\u00eda ha desarrollado a lo largo del tiempo criterios y procedimientos altamente formalizados y contrastados por la experiencia para la representaci\u00f3n bidimensional de la informaci\u00f3n (Raisz, 1978:117-139; Joly, 1979:69-119). La elaboraci\u00f3n de mapas supone un ejercicio reflexivo y t\u00e9cnicamente cualificado de utilizaci\u00f3n de elementos gr\u00e1ficos significativos para el ojo humano, al objeto de hacer inteligible el mensaje propuesto. Esta <i>semi\u00f3tica cartogr\u00e1fica<\/i> requiere un uso informado y pautado de los s\u00edmbolos, tanto en cuanto a sus elementos (forma, tama\u00f1o, color, tono, grano, orientaci\u00f3n) como en cuanto a sus tipos (pictogramas, ideogramas, tramas).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La cartograf\u00eda arqueol\u00f3gica no es en este sentido distinta de cualquier otra cartograf\u00eda, teniendo como finalidad b\u00e1sica comunicar de forma efectiva una informaci\u00f3n mediante un impacto visual inmediato, destacando lo que es necesario destacar y simplificando, sin distorsionarla, la informaci\u00f3n a transmitir (Priestley, 1992:98). En el caso de las prospecciones de superficie (o, por extensi\u00f3n, el reconocimiento arqueol\u00f3gico del territorio), esa informaci\u00f3n a transmitir se presenta, generalmente, en forma de distribuciones de yacimientos y eventos arqueol\u00f3gicos, as\u00ed como en forma de planos de yacimientos individuales de especial importancia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para valorar la significaci\u00f3n que los SIG han tenido en relaci\u00f3n con este aspecto de la prospecci\u00f3n de superficie resulta pr\u00e1ctico hacer referencia a la situaci\u00f3n anterior a su aparici\u00f3n y extensi\u00f3n. Tomando de nuevo como referente el caso de la Arqueolog\u00eda andaluza, una revisi\u00f3n <i>ad hoc<\/i> y asistem\u00e1tica (es decir, sin voluntad de establecer conclusiones estad\u00edsticas) de los <i>Anuarios Arqueol\u00f3gicos<\/i> (entendiendo que pueden ser considerados una muestra tan representativa como cualquier otra de la pr\u00e1ctica arqueol\u00f3gica realizada dentro esta comunidad aut\u00f3noma) resulta bastante ilustrativa. De acuerdo con esta revisi\u00f3n, en los <i>Anuarios<\/i> publicados en la segunda mitad de los 1980 y primera mitad de los 1990 la calidad de los mapas arqueol\u00f3gicos es por lo general limitada o baja. Tanto as\u00ed, que m\u00e1s que de verdaderos mapas, cabe hablar de <i>croquis<\/i> arqueol\u00f3gicos, escasos en precisi\u00f3n y en detalles y, con cierta frecuencia, escasamente inteligibles. La ausencia de escalas, leyendas y orientaci\u00f3n es muy frecuente, como lo es la utilizaci\u00f3n de trazos someros hechos a mano para indicar la distribuci\u00f3n de los yacimientos arqueol\u00f3gicos sobre la porci\u00f3n correspondiente del MTN o de la cartograf\u00eda topogr\u00e1fica de la COPT de la Junta de Andaluc\u00eda. La calidad de la reproducci\u00f3n gr\u00e1fica de muchos de los <i>Anuarios<\/i> de esos a\u00f1os no ayuda a realzar la inteligibilidad de la cartograf\u00eda en ellos publicada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los <i>Anuarios<\/i> correspondientes a la segunda mitad de los 1990, mejora bastante la calidad general de la cartograf\u00eda arqueol\u00f3gica. Se hace evidente la extensi\u00f3n de la utilizaci\u00f3n de programas inform\u00e1ticos, sobre todo de CAD (para planos y plantas de excavaciones) y de an\u00e1lisis topogr\u00e1fico, con representaciones tridimensionales del terreno que se aproximan bastante al concepto de modelo digital del terreno, aunque no se trate de coberturas topogr\u00e1ficas propiamente dichas (es decir, gestionadas dentro de un SIG). Los primeros mapas claramente elaborados en un SIG aparecen en los <i>Anuarios<\/i> correspondientes a 1993 (publicado en 1997) y 1994 (publicado en 1999), es decir, en fechas m\u00e1s bien tard\u00edas. El primero de ellos corresponde a un mapa, elaborado en Arc Info, de distribuci\u00f3n de yacimientos de la Edad del Bronce de Sierra Morena occidental sobre una cobertura de altimetr\u00eda (Garc\u00eda Sanju\u00e1n, 1997) que es parte de una investigaci\u00f3n m\u00e1s amplia sobre el poblamiento prehist\u00f3rico de esa regi\u00f3n que hizo un uso extensivo de los SIG (Garc\u00eda Sanju\u00e1n, 1999). El segundo corresponde a una serie de mapas, elaborados en Arc View, que muestran la distribuci\u00f3n de yacimientos de \u00e9poca ib\u00e9rica a moderna en el municipio de \u00c9cija (Sevilla), utilizando una serie de coberturas tanto geogr\u00e1ficas generales (tipos de suelo, red fluvial, altimetr\u00eda) como espec\u00edficamente arqueol\u00f3gicas (por ejemplo v\u00edas romanas) (S\u00e1\u00e9nz Fern\u00e1ndez y otros, 1999) y que son parte de un amplio proyecto de an\u00e1lisis de la evoluci\u00f3n del poblamiento de la zona (S\u00e1enz Fern\u00e1ndez y otros, 2000).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las ventajas derivadas de la utilizaci\u00f3n de los SIG para la inteligibilidad de la cartograf\u00eda arqueol\u00f3gica son m\u00e1s que aparentes y no deber\u00edan requerir demasiada discusi\u00f3n, dado que el dise\u00f1o y producci\u00f3n de mapas es una de las funcionalidades b\u00e1sicas para las que dichos sistemas inform\u00e1ticos est\u00e1n concebidos. En todo caso baste mencionar aspectos b\u00e1sicos del tratamiento de los elementos gr\u00e1ficos del mapa tales como la proporcionalidad y escala en la distribuci\u00f3n, la combinaci\u00f3n de m\u00faltiples elementos (colores, tramas, grosores, tama\u00f1os y formas de los s\u00edmbolos), la selecci\u00f3n de los elementos m\u00e1s relevantes, la claridad y la nitidez en el trazado, etc. Este punto queda bastante bien ilustrado en las Figuras 6 y 7, que muestran la distribuci\u00f3n de yacimientos en torno al embalse de Aracena, en Sierra Morena occidental.<\/p>\n<figure id=\"attachment_482\" aria-describedby=\"caption-attachment-482\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_06_web.jpg\" target=\"_blank\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-482\" alt=\"Figura 6\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_06_web-300x229.jpg\" width=\"300\" height=\"229\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-482\" class=\"wp-caption-text\">Figura 6<\/figcaption><\/figure>\n<figure id=\"attachment_483\" aria-describedby=\"caption-attachment-483\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_07_web.jpg\" target=\"_blank\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-483\" alt=\"Figura 7\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_07_web-300x228.jpg\" width=\"300\" height=\"228\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-483\" class=\"wp-caption-text\">Figura 7<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la Figura 6, una versi\u00f3n raster y georreferenciada del MTN a escala 1:50.000 es utilizada como base para visualizar la distribuci\u00f3n de yacimientos (representados como puntos) de forma semejante a como se ha hecho durante muchos a\u00f1os en las publicaciones de los Anuarios. Este mapa es escasamente inteligible, ya que la informaci\u00f3n arqueol\u00f3gica se sobrepone de forma directa a un mapa ya de por s\u00ed cargado con bastante informaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la Figura 7, en cambio, se ha hecho una selecci\u00f3n de elementos cartogr\u00e1ficos: las curvas de nivel del MTN han sido digitalizadas separadamente como elemento de especial inter\u00e9s arqueol\u00f3gico y se ha combinado con la cobertura de hidrolog\u00eda y embalses del mapa digital de Andaluc\u00eda. Cuando los puntos que representan los yacimientos arqueol\u00f3gicos son mostrados con esta selecci\u00f3n de temas cartogr\u00e1ficos, la inteligibilidad del mapa (y por tanto su calidad) aumenta considerablemente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si hace 10 a\u00f1os los elevados costos econ\u00f3micos del software y hardware y la dificultad de manejo de los programas (por la escasa amistosidad de los interfaces de usuario) hac\u00edan del uso de los SIG en proyectos y trabajos arqueol\u00f3gicos una peque\u00f1a aventura, en la actualidad, y por las razones exactamente opuestas (es decir, por el enorme abaratamiento de costes que se ha producido y por la aparici\u00f3n de una generaci\u00f3n de programas de manejo m\u00e1s sencillo) resulta dif\u00edcilmente aceptable que la cartograf\u00eda arqueol\u00f3gica se publique con bajos niveles de calidad. Un buen mapa de la distribuci\u00f3n de un fen\u00f3meno en el espacio invita al ojo humano a buscar pautas e incita al cerebro a hacerse preguntas: en este sentido, una visualizaci\u00f3n cualificada como que la que aportan los SIG constituye siempre un primer paso en la direcci\u00f3n correcta, es decir, hacia una buena interpretaci\u00f3n de los datos (Goodchild, 1996:242; Kvamme, 1999:160). Pero adem\u00e1s, los SIG pueden y deben ser utilizados para algo m\u00e1s que para re-elaborar de forma m\u00e1s profesional la tradicional cartograf\u00eda arqueol\u00f3gica \u00abde puntos sobre un mapa\u00bb (Quesada Sanz y Baena Preysler, 1997:94), ya que posibilitan la generaci\u00f3n de mapas anal\u00edticos y tem\u00e1ticos que contribuyan a la interpretaci\u00f3n arqueol\u00f3gica, utilizando plenamente las t\u00e9cnicas de an\u00e1lisis y manipulaci\u00f3n de la informaci\u00f3n espacial de que disponen (interpolaci\u00f3n, c\u00e1lculo de visibilidad, distancia, topograf\u00eda, etc.).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">b) El segundo de los temas relativos a la representaci\u00f3n cartogr\u00e1fica arqueol\u00f3gica en el que los SIG est\u00e1n teniendo un impacto importante es el de los formatos de representaci\u00f3n de los propios eventos arqueol\u00f3gicos. La representaci\u00f3n cartogr\u00e1fica del registro arqueol\u00f3gico en un SIG se ha resuelto hasta ahora asumiendo grados variables de simplificaci\u00f3n (recordemos que toda representaci\u00f3n cartogr\u00e1fica de la realidad implica por definici\u00f3n un cierto grado de abstracci\u00f3n) seg\u00fan los cuales, conjuntos continuos de evidencias materiales identificadas en superficie con l\u00edmites imprecisos, son transformados en entidades geom\u00e9tricas m\u00e1s o menos simples tales como puntos, l\u00edneas y pol\u00edgonos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Idealmente, la representaci\u00f3n espacial de las entidades arqueol\u00f3gicas identificadas en la prospecci\u00f3n de superficie podr\u00eda basarse en datos precisos de esas evidencias materiales localizadas en superficie (artefactos, restos de muros, terrazas, etc.), o, de existir, en cartograf\u00eda del subsuelo derivada de prospecciones geof\u00edsicas. Naturalmente, los l\u00edmites a este respecto los imponen los recursos financieros disponibles para cada prospecci\u00f3n. La inmensa mayor\u00eda de los inventarios de yacimientos arqueol\u00f3gicos europeos carecen de tales representaciones detalladas excepto para los yacimientos considerados m\u00e1s excepcionales y de mayor importancia, recurri\u00e9ndose en cambio a la utilizaci\u00f3n de formas geom\u00e9tricas tales como puntos y pol\u00edgonos para representar cartogr\u00e1ficamente los yacimientos (Wheatley y Garc\u00eda Sanju\u00e1n, 2002:157).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el caso del inventario de yacimientos arqueol\u00f3gicos de Andaluc\u00eda, la mayor\u00eda de los yacimientos arqueol\u00f3gicos son representados espacialmente como un punto, es decir, con un \u00fanico par de coordenadas, lo cual es consecuencia directa de la imprecisi\u00f3n georreferencial en que (seg\u00fan se ha discutido antes) se desenvolvieron la mayor parte de las prospecciones arqueol\u00f3gicas que sirvieron para alimentar dicho inventario. Tales puntos no pueden dar cuenta de propiedades fundamentales de los yacimientos arqueol\u00f3gicos tales como la topograf\u00eda, forma o extensi\u00f3n. Las representaciones poligonales, m\u00e1s costosas, puesto que requieren observaciones de campo m\u00e1s detalladas, permiten en cambio mejorar sensiblemente la calidad de la representaci\u00f3n de los eventos arqueol\u00f3gicos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, la creciente disponibilidad de la tecnolog\u00eda GPS y su vers\u00e1til integraci\u00f3n con los SIG est\u00e1 posibilitando nuevas y m\u00e1s satisfactorias formas de representaci\u00f3n de las entidades arqueol\u00f3gicas, abriendo el camino a la futura superaci\u00f3n de las limitaciones inherentes a las formas geom\u00e9tricas simples. Los GPS diferenciales trabajan con dos receptores, uno en movimiento y otro fijo como estaci\u00f3n base, de forma que los datos relativos a las diferencias entre las posiciones registradas y reales de cada sat\u00e9lite pueden ser procesados por la estaci\u00f3n base para calcular las correcciones correspondientes a la posici\u00f3n del receptor m\u00f3vil (Wheatley y Gillings, 2002:73). Si es programado en modo lectura continua autom\u00e1tica, el GPS diferencial puede registrar las coordenadas y la altitud de la localizaci\u00f3n del operador que porta el receptor m\u00f3vil a cada cierto tiempo o a cada cierta distancia de desplazamiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el curso de las prospecciones de superficie realizadas en la zona de afecci\u00f3n del embalse de Los Melonares (Sevilla) entre 2001 y 2002 (Garc\u00eda Sanju\u00e1n y otros, 2003), se han realizado micro-topograf\u00edas de alta resoluci\u00f3n de una serie de yacimientos identificados al objeto de lograr, primero, su precisa georreferenciaci\u00f3n, y segundo una representaci\u00f3n de su forma, tama\u00f1o y topograf\u00eda lo m\u00e1s exacta posible. Para ello se utiliz\u00f3 un GPS diferencial de alta resoluci\u00f3n modelo Leica SR530 configurado para reconocimiento RTK (Real Time Kinematics) que incluye dos receptores conectados v\u00eda radiomodem. La pauta de reconocimiento microtopogr\u00e1fico se adapt\u00f3 a las peculiaridades de cada yacimiento, pero de forma general puede decirse que se utiliz\u00f3 como referencia para la captura de datos de longitud, latitud y altitud una malla de puntos con una separaci\u00f3n media de entre 25 y 50 cms. Para cada yacimiento reconocido se capturaron varios miles de puntos con una precisi\u00f3n media de entre 2 y 3 cm. horizontalmente (latitud y longitud en coordenadas UTM) y de entre 4-8 cm. verticalmente (altitud).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tomando como ejemplo la micro-topograf\u00eda realizada para el yacimiento Dolmen de Palacio III (Almad\u00e9n de la Plata, Sevilla), en una hora y 45 minutos de trabajo con el GPS diferencial se obtuvieron 4397 puntos en un \u00e1rea de 4605 m2, lo cual supone casi una lectura por metro cuadrado (exactamente 0.95 cotas\/ m2) para un \u00e1rea de poco m\u00e1s de 7 metros de desnivel (altitud m\u00e1xima sobre el nivel del mar 238,9 metros, altitud m\u00ednima 231,6) (Figuras 8 y 9).<\/p>\n<figure id=\"attachment_485\" aria-describedby=\"caption-attachment-485\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_08_web.jpg\" target=\"_blank\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-485\" alt=\"Figura 8\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_08_web-300x212.jpg\" width=\"300\" height=\"212\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-485\" class=\"wp-caption-text\">Figura 8<\/figcaption><\/figure>\n<figure id=\"attachment_484\" aria-describedby=\"caption-attachment-484\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_09_web.jpg\" target=\"_blank\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-484\" alt=\"Figura 9\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_09_web-300x212.jpg\" width=\"300\" height=\"212\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-484\" class=\"wp-caption-text\">Figura 9<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">La informaci\u00f3n obtenida fue exportada en forma de un fichero ASCII muy sencillo con cuatro columnas (identificador, longitud, latitud y altitud) al SIG Arc View 3.2., en el que se realiz\u00f3 una interpolaci\u00f3n de las cotas al objeto de obtener un mapa de curvas de nivel de la micro-topograf\u00eda del yacimiento (Figura 10). Este mapa tiene un intervalo de 1 cm de altitud entre cada curva de nivel y ha sido utilizado para crear un modelo digital de elevaci\u00f3n de alta resoluci\u00f3n del monumento megal\u00edtico (Figuras 11 y 12). El registro realizado sobre el terreno incluy\u00f3 la georreferenciaci\u00f3n de la cuadr\u00edcula que se hab\u00eda trazado sobre el yacimiento para su posterior excavaci\u00f3n, as\u00ed como de diversos ortostatos que se encontraban desplazados, rodados por las laderas del t\u00famulo dolm\u00e9nico. El tiempo aproximado de procesamiento de los datos obtenidos sobre el terreno para generar dicha representaci\u00f3n microtopogr\u00e1fica del yacimiento fue de una hora.<\/p>\n<figure id=\"attachment_487\" aria-describedby=\"caption-attachment-487\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_10_web.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-487\" alt=\"Figura 10\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_10_web-300x202.jpg\" width=\"300\" height=\"202\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-487\" class=\"wp-caption-text\">Figura 10<\/figcaption><\/figure>\n<figure id=\"attachment_488\" aria-describedby=\"caption-attachment-488\" style=\"width: 295px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_11_web.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-488\" alt=\"Figura 11\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_11_web.jpg\" width=\"295\" height=\"281\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-488\" class=\"wp-caption-text\">Figura 11<\/figcaption><\/figure>\n<figure id=\"attachment_489\" aria-describedby=\"caption-attachment-489\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_12_web.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-489\" alt=\"Figura 12\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_12_web-300x207.jpg\" width=\"300\" height=\"207\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-489\" class=\"wp-caption-text\">Figura 12<\/figcaption><\/figure>\n<figure id=\"attachment_486\" aria-describedby=\"caption-attachment-486\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_13_web.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-486\" alt=\"Figura 13\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_13_web-300x200.jpg\" width=\"300\" height=\"200\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-486\" class=\"wp-caption-text\">Figura 13<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mapa de curvas de nivel obtenido puede ser comparado con el levantamiento topogr\u00e1fico realizado de este mismo yacimiento en 1996 con medios convencionales (Figura 13). Este mapa del yacimiento fue elaborado tras una ma\u00f1ana completa de trabajo de campo y otra ma\u00f1ana de trabajo de delineaci\u00f3n, y fue elaborado a mano y entregado en soporte papel (por lo que su manipulaci\u00f3n o transformaci\u00f3n en un SIG hubiera requerido un importante trabajo de digitalizaci\u00f3n) mostrando curvas de nivel con un intervalo de 25 cent\u00edmetros (es decir 25 veces m\u00e1s que la microtopograf\u00eda GPS).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la experiencia acumulada en el transcurso de las citadas prospecciones, una jornada bien aprovechada de trabajo permit\u00eda la prospecci\u00f3n micro-topogr\u00e1fica intensiva de tres yacimientos que no se encontrasen demasiado distantes entre s\u00ed. Ello supone que la realizaci\u00f3n de mapas y topograf\u00edas a escala semi-micro de yacimientos y sus estructuras individuales se est\u00e1 haciendo r\u00e1pidamente accesible. Los GPS diferenciales todav\u00eda requieren costos de inversi\u00f3n inicial considerables (o al menos considerables para lo que son los presupuestos arqueol\u00f3gicos habituales en Andaluc\u00eda). Pero estos costos pueden ser amortizados en t\u00e9rminos de eficacia en la gesti\u00f3n y en la protecci\u00f3n si el uso de la tecnolog\u00eda GPS-SIG se aplica a la representaci\u00f3n de yacimientos arqueol\u00f3gicos de singular importancia. Al fin y al cabo, si para estimar la extensi\u00f3n y forma de un yacimiento sobre el terreno y as\u00ed representarlo como un pol\u00edgono en un SIG es necesario recorrerlo a pie, igual da hacer dicho recorrido cargando con los escasos tres kilos del equipo port\u00e1til de un GPS diferencial, con lo cual, sin apenas trabajo adicional, se est\u00e1 obteniendo autom\u00e1ticamente una representaci\u00f3n de alta resoluci\u00f3n de la topograf\u00eda del mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando, como en el caso de Dolmen de Palacio III, existen topograf\u00edas antiguas (elaboradas con medios pre-SIG) de un yacimiento dado, pueden plantearse alternativas a la captura directa de datos para la realizaci\u00f3n de modelos digitales del terreno. Siempre y cuando la topograf\u00eda original presente el suficiente nivel de detalle, es posible transferir dicha cartograf\u00eda a un entorno SIG para obtener resultados parecidos a los alcanzados con un GPS de alta resoluci\u00f3n. Un ejemplo de este tipo de procesamiento de la informaci\u00f3n de la prospecci\u00f3n de superficie es el trabajo realizado con el asentamiento de la Edad del Bronce de El Trastej\u00f3n (Zufre, Huelva), excavado por el profesor V. Hurtado P\u00e9rez. De este yacimiento se dispon\u00eda de un levantamiento topogr\u00e1fico en papel realizado manualmente en 1988 a escala 1:2000. Para obtener un MDT se procedi\u00f3 primero a una rasterizaci\u00f3n de esa imagen fuente; la imagen raster resultante fue manipulada para acentuar el contraste de blancos (fondo neutro de la imagen) y negros (curvas de nivel), cre\u00e1ndose as\u00ed una base digital binaria en formato TIFF. Esta imagen raster fue a continuaci\u00f3n vectorizada de modo autom\u00e1tico mediante un software espec\u00edfico (Figura 14), gener\u00e1ndose un fichero DXF que fue entonces georreferenciado e importado en un SIG, donde ha sido posible obtener un modelo digital del terreno del yacimiento, que como permiten apreciar la Figura 15, es de gran precisi\u00f3n.<\/p>\n<figure id=\"attachment_490\" aria-describedby=\"caption-attachment-490\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_14_web.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-490\" alt=\"Figura 14\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_14_web-300x300.jpg\" width=\"300\" height=\"300\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-490\" class=\"wp-caption-text\">Figura 14<\/figcaption><\/figure>\n<figure id=\"attachment_491\" aria-describedby=\"caption-attachment-491\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_15_web.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-491\" alt=\"Figura 15\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_15_web-300x241.jpg\" width=\"300\" height=\"241\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-491\" class=\"wp-caption-text\">Figura 15<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con un desnivel real de 87 metros (cota m\u00e1xima de 427 y m\u00ednima de 340), el MDT de El Trastej\u00f3n tiene curvas de nivel a intervalos de 1 metro de altitud, lo cual representa una precisi\u00f3n exactamente 100 veces inferior a la obtenida en el Dolmen de Palacio III. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el tama\u00f1o del \u00e1rea cubierta por la topograf\u00eda es de 218.237 m2 (21,8 hect\u00e1reas), esto es, casi 50 veces m\u00e1s grande que la del Dolmen de Palacio III.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con independencia de las condiciones de precisi\u00f3n aplicables, la utilizaci\u00f3n de los SIG permite actualmente representar las entidades arqueol\u00f3gicas, incluso a nivel de reconocimiento superficial, con un alto grado de detalle. Ello supone una alternativa veros\u00edmil (y cada vez m\u00e1s asumible en t\u00e9rminos de costes) para superar las limitaciones de la dualidad punto-pol\u00edgono en la representaci\u00f3n cartogr\u00e1fica de los yacimientos.<\/p>\n<p>[\/vc_toggle] [vc_toggle title=\u00bbIntegraci\u00f3n\u00bb open=\u00bbfalse\u00bb]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cuarto y \u00faltimo aspecto de la prospecci\u00f3n arqueol\u00f3gica en el que la utilizaci\u00f3n de los SIG ha supuesto un potente progreso de eficacia y fiabilidad es el de la <i>integraci\u00f3n <\/i>de datos. Si hay una caracter\u00edstica que defina la singularidad de los SIG como sistemas de informaci\u00f3n, esa es probablemente su capacidad para integrar datos procedentes de m\u00faltiples fuentes, en m\u00faltiples formatos y su capacidad para representarlos de forma integrada de m\u00faltiples maneras diferentes (pantallas, salidas gr\u00e1ficas cartogr\u00e1ficas, tablas num\u00e9ricas, gr\u00e1ficos estad\u00edsticos, etc.). Una de las operaciones m\u00e1s simples a realizar en un SIG es la conexi\u00f3n de los elementos espacialmente referenciados con los atributos almacenados en una base de datos alfanum\u00e9rica mediante los c\u00f3digos de identificaci\u00f3n \u00fanicos de los registros. Otra operaci\u00f3n, no menos simple y habitual en el manejo de cualquier SIG, es la superposici\u00f3n y combinaci\u00f3n de elementos espacialmente referenciados procedentes de diversas fuentes que, en el caso de la prospecci\u00f3n arqueol\u00f3gica, pueden ser im\u00e1genes de la superficie terrestre obtenidas desde el aire o desde el espacio, im\u00e1genes del subsuelo obtenidas mediante prospecci\u00f3n geof\u00edsica, mapas digitales modernos, mapas antiguos e hist\u00f3ricos, etc. (Kvamme, 1999:167-168; Wheatley y Gillings, 2002:74-81; etc.)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La utilizaci\u00f3n de fotograf\u00edas a\u00e9reas como base para el reconocimiento arqueol\u00f3gico del territorio tiene ya casi un siglo de antig\u00fcedad. A partir de ciertos indicios de tipo ed\u00e1fico, fitogr\u00e1fico o micro-topogr\u00e1fico, desde cierta altura es posible ver anomal\u00edas de la superficie terrestre que se corresponden con evidencias de tipo arqueol\u00f3gico y que pasan desapercibidas a ras de suelo. La interpretaci\u00f3n de esos indicios es m\u00e1s factible mediante el oportuno reconocimiento directo del sitio, lo hace que la integraci\u00f3n de los datos de observaci\u00f3n directa (por ejemplo micro-topograf\u00edas como las descritas anteriormente) con fotograf\u00edas a\u00e9reas, sea de gran utilidad para la interpretaci\u00f3n de la prospecci\u00f3n de superficie. No obstante, conviene recordar que en algunos inventarios nacionales y regionales de yacimientos de Europa existen registros dados de alta como <i>posibles<\/i> yacimientos o entidades arqueol\u00f3gicas a partir de anomal\u00edas observadas en fotograf\u00edas a\u00e9reas y que nunca han sido visitados o prospectados directamente (Murray, 2002).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las fotograf\u00edas a\u00e9reas m\u00e1s aptas para su representaci\u00f3n combinada con otros elementos cartogr\u00e1ficos son las verticales (de hecho la fotograf\u00eda \u00e1rea vertical es utilizada desde hace tiempo para elaborar mapas mediante la fotogrametr\u00eda), aunque estas tienen sin embargo una capacidad m\u00e1s limitada para revelar anomal\u00edas arqueol\u00f3gicas. Las fotograf\u00edas a\u00e9reas que m\u00e1s resultados proporcionan en cuanto a detecci\u00f3n de sitios arqueol\u00f3gicos nuevos son las oblicuas, aunque estas a su vez son m\u00e1s dif\u00edciles de utilizar en combinaci\u00f3n con otros mapas por las distorsiones que se producen en el proceso de rectificaci\u00f3n (Wheatley y Gillings, 2002:75).A pesar de estos inconvenientes, las fotograf\u00edas a\u00e9reas tanto verticales como oblicuas pueden ser utilizadas en un SIG en combinaci\u00f3n con otros mapas e im\u00e1genes. La utilizaci\u00f3n de las fotograf\u00edas a\u00e9reas dentro de un SIG no incrementa necesariamente la probabilidad de detecci\u00f3n de yacimientos arqueol\u00f3gicos nuevos, aunque la posibilidad de visualizarlas de forma interactiva con otros temas geogr\u00e1ficos y mapas s\u00ed aumenta su potencial interpretativo y explicativo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La revisi\u00f3n no sistem\u00e1tica de los <i>Anuarios Arqueol\u00f3gicos<\/i> a la que se hizo referencia anteriormente sugiere que la fotograf\u00eda a\u00e9rea ha jugado un papel bastante marginal (si no anecd\u00f3tico) en la metodolog\u00eda de prospecci\u00f3n de superficie aplicada en la Comunidad Aut\u00f3noma Andaluza. La discusi\u00f3n de las posibles razones que expliquen este fen\u00f3meno excede el \u00e1mbito de inter\u00e9s de este art\u00edculo, pero en todo caso, cabe razonablemente esperar que la extensi\u00f3n de los SIG estimule su utilizaci\u00f3n a lo largo de los pr\u00f3ximos a\u00f1os, dadas las facilidades que estos sistemas ofrecen para su visualizaci\u00f3n din\u00e1mica con otras variables espaciales, seg\u00fan se ha comentado antes. Algunos ejemplos puede servir para ilustrar este punto.<\/p>\n<figure id=\"attachment_507\" aria-describedby=\"caption-attachment-507\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_16_web.jpg\" target=\"_blank\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-507\" alt=\"Figura 16\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_16_web-300x212.jpg\" width=\"300\" height=\"212\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-507\" class=\"wp-caption-text\">Figura 16<\/figcaption><\/figure>\n<figure id=\"attachment_508\" aria-describedby=\"caption-attachment-508\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_17_web.jpg\" target=\"_blank\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-508\" alt=\"Figura 17\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_17_web-300x219.jpg\" width=\"300\" height=\"219\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-508\" class=\"wp-caption-text\">Figura 17<\/figcaption><\/figure>\n<figure id=\"attachment_506\" aria-describedby=\"caption-attachment-506\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_18_web.jpg\" target=\"_blank\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-506\" alt=\"Figura 18\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_18_web-300x229.jpg\" width=\"300\" height=\"229\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-506\" class=\"wp-caption-text\">Figura 18<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Figura 16 muestra un mosaico de ortofotos a escala 1.10.000 del curso alto de la Rivera de Huelva, un sector de en Sierra Morena occidental al que se hizo referencia anteriormente. Los cuadros corresponden a la malla de hojas de la serie topogr\u00e1fica a escala 1:10.000 de la COPT, mientras que los puntos representan a los yacimientos arqueol\u00f3gicos de la Prehistoria Reciente de la zona. En la Figura 17 se ha hecho una ampliaci\u00f3n a una zona concreta del curso alto de la Rivera de Huelva, concretamente el entorno del embalse de Aracena, donde existe una concentraci\u00f3n importante de sitios prehist\u00f3ricos. Una nueva ampliaci\u00f3n de esa serie de ortofotos permite visualizar un yacimiento individual, en el caso de la Figura 18 el asentamiento de la Edad del Bronce de La Pap\u00faa y las diferentes localizaciones funerarias a las que se asocia. Dado el car\u00e1cter vertical de la fotograf\u00eda es dif\u00edcil individualizar elementos o estructuras arqueol\u00f3gicas, aunque s\u00ed es posible percibir sin dificultades claras diferencias en el tipo de cobertura del suelo (zonas de vegetaci\u00f3n arbustiva frente a zonas peladas), lo cual es de gran relevancia para la planificaci\u00f3n y preparaci\u00f3n de la prospecci\u00f3n (la visibilidad del registro arqueol\u00f3gico en superficie es una funci\u00f3n de, entre otros factores, el tipo de cobertura vegetal predominante).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mediante su manipulaci\u00f3n dentro de un SIG, las fotograf\u00edas a\u00e9reas pueden ser utilizadas en combinaci\u00f3n con un modelo de elevaci\u00f3n del terreno para proporcionar una representaci\u00f3n muy realista del paisaje, de forma que es posible visualizar tridimensionalmente una fotograf\u00eda a\u00e9rea desde cualquier perspectiva (\u00e1ngulo o altura) (Ojeda Z\u00fajar, 2002:118). Esto es lo que se ha hecho precisamente en la Figura 20, donde a un MDT previamente generado a partir de la digitalizaci\u00f3n del mapa topogr\u00e1fico 1:10.000 de la COPT (Figura 19), se han superpuesto el mosaico de ortofotos ya se\u00f1alado anteriormente.<\/p>\n<figure id=\"attachment_510\" aria-describedby=\"caption-attachment-510\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_19_web.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-510\" alt=\"Figura 19\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_19_web-300x228.jpg\" width=\"300\" height=\"228\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-510\" class=\"wp-caption-text\">Figura 19<\/figcaption><\/figure>\n<figure id=\"attachment_511\" aria-describedby=\"caption-attachment-511\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_20_web.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-511\" alt=\"Figura 20\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_20_web-300x228.jpg\" width=\"300\" height=\"228\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-511\" class=\"wp-caption-text\">Figura 20<\/figcaption><\/figure>\n<figure id=\"attachment_512\" aria-describedby=\"caption-attachment-512\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_21_web.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-512\" alt=\"Figura 21\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_21_web-300x225.jpg\" width=\"300\" height=\"225\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-512\" class=\"wp-caption-text\">Figura 21<\/figcaption><\/figure>\n<figure id=\"attachment_509\" aria-describedby=\"caption-attachment-509\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_22_web.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-509\" alt=\"Figura 22\" src=\"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/fig_22_web-300x225.jpg\" width=\"300\" height=\"225\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-509\" class=\"wp-caption-text\">Figura 22<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otro buen ejemplo de modelizaci\u00f3n de las condiciones del paisaje mediante un SIG se obtiene de las prospecciones llevadas a cabo de la zona de afecci\u00f3n del embalse de Los Melonares (Sevilla) ya anteriormente citadas (Garc\u00eda Sanju\u00e1n y otros, 2003). Aqu\u00ed, de nuevo sobre un MDT generado a partir de la cartograf\u00eda 1:10.000 de la COPT (Figura 21), se muestra la distribuci\u00f3n de los yacimientos localizados en la zona de inundaci\u00f3n del pantano. En la Figura 22 se ha simulado una situaci\u00f3n de inundaci\u00f3n m\u00e1xima del pantano (cota de 82 metros), comprob\u00e1ndose de forma efectiva los yacimientos que desaparecen bajo el agua.<\/p>\n<p>[\/vc_toggle] [vc_toggle title=\u00bbRecapitulando\u00bb open=\u00bbfalse\u00bb]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En resumen, la introducci\u00f3n de los SIG ha contribuido de de diversas formas a la sistematizaci\u00f3n, racionalizaci\u00f3n y cualificaci\u00f3n de la prospecci\u00f3n arqueol\u00f3gica de superficie.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(i) Dando un mayor abanico de posibilidades para la planificaci\u00f3n y dise\u00f1o de la prospecci\u00f3n mediante el an\u00e1lisis de las condiciones geogr\u00e1ficas y arqueol\u00f3gicas imperantes en una zona.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(ii) Permitiendo identificar problemas y errores presentes en la georreferenciaci\u00f3n de yacimientos descubiertos mediante prospecciones de superficie anteriores y luego publicados o registrados en diversos medios (cartas arqueol\u00f3gicas, inventarios oficiales, etc.) y que hab\u00edan pasado desapercibidos durante a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(iii) Incrementando la precisi\u00f3n en cuanto a la georreferenciaci\u00f3n de los yacimientos y entidades arqueol\u00f3gicas descubiertos <i>ex novo<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(iv) Posibilitando la elaboraci\u00f3n de una cartograf\u00eda arqueol\u00f3gica m\u00e1s inteligible, es decir capaz de transmitir con mayor eficacia los resultados obtenidos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(v) Posibilitando una elaboraci\u00f3n econ\u00f3mica de cartograf\u00eda topogr\u00e1fica de alta resoluci\u00f3n de yacimientos individuales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(vi) Incrementando la eficacia de la integraci\u00f3n de mapas y representaciones diversas del paisaje, notablemente fotograf\u00edas a\u00e9reas y mapas del subsuelo obtenidos mediante prospecci\u00f3n geof\u00edsica.<\/p>\n<p>[\/vc_toggle] [vc_toggle title=\u00bbReferencias\u00bb open=\u00bbfalse\u00bb el_position=\u00bblast\u00bb]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aldenderfer, M. y Maschner, H. (Ed.) (1996): <i>The Anthropology of Human Behaviour through Geographic Information and Analysis<\/i>. London. Oxford University Press.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Allen, K. M. &#8211; Green, S. &#8211; Zubrow, E. (Eds.) (1990): <i>Interpreting Space: GIS and Archaeology<\/i>. London. Taylor and Francis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Amado Reino, X. (1997): \u00abLa aplicaci\u00f3n del GPS a la Arqueolog\u00eda.\u00bb<i>Trabajos de Prehistoria <\/i>54 (1), 155-165<i>. <\/i>Madrid. CSIC.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Amores Carredano, F. &#8211; Garc\u00eda Sanju\u00e1n, L. &#8211; Hurtado P\u00e9rez, V. &#8211; M\u00e1rquez Rosales, H. &#8211; Rodr\u00ed\u00adguez, M. C. (1996): \u00abUna experiencia piloto de transferencia a soporte SIG del inventario de yacimientos arqueol\u00f3gicos de Andaluc\u00eda.\u00bb <i>Bolet\u00edn del Instituto Andaluz del Patrimonio Hist\u00f3rico<\/i> 15, 153-162. Sevilla. Junta de Andaluc\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Amores Carredano, F. &#8211; Hurtado P\u00e9rez, V. &#8211; M\u00e1rquez Rosales, H. &#8211; Rodr\u00edguez, M. C. -Garc\u00eda Sanju\u00e1n, L. -Ladr\u00f3n De Guevara, M. C. -Fern\u00e1ndez Cacho, S. (1997): \u00abPlanteamientos y primeros resultados de la transferencia a soporte SIG del Inventario de Yacimientos Arqueol\u00f3gicos de Andaluc\u00eda.\u00bb<i>Bolet\u00edn del Instituto Andaluz del Patrimonio Hist\u00f3rico<\/i> 17, 124-133. Sevilla. Junta de Andaluc\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Amores Carredano, F. &#8211; Garc\u00eda Sanju\u00e1n, L. &#8211; Hurtado P\u00e9rez, V. -Rodr\u00edguez, M. C. (1999): \u00abGeographic Information Systems and Archaeological Resource Management in Andalusia (Spain).\u00bb En Barcel\u00f3, J. A. &#8211; Briz, I. &#8211; Vila, A. (Eds.): <i>New Techniques for Old Times. Computer Applications and Quantitative Methods in Archaeology 1998<\/i>. 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Sistema de Informaci\u00f3n del Patrimonio Arqueol\u00f3gico de Andaluc\u00eda<\/i>. Sevilla. Instituto Andaluz del Patrimonio Hist\u00f3rico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fern\u00e1ndez Cacho, S. (2002b): \u00abLa introducci\u00f3n de los SIG en la gesti\u00f3n de la informaci\u00f3n arqueol\u00f3gica: Geo<i>ARQUEOS<\/i>.\u00bb En Fern\u00e1ndez Cacho, S. (Ed.) (2002a): <i>Arqueos. Sistema de Informaci\u00f3n del Patrimonio Arqueol\u00f3gico de Andaluc\u00eda<\/i>, 97-115. Sevilla. Instituto Andaluz del Patrimonio Hist\u00f3rico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fern\u00e1ndez Cacho, S. (2002c): \u00ab<i>Arqueos<\/i>. The information system of the Andalusian archaeological heritage\u00bbEn Garc\u00eda Sanju\u00e1n, L. y Wheatley, D. (Eds):<i> Mapping the Future of the Past. Managing the Spatial Dimension of the European Archaeological Resource<\/i>, 22-37<i>. <\/i>Sevilla. 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(1995): \u00abThe impact of GIS on archaeology: a personal perspective.\u00bb En Lock, G. y Stancic, Z. (Eds.): <i>Archaeology and Geographical Information Systems. A European Perspective<\/i>, 211-230. London. Taylor and Francis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Goodchild, M. F. (1996): \u00abGeographic information systems and spatial analysis in the social sciences.\u00bb En Aldenderfer, M. y Maschner, H. (Eds.): <i>The Anthropology of Human Behaviour through Geographic Information and Analysis<\/i>, 241-250. London. Oxford University Press.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Garc\u00eda Sanju\u00e1n, L. (1997): \u00abSegunda intervenci\u00f3n de urgencia en la necr\u00f3polis de la Edad del Bronce de La Traviesa (Almad\u00e9n de la Plata, Sevilla).\u00bb <i>Anuario Arqueol\u00f3gico de Andaluc\u00eda\/1993. Tomo III. Actividades de Urgencia<\/i>, 619-634. Sevilla. Junta de Andaluc\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Garc\u00eda Sanju\u00e1n, L. (1999): <i>Los Or\u00edgenes de la Estratificaci\u00f3n Social. Patrones de Desigualdad en la Edad del Bronce del Suroeste de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica (Sierra Morena Occidental c. 1700-1100 a.n.e.\/2100-1300 A.N.E.).<\/i> British Archaeological Reports S823. Oxford. Archaeopress.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Garc\u00eda Sanju\u00e1n, L. y Wheatley, D.W. (1999): \u00abThe state of the arc: differential rates of adoption of GIS for European heritage management\u00bb<i>European Journal of Archaeology<\/i> 2 (2), 201-226. London. European Association of Archaeologists.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Garc\u00eda Sanju\u00e1n, L. y Wheatley, D. W. (Eds.) (2002): <i>Mapping the Future of the Past. Managing the Spatial Dimension of the European Archaeological Resource<\/i>. Sevilla. Universidad de Sevilla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Garc\u00eda Sanju\u00e1n, L. y Vargas Dur\u00e1n, M. A. (2002): \u00abProspecciones de Superficie en Almad\u00e9n de la Plata (Sevilla).\u00bb<i>Anuario Arqueol\u00f3gico de Andaluc\u00eda\/1999<\/i>, 258-270 Sevilla. Junta de Andaluc\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Garc\u00eda Sanju\u00e1n, L. &#8211; Vargas Dur\u00e1n, M. A. -Wheatley, D. W. (2003- En prensa): \u00abProspecciones de superficie en la zona de afecci\u00f3n del embalse de Los Melonares (Almad\u00e9n de la Plata, El Pedroso y Castilblanco de los Arroyos, Sevilla).\u00bb<i>Anuario Arqueol\u00f3gico de Andaluc\u00eda\/2001<\/i>. Sevilla. Junta de Andaluc\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gillings, M. y Wise, A. (Eds.) (1998): <i>GIS Guide to Good Practice<\/i>. Oxford. Oxbow.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hurtado P\u00e9rez, V. &#8211; Garc\u00eda Sanju\u00e1n, L. &#8211; Mond\u00e9jar, P. (1993): \u00abProspecci\u00f3n en la Sierra de Huelva y estudio de materiales del yacimiento de El Trastej\u00f3n. Campa\u00f1a de 1991.\u00bb <i>Anuario Arqueol\u00f3gico de Andaluc\u00eda\/1991<\/i>, 254-258. Sevilla. Junta de Andaluc\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hurtado P\u00e9rez, V. &#8211; Garc\u00eda Sanju\u00e1n, L. (1995): \u00abProspecciones de superficie en la Sierra de Huelva.\u00bb <i>Anuario Arqueol\u00f3gico de Andaluc\u00eda\/1992<\/i>, 237-243. Sevilla. Junta de Andaluc\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Johnson, I. y North, M. (Eds.) (1995): <i>Archaeological Applications of GIS. Proceedings of Colloquium II, UISPP XIIIth Congress, (Forli, Italy September 1996). Sidney University Archaeological Methods Series<\/i> 5. Sidney. Sidney University Press.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Joly, F. (1982): <i>La Cartograf\u00eda<\/i>. Madrid. Ariel.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Kvamme, K. L. (1999): \u00abRecent directions and developments in Geographical Information Systems.\u00bb<i>Journal of Archaeological Research<\/i> 7 (2), 153-20.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lock, G. (Ed.) (2000): <i>Beyond the Map. Archaeology and Spatial Technologies<\/i>. Oxford.\u00a0IOS Press.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lock, G. y Stancic, Z. (Eds.) (1995): <i>Archaeology and Geographical Information Systems. A European Perspective<\/i>. London. Taylor and Francis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Maschner, H. D. G. (Ed.) (1996): <i>New Methods, Old Problems. Geographic Information Systems in Modern Archaeological Research<\/i>. Carbondale. Centre for Archaeological Investigations.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Murray, D. (2002): \u00abThe integration of data sources\u00bbEn Garc\u00eda Sanju\u00e1n, L. y Wheatley, D. W. (Eds.) (2002): <i>Mapping the Future of the Past. Managing the Spatial Dimension of the European Archaeological Resource<\/i>, 139-150. Sevilla. Universidad de Sevilla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ojeda Z\u00fajar, J. (2002): \u00abLos sistemas de informaci\u00f3n geogr\u00e1fica y la modelizaci\u00f3n del paisaje.\u00bb En Zoido Naranjo, F. y Venegas Moreno, C. (Eds.): <i>Paisaje y Ordenaci\u00f3n del Territorio. Aspectos Conceptuales, de Conocimiento y Fundamentos Legales<\/i>, 115-122. Sevilla. Consejer\u00eda de Obras P\u00fablicas y Transporte de la Junta de Andaluc\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Petrie, L. &#8211; Johnson, I. &#8211; Culen, B. &#8211; Kvamme, K. (1995): <i>GIS in Archaeology. An Annotated Bibliography<\/i>. Sidney. Sidney University Press.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Plog, S. (1978): \u00abSampling in archaeological surveys: a critique\u00bb <i>American Antiquity <\/i>43, p\u00e1ginas<i>. <\/i>Salt Lake City Society American Archaeology.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Plog, S. -Plog, F. -Wair, W. (1978): \u00abDecision making in modern surveys.\u00bbEn Schiffer, M. B. (Ed.):<i> Advances En Archaeological Method and Theory <\/i>1, 384-421. New York. Academic Press.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Price, S. -Morris, W. -Nixon, L. -Moody, J. (1995): \u00abMapmaking and computers.\u00bb<i>Archeologia e Calcolatori <\/i>6, 159-172. Firenze.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Priestley, G. (1992): \u00abCartograf\u00eda para arque\u00f3logos.\u00bb En Rod\u00e1, I. (Ed.): <i>Ciencias, Metodolog\u00edas y T\u00e9cnicas Aplicadas a la Arqueolog\u00eda<\/i>, 96-116. Barcelona. Edicions La Caixa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quesada Sanz, F. &#8211; Baena Presyler, J. (1997): \u00abMapas tem\u00e1ticos a partir de cartograf\u00eda digitalizada: hacia la resoluci\u00f3n de problemas elementales.\u00bb En Baena Preysler, J. -Blasco Bosqued, C. -Quesada Sanz, F. (Eds.): <i>Los SIG y el An\u00e1lisis Espacial en Arqueolog\u00eda<\/i>, 93-110. Madrid. Universidad Aut\u00f3noma de Madrid.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Raisz, E. (1978): <i>Cartograf\u00eda General<\/i>. Barcelona. Omega.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Redman, C. L. y Watson, P. J. (1970): \u00abSystematic, intensive surface collection.\u00bb<i>American Antiquity <\/i>35, 279-291<i>. <\/i>Salt Lake City.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rogge, A. E. y Fuller, R. S. (1977): \u00abProbabilistic survey sampling: making parameter estimates\u00bb En Schiffer, M. B. y Gumerman, C. J. (Eds.):<i> Conservation Archaeology<\/i>, 227-238. New York. Academic Press.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rossignoli Just, J. L. (1976): <i>Proyecci\u00f3n Universal Transversa Mercator<\/i>. Madrid. Servicio Geogr\u00e1fico del Ej\u00e9rcito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ruiz Zapatero, G. (1983): \u00abNotas metodol\u00f3gicas sobre prospecci\u00f3n en Arqueolog\u00eda.\u00bb<i>Revista de Investigaci\u00f3n del Colegio Universitario de Soria <\/i>7 (3), 8-23. Soria. Colegio Universitario de Soria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ruiz Zapatero, G. (1988): \u00abLa prospecci\u00f3n arqueol\u00f3gica en Espa\u00f1a: pasado, presente y futuro.\u00bb<i>Arqueolog\u00eda Espacial <\/i>12, 33-47<i>. <\/i>Teruel. Colegio Universitario de Teruel.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ruiz Zapatero, G. y Burillo Mozota, F. (1988): \u00abMetodolog\u00eda para la investigaci\u00f3n en arqueolog\u00eda territorial.\u00bb<i> Munibe<\/i> 6, 45-64. San Sebasti\u00e1n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ruppe, R. J. (1966): \u00abThe archaeological survey: a defence.\u00bb<i>American Antiquity<\/i> 31, 313-333. Salt Lake City.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00e1enz Fern\u00e1ndez, P. &#8211; Ord\u00f3\u00f1ez Agulla, S. &#8211; S\u00e1nchez Gil de Montes, J. &#8211; Mu\u00f1oz Tinoco, J. &#8211; M\u00e1rquez P\u00e9rez, J. (1999): \u00abEstudio diacr\u00f3nico de procesos de territorializaci\u00f3n: el modelo de \u00c9cija, Sevilla. La investigaci\u00f3n arqueol\u00f3gica.\u00bb <i>Anuario Arqueol\u00f3gico de Andaluc\u00eda\/1994. <\/i>Tomo II.<i> Actividades Sistem\u00e1ticas<\/i>, 167-185. Sevilla. Junta de Andaluc\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00e1ez Fern\u00e1ndez, P.- Ord\u00f3\u00f1ez Agulla, S.- Garc\u00eda Vargas, E.- Garc\u00eda-Dils De La Vega, S. (2000): \u00abAplicaciones de los SIG al territorio y casco urbano de \u00c9cija (Sevilla). Proyecto AstiGIS.\u00bb En Sande Lemos, F. &#8211; Baena Preysler, J. &#8211; Dantas Giestal, C. -Rocha, G. (Eds.): <i>Sistemas de Informa\u00e7\u00e3o Arqueol\u00f3gica. SIG&#8217;s Aplicados \u00e0 Arqueologia da Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica. <\/i>Vol 10 <i>Actas 3 Congresso Arqueolog\u00eda Peninsular<\/i>, 15-42. Porto. ADECAP.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sande Lemos, F. &#8211; Baena Preysler, J. &#8211; Dantas Giestal, C. &#8211; Rocha, G. (Eds.) (2000): <i>Sistemas de Informa\u00e7\u00e3o Arqueol\u00f3gica. SIG&#8217;s Aplicados \u00e0 Arqueologia da Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica<\/i>. Vol 10 <i>Actas 3 Congresso Arqueolog\u00eda Peninsular<\/i>. Porto. ADECAP.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Schiffer, M. B. -Sullivan, A. P. -Klinger, T. C. (1978): \u00abThe design of archaeological surveys.\u00bb <i>World Archaeology <\/i>10 (1), 1-28. London.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Voorrips, A. (1996): \u00abArchaeological theory and GIS, any relations?\u00bb <i>Proceedings of the XIII International Congress of Prehistoric and Protohistoric Sciences (Forli). Volume 1. Theoretical and Methodological Problems<\/i>, 209-214. Forli. UISPP.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Warren, R. E. (1990): \u00abPredictive modelling in archaeology: a primer.\u00bb En Allen, K. M. &#8211; Green, S. &#8211; Zubrow, E. (Eds.): <i>Interpreting Space: GIS and Archaeology<\/i>, 90-111. London. Taylor and Francis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Wheatley, D. (1993): \u00abGoing over old ground: GIS, archaeological theory and the act of perception.\u00bbEn Andresen, J. &#8211; Madsen, T. &#8211; Scollar, I. (Eds.): <i>Computing the Past. Proceedings of the 1992 CAA Conference (Aarhus, March 1992<\/i>), 133-137. Aarhus. Aarhus University Press.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Wheatley, D. (1996): \u00abBetween the lines: the role of GIS-based predictive modelling in the interpretation of extensive survey data.\u00bb En Kammermans, H. -Fennema, K. (Eds.):<i> Interfacing the Past, Analecta Prahistorica Leidensia <\/i>28, 275-292. Leiden. Leiden University Press.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Wheatley, D. y Gillings, M. (2002): <i>Spatial Technology and Archaeology. The Archaeological Application of GIS<\/i>. London. Taylor &amp; Francis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Wheatley, D.W. &#8211; Garc\u00eda Sanju\u00e1n, L. (2002): \u00abManaging the spatial dimension of the European archaeological resource. Trends and perspectives.\u00bbEn Garc\u00eda Sanju\u00e1n, L. y Wheatley, D. W. (Eds.): <i>Mapping the Future of the Past. Managing the Spatial Dimension of the European Archaeological Resource<\/i>, 151-166. Sevilla. Universidad de Sevilla.<\/p>\n<p>[\/vc_toggle] [\/vc_column] [\/vc_row]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row el_position=\u00bbfirst last\u00bb] [vc_column] [vc_text_separator title=\u00bbLa prospecci\u00f3n arqueol\u00f3gica de superficie y los SIG\u00bb title_align=\u00bbseparator_align_left\u00bb el_position=\u00bbfirst\u00bb] [vc_message color=\u00bbalert-info\u00bb] Descargar este art\u00edculo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":0,"featured_media":0,"parent":68,"menu_order":1,"comment_status":"open","ping_status":"open","template":"","meta":{"_uag_custom_page_level_css":"","site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","ast-disable-related-posts":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"default","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"class_list":["post-467","page","type-page","status-publish","hentry"],"uagb_featured_image_src":{"full":false,"thumbnail":false,"medium":false,"medium_large":false,"large":false,"1536x1536":false,"2048x2048":false},"uagb_author_info":{"display_name":"","author_link":"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/index.php\/author\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"[vc_row el_position=\u00bbfirst last\u00bb] [vc_column] [vc_text_separator title=\u00bbLa prospecci\u00f3n arqueol\u00f3gica de superficie y los SIG\u00bb title_align=\u00bbseparator_align_left\u00bb el_position=\u00bbfirst\u00bb] [vc_message color=\u00bbalert-info\u00bb] Descargar este art\u00edculo [&hellip;]","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/467","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=467"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/467\/revisions"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/68"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/grupo.us.es\/atlas\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=467"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}