FRANCISCO CORREAL/Si Santa Teresa
buscaba a Dios en los pucheros, esta gente busca
los pucheros en Dios: indicios de comportamientos
humanos en las manifestaciones religiosas. Cuando
Salvador Rodríguez Becerra, catedrático de
Antropología, puso en marcha en la Universidad de
Sevilla el Grupo de Investigación y Estudios sobre
la Religiosidad Andaluz, eran voz en el desierto,
extraños en el claustro. Hoy, este equipo no da
abasto: una vez al mes se reúnen para debatir
algún tema –este año, la influencia de las órdenes
religiosas en la religiosidad popular–, preparan
citas puntuales como un curso de otoño titulado
María en la religión de los andaluces que
organizan la Universidad de Huelva y el
Ayuntamiento de Almonte o un simposio
internacional sobre romerías.
Rodríguez Becerra es hijo de guardia civil,
pero de niño, quizás por su cercanía a la iglesia
mayor de Ronda, quería ser cura. Es el único
antecedente que encuentra en su irónico intento de
psicoanalizarse para explicar su afición a
decodificar las expresiones religiosas "desde la
ciencia social, no desde la fe". Un bagaje que le
permite llegar a una tesis que no suena mal en
Cuaresma. "En la religiosidad popular del sur no
hay una drástica separación entre fiesta y ritual
religioso, aquí se reza cantando, se puede
conmemorar la pasión gozando, no sufriendo".
Es la cultura mediterránea, apunta uno de sus
colaboradores, Ramón de la Campa, 40 años,
licenciado en Filología Clásica, profesor de
Filosofía en un instituto de Pino Montano, que se
acerca a este campo de investigación desde un
doble prisma científico y confesional. "La misma
botellona es una fiesta profana que reúne
los ingredientes de una romería".
Uno de los alicientes de este equipo de trabajo
es su carácter interdisciplinario. Lo acredita la
procedencia académica de cada uno. Manuel Zurita,
que fue doce años hermano mayor de la hermandad
del Rocío de Villamanrique de la Condesa, se
licenció en Filología Románica y es catedrático de
instituto en Castilleja de la Cuesta. Mari Carmen
Medina nació en Sanlúcar de Barrameda y estudió
Historia del Arte. Ha catalogado los 519 exvotos
de Alcalá de los Gazules. Francisco Javier
Gutiérrez, 32 años, se licenció en Geografía e
Historia y es profesor en Jerez. Participará en
Almería en unas jornadas sobre los padres Mínimos,
una orden fundada por San Francisco de Paula que
aparece en la prehistoria de manifestaciones como
la romería del Rocío.
A la romería de la Consolación, en Utrera, se
la conoce como "el Rocío del siglo XVIII" por ser
en aquel tiempo, cuando el camino de las Marismas
sólo lo hacían siete hermandades, la peregrinación
más importante de Andalucía la Baja. Fue uno de
las muchas romerías prohibidas por Carlos III, "el
azote de la religiosidad popular" en palabras de
Rodríguez Becerra.
Salvador Hernández, 36 años, hizo un viaje
equinoccial de Sanlúcar de Barrameda a Cazalla de
la Sierra por una razón: ser hijo de guardia
civil, lo que le une con el director de este
equipo de trabajo. En puertas de la Semana Santa
de Sevilla, todos a excepción de Rodríguez Becerra
tienen su adscripción cofrade: Zurita, a la
Lanzada; Medina, a los Estudiantes; Gutiérrez, al
Cerro; Hernández, a Montesión; De la Campa, el
Cachorro, y tras las elecciones de junio pretende
volver a la junta de Gobierno de Montesión.
"La Semana Santa de Sevilla es la manifestación
más sofisticada, más compleja, y a la vez la más
simple", dice Rodríguez Becerra, que pese a su
neutralidad cofrade, cuenta a sus colaboradores
que asistió en Cantillana al besapié del señor de
la Misericordia y al besamanos de la Virgen. Un
pueblo "donde la religiosidad popular está a flor
de piel". Este antropólogo ha estudiado fenómenos
como la influencia que las ciudades ejercen sobre
los medios rurales en las manifestaciones
religiosas, o la altura y esplendor que la Semana
Santa alcanza en lo que llama "ciudades medias,
agrociudades como Osuna, Morón, Écija, Priego,
Baena, Archidona".
En su investigación sobre la influencia de las
órdenes religiosas en la religiosidad popular, el
director del equipo ha llegado a la conclusión de
que aquéllas tienen una teología "más cercana que
la jerarquía eclesiástica, más asequible y a la
vez más activa. Yo veo al clero, a los curas en
sus parroquias como funcionarios eclesiásticos, y
a los frailes y monjes como promotores, saben que
su supervivencia depende de su capacidad de
penetración más allás de sus conventos".
Les gusta más hablar de religiosidad local que
popular, por ser este último un epíteto equívoco.
Zurita, manriqueño de cuna, ha estudiado y sufrido
el conflicto entre dos conceptos de la romería del
Rocío, un pulso entre el lince y la Blanca Paloma.
"Los comarcanos asistimos a un modelo, el del
Parque Natural y el Parque Nacional, que es
impuesto desde arriba, burocrático, ecológico,
moderno. Olvidan que de no haber sido por el apego
que los comarcanos le hemos tenido a esa
naturaleza, el coto de Doñana hoy no existiría. No
le pueden poner un reglamento a algo espontáneo y
particular".
Los ecologistas y funcionarios de la Unión
Europea como discípulos del prohibicionismo de
Carlos III. "La religiosidad popular siempre ha
estado en conflicto con algo", dice Mari Carmen
Medina, "cuando no es con el ecologismo, es con la
circulación". No hay teólogos en el grupo, pero no
han puesto ningún cartel. "Nos interesan los
comportamientos, no la norma", dice Rodríguez
Becerra.